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La Profecía Cátara

“Tras setecientos años, el laurel florecerá”

montsegurtCon el desvelamiento de la profecía que en 1244 se elevó, como la paloma del Paráclito, por encima de la hoguera de Montsegur, el 16 de marzo del año 1944, este misterioso proceso se puso en marcha, como el latido del corazón de la eternidad, como la aurora de un nuevo día, en el interior del espacio y del tiempo. Lo hizo el patriarca de la precedente Fraternidad de los Cataros, Antonin Gadal, que, en la línea ininterrumpida de sucesión espiritual, tenía el mandato de encender nuevamente la llama extinguida de Montsegur en el mismo lugar donde doscientos cinco hombres y mujeres, hermanos y hermanas, la fina flor y la corona espiritual de la Fraternidad Catara, el 16 de marzo de 1244 dieron su vida.
Así llego la hora de un nuevo nacimiento para la Triple Alianza de la Luz, Grial, Cataros y Cruz con Rosas. La llama del fuego incorruptible fue encendida de nuevo al alba de un nuevo comienzo mágico, en este momento crucial del siglo veinte: el nacimiento de la Joven Gnosis, el triunfo de la Gnosis Universal, el signo del regreso de los hijos de la Luz. En la fuerza del antiguo tronco del Árbol de la Vida, la Gnosis del Amor, en ese instante, la mesa del altar de la Gnosis fue de nuevo erigida para sus hijos, a fin de que sea celebrado el misterio del Pan y del Vino de la Orden de Melquisedec, el misterio del Santo Grial. rosaleda de albi
La misteriosa manifestación de la eternidad en el tiempo aparece de nuevo en el año de 1946 en el corazón del antiguo país cátaro, en la Rosaleda de Albi, con la llegada de los fundadores de la Escuela Espiritual de la Rosacruz Aurea, Jan van Rijckenborgh y Catharose de Petri.
Así narran ellos mismos este acontecimiento:
“Cuando partimos hacia Albi en el año de 1946, lo único que conocíamos de esta ciudad era el nombre, y nada más. Teníamos un objetivo secreto: retomar el hilo de la fraternidad anterior, la fraternidad transfigurista, conocida como la de los albigenses. Evidentemente este nombre tenía un significado, y por esta razón nos dirigimos a Albi, aunque al parecer, según algunas investigaciones, otros lugares del Sur de Francia podrían ser posiblemente mucho más propicios.
Sin embargo nos dirigimos a Albi, vía Toulouse, impulsados por una voz interior.
En cuanto llegamos, por tren, tuvimos la sensación de encontrarnos en terreno conocido y nos dirigimos directamente hacia nuestro objetivo: un antiguo edificio, situado a la derecha de la gran Catedral, a lo largo de la elevada orilla del rio Tarn; un antiguo caserón convertido ahora en museo municipal, adosado a una rosaleda, antaño palacio episcopal, y anteriormente lugar de reunión de antiguos cataros.
Ya en el interior, nos sentimos como en casa y nos dirigimos hacia una pérgola contigua a un sendero adoquinado y elevado que dominada el jardín. Y allí donde la terraza se ensanchaba, justo delante de un pequeño pabellón, nos sentamos sobre un pequeño muro. Nos encontrábamos sentados allí desde hacía un rato, cuando la calma, la paz y la gracia de aquellos antiguos tiempos descendieron sobre nosotros y ambos vimos, por la abierta ventana del alma, el camino que se extendía ante nosotros con todas sus sutilezas.
!Jamás, hasta entonces, habíamos vivido un instante tan sagrado!”

Fuente: “El Triunfo de la Gnosis Universal”, Libro editado por Fundación Rosacruz, año 2006