Percepción – lo que ven nuestros ojos

Percepción – lo que ven nuestros ojos

¿Quién mira la fotografía, tú o el fotógrafo?

Text: Joehl  Imagen: ph

Cualquiera que mire una fotografía, la ve, por así decirlo, a través de cuatro ojos: los suyos y los del fotógrafo. El fotógrafo deja que otros vean lo que él ha visto.

Así, hasta cierto punto, él dirige nuestro ojo. Sin embargo, el desafío para el fotógrafo va más allá, como lo demuestra el trabajo de Hiroshi Sugimoto.

Nuestro ojo filtra muchos de los detalles, mientras que la cámara, el quinto ojo, registra todo correctamente, incluso los detalles que el fotógrafo no ha visto. Por lo tanto, no es tan extraño que para el fotógrafo Hiroshi Sugimoto, aunque elija temas como paisajes marinos, cines, estatuas de cera, dioramas y descargas eléctricas, su verdadero campo de investigación sea la percepción.

¿Qué hace realmente la mirada? ¿Y qué está viendo? En la mayoría de sus paisajes marinos solo vemos agua y cielo. El ojo debe buscar rápidamente los detalles, algo sobre lo que se pueda montarse una historia o darle un significado. El horizonte solo ofrece a los ojos inquietos un enfoque provisional, ya que es propio de la naturaleza de un horizonte permanecer inalcanzable.

Solo existe la plenitud del vacío, no hay barca, ni gaviota, ni litoral llamativo, ni nubes ni olas. En algunas imágenes, la imagen está desenfocada conscientemente.

Solo hay lo que es. El ojo busca y al hacerlo hace que no veamos lo que es.

Una película completa en una sola foto.

Influido por el budismo Zen, Sugimoto reflexionó: ¿Qué pasaría si pudiera capturar una película completa en una sola foto?

En sus fotos en salas de cine, vemos la pantalla de proyección rodeada por la sala. Debido a que para obtener una única foto tiene que mantener el obturador de la cámara abierto en una exposición larga durante toda la ejecución, todo lo que se ha movido durante ese tiempo ya no es visible. Así, aunque la gente entró, vio la película y se fue, solo vemos una pantalla blanca y las sillas vacías de la sala. De la película con sus imágenes en movimiento solo queda una superficie blanca iluminada.

Como hay una pantalla, vemos la luz que hace posible la proyección y, gracias a la luz, también vemos el espacio para los espectadores. Sin embargo, no vemos espectadores ni película, solo luz y espacio.

En sus dioramas vemos imitaciones de escenas naturales. En la época victoriana, estos eran arreglos populares de animales embalsamados ubicados en una decoración que sugería su entorno natural.

Además, las imágenes en cera de figuras históricas representan seres vivos, pero solo son copias exactas de lo real.

Todo es artificial y solo experimentamos una visión de segunda mano. Porque miramos las interpretaciones y las imágenes de pensamiento de cómo debió haber sido algo y no vemos la vida real de estos animales o personas.

La investigación de la percepción se enfoca cuando Sugimoto en las fotos que toma, además de lo inanimado que extrañamente parece real o polvoriento, también parece dejar de lado su historia de educación y entretenimiento.

Entonces, hay libertad para mirar realmente. Las imágenes y las escenas en sus fotos son, por lo tanto, de la misma calidad que las que un pintor podría obtener si tuviera tales animales y personas vivas ante sí.

En su serie “Lightning Fields” (Campos de Luz), Sugimoto parece haberse retirado completamente del dominio conductor del ojo. En un baño con productos químicos en el que se encuentra una placa fotográfica, provoca una descarga eléctrica. Luego se fotografían los efectos de la descarga. En las fotos, con sus estructuras etéricas, parece que estamos viendo surgir la vida misma. Sin la intervención del ojo del fotógrafo se hace posible que ella misma se manifieste. Él solo contribuye decisivamente en la publicación. Estamos siendo devueltos a nuestra única percepción, cara a cara con la naturaleza.

Debido a que en las fotos de cine de toda la presentación de la película y su audiencia solo se capturan la pantalla blanca y el espacio vacío del teatro, la naturaleza transitoria de la vida se hace visible como realmente es. El movimiento y la percepción del ser humano tienen lugar en el tiempo y en el espacio, y esta verdad y nuestra percepción son puestas ahora bajo un signo de interrogación. Si bien pensamos que nuestro ojo percibe neutralmente, solo vemos nuestras propias ideas proyectadas sobre lo que vemos. El espectador y lo que vio se afirman mutuamente en su existencia temporal y relativa.

Pero primero, cuando damos a las imágenes y a la percepción un estado absoluto, se las ve como reales y solo más tarde vemos la vida inventada y reconocemos que nuestros ojos están ciegos al ver. Estamos atrapados en el intercambio incesante de los opuestos: del bien y el mal, el estrés y la relajación, el odio y el amor. Y debemos satisfacer el deseo de emoción al mirar más a fondo esa “película de la apariencia de la realidad“.

Debe haber luz

Las muchas imágenes cambiantes en la pantalla de la película así como nuestras percepciones solo son posibles cuando hay luz. Todo lo que se manifiesta solo es posible por la luz. Es por supuesto cierto, para la mayoría de las personas, que la luz de la consciencia ilumina la pista de la película de su memoria. Proyecta historias e imágenes en nuestro cerebro, y nuestros deseos y temores deforman la percepción.

Por lo tanto, cuando no hay espectadores ni película, solo hay luz y no hay película sin un observador. Público y película, el observador y lo observado, el sujeto y el objeto son, en última instancia, irreales. Solo la luz es permanente y real.

En las fotografías, la luz del proyector de película parece estar separada del observador y de lo observado y tomar el lugar de la observación en sí misma. Y la dictadura del ojo nublado condicionado parece ausente por un momento.

El ojo ve por medio de la luz, pero nosotros no vemos la luz en sí misma porque la visión y la luz son en realidad una.

La vista y la claridad de la luz que no proyecta una sombra hacen uso del ojo cuando es necesario para mostrar “lo que es”. Es la luz liberada de la consciencia en el alma que sabe todo y da vida a todas las cosas. Sin conocer y sin conocido, solo un saber en sí mismo. Un libre surgimiento de todo.

Es probable que Sugimoto pudiese haberlo vislumbrado durante su infancia y más tarde, como adulto, a través de su orientación Zen y sus experiencias extracorpóreas y posiblemente fue lo que inspiró su investigación sobre la percepción.

Cuando piensas saber algo, lo has vuelto un concepto. La atribución de palabras y conceptos como mar y aire es, por supuesto, algo práctico en la existencia relativa, pero aún ahí aparece un horizonte que separa. Más allá y fuera de esta relatividad, ya no hay una fotografía que muestre nuestra visión, solo luz, solo “aquello que es”.

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Volador de altura, 1ª parte

Volador de altura, 1ª parte

‘Elévate por encima de ti mismo’, ponía en el anuncio de la Sociedad de los Voladores de altura

Texto: Amun, País: Holanda, Imagen: Adina Voicu via Pixabay CCO

Como durante años no había logrado estar satisfecho con mi vida ni siquiera un poco, teniendo aparentemente todo lo que uno pudiese desear, decidí dar un paso adelante y buscar un nivel más elevado.  Tiene que haber algo mejor, algo más elevado pensé, y en ese mismo momento un anuncio llamó mi atención.

‘Elévate por encima de ti mismo’ decía, seguido por algo que se resumía con la posibilidad de construir tus propias alas en la Sociedad de los Voladores de altura.  ¡Volando lo más alto posible con esas alas, podías construir otras aún mejores en un nivel superior y alcanzar niveles aún más altos, hasta los cielos más elevados!  Solo tenías que comprometerte totalmente a la causa y también recibirías toda la ayuda que necesitaras.

Realmente me atraía e inmediatamente contacté con la sociedad.  Sería bienvenido la mañana siguiente, me dijeron.  La ubicación no estaba nada lejos y llegué temprano.  Mi corazón daba saltos de alegría con lo que vi allí.  Hombres y mujeres de más o menos peso estaban aleteando por allí vistiendo un tipo de alas dobles de lana ligera con gasa fina ajustada entremedio.  Reían y animaban a muchos niños pequeños que intentaban despegar con sus alas de entrenamiento de cartulina.  ‘Correr más rápido y agitar las alas a la vez,’ ‘¡Sí! ¡Casi estáis volando!’, sonaba con entusiasmo.  Los niños estaban saltando y corriendo, no  todos se lo tomaban  con seriedad, pero estaba claro que les gustaba.

A mi derecha, había un taller cubierto, donde la gente estaba ocupada construyendo y reparando alas.  Agitaban sus manos saludándome calurosamente y yo quería ir allí, cuando un niño pequeño de unos diez años me atrajo la mirada.  Destacaba porque estaba sentado calladamente sobre una piedra, observando una ramita que sostenía en su mano.  No era especialmente llamativo, tenía el pelo castaño y puntiagudo, era delgado y tenía una cara corriente de niño.  Era el único que no estaba ocupado haciendo algo.  Cuando pasé por delante de él, me saludó asintiendo con la cabeza.  Tenía ojos verdes y una expresión reflexiva.  Pero no hablamos y seguí mi camino.

¡Qué cálidamente fui recibido en ese taller! Hombres y mujeres trabajaban uno al lado del otro.  El trabajo más duro era doblar la madera.  Me quedó claro que no se podía simplemente echarse a volar si no que había que trabajar duramente para ello.  Bajo la supervisión de dos hombres entusiastas aprendí sobre las diferentes especies de madera y sus propiedades, sobre remojar la madera y doblarla cuidadosamente para que no se  partiese.  Me fijé que las alas eran muy pesadas y me preguntaba si realmente podías elevarte con ellas.

Durante tres meses pasé cada día en el taller.  Por la noche dormíamos en tiendas, donde oí bastante sobre ‘arriba’.  Estaba impaciente por que sucediera.  Entonces llegó el gran día.  Estaba de pie sobre la línea de salida de despegue aérea, una torre alta, y empecé aleteando cuidadosamente para probar el resultado de mi diligente trabajo: las alas.  Se mantuvieron intactas, afortunadamente, y agité mis alas cada vez más rápido y conté hasta tres.  En el tres despegué decididamente y conseguí mantenerme en el aire durante varios minutos.  Requería tanta concentración que no pude mirar  a mí alrededor.

Mis amigos me felicitaron y animaron a seguir intentándolo.  Podría llevar varias semanas hasta que realmente pudiese volar durante un rato y yo practicaba frenéticamente ya que mi deseo de elevarme era muy fuerte. Con mi aleteo alteraba a muchos padres voladores (eran los voladores del nivel más inferior), pero se lo tomaron bien.  Ahora podía mirar a mi alrededor y hacia abajo, a los graciosos niños alados.  Pero prefería mirar hacia arriba, porque aquí todo me resultaba familiar.

Si aleteaba fuertemente y hacía una serie de maravillosas curvas, me percaté que llegaba más alto, y allí había mayor silencio.  Sin embargo, en cierto modo me decepcionaba; no veía nada realmente desconocido.  Por esa razón necesitaba elevarme aun más, pero esto superaba mis capacidades actuales.  Por la noche, en la tienda, preguntaba a los demás sobre ello, pero por su parte, estaban satisfechos con mi nivel actual y no entendían de qué les hablaba.  A la mañana siguiente el niño con ojos verdes de repente me habló al pasar: ‘¿Quieres subir más? Entonces tienes que escalar a la meseta que ves cuando estás volando en lo más alto posible.  Allí fabrican alas diferentes.’

¿Eh? ¿Cómo sabía lo que quería? No le pregunté pero agarré mis alas inmediatamente y volé y volé, sin desayunar, lo más alto posible.   Me llevó mucho esfuerzo, pero al fin vi, al norte, un tipo de altiplano y conseguí subirme.  No vi a nadie pero había un pequeño taller y un manual sobre la pared acerca de cómo construir alas.  Un montón de bambú estaba apoyado en el rincón y rollos de gasa fina sobre el suelo.  Había una cama y una despensa con comida.  También había un lugar de despegue aéreo.  Inmediatamente me puse a trabajar  y como resultado de mi deseo ascendente, acabé mis alas en un par de días.  Ahora que en cierto modo me había hecho a estar allí, podía ver gente volando y de vez en cuando alguien aterrizaba, me daba la mano y me deseaba suerte.  Me gustaban.

Esta vez me costó menos aprender a manejar las alas; aún así al principio no lograba elevarme mucho.  Charlaba con mis compañeros de vuelo y examinaba el entorno.  Vi magníficos picos de montañas nevadas y a menudo volé en las nubes.  ¡Era genial!  Sin embargo, al cabo de un tiempo me cansé de este nivel y ansiaba elevarme otra vez más alto.

No fue hasta que pude volar realmente alto y planear mientras dormía, que detecté un altiplano.  Era menos visible que el último; parecía más fino.  Conseguí subirme y de nuevo encontré un taller y comodidades.  Me puse con el acero fino y la gasa aun más fina.  El manual era breve; aun así lo logré y me enorgullecí de ello.  El lugar para el despegue aéreo estaba alto, y de repente se me ocurrió valorar el riesgo de caída.  Me tranquilicé con el pensamiento que las alas aminorarían mi caída y que nunca podría caer más profundo que de donde empecé.

El vuelo en sí no era muy difícil pero elevarse lo era.  Tenía problemas para respirar y decidí quedarme en el nivel aéreo más inferior.  De vez en cuando regresaba a la salida inicial del despegue aéreo para descansar.  Aun así, me adapté y podía mirar a mi alrededor y hacia abajo, donde podía ver en el fondo a los voladores de bambú si las nubes lo permitían.  Tras mucha practica y esfuerzo en este nivel, finalmente me elevé más alto.  Paciencia,  eso es lo que aquí aprendí y al final valió la pena, porque vi un altiplano difuso en la distancia, aunque todavía no pudiese alcanzarlo.    

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El superlativo

El superlativo

Esto es ‘asombroso’, ‘impresionante’, ‘alucinante’

Texto: Hugo van Hooreweghe

“Esto es ‘asombroso’, ‘impresionante’, ‘alucinante’”.  Recurrimos de esta manera a superlativos para expresar, de un modo más bien exagerado, nuestro asombro y desconcierto de las cosas que experimentamos.  Pero al hacer eso olvidamos demasiado fácilmente que hasta la experiencia más extrema es espacialmente determinada, por lo cual aún relativamente restringida y limitada.  Quizás indique un anhelo de ir más allá de lo conocido, a lo que todo sobrepasa: lo ilimitado e infinito, que nos reta trascender nuestros límites.  Por ejemplo, la ciencia cosmológica utiliza satélites ingeniosos para explorar los horizontes más lejanos en la búsqueda de agua en Marte y vida fuera de nuestro planeta.  Y a la vez, contrariamente, físicos cuánticos eruditos buscan partículas cada vez más pequeñas, buscando penetrar en la materia cada vez con más profundidad,  donde la materia física parece transformarse en lo espiritual.  Pero al hacer esto, ¿realmente tocamos el verdadero nivel superlativo que asciende por encima de toda experiencia de nuestra limitada percepción en tres-dimensiones?

¿No es todo nuestro conocimiento y experiencia lo que se detiene en cualquier frontera, ya obsoleto antes de alcanzar sus conclusiones? ¿No es cada intento hacia una meta programada, preestablecida, condenada al fracaso, antes de haber realizado nada en absoluto?

¿Dónde acabará todo esto? Sin duda alguna, finalmente por todas partes.  ¡Y a la vez en ninguna parte!

Porque no puede estar en ningún lugar aparte de donde el tiempo y el espacio se colapsan, y finalmente donde toda dualidad se desintegra o amalgama.

En una unidad que a la vez incluye el todo y lo trasciende, y donde los múltiples universos y dimensiones que nos rodean y penetran, es todo Uno.

Todo esto lo sabemos muy bien intelectualmente. ¿Pero realmente somos también conscientes de ello?  Y la pregunta más importante: ¿Además, vivimos este conocimiento nosotros mismos? ¿Realmente se ha vuelto nuestro estado de consciencia en un estado de vida? ¿Una vida que se ha fundido con la unidad absoluta y ha renunciado a toda identificación con la separación? ¿Una vida en la luz de una realidad eterna e infinita?

Si es así, no habrá espacio para desviarse, no quedará tiempo para aplazar.  Solo habrá la única opción a la cual dedicar todo nuestro ser.

Eso sí que es realmente asombroso y alucinante.

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Mundo de ensueño

Mundo de ensueño

A veces durante el sueño, puedes darte cuenta de estar soñando

Texto: Joost Drenthe

A veces durante el sueño, puedes darte cuenta de estar soñando y entonces puedes tener un momento de conciencia donde eliges o seguir soñando o volver a la vigilia.

Grandes maestros que tenían conocimiento de otra Naturaleza a menudo denotaban nuestra vida terrenal como ‘el estado de ensoñación’.

Despertad, vosotros que dormís…

Nos enfrentamos a dos impresionantes percepciones si es que lo podemos reconocer.  Primero, que aparentemente hay otra Naturaleza, y segundo, que todas las metas que perseguimos y por las que trabajamos afanosamente podrían ser, para nada real.

Cuando estamos completamente ocupados en pos de estas metas continuamos corriendo y corriendo duramente para mantenernos en el mismo lugar.

Billones de personas viven en su propia idea personal de la realidad. Experimentamos tan diferentemente el mismo mundo porque cada uno vive su vida de ensueño y se aplica a fondo para hacerla realidad.  Y como la gente con el mismo tipo de sueño se junta, crea un sueño colectivo para una realidad colectiva, sabiendo que debe ser la verdad para:

¿No creemos todos lo mismo en nuestro grupo?

Hasta…hasta que tu consciencia invalida tus pensamientos.  Continuar durmiendo y soñando en este mundo es ser inconsciente de otra Naturaleza.  Despertarse en este mundo significa un despertar a la vez en el otro Mundo.  Nuestro sueño más persistente aquí en la tierra es no saber que soñamos.  Poblamos el mundo así como nuestro espacio personal con nuestras creencias, nuestra forma de pensar y afán por un futuro mejor hasta que nos enredamos totalmente en esta ensoñación.

Pero el sueño puede acabar para ti repentinamente –  justo cuando menos te lo esperabas.

De repente cambia la trama del libro de tu vida y el personaje YO se pierde en el camino. ¡Y por extraño que parezca, necesitas perderte para encontrar el Camino!

Una de las pocas certezas que tenemos es que la vida está llena de incertidumbres aunque continuamos manteniendo la ficción de que lo que pensamos sobre la vida es la realidad.  Esto precisamente es lo que mantiene funcionando nuestro mundo ideal – hasta que dejamos de creer nuestros pensamientos y reconocemos la realidad.

De nuevo una sacudida.  ¿En qué clase de realidad vivo si me vuelvo totalmente consciente de este mundo de come-o-serás-comido? ¿Qué sucederá si permito a la cortante realidad actual prevalecer sobre mis pensamientos y suposiciones sobre ella?

Lo que sucederá es que te darás cuenta de estar soñando y algunos volverán apresuradamente a sus sueños.  Convertirán sus sueños una vez más en su realidad desconectando su consciencia y una vez más dando rienda suelta a sus pensamientos sobre la realidad.

Los valientes se detienen y permiten que su asombro eche raíces acompañado por un sentimiento de vacío, futilidad y soledad.  Si somos capaces de ver a través del sueño, este vacío es el prerrequisito para realizarse de un modo muy diferente.

El auténtico despertar tiene lugar cuando nos damos cuenta (lo cual es muy diferente del pensar) que nuestro ser es elaborado por las ideas, creencias y recuerdos y no tiene nada que ver con quien realmente somos interiormente.  Este estado de ego no tiene ninguna identidad real en si mismo sino que originalmente su fin era ser un instrumento del alma.  Pero usurpó el poder.

En esencia el ego es un mecanismo, no una entidad realmente viva y tiene una corteza de resistencia en contra de la dura realidad actual.  Si lo permitiésemos totalmente, el sueño se haría inmediatamente añicos.

Y este mecanismo del ego tiene dos brazos: uno para alejar lo desagradable y otro para captar.  Con estos dos construye su propio mundo ilusorio virtual.  No es de extrañar que los grandes maestros instruyeron  sus alumnos ‘el camino del medio’ imponiendo la neutralidad como condición.

Quizás es hora de empezar a practicar el trabajo del corazón en vez del trabajo arduo del esfuerzo.

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¿Tocado por el Espíritu?

¿Tocado por el Espíritu?

Un momento en medio del silencio

Text: Angelika Häusler Image: Pixabay CCO

Vivíamos en las afueras. Yo tenía 5 o 6 años. Mis padres eran dueños de uno de los tres bares locales, por lo que casi no tenían tiempo para mí. Yo era un niño soñador, a menudo infeliz, no exactamente lo que mis padres habían previsto.

Una vez, durante el invierno, me desperté muy temprano y, mirando por la ventana hacia afuera, me di cuenta con alegría que había nevado. Apenas pude esperar para salir corriendo hacia el límite más lejano de nuestro jardín, donde, con la primera luz del amanecer, contemplé los blancos campos y bosques.

Intacto, como si estuviera hechizado, el paisaje cubierto de nieve yacía ante mí en completo silencio. Asombrado busqué mi armónica y toqué una breve melodía. Me quedé de pie en el claro silencio invernal como una escultura de plata. Abrumado por la belleza de ese momento, mi corazón estaba a punto de estallar. Entonces, de nuevo, se produjo el silencio. Me sentí feliz, como si todo el universo me envolviera, yaciendo ante mí en su sublimidad, muy lejos de la mezquindad de la condición humana.

Algo dentro de mí anhelaba contemplar esta infinidad, y sentí que contenía un secreto. Algo crucial que, sin embargo, no pude entender. ¿Cuál es el significado de todo esto? Mi cerebro estaba cerca de explotar…

De repente, un pensamiento solitario entró en mi mente infantil: la razón por la que la humanidad (incluido yo mismo) era tan infeliz y por lo que el mundo, en general, era tan miserable (pensé, por ejemplo, en los niños que mueren de hambre en África) es, simplemente, porque la gente (incluyéndome a mí mismo) no conoce lo que está detrás de cada cosa, de cada situación. Porque no conoce el secreto de la Eternidad. Repentinamente comprendí, y me sentí profundamente compasivo con todos los que anhelan ser felices, pero aún buscan en lugares incorrectos, sin darse cuenta de ello.

Recuerdo contarles a mis padres sobre mi descubrimiento, pero ellos no supieron qué hacer al respecto y tampoco parecía ser importante para ellos.

Durante el resto de mi infancia y adolescencia esta experiencia se retiró a lo más profundo de mi subconsciente.

Hoy creo que, en ese momento, algo me “llamó” desde el pasado, intentando mostrarme un camino. Mucho más tarde, ya adulto, algo me “llamó” nuevamente, y comencé a buscar el significado de mi vida.

Había olvidado, posiblemente suprimido, casi todo sobre mi temprana niñez. Pero recordando ese momento, podía todavía sentir claramente su santidad.

He llegado a la creencia de que los seres humanos dedican cantidades increíbles de energía, soportan el dolor y la tristeza, invierten mucha esperanza, amor y dedicación para crear algo bueno y encontrar la realización, y aun así ellos fracasan una y otra vez, a menudo creando miseria, destrucción, dolor y desesperación. Simplemente porque no conocen al Único Fundamental, que no es de este mundo, y nos espera en el silencio de la Eternidad.

Por esto, creo que el Espíritu llama a cada ser humano.

Fuente: https://www.logon.media/es

El mito de la Pistis Sophia habla de nuevo

El mito de la Pistis Sophia habla de nuevo

El evangelio de la Pistis Sophia, uno de los pocos escritos gnósticos ya disponibles en el siglo XVIII.

Text: John van den Berg   Imagen: Logon

El evangelio de la Pistis Sophia es uno de los pocos escritos gnósticos que ya estaban disponibles en el siglo XVIII. Una traducción al inglés apareció a principios del siglo XX, lo que permitió a Carl Jung, por ejemplo, tenerla en su librería. En los años sesenta del siglo pasado apareció una traducción al neerlandés gracias a la editorial rosacruz. Los escritos recopilados de Nag Hammadi, que están disponibles en nuestro tiempo, dan una nueva imagen de la Pistis Sophia, en tanto que representación mítica del poder espiritual que puede revelarse en nuestras vidas en el siglo XXI.

La vida espiritual de los primeros siglos de nuestra era se centra principalmente en el mundo luminoso, también llamado Pleroma, donde el hombre-luz lleva a cabo su desarrollo. El hombre actual, como nos dicen los escritos, lleva una chispa de esa Luz original del Pleroma en su corazón. Esta chispa es, por lo tanto, el punto de partida de un camino de iniciación de regreso al Pleroma.

Durante los primeros siglos de nuestra era, se creó un dogma en torno al acercamiento hacia la Luz. La Luz aún brillaba en la oscuridad, pero la Luz cada vez fue menos comprendida. Por lo tanto, los escritos de los primeros días fueron reescritos, adaptados y colocados en el contexto de un evento histórico: un salvador que existía fuera de uno sin ninguna fuerza espiritual interna.

El camino de iniciación desde la oscuridad a la luz fue considerado imposible por cualquiera que tuviera “otros” pensamientos diferentes a los del orden establecido.

Los investigadores nos muestran claramente que muchas imágenes míticas desaparecieron y fueron olvidadas durante los primeros siglos de nuestra era, y otras muchas fueron transformadas en personajes históricos, como sucedió con Jesús. El mito de la Pistis Sophia ha sido completamente olvidado debido a la destrucción de todas las fuentes escritas. Ha sido desterrado, por así decirlo, al inconsciente colectivo de la humanidad.

Afortunadamente, ahora podemos leer y estudiar las escrituras antiguas nuevamente. Quizá ahora podamos entender mejor el viejo mito de la Pistis Sophia. Con frecuencia se la describe en los escritos de Nag Hammadi como un poder espiritual creativo en el Pleroma. Allí, la Pistis Sophia es la portadora y guardiana de la sabiduría para el hombre-luz.

Sin embargo, en un momento determinado, ella crea un nuevo universo fuera del mundo luminoso del Pleroma en el que aparece la sombra y, finalmente, la oscuridad. Así, la vida de la humanidad se ha convertido en lo que es hoy.

Su imagen en el códice Askew, el evangelio de la Pistis Sophia, es una reacción a este desarrollo. Es la narración de un alma que se libera de las ataduras de una vida en el mundo material. Ella llega a comprender profundamente que este mundo está gobernado por la voluntad, la mente y los deseos de un instinto inferior. La Pistis Sophia, sin embargo, permanece orientada a la “Luz de las luces”; lo que le permite liberarse de la oscuridad y, finalmente, conectarse con el salvador Jesús.

El camino de la Pistis Sophia puede hacernos conscientes de las posibilidades que están en nuestro interior. Es como activar una fuerza espiritual interna, de acuerdo con un método míticamente sugerido. Lo más importante es comenzar a vivir desde un anhelo acorde con lo que ya sabes. Si no puedes mantener tus propias intenciones, puedes llamar a la Pistis Sophia. Esa es la fuente de sabiduría y confianza latente en las profundidades del propio ser. Pues, Pistis significa “fe” y Sophia “sabiduría del corazón”.

En el siglo XXI, trabajar con las energías disponibles de la vida diaria es un proceso dinámico. Una y otra vez comparamos lo percibido por nuestra propia conciencia con la realidad momentánea de la vida. Allí encontramos lo que se necesita para sondear nuestra conciencia. No solo reflexionando, sino también acercándonos a todo con un corazón receptivo, sabio y siempre intrigante.

Una actitud de vida acorde con nuestra verdadera naturaleza como ser humano es creer, confiar, descubrir, sentirnos profundamente conmovidos y admirar.

Pero también podemos olvidar, sufrir, aceptar, redescubrir, caer y luego volver a levantarnos.

Nuestra conciencia puede desarrollarse donde desaparecen todos los límites, viviendo de los valores eternos del Pleroma, donde el Amor que todo lo abarca es la nota clave de la existencia. Por lo tanto, el mito solo es un mito sino que se convierte en un poder espiritual activo en nosotros, lo que nos proporciona inspiración, alegría y confianza en nuestra propia fuente interna de vida.

La Pistis Sophia vive de nuevo en el presente del siglo XXI.

Referencias

El códice Askewianus contiene las traducciones coptas de Gnostic Pistis Sophia

Pistis Sophia; Una miscelánea gnóstica: siendo la mayoría de los extractos de Los Libros del Salvador, a los que se agregan extractos de una literatura afín; inglés, por G. R. S. Mead, Londres, J. M. Watkins, 1921

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Onhemonkandire y endura: vida eterna para guaranís y cátaros

Onhemonkandire y endura: vida eterna para guaranís y cátaros

La búsqueda de Iwi Marae, la Tierra sin Mal, refleja el viaje espiritual del individuo en el camino de regreso a su condición original.

Texto: Colaboradores Logon  Imagen: Marion Pellikaan

La religión es el campo de conocimiento que más se atreve a responder la pregunta sobre lo que viene después de la muerte. Hay casi tantas respuestas a esta pregunta como denominaciones religiosas, algunas de las cuales pueden considerarse casi hegemónicas debido a la gran cantidad de seguidores que poseen. Este no es el caso de los conceptos de Onhemonkandire, de los indios guaraníes de América del Sur, y de la Endura, de los cátaros del Languedoc medieval, que son respectivamente la resurrección del ser humano y la muerte de la ilusión del yo. Y aunque estos dos conceptos se han desarrollado dentro de pueblos de tiempos y regiones geográficas muy diferentes, comparten rasgos esenciales.

Existe una creencia generalizada entre los guaraníes llamada onhemonkandire, que, desde una perspectiva occidental, puede entenderse como la vida eterna que se alcanza en la vida terrenal. Es un proceso que incluye el Apecatu Ava- pora, o Camino Sagrado del Hombre, y Araguijé kandire, que es equivalente a la resurrección de los cristianos, pero con la importante advertencia de que tal resurrección no tiene lugar después de la muerte física—sino que puede realizarse durante la vida.

La idea de la resurrección estando vivo puede parecer paradójica, pero ha sido compartida por muchos cristianos de diferentes denominaciones a lo largo de la historia. La comunidad cátara, por ejemplo, también conocida como la comunidad albigense, floreció en el Languedoc, actual sur de Francia, en el siglo XII y se fundó sobre los principios de un cristianismo interior. Hablaron de un proceso que llamaron endura, a través del cual uno alcanzaría la muerte del “yo” y el renacimiento / resurrección de un nuevo ser. Con la terminación y la consumación de la endura, se establece una conexión entre el nuevo ser cristiano y el espíritu de Dios, una conexión que le proporcionaría el camino de la perfección. No es de extrañar que el catarismo fuera calificado como una herejía por la Iglesia oficial, porque los cátaros profesaban una fe en la posibilidad de una conexión íntima y directa con Cristo, lo que disminuía significativamente la necesidad de una iglesia como mediadora entre Dios y su criatura. El no reconocimiento de la jerarquía establecida por la teología católica y la aparente aceptación de una jerarquía propia, que abarcaba desde los Simpatizantes hasta los Perfectos, se volvieron intolerables para el poder constituido de esa época, que tenía sus cimientos precisamente en aquellos principios teológicos.

Asociada con onhemonkandire, en los misterios guaraníes, está la creencia en la existencia de la Tierra sin el mal, Iwi Maraê. En un pasado no muy lejano, esta creencia fue responsable de la migración de estos indios a diferentes regiones del continente sudamericano. Presumiblemente, para los migrantes, la región geográfica donde pensaron que podían encontrar Iwi Maraê podría estar en cualquier lugar que no fuera su propia tierra actual. En cierto sentido, esta es una noción correlacionada con la de la Tierra Prometida de los judíos.

En vista de lo cual, es natural que muchos guaraníes también creyeran que la inmortalidad alcanzada en el cuerpo físico también sería la inmortalidad del cuerpo físico; al igual que muchos cristianos creen que, como salvados, sus cuerpos actuales se conservarán cuando se otorgue la inmortalidad después del Día del Juicio Final.

Sin embargo, es bien sabido que la resurrección y la idea de una vida eterna no se entendieron de manera uniforme, incluso dentro del cristianismo. En consonancia con ciertos movimientos gnósticos de la era cristiana primitiva, los cátaros consideraron los relatos de la vida de Jesús como símbolos de un proceso interno que todos los candidatos a la vida eterna deberían realizar. Por lo tanto, según la investigadora brasileña Joene Saraiva, los perfectos (iniciados cátaros) enseñaron que “la hostia consagrada no era el cuerpo de Cristo; que el cuerpo de los muertos no resucitaría; que el bautismo y el matrimonio no traían la salvación, y que ellos creían en un nuevo Cielo y una nueva Tierra”.

También se sabe, gracias al trabajo de divulgación de la sabiduría guaraní realizada por Kaká Werá, que las enseñanzas sobre el onhemonkandire también tienen un carácter simbólico. La búsqueda de Iwi Maraê, la Tierra sin Mal, refleja el viaje espiritual del individuo en busca de su regreso a la condición original.

Este viaje implicaría el abandono de arandu, la forma corpórea, como final del proceso espiritual. Por lo tanto, la resurrección es para ellos, tal como lo fue para los cátaros, una realidad interna que concierne al despertar de la nueva consciencia, o la consciencia de un nuevo ser, que no podría limitarse a las demandas del cuerpo físico. Es una resurrección lograda en la vida, pero va mucho más allá de los horizontes de esta vida.

La creencia en la vida eterna lograda mientras todavía se está encarnado (por usar un término más familiar para nuestra cultura) sigue vigente hoy en día, tanto entre el pueblo guaraní como entre los cristianos gnósticos de la Escuela Espiritual de la Rosacruz Aurea, quienes, en cierta medida, son los herederos espirituales del catarismo. La búsqueda de la Tierra Prometida, o la Tierra sin Mal, es mucho más que la expectativa de que una promesa milenaria se cumpla, es la asunción de la tarea de renacer a la verdadera vida. Al fin de cuentas, “quienes dicen que deben morir primero y luego levantarse, se equivocan. Si no reciben la resurrección mientras viven, cuando mueran, no recibirán nada” (Evangelio gnóstico de Pedro).

Fuente: https://www.logon.media/es

Narrador del Cielo

Narrador del Cielo

Imagina que estás viendo toda tu vida como si fuera una película

Texto: Krabbelton    Imagen: A. Bast

Imagina que todo lo que ves, sientes, piensas y escuchas, todo lo que experimentas conscientemente -incluso tu propio cuerpo- lo estás viendo como si estuvieras en una película. Imagina que tú eres el único observador. Una película única, en la que tienes el papel principal y el de todos aquellos que juegan un papel en esa película. Imagina, al mismo tiempo, que tú estás proyectando la película en la pantalla de tu conciencia.

La película empezó cuando tú aún eras muy joven y se sigue proyectando todos los días. Mientras la película se proyectaba, naturalmente, te acostumbraste a las cosas que te mostraba, cosas que continúa mostrándote y que son percibidas -por ti- como verdaderas.

Éste eres tú y nadie más, no hay nadie más como tú en todo el universo. Éste eres tú, un ser humano único, completa y absolutamente tú. Así, tu identidad está siendo creada al igual que la identidad de cada persona. Casi nadie piensa en esto.

Que la película sea una buena o mala, depende del guión de la historia que se está desarrollando, y también de la importancia que tú le des.

Un día surge la pregunta de si tú eres realmente esa persona que ves como tú mismo. Surge un sentimiento de duda, un sentimiento de que algo no está bien, de que falta algo. Todo esto, simplemente, no parece justo. Ocurren cosas que no puedes cambiar nada, cosas que no quieres que pasen; de hecho, sientes que podrían ser diferentes, que deben ser diferentes…

La consciencia se despliega desde tu interior y descubres que hay otro camino a seguir. Esta consciencia atrae tu atención y, sin importar lo que hagas, permanece contigo, en un segundo plano, como un verdadero amigo al que llegas a conocer más y más. A veces, este amigo es inquietante, pero es fiable. Se vuelve más y más natural querer estar con él.

El compañero en ti cambia tu panorama y tu forma de ver el mundo. Todo lo que ves ahora, lo ves junto con este amigo y ya no estás solo. Dos ven mejor que uno. Las mismas cosas toman otro significado, tú también estás tomando otro significado. Ya no te identificas tanto con los sucesos de la película. Tu compañero interior se acerca más a ti y te identificas con él. El irradia una nueva luz en tu vida.

Imagina que otras personas también encontraran a su compañero interior. ¡Y que todos tomaran conciencia de ser la pantalla, el proyeccionista, el observador y la luz, todo al mismo tiempo!

La luz del compañero interior dirige tu vista hacia la fuente, en la que todo se origina y a la que todo regresa. Percibes algo del camino espiral de las cosas al ser creadas y formadas. Y reconoces que todo está en ti, junto con lo demás. “Ésta es mi verdadera identidad”. El factor decisivo no es quién soy, sino qué soy: Una de las numerosas estrellas del pabellón de la conciencia, todas brillando con fuerza en el mismo cielo. Puedes verlas todas, pues cada estrella es más hermosa que la otra. Sientes un flujo de felicidad.

Imagina, entonces, que alguien te dice “yo soy la Luz del Mundo” e imagina que cada estrella transmite esto. Cada persona se reconoce en la luz de otra persona en un reflejo infinito.

El tesoro en cada uno es para que todos lo disfruten, ésta es nuestra herencia espiritual. Está, simplemente, esperando que tú la aceptes.

¡Imagínatelo!

Fuente: https://www.logon.media/es

Entrevista Alumn@ Rosacruz Áurea Parte 1

Parte primera de tres videos donde se muestran algunas respuestas a preguntas esenciales sobre La Rosacruz Áurea planteadas al alumnado.

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?

Mi rostro en el espejo no me lo dirá

Texto: Kesy Bender Imagen: Valeria Maraun and Saschka from SPb

¿Quién soy yo? Mi rostro en el espejo no me lo dirá. ¿Puedo creer en realidad que quien está en el espejo soy verdaderamente yo, o quizá me he acostumbrado a esta apariencia? No me reconozco en mis fotografías de cuando era una joven.

Solo sé que alguna vez he tenido la apariencia que se ve en ellas. En este momento, me estoy fijando en los rostros asiáticos que hay a mi alrededor. Luego, un reflejo de mí misma aparece en un panel de vidrio. Veo a una mujer blanca, de cabello claro y ojos azules. ¿Soy yo? ¿Quién soy yo?

Nunca se le había rendido tanto culto al cuerpo como en estos tiempos. Pero no lo necesitamos como solíamos hacerlo en el pasado. Al menos no para alimentarnos de la manera como lo hacíamos antes. En este sentido, casi que se ha vuelto obsoleto. Ya no ara el campo como solía hacerlo, ni carga cosas pesadas como antes; ya casi ni necesita reproducirse. Sin embargo, a pesar de ser obsoleto, lo veneramos. Estado físico, nutrición, bienestar, moda y estilo. Casi todos los días se hace algo de esto por él.

Solo tenemos a mano un único medio de conexión con el mundo, a saber: nuestro cuerpo. Él es el vínculo, el punto de unión, por medio del cual podemos entrar en contacto con los demás. Nos ocupamos de él y nos expresamos con él; desde el color del cabello, pasando por nuestra figura, hasta llegar a las medias.

¡Mire lo que he hecho de mí! ¡Mire quién yo soy! Necesitamos este cuerpo para entrar en contacto con los demás. Por esta razón tratamos que parezca hermoso.

En nuestra consciencia, estamos aislados y no podemos saber, sin ayuda, lo que otro realmente siente o piensa. En mi ser interior, yo solo soy yo. Hay sentimientos que luchan unos con otros. También pensamientos que se arremolinan alrededor. Si hay un alma, entonces tiene que vivir allí en algún lado. Estas cosas no parecen estar muy ordenadas. Organizando este desorden, como en una especie de proceso de separación, tres cosas salen a la superficie, que parecen conformar mi yo, pero que pocas veces están en contacto entre sí. De este modo, buscando su unidad, encontramos los tan conocidos: Cuerpo, Alma y Espíritu.

Con nuestros cuerpos nos ocupamos, por ejemplo, de la nutrición, de los músculos y del cuidado de la piel. ¿Pero el alma realmente qué es? Se dice que los ojos son “la ventana del alma”, pero en lo relativo a la composición del alma, hay mucha controversia. Hay muchas descripciones al respecto: algunos hablan de materia etérica, otros de un campo de energía, y otros aún de poderes sobrenaturales. Cada quien tiene su propia definición. El alma parece ser algo que caracteriza nuestros sentimientos, nuestra mente y nuestra psique. Y además el alma parece ser capaz de transformar, de ser flexible como nuestro cuerpo. El entrenamiento del alma se hace hoy en día en seminarios para el desarrollo de la consciencia, retiros con voto de silencio o en clases de yoga. Allí nos ocupamos de ella, dependiendo de si tenemos o no tiempo para ello.

¿Y el espíritu? Respecto a él hay todavía más confusión. En inglés hay una diferencia entre “mente” y “espíritu”, intelecto y espíritu. Si permanecemos en el plano intelectual, nos encontramos como mínimo en el nivel mental. Con la ayuda del cerebro pensamos, reflexionamos y damos ideas. Allí hay un espacio de almacenamiento para nuestras experiencias y visiones, nuestras creencias e imágenes. Allí surge la consciencia. Alimentamos nuestro cerebro con conocimientos, tratamos de entender y organizar las cosas. Vamos al colegio y a la universidad, desarrollamos nuestras habilidades, proseguimos nuestra educación y dedicamos tiempo asistiendo a conferencias y seminarios.

La actividad intelectual es la que nos define en la actualidad. Así es como, hoy en día, la mayoría de la gente gana su dinero en la actual sociedad de la información. Pero el espíritu, sin embargo, se expresa de forma distinta.

Aparentemente parece venir más de afuera que del caos interior que emerge del ego. Parece provenir de alguna parte completamente diferente.

Si tuviéramos que representar al hombre como una casa, veríamos posiblemente al cuerpo como la planta baja, el primer piso como el alma y el segundo piso como la mente. La casa tendría las formas más inusuales. Algunas veces sería pequeña abajo y gigante arriba. Otras veces la base sería extremadamente amplia y la parte superior minúscula. En uno habría escaleras para conectar los pisos; en otro, éstas podrían haber sido olvidadas o se habrían desplomado sobre sí mismas. Uno habría construido su casa tan bien como hubiese podido, permitiendo a otros vivir en ella. Otro la configuraría de forma tan simétrica como fuera posible pero no sabría cómo debería llenarla. ¿Tiene mi casa proporciones armónicas y bien formadas? ¿Y quién vive allí? Ahora mismo me veo abriendo las puertas, una a una; la puerta del intelecto, la puerta del alma, la puerta del cuerpo. Con una clara percepción siento una gran expansión, como el “aire fresco”, una sensación espiritual.

¿Quién soy yo? Me miro de nuevo en el espejo. ¿Soy acaso la figura bien modelada que allí aparece, la angustiada y afligida alma, mi mundo intelectual?

¿O de hecho, a parte de una fracción de espíritu, un habitante transitorio de mi casa? ¿O soy justamente la visión con la que me he acostumbrado a crecer, una chica joven en una foto, a quien yo creo conocer, o una mujer blanca, de ojos azules, en medio de todos los rostros asiáticos?

Fuente: https://www.logon.media/es

La evolución inevitable

La evolución inevitable

La eternidad en el hombre es una realidad. Está vinculada a través de él a la materia, a la realidad material de su ser, para que pueda dominarla. Debe darse cuenta, cambiando su propia realidad.

Text: C. M., País: Francia, Imagen: Alfred Bast

Cada uno de nosotros responde esta pregunta de una manera muy personal, pero la respuesta puede tener algo que ver con nuestra relación con la individualización y la libertad. Nuestra era es testigo del fuerte desarrollo de ambos, a expensas de las antiguas afiliaciones religiosas.

Tal vez sea hora de una espiritualidad esencialmente libre, libre de la manera más intensa. Libre de ser, libre de haber sido, libre de pasar después de un siglo o menos de experiencias personales, libre de ser. ¿Qué estamos experimentando durante este período de tiempo? ¿Es la ausencia de libertad?

Una visión gnóstica del ser humano podría expresarse como la libertad absoluta de hombres y mujeres para volverse libres y vivos. El ser humano entra en la vida con una conciencia que no puede considerarse absoluta. Inmerso en una vida en la que experimenta, en una realidad que comienza a comprender parcialmente, debe lidiar con su propia naturaleza compleja y sus sentidos imprecisos. Lo llevan al punto de crear su propia visión del mundo y de sí mismo, una visión personal e individual. Los seres humanos no comparten la realidad de manera absoluta. La forma más elaborada de compartir probablemente sigue siendo el lenguaje. “Hay otra realidad, más grande, trascendente, y espiritual”. Esas palabras crean en cada uno de nosotros una realidad interior que es diferente y la nuestra.
La libertad puede ser comprendida de diferentes maneras. Mientras el sentimiento de falta de libertad parezca estar relacionado con restricciones externas, a limitaciones inherentes al contexto de la vida, entonces esta falta de libertad se experimenta en un nivel básico, el de la vida cotidiana. Entonces, un día, de pronto aparecen rastros de una realidad diferente; una aspiración emerge con una intensidad que las palabras no pueden traducir.

Esta realidad está más allá de los sentidos corporales y más allá de la consciencia que se ha desarrollado. ¿Puede el pensamiento humano comprenderlo? Tomar consciencia de una realidad más amplia ya es un proceso que lleva tiempo y, a menudo, la consciencia solo emerge a través de crisis, eventos dolorosos de la vida y el cuestionamiento de sí mismo.

¿Puede el hombre definir esa parte de sí mismo que aún no está articulada o cumplida? ¿Puede afrontar su profunda aspiración a una vida más completa, más magnífica? La posibilidad en su vida de descubrir una posibilidad prevista se le ocurre de manera palpable. ¿Tiene éxito en ir más allá de su propio marco de referencia y encontrar respuestas más allá de este marco? Este marco de referencia se enriquece colectivamente a lo largo de la historia humana. Los últimos dos siglos han modificado profundamente cómo nos representamos a nosotros mismos. El marco social ahora tiene menos influencia sobre el individuo humano, por lo que ahora puede aceptar más libremente su propia singularidad, su libertad de elección en dominios esenciales de la vida como profesión, elección de parejas de amor, estilo de vida, lugar de vida, comida, etc. Más allá de la racionalidad cotidiana.

La consciencia y las realizaciones internas irrumpen como un nuevo amanecer en nuestra consciencia. Pero a menudo son seguidas por una negación escéptica. Es el conocido “principio de la realidad”, que puede ser la negación de la vida, lo que nos hace desconfiar de nuestra percepción e intuición. La racionalidad cotidiana puede excluir el descubrimiento que se ha hecho desde la conciencia. Pero si este espacio de conciencia abre la puerta a la verdad en nosotros, a una posibilidad trascendental, ¿Cómo, entonces, puede evaluar su propia precisión? ¿Con su propia percepción? “Siento que está bien”. ¿Con su propia consciencia? “Percibo que es lo correcto”. ¿Hasta qué punto la educación y las normas internas influyen en esas percepciones y sentimientos? ¿Puede el espacio de la conciencia responder de manera clara y precisa a la pregunta “¿Quién soy yo? ¿Puede la respuesta a esta pregunta ser definitiva?

A través de estas preguntas, a las que no se pueden encontrar respuestas definitivas e irrevocables, el hombre puede ampliar su campo de percepción, su campo de consciencia. Las resistencias internas son abundantes y, a menudo, son mucho más imperativas que las restricciones externas.

Es difícil aceptar que la humanidad se encierra en el infierno de una creación colectiva, que los individuos no corren el riesgo de abandonar sus construcciones mentales y emocionales, y que, por lo tanto, aspiren a una auto-confirmación. No se arriesgan a un descubrimiento interior que cuestione radicalmente su ser. Sin estar preparado para perder su imagen fija de lo que le gustaría ser, el hombre se queda solo con la monotonía de su existencia diaria. Pero, inevitablemente, a lo largo de los siglos lo impulsan mandamientos inmortales como “conócete a ti mismo y conocerás los universos y los dioses”.

El hombre termina cuestionando el significado de la libertad, el paradigma de su vida, su marco de referencia. Cuestiona los opuestos aparentemente irreconciliables dentro de él. Sí, dos realidades viven juntas dentro de él: una que percibe y capta con sus sentidos, su conciencia; y otra que entiende con sus átomos, su vibración y su sensibilidad interior, que atrapa con su propia luz. Y cada vez más consciente, más sensible a su propia luz, lo hace más brillante. Se convierte en una luz viviente, luchando con su propia oscuridad. Se vuelve más sensible a la luz de otras personas. Se vuelve sensible a la expresión de las verdades eternas. Su marco de referencia habitual ya no está cerrado. El universo le habla e  ilumina algo eterno en él.

Una nueva realidad.

La eternidad en el hombre es una realidad. Está vinculada a través de él a la materia, a la realidad material de su ser, para que pueda dominarla. Debe darse cuenta, cambiando su propia realidad. No hay otro camino hacia la divinización. El hombre debe entender y vencer las leyes del bien y del mal. Debe ir por el camino del conocimiento, luego de la transfiguración. Debe extraer lo eterno de lo temporal. El hecho de abrirse camino a través de los reinos del tiempo y la materia, le proporciona los medios para aprenderlo y, finalmente, trascenderlo. Aunque este proceso no es automático, el ser humano inevitablemente atravesará, en un momento dado, los velos de la ilusión, y descubrirá su verdadera naturaleza para cumplirla. Esto continuará hasta que cada ser humano haya encontrado el camino de la libertad absoluta.

Más allá del mundo material, la realidad espiritual es una vasta realidad unificadora y transformadora. Poseer un cuerpo es esencial para que el individuo siga este camino de autoconocimiento en unidad con esta naturaleza espiritual en su mayor expresión.

Pero si el proceso de divinización del individuo humano impacta inevitablemente en múltiples vidas humanas, ¿cómo puede reconciliarse con el hecho de que los humanos están cada vez más apegados a su propia singularidad como individuos? El hombre acepta la privación de libertad en el contexto profesional o por respeto a las obligaciones sociales que son necesarias para la vida comunitaria. La educación le ha enseñado a moderar la impulsividad de sus necesidades y deseos de respetar estas reglas, y cada individuo lo logra de una manera única. Si pertenecer y formar parte de un grupo puede infundir y nutrir su emocionalidad mística y abrirlo a través de su alma al sentimiento de comunidad, ¿no constituye esto también una alienación y una pérdida de libertades?

Siendo un individuo autónomo, libre …

¿Podemos transformarnos mientras ignoramos la progresión de los demás? Es una de las grandes paradojas de este camino. El individuo debe deshacer su falta de libertad desde el nudo más apretado. Él o ella pueden entonces responder a la pregunta de la libertad, descubriendo la octava superior de la libertad y la unidad. La unidad se convierte en una tonalidad viva y vinculante, que existe como un potencial en todos, pero que cada uno de nosotros está llamado a co-crear. Entonces el mundo ya no está separado ni está fuera de él.

Fuente: https://www.logon.media/es

Hilma af Klint: Mundos posibles

Hilma af Klint: Mundos posibles

Cuán admirable es que esta pintora sueca haya entrado en contacto con un campo magnético superior, un campo puro y elevado.

Texto: LOGON Autorengruppe Brasiliens Imagen: Hilma af Klint: Altarpiece

Exposición en la Pinacoteca de Sao Paulo, Brasil, del 3 de marzo al 16 de julio de 2018.

La Pinacoteca de Sao Paulo exhibe, por primera vez en América Latina, una muestra individual de la pintora sueca Hilma af Klint (1862-1944). Su trabajo ha sido reconocido, en el ámbito cultural, como pionero en el campo del arte abstracto; sin embargo, no se ha conocido durante gran parte del siglo XX.

En 1907, año en que Hilma af Klint trabajaba en la serie “Pinturas para el Templo” (que consta de 193 obras clasificadas, realizadas entre 1906 y 1915),

Picasso pintó “Las señoritas de la calle de Aviynó”, Gustav Klimt, “El beso” y Frida Kahlo,”Ciudad de México”. Poco después aparecieron artistas Como Kandinsky, Munch y Mondrian, artistas que marcaron la historia del arte, excepto Hilma af Klint, que no participó en esta historia, ya que su trabajo abstracto se reveló veinte años después de su muerte, a petición suya. Aun así, solo en 1986 algunas personas pudieron apreciar su trabajo por primera vez en la exposición “Lo espiritual en el Arte: Pinturas Abstractas 1890-1985”en la exposición LACMA (Museo de Arte del Condado de Los Ángeles).

Su trabajo explora el camino hacia un plano superior. Hilma af Klint sabía que el público aún no estaría listo para recibir su trabajo, que todavía no se comprende del todo. Hilma propone un viaje de autoconocimiento que nos concierne a todos. Gradualmente, la humanidad se está abriendo a ello. Debido a los impulsos de la Era de Acuario, las personas son más receptivas a las nuevas ideas. Sin embargo, las ideas registradas por Hilma no son nuevas, siempre han existido y continúan existiendo.

Hilma af Klint no solo era una artista, sino una persona en busca de desarrollo espiritual. Al principio, ella no era más que un instrumento para el registro de lo inmaterial en lo material, de lo invisible en lo visible. Según Johan af Klint, sobrino de la artista, heredero de su trabajo y presidente de la Fundación Hilma af Klint, “su trabajo es una representación física del mundo espiritual”.

Más tarde, ella revela el desarrollo de su propia conciencia.

Dos personas del grupo de autores de LOGON visitaron la exposición y aquí tenemos nuestra impresión:

Cuando contemplamos el trabajo de Hilma af Klint, percibimos su grandeza y que allí hay algo que no se puede poner en palabras. A veces se expresa a través de formas geométricas, otras a través de formas orgánicas. En este sentido, su trabajo es abstracto porque nos toca de una manera casi imposible de solo ser comprendida por la mente concreta. Es necesario experimentarlo, vivenciarlo a través de nuestro estado de ser y permitirle penetrar en nuestro ser interior, en el corazón, para que haga vibrar algo que resuena y entre en sintonía con la vibración. El trabajo de Hilma af Klint no es para el intelecto, para la interpretación, es posible sentirlo tan pronto como nos ponemos en contacto con sus lienzos, particularmente aquellos que fueron pintados especialmente para el templo. ¿Para qué templo pintó Hilma? La respuesta al buscador de la verdad es: Hilma no pintó para un templo; ella muestra el camino para construir un templo interior.

Sus lienzos consiguen hacer reverberar todo lo que percibimos con nuestros ojos dentro de nosotros mismos, ¡es reconocimiento! Éste es el camino espiritual recorrido por ella, que existe, que está ahí, y que cualquier persona que lo busque verdaderamente puede encontrarlo. Es un regalo para el presente, porque ahora está siendo mostrando a la humanidad con su conciencia actual, en el momento cósmico actual, que tiene la apertura para aceptarlo y la inquietud interna, la sed del buscador, la insatisfacción con el estado actual de las cosas. Nos damos cuenta de lo magnéticos que son sus cuadros y de cómo los visitantes de la exposición se sienten completamente conmovidos por lo expuesto, muchos de ellos menores de 10 años. ¿Hay alguna prueba mejor que ésta para mostrar lo íntimo que es para todos su arte?

Influida por movimientos espirituales como la Rosa-Cruz, la Teosofía y más tarde la Antroposofía, Hilma Af Klint registró dimensiones que van más allá de la comprensión de los sentidos. Representó científicamente y organizó en innumerables registros escritos las energías invisibles del mundo. Vale la pena observar que, en su tiempo, surgió el interés por lo invisible, con descubrimientos científicos como los rayos X y las ondas electromagnéticas.

Podemos notar cómo la separación realmente no existe y todo está interconectado, pero se revela a cada uno de manera diferente. Así, Hilma af Klint descubrió estas mismas cosas artísticamente. En el campo de lo oculto, las sesiones de Espiritismo ganaron importancia. Hilma hizo sus experiencias de espiritismo con el Círculo de los Cinco, un grupo compuesto por ella y otros cuatro amigos, realizando registros automáticos durante las sesiones y conectándose con espíritus elevados.

No obstante, es notable que la pintora sueca hay entrado en contacto con un campo magnético superior, un campo puro y elevado, del que habló con Rudolf Steiner. Un campo que no pertenece al mundo dialéctico (el mundo de los opuestos, luz y oscuridad, bien y mal): el campo del Espíritu.

Hilma af Klint se ganó la vida como pintora de retratos y paisajes, fue muy minuciosa y en sus obras espirituales sobre la botánica, realizó numerosos registros de la organización de los átomos y los campos magnéticos; así como de la Geometría Sagrada.

En el libro Geometría Sagrada: Fundamentos naturales, científicos y pitagóricos (Jesús Zaton), leemos: “La Geometría Sagrada no se limita a medidas simples, sino que busca explorar los patrones energéticos a través de los cuales todas las formas se crearon a partir de la Unidad o el Todo metafísico: desde el desarrollo de un embrión, a los patrones que siguen la formación y ritmos de los planetas, galaxias, las manchas y líneas en la piel animal, o la manera en que se estructuran las moléculas de ADN, desde pequeñas a grandes, todo está regido por la Geometría Sagrada”.

Sus obras recorren todo el camino de la Génesis, desde el Caos hasta el principio, la Palabra. “Los diez más grandes” cuenta la historia del desarrollo de la conciencia (en espirales), las etapas del ser humano desde la infancia hasta la vejez. Las “Pinturas de los templos” culminan con la Serie de Retablos, que es el propio camino espiritual de Klint, el proceso alquímico que transmuta el plomo en oro. Otra serie hermosa es “El árbol de la sabiduría”, en el número 1, Hilma coloca el corazón (el centro del ser humano) en la base del tronco del árbol. El corazón es la puerta de entrada a las otras dimensiones que conducen al cáliz del Santo Grial, que irradia (12 rayos). La separación es mayor cuanto más lejos de la copa, el Espíritu. Esto es retratado por las palomas blanca y negra. En la dimensión superior, las palomas se unifican. El Uno, lo indivisible, lo eterno.

Este camino de autoconocimiento, recorrido por Hilma af Klint, es su arte: un arte capaz de transformar la vida espiritual de aquellos que entran en contacto con él. Una vida que fluye de su corazón, que quiere ofrecerles la eternidad, que no es una imagen, sino una fuerza, un evento infinito, sin comienzo ni fin, ahora, en el presente.

Fuente: https://www.logon.media/es