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¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?

Mi rostro en el espejo no me lo dirá

Texto: Kesy Bender Imagen: Valeria Maraun and Saschka from SPb

¿Quién soy yo? Mi rostro en el espejo no me lo dirá. ¿Puedo creer en realidad que quien está en el espejo soy verdaderamente yo, o quizá me he acostumbrado a esta apariencia? No me reconozco en mis fotografías de cuando era una joven.

Solo sé que alguna vez he tenido la apariencia que se ve en ellas. En este momento, me estoy fijando en los rostros asiáticos que hay a mi alrededor. Luego, un reflejo de mí misma aparece en un panel de vidrio. Veo a una mujer blanca, de cabello claro y ojos azules. ¿Soy yo? ¿Quién soy yo?

Nunca se le había rendido tanto culto al cuerpo como en estos tiempos. Pero no lo necesitamos como solíamos hacerlo en el pasado. Al menos no para alimentarnos de la manera como lo hacíamos antes. En este sentido, casi que se ha vuelto obsoleto. Ya no ara el campo como solía hacerlo, ni carga cosas pesadas como antes; ya casi ni necesita reproducirse. Sin embargo, a pesar de ser obsoleto, lo veneramos. Estado físico, nutrición, bienestar, moda y estilo. Casi todos los días se hace algo de esto por él.

Solo tenemos a mano un único medio de conexión con el mundo, a saber: nuestro cuerpo. Él es el vínculo, el punto de unión, por medio del cual podemos entrar en contacto con los demás. Nos ocupamos de él y nos expresamos con él; desde el color del cabello, pasando por nuestra figura, hasta llegar a las medias.

¡Mire lo que he hecho de mí! ¡Mire quién yo soy! Necesitamos este cuerpo para entrar en contacto con los demás. Por esta razón tratamos que parezca hermoso.

En nuestra consciencia, estamos aislados y no podemos saber, sin ayuda, lo que otro realmente siente o piensa. En mi ser interior, yo solo soy yo. Hay sentimientos que luchan unos con otros. También pensamientos que se arremolinan alrededor. Si hay un alma, entonces tiene que vivir allí en algún lado. Estas cosas no parecen estar muy ordenadas. Organizando este desorden, como en una especie de proceso de separación, tres cosas salen a la superficie, que parecen conformar mi yo, pero que pocas veces están en contacto entre sí. De este modo, buscando su unidad, encontramos los tan conocidos: Cuerpo, Alma y Espíritu.

Con nuestros cuerpos nos ocupamos, por ejemplo, de la nutrición, de los músculos y del cuidado de la piel. ¿Pero el alma realmente qué es? Se dice que los ojos son “la ventana del alma”, pero en lo relativo a la composición del alma, hay mucha controversia. Hay muchas descripciones al respecto: algunos hablan de materia etérica, otros de un campo de energía, y otros aún de poderes sobrenaturales. Cada quien tiene su propia definición. El alma parece ser algo que caracteriza nuestros sentimientos, nuestra mente y nuestra psique. Y además el alma parece ser capaz de transformar, de ser flexible como nuestro cuerpo. El entrenamiento del alma se hace hoy en día en seminarios para el desarrollo de la consciencia, retiros con voto de silencio o en clases de yoga. Allí nos ocupamos de ella, dependiendo de si tenemos o no tiempo para ello.

¿Y el espíritu? Respecto a él hay todavía más confusión. En inglés hay una diferencia entre “mente” y “espíritu”, intelecto y espíritu. Si permanecemos en el plano intelectual, nos encontramos como mínimo en el nivel mental. Con la ayuda del cerebro pensamos, reflexionamos y damos ideas. Allí hay un espacio de almacenamiento para nuestras experiencias y visiones, nuestras creencias e imágenes. Allí surge la consciencia. Alimentamos nuestro cerebro con conocimientos, tratamos de entender y organizar las cosas. Vamos al colegio y a la universidad, desarrollamos nuestras habilidades, proseguimos nuestra educación y dedicamos tiempo asistiendo a conferencias y seminarios.

La actividad intelectual es la que nos define en la actualidad. Así es como, hoy en día, la mayoría de la gente gana su dinero en la actual sociedad de la información. Pero el espíritu, sin embargo, se expresa de forma distinta.

Aparentemente parece venir más de afuera que del caos interior que emerge del ego. Parece provenir de alguna parte completamente diferente.

Si tuviéramos que representar al hombre como una casa, veríamos posiblemente al cuerpo como la planta baja, el primer piso como el alma y el segundo piso como la mente. La casa tendría las formas más inusuales. Algunas veces sería pequeña abajo y gigante arriba. Otras veces la base sería extremadamente amplia y la parte superior minúscula. En uno habría escaleras para conectar los pisos; en otro, éstas podrían haber sido olvidadas o se habrían desplomado sobre sí mismas. Uno habría construido su casa tan bien como hubiese podido, permitiendo a otros vivir en ella. Otro la configuraría de forma tan simétrica como fuera posible pero no sabría cómo debería llenarla. ¿Tiene mi casa proporciones armónicas y bien formadas? ¿Y quién vive allí? Ahora mismo me veo abriendo las puertas, una a una; la puerta del intelecto, la puerta del alma, la puerta del cuerpo. Con una clara percepción siento una gran expansión, como el “aire fresco”, una sensación espiritual.

¿Quién soy yo? Me miro de nuevo en el espejo. ¿Soy acaso la figura bien modelada que allí aparece, la angustiada y afligida alma, mi mundo intelectual?

¿O de hecho, a parte de una fracción de espíritu, un habitante transitorio de mi casa? ¿O soy justamente la visión con la que me he acostumbrado a crecer, una chica joven en una foto, a quien yo creo conocer, o una mujer blanca, de ojos azules, en medio de todos los rostros asiáticos?

Fuente: https://www.logon.media/es