Todo es vibración. Parte 1

Todo es vibración. Parte 1

La alta frecuencia del Amor transforma la baja frecuencia del miedo

Texto: Anneke Stokman-Griever, País: Países Bajos, Imagen: Unsplash

La ciencia moderna confirma lo que la ciencia esotérica de los antiguos siempre dijo: todo es vibración. El esotérico estudia al hombre en su cuádruple naturaleza física, etérica, astral y mental, como una complicada combinación de vibraciones. En la ciencia, el número de vibraciones del ser humano se mide en diferentes estados de la mente, en sus efectos en el entorno y, finalmente, en toda la Tierra. Este artículo parte de la idea de que cada ser humano importa y es importante en el proceso de co-resonancia con las vibraciones superiores, lo que conducirá a una nueva consciencia y una nueva vida de actos.

¿Coincidencia?

Hay científicos que dicen que todo es una coincidencia. De la nada surgió el gran Big Bang y, por casualidad, la evolución tuvo lugar. La vida no tiene sentido, la evolución solo se basa en la supervivencia del más fuerte y en la reproducción de la vida. ¿Por qué? No hay porqué.

En tal acercamiento a la vida, no hay lugar para la intervención milagrosa de una fuerza que dirija y dé sentido al universo, una fuerza a la que los pueblos de la humanidad han dado toda clase de nombres y que siempre han adorado y venerado en muchas formas. Eso era la religión. No tener religión era imposible.

Hasta que hace cuatro siglos todo cambió en Occidente.

Alrededor de 1600, la ciencia tuvo un importante desarrollo y se descubrieron nuevos mundos, con la ayuda del microscopio y el telescopio. Desenmascarado, el milagro se convirtió en ficción, ya que se llegó poco a poco a una explicación racional de la realidad del mundo. Ya no se creía a los teólogos, y finalmente la infancia y la inocencia se fueron por el desagüe. Habiendo dejado de existir el milagro, la fuerza creadora divina se hizo superflua. Solo existía la materia. El ser humano penetró cada vez más profundamente en ella. Con el microscopio electrónico exploró el átomo, convencido de descubrir lo que aún ignoraba. Esta actitud ha llevado lejos a la ciencia, pero, mientras tanto, el alma del ser humano se marchitaba por falta de alimento espiritual y anhelo de la verdadera sabiduría.

Los opuestos

Este mundo está sujeto a la ley de que todo se convierte en su opuesto. Luego existe movimiento y transformación. Así, llegó el momento en que la ciencia ya no podía mantener que solo existía la materia. No, la materia es en realidad energía; todo es vibración, en frecuencia superior o inferior. Y la vibración, la oscilación, es información. Por otra parte, se ha admitido la idea de la velocidad de la luz como la máxima velocidad.

Todo ello ha supuesto un cambio de paradigma, una nueva forma de pensar, tan radical como 400 años antes lo fue la idea de que no es la Tierra sino el Sol el centro de nuestro sistema solar. Entonces, los pioneros de este pensamiento acabaron en la hoguera. También ahora, los pioneros tienen dificultades con los dogmáticos materialistas. Piensen en la oposición que la homeopatía, un método de curación basado en la información, la vibración, está experimentando desde los poderes de la UE.

Se hizo evidente que todo es esencialmente potencial, posibilidad. Cómo se convierte la energía en materia, onda o partícula, es determinado por el espectador. Esto se llama el efecto de incertidumbre de Heisenberg. Es una revolución en el pensamiento científico, pero, como se ha dicho, muchos científicos no quieren aceptarlo todavía. Científicos como Erwin Laszlo, Ken Wilber, Peter Russell, Fred Alan Wolf, Masuru Emoto, Bruce Lipton, que también han estudiado la antigua sabiduría oriental, llegaron a la conclusión de que lo que la ciencia había descubierto ya se conocía hace miles de años.  Todo es vibración, porque todo es energía, y la energía está siempre en movimiento.

Estas vibraciones se manifiestan en muchas formas, que existen gracias a muchos patrones vibratorios complejos. Cuando los movimientos se detienen, las manifestaciones regresan a la Unidad, el estado original de descanso. La Creación, el universo,  existe como un espectro de frecuencia infinita. Dentro de esto, los diferentes niveles de realidad se distinguen por la diferencia en la frecuencia de vibración o densidad de la energía.

La unidad inescrutable posee la frecuencia más alta, la de una energía extremadamente sutil, fina e infinitamente rápida. La materia tiene la frecuencia vibratoria más lenta, la forma de energía más densa. Un objeto u organismo físico es un conglomerado de muchas frecuencias vibratorias diferentes y armoniosamente sintonizadas. Normalmente solo somos conscientes de las frecuencias más bajas, de la materia. Pero eso no significa que todas esas frecuencias superiores no existan. Piense de nuevo en la homeopatía.

 La Ley de la Vibración

Ahora, junto a este hecho de que todo es vibración, hay también diferentes principios de realización y funcionamiento.

Y aquí llegamos al área esotérica. Esta se basa en diferentes niveles de realidad.

La Ley de la Vibración [1]

 

Se dice que hay una influencia permanente entre los diferentes niveles de la realidad. Esto se llama el principio de resonancia armónica. Patrones o estructuras casi idénticas tienden a vibrar entre sí.

El segundo principio es el de la transmutación permanente de la energía. Las vibraciones superiores tienen la capacidad de transformar las vibraciones inferiores, pero a la inversa, las bajas vibraciones nunca pueden cambiar las vibraciones superiores. A través de esta ley unidireccional, la evolución siempre irá hacia la vibración superior. Esto es conocido como la Ley del Amor, porque la Luz Universal y el Amor Universal tienen la frecuencia más elevada.

El tercer principio de la Ley de la Vibración es que hay un flujo constante de energía de vida sutil que fluye a través de todo. Esto mantendrá todo en su lugar y conectará todo a todo. Esto se llama qi o chi, o prana, o tao o energía divina, o espíritu. Eso es lo que da vida.

La primera vibración pura con la que se creó el universo aparece en la Biblia en la expresión “En el principio fue la Palabra”. Esta vibración causa una energía creativa en el gran vacío, en el océano primigenio de la potencialidad pura. También en las historias de la creación de otros pueblos se encuentra un comienzo similar de vibración, o sonido sagrado (sánscrito: Nada Brahma, el mundo es sonido).

Desde esta vibración más elevada, Amor y sabiduría, como información y Luz, surge todo el universo, desde las frecuencias más sutiles hasta los patrones más densos; y finalmente aparece el mundo físico: estrellas, planetas y todas las formas de vida. Y todo esto es esencialmente vibración.

Así que podemos decir que la esencia de todo lo que existe es Luz. Sin luz, ninguna vida es posible.

Esta es una cuestión de vibraciones armónicas. Cada tono es una frecuencia vibratoria que, mientras está siendo alimentado, resuena y continúa trabajando armoniosamente. Y así parece ser armoniosa una parte muy pequeña de estas vibraciones armónicas o tonos que podemos percibir con el oído humano. También podemos percibir esas vibraciones armónicas indirectamente con el ojo. Por ejemplo, experimentamos la proporción áurea en plantas o en arquitectura como algo armonioso.

Pitágoras también se refiere a estas vibraciones como la armonía de las esferas, cuando se trata de las proporciones entre las frecuencias vibratorias de los diferentes planetas. Sabemos por la astrología que las frecuencias vibratorias de cada planeta y sus combinaciones tienen su propio efecto en cada ser humano.

El principio de resonancia armónica significa que patrones o estructuras iguales o casi iguales resuenan entre sí. Todo es vibración, así que todo está conectado a todo en el universo: objetos físicos, pensamientos, sentimientos, fenómenos mentales, niveles no físicos de la realidad, todo está conectado, basado en el principio de resonancia armónica. Un ejemplo simple de ello lo podemos ver en  dos violines. Si tocas un tono en una cuerda de un violín, la misma cuerda vibrará en el otro violín. Y debido a que la frecuencia de esta cadena, al igual que cualquier objeto u organismo físico, es de hecho un conglomerado de muchas frecuencias vibratorias diferentes, también muchas frecuencias superiores, los llamados overtones, comienzan a vibrar, a resonar.

Y lo que se desvía ligeramente del patrón vibratorio original restablecerá automáticamente la vibración, debido al funcionamiento de la resonancia armónica, lo que significa que las vibraciones estarán de nuevo en fase entre sí, o se reforzarán de nuevo mutuamente.

Nosotros, como seres humanos, tenemos —o, en realidad, somos— un conjunto complejo de muchas frecuencias vibratorias diferentes, cada uno con su propio patrón vibratorio único. Conocemos, en un grado ascendente de transparencia, nuestro cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el cuerpo mental. Todos los cuerpos con frecuencias vibratorias inferiores están impregnados por cuerpos no físicos con frecuencias  vibratorias superiores. Nuestros pensamientos y emociones están así totalmente entrelazados con nuestro cuerpo físico. El flujo constante de la energía sutil de la vida también fluye a través de nosotros, y cuanto más en armonía estén nuestros diferentes cuerpos, mejor podremos mantenernos a nosotros mismos, permanecer sanos y sentirnos conectados a nosotros mismos y a todo lo demás.

Antes hemos mencionado la Ley del Amor, por la que las vibraciones superiores pueden transformar las inferiores. La frecuencia superior del Amor transformará la frecuencia inferior del miedo. La expresión “El amor vence todo”, es uno de los mayores misterios de la creación, pero perfectamente lógica a la luz de la Ley de la Vibración.
Si nuestra alma pudiese vibrar en la frecuencia más elevada y así impregnase todos nuestros otros cuerpos, entonces  establecería nuestra conexión con el Amor Universal y la Sabiduría Universal. Por ello, muchos místicos consideran el alma como la llave para alcanzar la Verdad.

 

1 Para la elaboración de este artículo se ha utilizado el libro de Marja de Vries, De hele olifant in beeld. Deventer, 2016.

Fuente: https://www.logon.media/es

Tierra sagrada

Tierra sagrada

La vida es sagrada. Lo humano lo es igualmente. La Tierra también.

Texto: Edouard Sanborne, País: Francia, Imagen: Pixabay CC0

El  texto que sigue ha sido leído durante el acontecimiento «24h de meditación por la Tierra» en Toulouse, acto que se efectuó igualmente en otras ciudades del mundo. Este acontecimiento tiene por objetivo recordar que la Tierra es sagrada, invitando a los dirigentes del mundo a tener una nueva posición para el futuro.
“Un día, un niño vino a verme y me preguntó:

– Cuando sea mayor, ¿podré vivir donde quiera?

– Por supuesto, le respondí: la Tierra no pertenece a nadie. Cada uno es libre de descubrir su belleza y de instalarse donde quiera.

Pero al decir eso, me pregunté si era así. Pensé que había lugares en la Tierra que no recomendaría a nadie para vivir allí. Los conflictos, la geopolítica, la destrucción de los ecosistemas, la depredación de los recursos, la contaminación y los problemas climáticos han generado inseguridad para muchos, provocando flujos migratorios forzados como nunca antes se había visto. Hoy, ni siquiera podemos decirle a un niño: eres libre de ir a donde quieras en la Tierra. La Tierra se ha convertido en una propiedad, un espacio privado, codiciado o a veces desheredado, abandonado.
¿Pero la Tierra nos pertenece? ¿Se ha convertido en la nevera de la humanidad? ¿Cómo concebimos nuestro lugar de vida? El planeta azul – con la esperanza de que nunca se convierta en el planeta gris – es un organismo vivo. Dotada de sensibilidad, de terminaciones nerviosas, de fluidos vitales, de pulmones, de un corazón magnético que late, ella es un cuerpo animado. Respira, se mueve, ella da la vida y lleva la nuestra entera. ¿Qué seríamos nosotros sin ella? ¿Quién nos nutre? ¿Quién nos acoge? ¿Quién nos protege de las radiaciones cósmicas? ¿Quién es el lugar de nuestras vidas, de nuestros proyectos y de nuestras civilizaciones? El 100% de lo que emprendemos se hace gracias a la Tierra. Incluso el enviar una sonda a los confines del espacio.

La Tierra es nuestra hermana.

¿Estamos hechos de una materia diferente?

Los átomos que componen nuestros cuerpos y el de la Tierra provienen de las mismas estrellas. La base de lo viviente – hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y carbono – es polvo estelar. Compartimos con nuestro planeta el mismo patrimonio. Esta unidad atómica intrínseca de nuestras constituciones representa mucho más que un simple dato científico.
En realidad, la Tierra y la humanidad no son más que una. Sus destinos son indisociables. Por ello no podemos pensar en el futuro del ser humano sin pensar en el de la Tierra.

Siguiendo este camino, podemos elevar nuestra visión mucho más allá de las apariencias exteriores. ¿El hombre es sólo este cuerpo? ¿Esta psique? No. Es también ser-espiritual, poseedor en su corazón, de una parte de luz, del germen de una vida inmortal. Así que si la Tierra y la humanidad son uno, nuestro planeta tiene todas estas dimensiones. Es Tierra, pero también es Tierra-Celestial, generando desde su sol central la vida que no tiene fin.

La vida es sagrada.

Lo humano lo es igualmente.

La Tierra, también.

Debemos reinventar toda nuestra concepción de lo vivo. El ser humano lleva todos los aspectos de la Tierra en sí mismo. Según la consciencia que le anima, es testigo de la grandeza de nuestro planeta.

Yo soy la Tierra.

Yo soy los océanos y los valles.

Yo soy las montañas que hacen cosquillas en el cielo.

Yo soy los ríos que serpentean en nuestras comarcas.

Yo soy la roca, la arena y la tierra.

Yo soy el cielo, las nubes y el viento.

Soy el fuego que corre por tus entrañas.

Yo soy las flores tan bellas, los animales tan diversificados.

Yo soy los seres humanos de todos los pueblos y de todas las edades.

Yo soy las auroras boreales que iluminan nuestros cielos.

Yo soy el alma del mundo que acoge y consuela.

Yo soy las nubes que iluminan nuestras almas.

Yo soy el espíritu viviente que arde en tu corazón.

Yo soy la Madre de los que viven.

Yo soy la Tierra.”

 

Fuente: https://www.logon.media/es

¿Vivir sin problemas?

¿Vivir sin problemas?

Los problemas pueden ser de gran ayuda. Solo necesitamos saber cómo enfocarlos correctamente. El instinto del corazón puede ser de gran ayuda.

Texto: Andreas Kemmerer, País: Alemania, Imagen: Ruth Alice Kosnick

Empleamos gran parte de nuestro tiempo, tanto de día como de noche con innumerables problemas que surgen. Nos mantienen ocupados, captan nuestra atención, les damos nuestra energía vital, buscamos soluciones, optimizaciones y estrategias. Quizás a veces soñamos con lo hermosa que podría ser una vida sin problemas. Pero: ¿puede que los problemas tengan un sentido más profundo, un propósito útil?

La corriente interminable de problemas parece no tener fin. Al contrario, cada vez son más. Apenas podemos encontrar y aplicar tantas estrategias para solucionarlos como realmente se necesita. Nos sentimos estresados. Estamos agotados, no podemos más….
Y así cada vez más personas se queman. ¿Hay alguna forma de salir de este dilema? ¿Cómo podemos manejar la situación? ¿Cómo podemos resolver nuestros problemas sin enfermarnos? ¿Cómo podemos estar a la altura de nuestras tareas y nuestras vidas?

Hay muchas estrategias, muchas opciones. Debemos decidir dependiendo de nuestra naturaleza. Una posibilidad es adoptar una postura completamente nueva hacia la vida.


Una nueva actitud hacia la vida

El físico y filósofo Blaise Pascal (1623-1662) declaró: “El corazón tiene razones que la razón no conoce”. Sumergirse, profundizar en ellas, confiar en ellas, nos cambia, lo que da lugar a que nos cuestionemos internamente los problemas.

La mente ofrece ejercicios y métodos refinados. Mi experiencia es que el verdadero cuestionamiento es posible gracias a consagrarse a la inteligencia que vive en lo profundo de nuestros corazones. Nunca podremos controlar nuestras vidas con posibilidades limitadas y nuestras imperfecciones. En la medida en que nos entreguemos nosotros mismos, nuestros motivos y ataduras egoístas a nuestra chispa divina del espíritu, así nos será dado.

Tan pronto como esta consagración se convierta en nuestra práctica diaria de vida, tendrá lugar un intercambio de energías y fuerzas. Esta auto-consagración, esta entrega de uno mismo, incluye una recepción de nuevas energías que cambian completamente nuestra actitud, nuestra percepción, sí, nuestra cognición de todos nuestros problemas.

Los problemas están ahí por nosotros

Vemos las cosas de forma diferente, abordamos los problemas con una nueva perspectiva, y de repente se muestran desde diferentes ángulos y comenzamos a entenderlos más profundamente. Su control sobre nosotros se afloja. Desde lo más profundo de nuestro corazón, los impulsos nos muestran que están justificados, incluso que están ahí por nosotros. Nos señalan la necesidad de cambiar y, en la forma en que se presentan, nos muestran la dirección en la que podríamos realizar el cambio. Un nudo complicado se transforma y se convierte en una tarea benéfica de la vida. Nos hemos elevado internamente y ahora podemos ver la situación desde una colina.
O, más concretamente, no estamos mirando con los ojos preestablecidos, filtrados por la percepción, sino más bien con los ojos del Hombre espiritual latente en nosotros. Está empezando a despertar, precisamente porque Le estamos dando la oportunidad.
Toleramos más, ya no nos interponemos en nuestro camino.

Así es como los problemas que antes nos parecían imposibles de resolver se revelan como “gigantes falsos”, sí, manos que ayudan en nuestra progresión en el camino. De nuevo se retrotraen a sí mismos a un nivel adecuado, en el que podemos lidiar con ellos. Nuestro estado interior puede ordenarlos a un nivel superior.

Hacemos simplemente lo que necesita cada situación. Sin efectos secundarios dramáticos. Ya no los vemos como problemas que nos gobiernan, sino como situaciones en las que hacemos lo que nos demandan. Ni más ni menos. El problema ha desaparecido. Ya no somos responsables de la situación, ya no estamos atados a ella, aunque nada haya cambiado desde el punto de vista puramente externo.

Elevarnos por encima de los problemas y subordinarlos a nosotros mismos y a nuestra vida en obediencia a lo Superior en nosotros: ¿no es éste el secreto para una vida libre de problemas?

No en el sentido de que nuestra vida transcurra sin obstáculos armoniosamente, o de que tengamos un sentimiento de superioridad sobre las cosas. En absoluto. Pero ya no estamos, como antes, encadenados a las corrientes emocionales. Permitimos que algo mucho más grande que nosotros fluya a través de nosotros. Algo que “no es de este mundo”. Ya no nos preocupan los problemas.

Fuente: https://www.logon.media/es

Iniciadas de la era cristiana: Madame Blavatsky, la mensajera de los maestros

Iniciadas de la era cristiana: Madame Blavatsky, la mensajera de los maestros

Blavatsky le recordó al mundo que “la voz del silencio” existe dentro de cada uno de nosotros.

Texto: Grupo de autores Logon-Brasil, Imagen: Seven790612 via Pixabay

Puede que nunca hayas oído hablar de Helena Petrovna Blavatsky, pero debes saber que nuestra comprensión del mundo probablemente no sería la misma sin el legado de esta mujer rusa nacida en una familia noble, en 1831. Abrió mentes y corazones, rescató la fe de miles de personas, cuestionó dogmas centenarios y señaló lo que casi nadie podía ver en el mundo espiritual, lo que la consagró como una de las figuras más extraordinarias del siglo XIX. Ejerció una gran influencia en artistas como el poeta portugués Fernando Pessoa, quien tradujo al portugués uno de los textos de sabiduría que trajo a Occidente (La Voz del Silencio), y en hombres de la talla de Gandhi, Mondrian, Bernard Shaw y  Aldous Huxley, entre otros.

En una época en que las mujeres tenían un papel secundario en la sociedad y carecían de control total sobre sus vidas, Blavatsky fue una adelantada a su tiempo. Cuando era joven, rompió un matrimonio equivocado y viajó por el mundo buscando la Verdad, sumergiéndose en el conocimiento y cultivando la espiritualidad.

Madame Blavatsky (como se la conocía) era una mujer de educación superior, de una gran cultura y una inteligencia privilegiada. Se dice que tenía poderes psíquicos que rara vez se encuentran en una persona. En el Tíbet, a donde la llevó uno de sus viajes, habría sido instruida en enseñanzas secretas por iniciados y maestros que le confiaron la misión de rescatar la espiritualidad genuina en un mundo -el occidental- que se había vuelto cada vez más materialista. Para ella, sería posible revivir de nuevo las tradiciones espirituales ancestrales.

El primer paso en esta dirección fue la salida a la luz de Isis sin velo, una llave maestra de los misterios de la ciencia y la teología antiguas y modernas. Publicada en Nueva York en 1877, su primer trabajo sorprendió a muchos intelectuales de la época, entre ellos religiosos, orientalistas y científicos. En este trabajo, Madame Blavatsky dio pruebas convincentes de tener un profundo conocimiento de las tradiciones espirituales de la humanidad, poniendo de manifiesto la sabiduría de las enseñanzas esotéricas que subyacen en todas ellas. Con Isis sin velo descubrió el mundo invisible y lo colocó ante el público.

Continuando con su tarea, en 1888 publicó La Doctrina Secreta, una síntesis de Ciencia, Religión y Filosofía, que se consideraría su obra maestra y se convertiría en un clásico del esoterismo. Hasta entonces, el conocimiento esotérico proveniente de Oriente estaba poco extendido en Occidente, restringido a unos pocos círculos. Además, se puede decir que incluso en estos círculos el horizonte era limitado. Los libros de Blavatsky, especialmente los dos citados anteriormente, fueron un duro golpe para las ideas cristalizadas de la época, un ataque al dogmatismo y las supersticiones de las religiones, así como del materialismo y  la ciencia neopositivista.

Blavatsky provocó una inmensa revolución espiritual en el mundo. Rescató el sentido genuino de la Gnosis cuando escribió sobre lo que llamó la “historia de los perdedores”, en clara referencia a aquellos a quienes  la Iglesia oficial había perseguido; por ejemplo, las sectas gnósticas, muchos de cuyos seguidores fueron exterminados, ya desde los albores del cristianismo.

Dedicó su vida por completo a la difusión de una concepción nueva del trabajo espiritual; para ella debía ser un  trabajo interno: este principio era el resultado de su propia búsqueda.

Blavatsky muestra las señales de identidad propias de los iniciados en la Verdad Universal y, después de más de un siglo de su fallecimiento, en 1891, es relativamente fácil sintetizar sus principales logros.

Con el fin de despertar el interés de las personas hacia una comprensión más amplia de la naturaleza, al principio atrajo su atención con demostraciones de sus poderes psíquicos. Era como si dijera: “Mira, puedo contarte más sobre esto”. Siempre estaba disponible, era directa y clara. Se exponía y luego explicaba y, al explicarse, describía el Universo, la Verdad.

Más tarde, Blavatsky, con La voz del silencio (1889), le recordó al mundo que la voz del silencio existe dentro de cada uno de nosotros, independientemente de quiénes o qué seamos. Cada uno puede escuchar su voz interior; cada uno, en su singularidad y con sus contradicciones, puede escucharla. La actitud es al mismo tiempo el impulso, la voluntad y la rendición.

Sin embargo, lo que corona su posición como una de las grandes Iniciadas en la Verdad Universal es el hecho de que ella, sin lugar a dudas, contribuyó a la formación de otro eslabón en la cadena de Fraternidades Universales.

Ella ayudó a difundir una comprensión verdadera y espiritual de las antiguas enseñanzas orientales de los Siete Rishis (siete sabios), del Hinduismo y del Budismo. Y también reavivó el interés por los misterios y el conocimiento hermético-gnóstico, abriendo el camino para el surgimiento de varios movimientos esotéricos y escuelas gnósticas, entre las que se encuentra la Escuela Espiritual de la Rosacruz Áurea.

La figura de Helena Blavatsky, una mujer excepcional, estimuló una oleada espiritual que condujo al mundo y lo preparó para la Era de Acuario, cuya fuerza está llamando al ser humano a regresar a su esencia original.

Bibliografía:
1.   Helena P. Blavatsky:  Isis sin velo. Una llave maestra de los misterios de la ciencia y la teología antiguas y modernas. Volumen 1, 1995.

2.   Daniel Caldwell: – El mundo esotérico de Madame Blavatsky.  Escenas de la vida de una esfinge moderna. 2003.

3.   Peter Huijs: Llamados por el corazón del mundo. 2015.

4.   “El redescubrimiento de la Gnosis III”. En revista Pentagrama, 2015, núm. 3.

 

Fuente: https://www.logon.media/es