Karma y libre albedrío

Karma y libre albedrío

Karma es uno de los términos comúnmente usados en la literatura esotérica actual, popularizado en el lenguaje cotidiano, donde ha reemplazado la palabra destino. El destino ha sido usado durante mucho tiempo, para explicar e incluso justificar las acciones y eventos que los individuos y la humanidad han experimentado. Así, en lugar de decir “es su destino”, se ha convertido en una tendencia decir “es su karma.”

Esta noción de moda parece convertirnos en un modo existencial, hecho de acciones y reacciones mecánicas —pero ¿a qué se refiere? Y sobre todo, ¿qué sería liberador en esta visión predeterminada, y qué hay del libre albedrío?

Texto: Jacques ETOUNDI ATEBA, País: Camerún, Imagen: Pixabay CC0

 

Derivado del Sánscrito, karma significa acción en todas sus formas, y también las consecuencias de nuestros actos; el balance de las consecuencias buenas o malas de las acciones pasadas determina las sucesivas encarnaciones.

En este sentido, no sólo se refiere a la remuneración de las acciones, sino también a su maduración. Según este significado, no habría intervención divina en los acontecimientos, sino más bien una maduración de las acciones en sus consecuencias. Para hacer frente a estas consecuencias, el ser humano siempre busca mejorar su karma, evaluando sus acciones y sus palabras de momento a momento, eligiendo los mejores actos, con la esperanza de que él o ella abandonarán invariablemente el ciclo de la muerte y el renacimiento (sámsara) llegando a la liberación final llamada Moksha o Nirvana.

Para el misticismo hindú, como para otras corrientes ocultas, hay cierto fatalismo en la medida en que “todo lo que sucede, sucede”, sin importar las aspiraciones, los esfuerzos, las oraciones y los actos del hombre.

En consecuencia, la ley del karma parece la ley más poderosa del universo: regula, castiga, reprime y recompensa las buenas y las malas acciones.

“Me mantengo alejado de los locos, de los viciosos, de los lascivos, de los envidiosos y codiciosos, de los asesinos y de los irreverentes; los abandono al demonio vengativo, despellejados, y luego los quemo con el fuego del deseo, que excita sus sentidos. Por lo tanto, dándoles más oportunidades de cometer actos crueles y terminando agravando aún más su castigo”.

La complejidad de esta percepción kármica de la existencia humana es estrictamente determinista y alienante. ¿Cuál sería el margen de acción humana en un determinismo hecho con leyes incorruptibles e inalienables? En el caso de que todo parezca ya escrito, y en el caso de que el hombre no sea más que un simple subordinado en un marco existencial tan regulado, ¿qué debería hacer para obtener su salvación?

La respuesta a esto parece más problemática que en la Biblia, donde Jesús, respondiendo al centurión, afirma: “Ve, y hazlo según tu fe”. Esta liberación dejada por Cristo estaría más en armonía con la idea de libre albedrío, donde el individuo debe elegir su camino de acción, definir el calendario, los medios y los métodos. En realidad, los metafísicos a menudo se han dividido entre libertad y necesidad, entre compatibilidad e incompatibilidad. La reflexión aquí se centra en la compatibilidad o incompatibilidad entre las Leyes y la iniciativa personal, entre determinismo y libre albedrío. ¿Cómo puede uno pensar que depende tanto de las leyes naturales como de la responsabilidad por sus acciones?

¿Son posibles varios futuros?

En el caso de que se esté de acuerdo sobre el condicionamiento causado por la fecha y el lugar de nacimiento y sobre la importancia de la naturaleza de la familia de origen, la discusión se refiere más bien a la gestión de los recuerdos personales, de las experiencias, de las acciones, de los logros y las frustraciones.

Para los cabalistas modernos, el karma se refiere a una serie de dificultades que uno elige antes de nacer, convirtiéndose así en el objetivo de la vida superar estas duras pruebas, para vivir el resto de la vida en el deseado libre albedrío. Según los enfoques teosóficos y antroposóficos, el karma se refiere a la ley de retribución o ley de causa y efecto.

Mientras tanto, la creencia de que las acciones individuales en cualquier momento pueden cambiar el curso de su destino está ganando terreno.

La posibilidad de “crear el destino” en todo momento parece interesar a los buscadores modernos. En efecto, en el campo del desarrollo personal, se les invita a explorar los límites de la personalidad, en sus aspectos conscientes, inconscientes y subconscientes, con el fin de ser dueños de su propio destino, o de ampliar la propia consciencia y adquirir un mayor autocontrol.

La perspectiva de la filosofía transfigurística también parece apuntar hacia una auto-francmasonería, pero en este caso se basa en la consciencia del Átomo Chispa de Espíritu, cuyo despertar renueva tanto los aspectos interiores como exteriores del Microcosmos, y que debe convertirse en el guía de nuestras vidas.

Pero, si no hay posibilidad de escapar del karma, ¿podría haber una construcción libre?

Si asumimos que la salvación está planeada de antemano, y que es suficiente activar nuestro “karma positivo”, esto haría que algunos seres estuviesen dotados con la posibilidad de escapar, y otros estuviesen irremediablemente condenados por su pesado karma. Esta visión aparece de alguna manera inusual, insostenible, e insoportable para toda conciencia que tenga un mínimo de consideración por el destino de la humanidad que sufre.

Por otro lado, en base a la creencia de que una acción individual puede cambiar nuestro destino, diferentes alternativas parecen presentarse a la conciencia individual y colectiva, ya que hay una opción de hacer constantemente en nuestras vidas. Desde esta perspectiva, cada idea formulada, cada deseo, cada acción individual o colectiva actualizaría el destino del hombre, que no sería un camino lineal, sino una red compleja de caminos virtuales, con la posibilidad de que cada ser humano modifique su propia vida y la de los demás.

Mientras se permanece en el plano de vida horizontal sobre la Tierra, el ser humano está bajo el control del destino que lo dirige y lo maltrata. Pero cuando se libera de esta dependencia fatal, todo lo que experimenta solo sucede para su elevación o la de sus compañeros.

La Fraternidad Universal, constituida por microcosmos que no han caído, más los que se han reintegrado en el Orden de Vida Divina, aporta un remedio para este mundo: la Ley del Amor, a la que todos los seres humanos pueden conectarse, y así escapar de la prisión kármica natural.

Tratar de acumular el karma de “buenas acciones” puede aliviar el sufrimiento individual y permitir vivir una vida natural aceptable; pero esto no garantizará una solución liberadora duradera. Para que se sea digno de recibir este regalo divino traído por los “Hermanos Mayores”, el candidato a los misterios divinos, que hasta entonces estaba sometido a la férrea ley del karma del alma natural, debe despertar el alma divina, y llevar el vestido de luz por el cual escapará de Némesis, la diosa de ojos vendados que simboliza el karma.

Gracias a las nuevas cualidades del alma, todo en él dará un vuelco, y el candidato evitará entonces al demonio vengativo en cuanto elija un ciclo de vida virtuoso, evolucionando de magnificencia en magnificencia. Esto no significa necesariamente que el candidato no experimentará más obstáculos y dificultades inherentes a la vida en la materia.

Más bien, él verá las circunstancias y los acontecimientos de su vida con ojos nuevos, que los transformará en “aceleradores de consciencia” y más tarde serán elevados al estado paradójico de “piedras de construcción” para la liberación de la humanidad.

Fuente: https://www.logon.media/es

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