El viaje del héroe: el camino espiritual del ser humano

El viaje del héroe: el camino espiritual del ser humano

Una visión del camino a través del trabajo de Joseph Campbell “El héroe de las mil caras”

Texto: Grupo de autores Logon, Brasil, Imagen: CC0 Creative Commons

Si conoces algo de la historia contemporánea que se puede resumir de esta manera, no es mera coincidencia. Sagas como The Matrix, Star Wars y Harry Potter siguen esa estructura, así como muchas de las producciones actuales de Hollywood. El Rey León es otro ejemplo. Todo esto se debe a que un guionista estadounidense adaptó el trabajo de Campbell para uso cinematográfico. Frente al éxito de las películas que siguen los pasos del mito único, el libro del escritor Christopher Vogler se ha convertido en una biblia para escritores de todo el mundo.

Pero, ¿por qué el público responde tan bien al heroico viaje? ¿Habría un inconsciente colectivo en el proceso de creación? ¿Qué necesidad de heroísmo tenemos para disfrutar las historias que lo rodean? Sin ningún tipo de cientificismo, la respuesta obvia, incluso infantil, es que es inspirador ver cómo los héroes ganan tantos desafíos y salen a salvo de sus aventuras. Puede ser gratificante ponerse en el lugar de alguien tan especial y sentirse como un ganador también.

Esta posición pueril no es sin razón. Convertirse en un héroe es una tarea eminentemente humana en la búsqueda del autoconocimiento. Está en las reminiscencias del ser humano. El autor de “El héroe de las mil caras” deja en claro su posición de que el mito único es un viaje de autoconocimiento.

Los símbolos y misterios del mito, que en la infancia de la humanidad proporcionaron a los seres humanos el camino con el que buscar su esencia, hoy ya no cumple con las expectativas de la misma manera en el pasado. La gran tarea de la humanidad hoy en día es encontrar otro camino que conduzca a la esencia, un mecanismo que despierte en el ser humano los arquetipos profundos del conocimiento de sí mismo. Después de divinizar y conocer la naturaleza y el cosmos, todavía le queda al ser humano conocerse a sí mismo. Es su propio desafío.

¿Sería la ficción moderna un camino hacia este despertar? Llevado a las pantallas, The Heroic Journey llega como una representación muy pálida, exterior y superficial, que representa un camino que debe transitarse internamente, un reexamen del viaje que la humanidad debe emprender. Los enemigos que serán vencidos, los villanos que ves en las películas, son, de hecho, lo que el ser humano reconoce como él mismo. Pero si bien esta ficción es solo una caricatura de la misión del autoconocimiento, que también es la misión de nuestra vida, sigue siendo una forma viva de hablar sobre el camino.

En relación con sus recuerdos arquetípicos, el espectador asume la intención de la lucha del héroe. Es como si fuera desafiado a responder a una voz oculta que dice: “¿Quieres ir?” ¿Cuánto estás dispuesto a arriesgar? Renunciar al “mundo común” para llegar a un mundo desconocido es lo que se le pide al héroe que recibió la llamada. Si el miedo a los obstáculos que puede enfrentar inicialmente lo desalienta de aceptar el desafío, una valentía movida por algo preexistente en él, lo impulsa a vislumbrar la esperanza latente de un mundo desconocido en los insondables terrenos del alma.

¿Sigue a donde? Y para pelear, ¿por qué? ¿Para salvar el lado opuesto y perdido de ti? Esto significaría guardar todo lo que se proyecta también en los demás, ya que es necesario enfrentar incluso la sombra misma, aligerando su espada. El guerrero, a menudo retratado también con escudo, armadura, casco y abrigo, que son los símbolos preciosos de las realidades internas, posee en estos accesorios, la fuerza que lo alienta a luchar.

La decisión, el guerrero, la batalla … Estas fuerzas de supervivencia presentadas en los fragmentos de la vida cotidiana son una forma para que el héroe se relacione consigo mismo. En medio de tantas voces y conflictos, las posiciones que asume hacen que su punto de vista se convierta en el problema. Identifica esto desde un lado del campo de batalla. Y cansado, sin querer pasar por las pruebas, huye de sí mismo.

Sin embargo, la lucha resultante convierte los escollos en faros. Las experiencias de miedo y desmayo se convierten en el combustible para una acción renovada, dando a su viaje una nueva perspectiva. Despierta en él la percepción de que el compromiso puro y simple en un lado de la batalla invariablemente conduce, incluso con la victoria, al agotamiento de las fuerzas y al surgimiento de nuevos peligros. Esta percepción, basada en las experiencias del héroe, se convierte en la lámpara que le da a la dirección su verdadero maestro. El reconocimiento de este maestro indica que la lucha tuvo un final y que él mismo sucumbió junto con el guerrero.

La vida se convierte en una aventura cuando el alma comienza a florecer y conocerse a sí misma. Lo que una vez fue un mundo hostil ahora se ve sin la lente que el héroe mismo se había forjado. Regresa a este mundo pero llega transformado por sus experiencias. Él ha eliminado capas de sí mismo, por lo que sabe que todavía hay trabajo por hacer. Necesitas estar al tanto. Sabes que no hay tiempo que perder, porque la difícil batalla ganada fue solo una.

Al igual que en las sagas que acompañamos en la pantalla, el viaje es una espiral: siempre el héroe recibirá una nueva llamada, enfrentará más desafíos, agotará sus fuerzas, pensará que ha sido derrotado, pero luchará hasta el final y ganará. Los niños entienden esto bien cuando, sin ceremonias, se visten como héroes, y la ficción está haciendo todo lo posible para darnos el mensaje.

¿Pero qué hay de nosotros?

¿Cuándo vamos a poner nuestros pies en este fantástico viaje?

Fuente: https://www.logon.media/es

El dinero y la realidad dorada

El dinero y la realidad dorada

El dinero es un gran servidor pero un mal amo
(Francis Bacon)

Texto: Toncho Dinev y Gunter Friedrich, Bulgaria, Imagen: Pixabay CC0

Todos saben de la gran importancia del dinero para el funcionamiento de nuestra sociedad. Desempeña un papel importante y a menudo decisivo en la elección de la educación, la profesión, incluso (en algunas tradiciones) en la elección de un cónyuge, en nuestra decisión de tener hijos, etc. etc. En general, se puede decir que gran parte de la vida gira en torno al dinero.

¿Pero qué representa?

Podemos ver el dinero como una forma de energía que pertenece a este orden natural. Sirve como intermediario para el intercambio de bienes y servicios. Las personas necesitan diferentes bienes y servicios y tienen que hacer uso de diferentes recursos materiales. Al comienzo de nuestra cultura, en la civilización griega, el filósofo Aristóteles afirmó que se necesita dinero para tener una vida buena y moderada. Sócrates señaló un aspecto adicional de nuestra existencia al decir: Hay un sol escondido en cada ser humano, y es nuestra tarea hacer que brille.

¿No es posible combinar estos dos aspectos? ¿No podemos luchar por un sentido más profundo en la vida y usar el dinero para ayudarnos con sus aspectos materiales? 

En nuestro tiempo vivimos en sistemas económicos donde las personas pueden acumular mucho dinero que ni siquiera pueden gastar durante toda su vida. Les da poder, un mejor nivel de vida y cierta seguridad en la consecución de sus objetivos. Muchas personas heredan una riqueza tremenda; otros lo adquieren en sus vidas. Algunos, por otro lado, no tienen suficiente dinero para satisfacer sus necesidades básicas. El miedo a perder dinero convierte a muchos de sus amos en sus sirvientes.

La vida en la tierra se caracteriza por la inconsistencia y lo perecedero. El deseo de acumular medios desechables resulta ser una de las ilusiones de la materia. Nuestra vida puede considerarse como una serie de momentos en la expresión del flujo constante de la vida en un universo sin fin.

El dinero tuvo su origen en el valor del oro y la plata. El oro fue utilizado como medio de intercambio favorito. Este metal precioso estaba asociado con el sol. Enormes procesos cósmicos lo llevaron a la tierra, como todos los demás elementos.

Siempre hay algo que falta.

El dinero es parte de nuestra existencia en la tierra. Pero en esta existencia siempre falta algo, experimentamos una escasez constante en muchos aspectos. Seguimos leyendo sobre la escasez de energía. La verdadera energía que necesitamos es amor. Hay una constante escasez de amor.

Las tradiciones espirituales afirman que el ser humano vino a esta tierra y tomó una forma material para hacer experiencias. En el curso de la materialización perdió su acceso a la abundancia de energía y amor en el mundo espiritual.

Ahora el miedo y la avaricia han vencido a muchos de nosotros. ¿Quién quiere vivir en la necesidad y la pobreza? Hay nobleza en nosotros. Queremos darnos cuenta. ¿Pero cómo? Entonces tratamos de acumular dinero.

Pero es el oro equivocado. Los alquimistas hablaron del oro del alma. El dinero se convierte en una falsa ilusión si permitimos que vaya más allá de su lugar. Podemos buscar el oro que realmente necesitamos. Está escondido en nosotros mismos.

Dinero en proceso de transformación.

En un camino espiritual podemos darnos cuenta de que existimos y trabajamos en dos mundos: el material y el espiritual. Esto significa que tenemos que lidiar con las fuerzas y sustancias materiales y espirituales. El camino humano es un camino de transformación constante. Por lo tanto, podemos darle una dirección hacia el mundo espiritual. Entonces no solo estamos cambiando nuestra propia conciencia sino también nuestra forma de vivir juntos. Hay una conexión profunda entre todos nosotros. Sentir esto y actuar en consecuencia significa amor.

El dinero tiene su importancia como sustancia para el intercambio. Sin embargo, nuestra verdadera sustancia para el intercambio es el amor. Estamos llamados a aplicarlo para una transformación sostenida. El amor nos permite crear la realidad dorada que ya está presente en nosotros como la chispa espiritual de nuestro ser más íntimo, como el sol escondido en nosotros. Y el dinero puede ser nuestro servidor, siempre y cuando lo necesitemos.

Fuente: https://www.logon.media/es

Los caminos de este mundo

Los caminos de este mundo

¿Qué camino conduce a la verdadera liberación?

Texto: Pam Wattie, País: Australia, Imagen: Picxabay CC0

Vivimos en un mundo que no solo son caminos (calles, carreteras, autopistas), sino también trayectorias de pensamiento, de sensaciones, de acción. Se nos puede sugerir un camino a seguir o podemos elegir seguir nuestro propio camino. Dar rienda suelta a nuestras emociones, o reprimirlas firmemente. Tenemos la libertad de pensamiento y, en cierta medida, la libertad de acción, ¿pero son realmente libertades? ¿No nos hacen girar en redondo? Tomemos el ejemplo de los sentimientos. Nuestros sentimientos, nuestras emociones pueden tomar diferentes aspectos. Existen miles de formas de expresarlos y los representan numerosos colores. Piense en el rojo de la cólera, en los azules de un humor cambiante («moody blues»), en los amarillos vivos de la dicha y de la alegría, en las tonalidades sombrías del miedo y de la depresión. Cada uno de nosotros tiene una expresión diferente y podemos exteriorizarlos por los cambios del corazón cada vez que una emoción nos invade.

Nuestros pensamientos también pueden ser observados de esta manera –las emociones ligeras y dichosas generan pensamientos  despreocupados, mientras que las emociones sombrías dan lugar a pensamientos negros y sórdidos. La gama de pensamientos es amplia y sin fin, y podemos recurrir a todo un sistema complejo para expresar una infinidad. ¡Lo que siempre hacemos!

Si nos atrevemos a mirar más profundamente en nosotros mismos, descubrimos que nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras acciones dimanan los unos de los otros, están relacionados entre sí, y que esto conduce a menudo a un conflicto interior. Nuestro corazón responde de una manera, nuestros pensamientos de otra, suscitando acciones confusas: así nace todo conflicto interior. Pero, ¿quién puede realmente ver esto en sí mismo? ¿Quién se toma el tiempo para reflexionar y ver qué pasa entonces? ¿No estamos todos generalmente corriendo, demasiado preocupados para encontrar el tiempo y mucho menos el deseo de poner la situación en «pausa», de observarla y preguntarnos por qué? ¿Por qué sentimos, pensamos, actuamos como lo hacemos? ¿Qué efecto tiene esto sobre nosotros, sobre los demás, sobre el mundo que nos rodea? ¿Cuáles son nuestras propias formas de caminar en este mundo?

Supongamos un momento que pueda haber otro camino diferente que todavía no se nos hubiese presentado o que no hubiésemos visto aún…

Está de moda hablar de “otra vía” – de otra ruta hacia la paz interior. Existen muchas, muchas propuestas de caminos hacia una pretendida paz –una multitud de maneras de pensar, de sentir y de actuar. ¿Pero acaso estas formas no pertenecen también a los caminos de este mundo, vías de las que dependemos para mantener una apariencia de paz interior? Una vez que abandonamos una de estas prácticas, todos los esquemas de pensamiento, tal o cual técnica de meditación… entonces nos volvemos a encontrar allí donde habíamos comenzado, perdidos en los senderos, en los caminos del mundo.

Debe de haber otra vía, si verdaderamente la paz interior debe ser encontrada, si existe una libertad absoluta. Y en efecto: ¡hay otro “camino” a recorrer! Y esta otra manera de caminar depende de una sola cosa: ¡de nosotros!
En este nuevo camino, siempre estaremos pensando, sintiendo y actuando, pero esta vez de una manera totalmente diferente, sobre una base completamente nueva. Esta nueva base tiene como punto de partida la constatación hecha anteriormente sobre nuestros condicionamientos de pensamiento, de sentimiento y de actuación; se trata de un punto de insatisfacción, de desilusión. Esta desilusión reside en la adquisición de consciencia de que las vías de este mundo no hacen otra cosa que mantenernos atados al mismo: ¡ni un pequeño sendero, ni una sola salida hacia la libertad! Quizá hayamos probado las numerosas alternativas mencionadas en nuestra búsqueda de una paz interior, pero todas ellas se ha revelado como caminos de imitación, que nos conducen al punto de partida. Ese mismo punto de la desilusión.

Entonces, ¿podemos encontrar esa otra verdadera “vía”, la vía que conduce a una paz interior duradera?

Hemos buscado tanto, exteriormente, esta libertad escurridiza hacia la paz absoluta. Hemos probado de numerosas maneras y nos hemos dado cuenta de que nada aquí abajo, ninguno de esos caminos es capaz de satisfacernos, de satisfacer el deseo interior que se hace sentir incansablemente. Entonces, ¿en qué dirección dirigir ahora nuestra mirada? ¿Qué piedra no habríamos aún volteado?
¿Por qué no ponerse en camino hacia el interior de nosotros mismos, único camino inexplorado? Si nos atrevemos a hacer esto, ¿qué podríamos encontrar? ¿Podría haber un deseo ardiente, una profunda aspiración a cualquier otra cosa -invisible, indescriptible, no identificable- sin embargo algo que existe desde hace mucho, mucho tiempo? En este nuevo camino, lentamente, discernimos una realidad diferente, otro camino que no habíamos reconocido antes. ¡Y, entonces, descubrimos que no estamos solos!

En cada uno de nosotros, este descubrimiento tomará un aspecto diferente, las cosas que descubriremos serán únicas para cada persona. Pero cuanto más proseguimos este camino, más nos encontraremos compañeros de viaje, yendo todos ellos en la misma dirección, hacia la misma paz interior, pero individualmente, a su propia manera, sobre su camino de vida personal. Como los semejantes atraen a los semejantes, se forman comunidades de almas y en todo tiempo se pueden encontrar tales grupos de mujeres y de hombres.

Todos somos individuos, pero nuestro camino común, el mismo camino de liberación que seguimos, nos mantiene juntos, construye una unidad. Y cuando un grupo de seres unidos en este camino se reúne, comparte juntos verdaderos tiempos de intercambio y de reunión, en un mismo impulso de esfuerzos interiores sinceros, algo se desarrolla, algo irradia sobre toda la humanidad.

Se abre un nuevo camino para la humanidad, un camino que se practica en el mundo y que, sin embargo, está por naturaleza fuera del mundo. Se trata de una extraordinaria vibración superior, capaz de tocar a cualquiera que esté cansado de los viejos esquemas, de los accionamientos sin salida.

¿Le tocará a usted esta vibración?

¡Sea valiente! ¡Siga este nuevo camino y vaya adónde le lleve!

Fuente: https://www.logon.media/es

Sed de vida y sed de luz

Sed de vida y sed de luz

Texto: Johan van der Cammen, Países Bajos, Imagen: Pixabay  CC0 License

Con el fin de orientar correctamente la circulación de los vehículos, se han realizado elevaciones en el borde de la carretera, constituidas por elementos de hormigón. La hierba crece en las fisuras entre los elementos individuales. Evidentemente. La hierba crece por todas partes. La hierba es una especie de mala hierba. Los servicios de la administración no han tenido todavía tiempo o no se han molestado en desherbar.

El cultivo exige un mantenimiento, una atención constante, mientras que la naturaleza se manifiesta automática y aparentemente sin esfuerzo. Durante semanas, buldóceres, camiones, maquinas de asfaltar y rodillos compresores trabajan para obtener una superficie de carretera deslizante, luego la hierba vuelve a la carga «de forma natural».

La naturaleza siempre gana; esta tensión entre la naturaleza y el progreso, es el destino de la humanidad.

La naturaleza cuida de nosotros. El verde que nos suministra el oxígeno, lo quitamos para dejar espacio a los coches que producen dióxido de carbono.  ¿Pudiera ser que el ser humano, de manera secreta, intente hacer toda vida en la Tierra progresivamente imposible? El hombre trata de subordinar la naturaleza a sí mismo y, por consiguiente, a menudo se pone en peligro a sí mismo. La moda del «regreso a la naturaleza» ya no es una opción que se proyecta a largo plazo, es una urgencia absoluta. La vocación del hombre se encuentra más arriba, más lejos, más profunda – ¡por encima de la naturaleza!

A pesar de su ternura, la hierba crece en los lugares más áridos y sombríos. No tiene por qué ser mantenida, como la de un césped inglés esmeradamente cuidado. Hace poca distinción, se ajusta a casi todo; salta incondicionalmente sobre cualquier posibilidad de crecimiento, sobre todo si hay suficiente agua. Crece a menudo en los lugares donde es pisoteada. Pero también allí crece, forma semillas y se multiplica.

Esto nos recuerda a nosotros mismos: “¡Aprovechar incondicionalmente todas las oportunidades de vida, cualesquiera que sean las supuestas perspectivas!” En total contradicción, pues, con el «pensar antes de comenzar» que nos han inculcado nuestros antepasados. Ella germina, crece y florece en el incondicional presente. Nada es más fácil. En lo que respecta al ser humano, esto requiere una parte de audacia; un espíritu algo aventurero.

Un germen de vida tan ajeno al hombre mortal como es la hierba verde al asfalto gris se encuentra en el corazón del ser humano. Bajo el impulso de este germen de vida, el ser humano vuelve sin cesar a la cultura. Intenta reconciliar su mundo con este germen y busca la perfección, una forma de paraíso tal como él lo concibe. Sin embargo, la naturaleza no está destinada a ser cultivada en un estado paradisíaco. Su única constante es el cambio. La naturaleza es sólo el contexto en el que el ser humano puede hacerse consciente de su herencia y desarrollarla. Es el germen el que debe germinar, no es la persona física la que necesita ser mejorada. Para ello necesita la luz del campo de vida original y paradisíaco.
Esta Luz es omnipresente y quiere darse a conocer en todos los corazones humanos.
Si busca verdaderamente la liberación, debe explotar cada fisura en la armadura de la auto-preservación para permitir que la Luz entre.

Fuente: https://www.logon.media/es

Conferencia “La Salud y la Curación”

La Salud y la Curación desde un punto de vista espiritual

Conferencia online: “La Salud y la Curación” una perspectiva espiritual

Conferencia Online impartida por el Doctor Vicente Gorris, colaborador de La Rosacruz Áurea.
“Si ignoramos nuestro origen y vocación como seres humanos, o lo que es más grave aún, si los negamos pensando que somos fruto del azar cósmico sin una meta clara.
¿cómo vamos a saber qué es lo que tenemos que hacer fundamentalmente aquí en la Tierra, y cómo hacerlo?
¿qué sentido y orientación tendríamos que dar a nuestra existencia, para cumplir con el objetivo inicial para el cual fuimos llamados a la vida? y, sobre todo,
¿no será que experiencias vitales como la enfermedad, la vejez y la muerte tengan mucho que ver con semejante ignorancia fundamental?”
 

Simbolismo – El dragón

Simbolismo – El dragón

Las cosas que no existen no pueden volar. Los dragones no existen. ¿Por qué entonces un corto artículo sobre las alas mágicas de un dragón?

Texto: Peter Huijs, País: Países Bajos, Imagen: Pixabay CC0 License

En la mitología griega así como en los escritos alquímicos de Occidente y Oriente, el dragón es un símbolo privilegiado. En Europa, el combate que libra San Jorge contra él, para conquistar a la bella princesa (el alma) o liberarla de la influencia del animal, es uno de los mitos más conocidos. En la lengua del Apocalipsis, se trata de Miguel que vence al dragón –dragón o serpiente de la naturaleza inferior. Estas dos representaciones son tanto el símbolo de las fuerzas instintivas como el de la elevada consciencia espiritual adquirida a costa de una indispensable transformación.
Al principio, la leyenda presenta al mítico monstruo marino Leviatán (o la hidra de varias cabezas) como muy amenazador y peligroso; el héroe, llamado Mardouk, Georges, Siegfried o Hércules, debe vencerlo con la espada del espíritu. En efecto, en esta primera etapa el mundo se percibe como una amenaza y un peligro. Pero cuando el combate ha tenido lugar, se puede ver al dragón con tres pares de alas: las del cuerpo, las del corazón o del alma y las de la cabeza o del espíritu; el dragón simboliza en este punto el cuerpo que, llegado a la unidad armoniosa con el alma y el espíritu, puede desplegarse y elevarse fuera de las profundidades del mundo material.

En alquimia, el dragón es el Mercurio rápido y ambivalente; se muestra ante todo en la forma de un reptil rastrero que debe ser liberado como el espíritu encerrado en la botella. Es la materia prima, o sustancia original de la que se compone todo, que gracias al proceso alquímico va a ser transmutada. El dragón negro se convierte entonces en dragón de oro y la materia prima es liberada de su encarcelamiento espacio-temporal.

Otro enfoque, de origen gnóstico y hermético, dibuja el reptil simbólico en forma de Uróboros. Este símbolo, que proviene de las tradiciones del antiguo Egipto y de la antigua Grecia, siempre está representado con la cola en la boca; ha dado lugar a diversas interpretaciones. Su nombre significa: «el que come su cola»; evoca el círculo infinito del eterno regreso. En las más antiguas reproducciones, simboliza el caos sin forma que rodea el mundo ordenado: Egipto antiguo era considerado en su tiempo como el país en el que reinaba el orden y cuya civilización tenía como objetivo preservar el universo. Por el mismo hecho de mantener y proteger el orden eterno, Egipto estaba a salvo de este caos.
En la Gnosis, el dragón expresa la unidad de todas las cosas, tanto espirituales como materiales. Su esencia nunca desaparece, sino que perece y renace eternamente bajo formas siempre nueva. En el Evangelio de la Pistis Sophia, el disco solar es igualmente descrito como «una serpiente duodécupla que tiene su cola en la boca».

Fuente: https://www.logon.media/es

La sabiduría de los Amerindios

La sabiduría de los Amerindios

“El objetivo de la vida para nosotros no es adorar a una deidad exterior, sino caminar cada día en la Belleza”

Texto: Sylvain Gillier Imbs, País: Francia, Imagen: Pixabay CC0

Oh tú, creador todopoderoso,
Que ahora pueda restablecerse la armonía universal.
Que puedas renovar todo mi ser en la armonía y la belleza.
Que yo sea iluminado y protegido por la fuerza de tu armonía universal.
A ti, hago ofrenda de mis penas, de mis preocupaciones y de todo lo que me dificulta.
 
A partir de ahora que todo sea armonioso.
Que todo sea bello.
 
Oh tú, creador de los universos, tú eres mi único compañero,
Sólo por tu sagrada voluntad camino,
Y por tu camino sagrado yo soy restaurado y renovado
Caminando en la belleza.
 
Con la belleza ante mí, yo recorro mi camino,
Con la belleza detrás de mí, recorro mi camino,
Con la belleza sobre mí, recorro mi camino,
Con la belleza a mi alrededor, recorro mi camino,
 
Todo se ha vuelto de nuevo belleza,
Todo se ha vuelto de nuevo armonía
Todo se ha vuelto de nuevo equilibrio
Todo se ha vuelto de nuevo perfecto.
(Oración de la mañana de los Dineh – Navajo)

 
Hoy existe un gran interés por las culturas de los pueblos primitivos y de los amerindios. Pero la percepción que tenemos de estas culturas se basa principalmente en estereotipos. Imaginamos a los indios americanos como “salvajes” que viven totalmente unidos a la naturaleza, conectados con un pasado lejano de la humanidad, llevando una vida diametralmente opuesta a la civilización moderna. O los vemos como sabios, chamanes, que viven en comunicación directa con los animales, la naturaleza y los espíritus desencarnados. Pero estas representaciones románticas son imágenes mentales que han sido creadas de todas las formas, por ejemplo por la industria cinematográfica de Hollywood, como en la película “Pequeño Gran Hombre” o en “Bailando con lobos”. Estas imágenes impregnan nuestra cultura occidental y enmascaran la realidad.
Los nombres por los que conocemos a los pueblos amerindios, como “Sioux”, “Cheyenne”, o “Navajo”, no son sus verdaderos nombres. Son denominaciones que les han sido dadas por quienes les han colonizado. Los pueblos amerindios se acuerdan de que ellos han sido creados para cumplir el pensamiento de Dios. Por esta razón, se denominan “el pueblo auténtico”, “los Hombres Verdaderos”, o “los verdaderos humanos que caminan sobre la tierra”.
Para quienes han estado directamente en contacto con el pensamiento y la espiritualidad de los amerindios, la realidad es muy diferente de la que se nos muestra en las películas y las novelas.
Las espiritualidades amerindias se suelen describir como religiones chamánicas destinadas a dominar las fuerzas de la naturaleza en relación con los animales y las plantas. En realidad, para la sabiduría amerindia, el pensamiento divino es el que ha creado el mundo que nos rodea. El ser humano que habita este mundo creado por el pensamiento es, él mismo, un pensamiento de Dios. El ser humano tiene, pues, una responsabilidad inmensa, porque el pensamiento de los seres humanos sigue llevando los caracteres del pensamiento divino y prosigue la obra de creación del mundo.
El fundador de la antroposofía, Rudolf Steiner, dijo a este respecto que el pensamiento amerindio se mantuvo intacto hasta el siglo XX para servir de contrapeso al pensamiento occidental en el momento en que este pensamiento se cristalizaría totalmente, se volvería automático y desprovisto de vida.
Las espiritualidades amerindias, en su forma más pura, son una religión basada en el tipo primordial de la humanidad, la humanidad original. Cuando se habla de la consciencia de los pueblos primeros, o de los pueblos primitivos, muchos piensan que esta consciencia de los comienzos de la humanidad era todavía crepuscular y que, en general, la consciencia de los amerindios estaba fuertemente unida a la naturaleza. Los amerindios perciben su propia espiritualidad como una relación directa con la Naturaleza con N mayúscula, es decir, la naturaleza primordial. Se funden en un complejo sistema de mitos que narran la creación de la Tierra, de los cielos, del ser humano, y de cómo el ser humano entra en relación con la creación divina.
Las actividades de la vida cotidiana y la espiritualidad se tejen juntas de la misma manera que se tejen hilos de lana para fabricar magníficas alfombras. En realidad, son nuestros pensamientos los que tejen todo en el gran entramado de la vida y lo transforman en un camino de belleza y armonía.
Según la cosmogonía cristiana, hubo un paraíso, un edén, un campo alquímico puro de desarrollo de la vida. Este campo puro fue dado al ser humano para que manifestara la gloria y la belleza del pensamiento de Dios. El hombre del origen, el primer Adán, caminaba todavía ” de la mano de Dios”. Su objetivo era llevar una vida puramente espiritual, aunque materialmente no poseía nada. Había un camino que permitía volver a Dios inmediatamente, sin sacerdotes ni iglesias, sólo por la vida cotidiana, la vida manifestada en los reinos de la naturaleza, el paisaje, los elementos naturales, las plantas y los animales que rodeaban al hombre.
Este camino podría llamarse «el primer camino». Está vigilado, todavía hoy por las escuelas interiores de varias religiones, en particular de los amerindios. El «primer camino» es el camino directo hacia Dios, un camino que orienta al hombre, al alma y al espíritu hacia la única meta espiritual.
Cuando el pensamiento del Origen toca directamente al hombre, el pensamiento humano vuelve a su pureza, a su equilibrio y a su armonía original. El tipo primordial renace a la vida, el pensamiento humano refleja la voluntad divina y el círculo universal se reformula en perfecta armonía. Este es el camino por el que, según los términos rituales amerindios, el hombre «camina en la belleza».
Para quien recorre este primer camino, se liberan grandes fuerzas y, a la luz del alba, el campo natural, que durante tanto tiempo fue un enemigo, se convierte para él en la más bella de las armonías. De las cuatro direcciones del círculo universal, se forma una unidad perfecta. El pensamiento divino se manifiesta de nuevo en el comportamiento de vida y en los actos de tal hombre. Para los amerindios, este círculo universal es la primera representación de Dios. Los círculos son la manifestación del pensamiento de Dios. El mundo está hecho de círculos, de vibraciones y de ciclos. Todo parte del origen, describe un gran círculo y regresa al origen, tal como el Sol se eleva, en la blancura del alba, al oriente, asciende el azur hasta el cenit en dirección al sur, describe un amplio círculo en el cielo puro, llega la noche, describe un vasto círculo en el cielo para, por la noche, caer en el esplendor dorado de la dirección del oeste, luego desaparece en la oscuridad de la noche estrellada donde su presencia central está marcada, en la dirección del norte, por la estrella polar, la estrella a cuyo alrededor las otras estrellas describen, también, un gran círculo.
Según los amerindios, hace mucho tiempo el mundo era un gran lago circular, totalmente tranquilo e inmóvil. Alrededor de este lago no había nada. No había nada entonces: ni el cielo, ni la Tierra, ni las estrellas, ni las plantas, ni los animales. Los seres humanos sólo existían como posibilidades. Sólo existía el pensamiento del creador que se cernía sobre el lago como un sol brillante. Un día, el creador dejó caer una piedra en el lago y las ondas concéntricas comenzaron a propagarse desde el centro hacia las orillas del lago. Las ondas en la superficie del agua se convirtieron en las olas de vida de los reinos mineral, vegetal, animal y humano. Las montañas aparecieron, los ríos y los océanos se llenaron, las nubes aparecieron en las cuatro direcciones. La Tierra sólida fue creada con sus lugares sagrados y comenzó a describir un vasto círculo.
Las plantas comenzaron a crecer en la tierra. Las plantas de maíz aparecieron y se prepararon para alimentar a los humanos. Sobre la Tierra, aparecieron luces, el Sol y la Luna describieron grandes círculos, y luego las estrellas. Las estaciones aparecieron con sus sucesiones de períodos fríos y cálidos.
Animales de múltiples formas comenzaron a moverse en grandes círculos en la tierra, alrededor del lago circular. Bisontes que galopaban en las llanuras inmensas, águilas volando en círculos, cada vez más alto hacia su creador, osos que seguían los ritmos del despertar de la primavera y del sueño del invierno, salmones que seguían el gran círculo de arroyos y ríos.
Entonces aparecieron los humanos. Un viento comenzó a soplar desde las nubes que rodeaban el lago circular. Con este soplo, el primer hombre y la primera mujer fueron formados. El primer hombre tenía un cristal de roca con él. Con un rayo de sol, hizo un fuego. La primera mujer preparó su campamento con una choza circular. Llevaba consigo una piedra de turquesa. Ella frotó la piedra y apareció un fuego. Entonces vio a la distancia la luz del fuego del primer hombre y se acercó. Decidieron vivir juntos y éste fue el comienzo de toda civilización humana.
Después de un tiempo, las olas provocadas por la roca continuaban propagándose y llegaron a las orillas del lago circular. Luego empezaron a propagarse de nuevo, desde las orillas del lago hasta el punto central donde la piedra había sido arrojada. Fue el comienzo de la segunda fase de la creación, el retorno de todo a su origen.
Poco a poco, las especies animales comenzaron a desaparecer, las plantas se hicieron menos numerosas, las montañas se acercaron más. El mundo se hizo más pequeño, los hombres y las mujeres tenían menos espacio para vivir y tenían que aprender a vivir juntos y a comprender sus diferencias. Las cuatro razas, con sus colores negro, blanco, amarillo y rojo, iban a tener que unirse para formar un solo pueblo.
Todo lo que vivía debía aprender a volver al centro del que todo había venido a la vida. Todo se resolvería en el punto central, todo volvería a estar unido, porque la superficie del lago volvería a estar totalmente inmóvil. Este sería el final de un ciclo de manifestaciones, a la espera de otro ciclo.
En esta historia amerindia de la creación, el mundo describe un gran círculo para volver a su punto de origen. En otras historias, es el hombre quien le da a cada animal su nombre. Los seres humanos debían ser los administradores y los protectores de todos los reinos. En la Biblia, en el Génesis, es también el primer hombre y la primera mujer los que debían hacer fructificar el dominio de vida original, el Jardín del Edén con sus cuatro ríos de vida.
Probablemente conozcan estos mitos de la historia de la creación del mundo, del paraíso del origen. Los han visto representados en imágenes y los han leído descritos en libros. Pero es muy diferente leer la descripción de un lugar en un libro y verlo en realidad. Por ello el contacto directo con la filosofía amerindia es casi siempre un choque psicológico y cultural para el hombre occidental moderno.
La Fuente primordial de la que todo procede se expresa directamente mediante la radiación, no con palabras o escritos. Es como el sol divino que envía sus rayos para iluminar nuestro mundo y su humanidad.
Jan van Rijckenborgh, fundador de la Rosacruz Áurea –escuela espiritual gnóstica moderna– representa la sabiduría amerindia por la figura de Hiawatha, la personificación de la vida más alta, la mejor y la más noble. Cuando Hiawatha se arrodilla hacia el sol naciente, como lo hacen todavía hoy miles de amerindios en la oración de la mañana, entra en conexión consciente con el Eterno que está detrás de toda apariencia. Es una conexión directa con el estado de consciencia del hombre original. Los rayos del sol naciente penetran profundamente en nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón, atraviesan todas las capas de la consciencia y del subconsciente, llegan a la fuente original de toda vida.
Para terminar esta presentación sintética de la sabiduría amerindia, citamos una oración Navajo (extracto de navaho myths, Prayers and Songs de Matthews Washington):
«Creemos en el pensamiento universal. Todo, absolutamente todo, tiene su origen en el pensamiento. Así, tener una verdadera higiene diaria de los pensamientos es el comienzo de todo camino espiritual.
Los seres humanos, los animales, las plantas, nuestra madre la Tierra, el Sol, la Luna, los cuerpos celestes, nuestro padre el cielo, todos participan del mismo espíritu, todos tienen una vida inteligente, cada uno tiene su forma y su trabajo particular que hacer, de acuerdo a la forma de pensamiento del creador de todo lo que da a cada uno su propia melodía y vibración.
Creemos en la dualidad de todas las cosas manifestadas. Todo lo que existe en la manifestación tiene su opuesto. Todas las cosas tienen un lado positivo y un lado negativo. Nuestro mundo es un vasto círculo en el que todo está interconectado. El universo tiene una consciencia y nosotros somos parte de esa consciencia. Se manifiesta mediante un pensamiento universal. El pensamiento es el origen de todo lo que existe. El aire que respiramos y exhalamos, el agua que bebemos y desechamos, todo lo que forma nuestro cuerpo, todo está en un gran círculo de transformaciones, a través de nosotros mismos, y esto desde hace miles y miles de años.
El propósito de la vida para nosotros no es adorar a una deidad exterior, sino caminar cada día en la belleza. Nuestra oración no la hacemos todos los domingos en una iglesia. Nuestra oración es nuestro estado interno. Oramos en cada momento del día, en nuestra vida cotidiana, en los momentos más sencillos. Rezar es una forma de ser, una forma de vivir en paz, en equilibrio, en armonía.
Así es como caminamos en el vasto círculo de la vida.
Así es como caminamos en la Belleza perfecta hasta la Vida Eterna. »

Fuente: https://www.logon.media/es

Conferencia Online: “La salud y la Curación”

Ponente. Doctor Vicente Gorris, colaborador de La Rosacruz Áurea.
Abordará este tema  desde un punto de vista espiritual.
“Si ignoramos nuestro origen y vocación como seres humanos, o lo que es más grave aún, si los negamos pensando que somos fruto del azar cósmico sin una meta clara. ¿cómo vamos a saber qué es lo que tenemos que hacer fundamentalmente aquí en la Tierra, y cómo hacerlo? ¿qué sentido y orientación tendríamos que dar a nuestra existencia, para cumplir con el objetivo inicial para el cual fuimos llamados a la vida? y, sobre todo, ¿no será que experiencias vitales como la enfermedad, la vejez y la muerte tengan mucho que ver con semejante ignorancia fundamental?”
Miércoles 27 de Mayo a las 19:30h. de España

El camino… ¿hacia dónde?

El camino… ¿hacia dónde?

Una reflexión sobre un viaje, un grupo, la alegría de estar en camino, una roca en el camino, la imagen de un pájaro y el trabajo

Texto: Anneke Munnik, País: Países Bajos, Imagen: Pixabay CC0

Desde el pequeño estacionamiento donde nuestro grupo estaba esperando para salir, no veíamos mucho de los alrededores. Habíamos sido informados de lo que nos esperaba, pero no sabíamos adónde íbamos.

Yo miraba furtivamente a mí alrededor. ¡Los demás parecían tan seguros de sí mismos! Llevaban mochilas en su espalda, zapatos de senderismo e ingeniosas botellas de agua. Pienso que todos ellos habían seguido cursos de supervivencia o algo semejante, pues conocían todos los términos técnicos. Habían debatido con los responsables que ellos ya habían hecho varios viajes de este tipo.
Para mí, todo era nuevo. Todo lo que hice fue escuchar, por así decirlo, con la boca abierta. Fue como si hubiera esperado este momento toda mi vida. Tenía muchas preguntas, pero no las hice. Sin embargo, ellas recibieron respuesta, pero sin indicaciones precisas. Cuando me preguntaron si quería viajar, me sorprendió que me admitieran, y al mismo tiempo sabía que nada podía detenerme. Todos los inconvenientes –pues los había, evidentemente– habían sido contemplados.
Para mí fue sencillamente irresistible. Desde hacía algún tiempo, sentía un intenso sentimiento de esperanza, no sabiendo entonces lo que esperaba. Un anciano me había sonreído, lo que me hizo sentir que iba por buen camino. Fue incomprensible, pero inequívoco. Fue entonces cuando conocí a este grupo de viajeros. Una notable colección de personalidades, todas tan diferentes… Y yo era un nuevo recluta, aunque ya de mediana edad. Curiosamente, los que tenían más aplomo también eran los más desenvueltos. Dejaron pasar una noche de preparación por un juego en el que querían participar. ¡Por supuesto, ya sabían tanto! Vaya, ¿qué estaba pasando? Esos tipos con sus mochilas, ¿ya se iban, o sólo era una ilusión? Sí, se iban. Regresaban, pero darse la vuelta nunca podía ser el camino, porque allí no había vuelta atrás.

Los responsables vinieron hacia nosotros para desearnos buen viaje. Todos nos dimos la mano, y entonces me quedé solo. Se podría decir que eso no era posible en un grupo pequeño, pero así fue. Sólo tenía una brújula conmigo, pero no sabía cómo funcionaba.

Como no sabía adónde ir, me puse a caminar. Me convenció totalmente. La región era hermosa y regularmente me encontraba con un compañero de viaje; a veces era alguien que conocía y a veces alguien que ya se había puesto en marcha desde hacía más tiempo. Todos seguíamos nuestra propia brújula, pero cada una de ellas probablemente tenía una marca diferente, porque a pesar de la impresión contraria que tenía, nadie caminaba ni al lado, ni detrás de mí, y cuando miraba, no veía a nadie.
Estaba tan feliz de estar en camino que casi empiezo a saltar. Aunque se nos advirtió de que había obstáculos desagradables, todavía no había nada que señalar. A veces, veía detenerse a una persona, con el rostro inquieto, e incluso me encontré con alguna tirada en el suelo. Quise levantarla, pero no lo conseguí y ella me dijo que podría arreglárselas sola.

A veces llovía y a menudo hacía frío, o al contrario mucho calor, pero en general mi paseo fue agradable y rápido. De repente llegué a un límite. No me di cuenta, solo lo percibí cruzándolo.

Ahora todo era nuevo y desconocido. Ahora caminaba con más cuidado, a veces vacilando en la elección de ir a la izquierda o a la derecha. Me encontré con grietas por las que tenía que saltar y era peligroso. Tuve que escalar cumbres elevadas y agotadoras, seguidas de senderos sinuosos, horriblemente abruptos y resbaladizos a causa de la lluvia.

Sin embargo, en ningún momento deseé haberme quedado en casa, porque en todo momento, aquí, estaba en mi casa.

Desde hace semanas o meses estoy frente a esta enorme roca, no lo sé muy bien. Lo intenté todo: empujé, tiré, traté de arrastrarla, corté, me lancé encima, trepé y me deslicé de nuevo hasta abajo.

Nadie en los alrededores, y no puedo ir más lejos. He reunido todas mis fuerzas, pero no quiere ceder. Ni siquiera puedo ver lo que hay detrás, ni incluso a los lados. Regresar: imposible, inútil intentarlo. ¡Pero no puedo quedarme aquí siempre!
Tengo hambre y sed, tanta y hasta tal punto que estoy dispuesto a intentarlo todo; ¡si al menos pudiera mover este bloque! Pero cuanto más lo intento, más me canso, y no quiero dormirme. Me aseguraron que no había que dormirse, ya que el despertar sería muy difícil.

Me siento sobre un espolón rocoso y reflexiono una vez más sobre todos los métodos que ya he utilizado. ¡No obstante, esto debería ser posible!… De vez en cuando, es como si algo –justo fuera de mi alcance– apareciese en mi cabeza, pero cuando quiero mirar, ya se ha ido.

La única cosa que atrae verdaderamente la atención en este entorno, es una especie de gran ave posada sobre el bloque desde hace ya un cierto tiempo. Aparte de ella, no he visto ningún otro animal. Es una extraña bestia que me mira con mala cara. Ahora me siento tan solo que tiendo a tener una conversación con ella, ¡pero es una locura!

A veces vuela un poco y luego vuelve al mismo lugar. Sería genial si pudiera volar yo también, pensé, entonces volaría sobre la roca.

¿Acaso el ave vivía detrás? Mira, ahora vuela de nuevo, más alto que antes y yo lo sigo con los ojos. Vuela cada vez más alto, y es maravilloso ver cómo sus elegantes alas se despliegan sobre el cielo azul. Hay un círculo de luz a su alrededor y me doy cuenta que precisamente vuela entre yo y el Sol, totalmente derecho hacia la luz.

Me olvido de la roca y dejo que mi corazón vuele con ella, tan maravillosa, ligera y libre.

Ninguna parte del viaje puede igualar este vuelo y me parece que el ave lleva una corona de luz blanca ornada de piedras preciosas de todos los colores. Es una locura, pero me acerco más y más a él y muy pronto alcanzo su espalda, en la que encuentro un lugar cómodo para sentarse. En un crujido de alas deslumbrante, nos movemos juntos a través de los cielos, cuando de repente vuelvo a pensar en el viaje. ¿También él iba hacia arriba?

El pájaro gira su cabeza hacia mí y su mirada es la de un viejo amigo, pero ¿quién es? Su voz es baja y alta al mismo tiempo, suave pero distinta: «Primero hacia arriba, luego habrá que aterrizar, en el trabajo».

Y con valor, bajamos al punto en que me encontraba antes. ¿Dónde está la roca?

Fuente: https://www.logon.media/es

El Camino hacia el Interior

El Camino hacia el Interior

Si no ves el camino, incluso si lo recorres, no lo comprenderás

Texto: Albert Górnicki, País: Polonia, Imagen: Alfred Bast

La principal verdad sobre la Verdad es que, si no la obtienes por cuenta propia, nunca se convertirá en tu verdad.

Si analizamos objetivamente las convicciones y puntos de vista humanos, nos encontraremos con todo un espectro de verdades que se contradicen mutuamente. Algunas personas tienen la certeza de que hay vida eterna después de la muerte, algunas creen que tienen un alma, mientras que otras afirman que solo hay materia.

Para evitar el dogmatismo, tendríamos que considerar la posibilidad de que todas las preguntas existenciales se plantean por el miedo a la muerte, la ansiedad que produce lo desconocido. Por tanto, tal vez no sea el amor sino el miedo la fuerza motriz que nos impulsa a avanzar en el largo camino hacia la gran realidad, la liberación de la ilusión y el miedo.

Una cosa diferencia al ser humano de todas las demás criaturas que habitan la Tierra. Solo el ser humano puede descubrir el ser que le anima y puede volver a unirse conscientemente con aquel que siempre ha caminado a su lado. Sólo el ser humano puede reconocerlo y conectarse con él.

El camino yace oculto en cada uno de nosotros, independientemente de la cosmovisión y el conocimiento que poseemos. Se podría decir: la verdad está tan cerca, aunque la buscamos en los lugares más remotos. Somos como alguien que muere de sed mientras está parado en el agua.

Si partes al viaje más importante de tu vida para encontrar tu verdadero ser, primero debes dejar atrás todo lo personal, todo lo que sabes, todo aquello en lo que confías, todo lo que piensas, todo lo que eres. De esta manera, “desnudo”, indefenso, como exiliado del cielo de tu vida personal, tienes que emprender un viaje desconocido.

Sin embargo, la voz interior todavía habla:

Busca la Verdad sin una sola conclusión, sin ninguna suposición a priori. Solo así te convertirás en un verdadero buscador. Un ojo sesgado es ciego, un corazón lleno de conclusiones está muerto.

Si puedes liberarte de tus convicciones, solo entonces alcanzarás el núcleo del problema con el que todo ser que busca la liberación debe ser confrontado. A continuación, encontrarás tres puertas. El atravesarlas nos abre el camino a la libertad eterna.

Atravesar las tres puertas

La primera de las tres puertas lleva la inscripción: “Esclavitud y los anhelos y deseos inherentes”.

En la segunda está escrito: “La ilusión de la existencia personal”, y en la tercera puerta que accede a la libertad eterna leemos: “Deseo de vida, deseo de existir”.

El camino hacia la liberación debe tener un solo objetivo: hacer que los buscadores estén conscientes de que tienen que atravesar estas tres puertas y proporcionarles las llaves para que puedan abrirlas y pasar. Cuando realmente empezamos a pensar en la naturaleza de la vida y queremos entender nuestras motivaciones y acciones, nos acercamos a la primera puerta. Comenzamos a ver claramente que todos nuestros actos están motivados por la esclavitud. La mente está ligada casi a todo. Puede ser un vínculo positivo, cuando hay beneficios, o un vínculo negativo, cuando surge la necesidad de escapar de algo. En ambos casos se trata de vínculos mentales con una cosa, un ser o una situación específica.

La mente humana es de tipo conservador. En todo momento, trata de retener lo que ha logrado. No tiene ansias por cambiar. Cada cambio causa movimiento, lo cual la mente rechaza. Y, así, el ego termina luchando contra la realidad del cambio.

Sin embargo, el universo es un gran proceso de transformación, donde es imposible detener el movimiento.

La única llave para pasar esta puerta es el consentimiento y aceptación absoluta de la energía que se mueve en el universo y una aceptación total de todos los cambios.

La segunda puerta hace que el hombre tome consciencia de que lo que sostiene nuestro sufrimiento es la ilusión de la separación, la ilusión de ser un ser separado. Cuando nos consideramos una entidad autónoma, provista de voluntad propia, solo podemos pasar de un error a otro, luchando con todo el universo circundante.

Aprende a verte como una unidad con el Cosmos. Encuentra una salida de los sueños de la vida a la vida misma. Solo debes estar siempre presente, dondequiera que estés. No crees nada: vuelve al punto cero. Este punto cero es conciencia pura, original, absoluta, perfecta, es la Verdad por encima de la existencia y la inexistencia.

Ahí se encuentra el sol espiritual, que siempre brilla. También hay nubes, es nuestra ilusión de existencia personal. Estas nubes están dotadas de inteligencia e individualismo. A veces muy densas, pueden ser nubes muy malas, malintencionadas y de truenos, que provocan inundaciones, granizo o niebla. Sin embargo, también pueden tomar la forma de nubes suaves y agradables, a través de las cuales brillan los rayos del sol. La personalidad es entonces dócil y amistosa. ¡Pero la nube no es un ser autónomo!

Las nubes atmosféricas están formadas por miles de millones de pequeñas gotas de agua y cristales de hielo. Las gotas, inicialmente pequeñas, se agrupan alrededor de partículas de polvo y otras partículas microscópicas. Para formar una nube, debe haber un punto de condensación alrededor del cual se acumulan las gotas de agua. Estas partículas son nuestros pensamientos, conceptos, nuestra imaginación. Cuando uno limpia este ‘polvo’, las nubes de ilusión no pueden formarse.

El paso a través de la tercera puerta es el más difícil porque toca el instinto más básico de toda criatura que vive y siente. El deseo de existir puede compararse a una llama. La única forma de encontrar la realidad y liberarse de la rueda del nacimiento y la muerte es extinguir las fuerzas propulsoras de la vida: los anhelos y todo tipo de polarización.

 
Llegada

Mucho se dice sobre el abandono de la egoncentricidad. Sin embargo, esto no es así de simple. Es como permanecer en la oscuridad: no puedes abandonar la oscuridad cuando estás en una habitación oscura. Solo puedes traer luz a ella. La oscuridad como tal no existe, en cambio, puede haber carencia de luz.

No puedes influir en la oscuridad misma. Solo se puede utilizar la luz. Entrar en uno mismo y una verdadera meditación espiritual actúa como la luz que dispersa la oscuridad. Cuando te conviertas en luz, el ego desaparecerá.

La verdadera meditación es la vida y la experiencia de la vida sin palabras, más allá de las palabras. Entrar en tal meditación es un extraordinario vínculo espiritual con todo lo que nos rodea: objetos, plantas, animales, personas. Absolutamente sin palabras. Significa sentir el ser más profundo, sin una palabra.

Entonces te darás cuenta de que hay un lugar que no puede ser nombrado. Hay un espacio donde la vida y la muerte no se siguen. Hay un lugar donde no hay nacimiento ni muerte. Este lugar está en cada uno de nosotros. Es un lugar más allá de la vida y la muerte. El despertar a esta realidad, a este espacio, es la gran iluminación, la gran liberación.

 Fuente: https://www.logon.media/es

Nachiketa y el arte de morir

Nachiketa y el arte de morir

Cuando somos confrontados con el misterio de la muerte, nuestra existencia a menudo nos parece irreal. ¿Quién soy? ¿Dónde me conduce esta vida? ¿Acaso todo esto es efímero?

Texto: Joehl, País: Países Bajos, Imagen: Alfred Bast

Cuando somos confrontados por el misterio de la muerte, nuestra existencia nos parece, de repente, irreal. ¿Pues se puede llamar real algo que cambia continuamente? Es verdad que experimentamos nuestra propia vida como una realidad, pero esta experiencia la hacemos en una existencia relativa en la que el miedo a la muerte está a menudo justificada, el miedo de que perezca todo lo conocido de esta existencia relativa. Visto desde una perspectiva más profunda –la de nuestro ser esencial no relativo– nuestra existencia relativa es una ilusión; pero entonces, ¿qué relación existe entre las dos? ¿Será la muerte la línea de demarcación?
Hermes enuncia: «Nada de lo que ha sido en el mundo perece jamás, nada de lo que es o será en el mundo puede ser aniquilado. El Padre ha querido que el Mundo esté viviente tanto tiempo como exista: Por ello el Mundo es Dios, necesariamente.»
Considerado a partir de este punto de vista hermético, ¿qué quiere entonces decir «morir»? El espiritualista holandés Jan van Rijckenborgh escribió: «Todo es vida, un océano vivo de átomos. Por consiguiente, todo cuerpo es vida. Y cada vida, por este hecho, posee una consciencia. Y cada consciencia posee, con certeza, una fuerza divina inmensa. Pues el átomo es vida. Y la vida solo se explica por la fuerza Primordial. Dado que nuestro estado corporal, el estado de nuestra personalidad es un conjunto de átomos, la esencia fundamental de nuestro ser es por consiguiente Dios, Dios manifestado en la carne».

La definición de muerte clínica fue formulada en 1864 por Bouchot como sigue: «Se está muerto cuando el corazón ya no late». En la actualidad se considera que para que se pueda hablar de muerte, la circulación de la sangre también debe estar parada aproximadamente cinco minutos. Si bien, a causa de todas las nuevas técnicas, los médicos ya no saben verdaderamente con precisión en qué momento la muerte es definitiva. Algunos piensan que ya se ha muerto cuando se pierde nuestra personalidad y cuando ya no existen pensamientos conscientes. Cuando se ha perdido el conocimiento, por ejemplo, todavía se puede medir nuestra actividad cerebral. ¿Pero qué debemos pensar cuando el corazón continúa latiendo de forma autónoma, sin que exista respiración y se haya constatado una muerte clínica total –por consiguiente, también la del tronco cerebral? La persona se encuentra en un estado de coma absoluto y, sin embargo, puede ocurrir que su sistema viva más de una semana o mucho más. Esto es aún más cierto en lo que respecta a nuestros genes, muchos de los cuales siguen viviendo por algún tiempo o bien son de nuevo vivificados. Por tanto, desde un punto de vista biológico, no se puede afirmar que haya un solo momento de «muerte»; se hablaría más bien de una cantidad de breves momentos de muerte.

Dicho de otra manera, se muere poco a poco. Y la determinación de un momento preciso del fallecimiento depende, pues, de una convicción religiosa o filosófica. No se trata de un acontecimiento instantáneo sino de un proceso. Es por lo que actualmente se plantea una de las mayores preguntas en relación con el justo momento para la extracción de un órgano para un trasplante. ¿No deberíamos darle al muerto un analgésico o anestesiarlo para estas operaciones?
De todos modos, la idea de que se producen varios momentos de muerte no puede parecer insólita a una persona orientada al aspecto esotérico o espiritual de la existencia porque no ignora que nuestros cuerpos —material, etérico, astral y mental— se forman en diferentes momentos. Sin embargo, la perspectiva según la cual J. van Rijckenborgh contempla estas cosas es aún más amplia. En su obra La Gnosis Egipcia Original, dice: «El ser humano del que hablan la enseñanza  universal y la Biblia, es de un género totalmente diferente al de la forma corporal, que abusivamente es tomado por el ser humano, en general.

Somos seres dobles. En nosotros, el hombre verdadero, prisionero en y por su forma natural, aspira a la liberación. ¡Si puedes recordarlo todos los días, te harás un gran favor! El hombre verdadero, prisionero de la forma natural, es Vida y Luz. Es Dios». Y los Upanishad también dan testimonio de una perspectiva particular cuando dicen: «Los sentidos son orientados hacia el exterior. Por ello, el ser humano mira hacia el exterior y no hacia el Yo interior. Solo algunos sabios giran la cabeza hacia el Yo Interior, con la mirada orientada hacia el interior. Deseando la inmortalidad, se desvían de la percepción sensorial».

En la enseñanza de la liberación se nos sugiere que es posible morir a la existencia relativa ilusoria durante nuestra vida, por consiguiente, sin esperar para ello que el cuerpo este muerto. Por esta razón, también se nos enseña la idea de dirigir nuestra atención hacia el ser esencial, así como la necesidad de tomar conciencia de que en nuestra existencia relativa no somos nosotros los que estamos en el origen del movimiento de las cosas y de los acontecimientos. La Fuerza que nos impulsa a orientarnos sobre nuestro ser esencial proviene justamente de este ser esencial mismo.

 
Nachiketa

En los Upanishad figura también la historia de Nachiketa, que fue asido por el misterio de la muerte, a una muy temprana edad: «¿Quién soy yo? ¿A dónde va a conducirme esta vida? ¿Todo es perecedero o hay en mí algo que continuará viviendo?»
La historia nos dice que el padre de Nachiketa hacía ofrendas a los dioses porque «aspiraba a una recompensa celeste». Pero él ofrecía sobre todo vacas viejas que ya no podían ni comer, ni beber, ni parir una ternera o dar leche. Y Nachiketa estaba muy triste a causa de la mezquindad de estos dones. Así que un día le pregunto a su padre: «¿cuál es la utilidad de esto ?» Su padre se irritó a causa de esta pregunta crítica de su hijo y gritó: «¿Cómo te atreves a preguntar tal cosa?»
Entonces Nachiketa le planteó la siguiente pregunta: «Padre, ¿a quién querrías ofrecerme?» Y repitió aún dos veces más esta misma pregunta. Tras haber sido interrogado tres veces, su padre le respondió colérico: «A ti, te doy a Yama, el Dios de la muerte». Así Nachiketa partió hacia la morada de Yama, el señor de la muerte.
Si partimos de la idea que toda esta historia se produce en nosotros mismos, entonces podemos ver al padre como el ser humano tradicional en sí mismo que tiene en cuenta las formas exteriores, pero que ha perdido el contacto con la fuente de la inspiración espiritual. Este ser humano exterior solo tiene «viejas vacas» que ofrecer, de las que la Vida ha desaparecido. En su estado sensorial condicionado oscurecido por la cantidad y la calidad de las cosas del espacio-tiempo, no puede percibir el interior.

El nombre Nachiketa significa: «no percibido». Es el símbolo del interior, del ser humano espiritual. Cuando el ser humano oye la pregunta del interior no percibido, es decir cuando reacciona al impulso triple, entonces esto es como el nacimiento de un hijo interior por el que el conocimiento de la vida y de la muerte se vuelve visible.

La historia describe como el hijo acaba por llegar a la entrada de la morada de Yama, el Dios de la Muerte; Éste estaba ausente en ese momento y por ello debió esperar, como invitado, durante tres días, sin comer ni beber. Cuando Yama finalmente regresó a su casa, le llamó entonces, conociendo su falta.
«Oh Brahmán, porque has morado, en calidad de invitado de honor, en mi morada durante tres noches, sin haber comido, tienes el derecho de expresar tres deseos».
Pues Nachiketa se había abstenido durante tres noches de sus antiguos condicionamientos, como Jesús en la tentación del desierto.

Gracias a la receptividad de Nachiketa, los tres impulsos se vuelven: ideación, meditación y realización. Vemos como Yama no tiene ningún inconveniente en satisfacer el primer deseo de Nachiketa. Su primer deseo fue que su padre, por fin calmado, le salude alegremente cuando regrese: el viejo ser humano entonces es tocado desde el exterior de la consciencia del ego y se abre al impulso interior, reconocía el interior. Por eso, el segundo deseo es que muestre a Nachiketa el camino hacia el cielo y la manera de encender el fuego sagrado, esto Yama podía concederlo sin vacilar: era un camino de devoción y de entrega, por el cual la vejez y la muerte podían ser vencidas.

Es la unión consciente con la luz fundamental del ser. «Es lo que soy verdaderamente» comprendía en cada momento de su vida. Esta toma de consciencia iluminadora no siempre es suficiente para pasar definitivamente la frontera. Por ello, Nachiketa planteó su tercera pregunta: «Cuando un ser humano visible muere, una gran incertidumbre planea a este respecto en la mentalidad de las gentes: algunos dicen que él aún vive; otros, que ha dejado de vivir. Dime: ¿Qué hay tras la muerte? Me gustaría saberlo. ¡Es mi tercer deseo!»
De hecho, Nachiketa plantea aquí la pregunta imposible: ¡plantea ahora si, tras la muerte del ser humano, subsiste algo eterno o si del ser humano al ser una aparición provisional, nada de él sobrevive! Su pregunta concierne a su ser real que está más allá de la vida y de la muerte, del tiempo y del espacio y, en consecuencia, fuera de las posibilidades de Yama. Por ello, como respuesta a su tercera pregunta, Yama le suplica diciendo: «Incluso los dioses de antaño tenían dudas sobre esto, porque no es fácil de entender, sino más bien muy oscuro. ¡Escoge otra pregunta, Nachiketa, otra diferente! ¡Y no insistas! ¡Ahórrame esta!»
La precaria situación está bajo la amenaza de ser abandonada definitivamente; los papeles de la vida y de la muerte son ahora perfectamente visibles. Y ahora Yama le ofrece todas las dichas y todos los goces terrestres, todas las riquezas y tantos años en la tierra como desee, siempre y cuando no tenga que responder a esta pregunta:
«Elegidos para ser centenarios, tener hijos y nietos, un montón de ganado y elefantes, oro y caballos. Elige explotaciones agrícolas y para ti, tantos otoños como puedas desear. Elige la abundancia y una larga vida. Sé grande en la Tierra, Nachiketa. Yo te haré disfrutar de todos tus deseos. Lo que es difícil de obtener en este mundo, pídemelo con total tranquilidad. Ve aquí sobre carros con laúdes, bellas ninfas como ningún mortal podría desear. Éstas, dadas como regalo por mí, déjalas que te sirvan. Pero Nachiketa, no me preguntes nada sobre la muerte».
Nada, pero entonces nada podía disuadir a Nachiketa de hacer su pregunta profunda, porque ella superaba todas las cosas aparentes; él respondió: “¡reveladme el misterio de la inmortalidad! Porque todo lo que proponéis, oh Yama, son goces que mañana ya no existirán. Privan a los órganos de los sentidos de su inteligencia. Toda nuestra vida es muy corta. Puede guardar sus carros, sus bailes y sus canciones”.

Solo poseer no es suficiente para un ser humano. Desde el momento en que se os ha visto, ya no se posee nada. Vivimos tanto tiempo como usted permite. El deseo que quisiera ver realizado sigue siendo el mismo. Es deseo,  «ese profundo deseo oculto» y ningún otro, sigue siendo el deseo de Nachiketa.

Cuando Nachiketa hubo expresado su deseo por tercera vez, el señor de la muerte debió renunciar. Admiraba la dedicación a la verdad de este chico singular. Sin embargo, en primer lugar quiso asegurarse de que era realmente de buena fe y que no procedía de una lección aprendida o de una demostración temeraria. Ahora sabía con certeza que Nachiketa estaba lo suficientemente preparado para recibir ese conocimiento y le dijo: «Tú, Nachiketa, tras haber sopesado cuidadosamente todos los objetos bien amados y atractivos del deseo que estaban a su alcance, has renunciado a ellos. No te has aventurado en el camino de la estúpida inclinación por la riqueza por la que tanta gente se ahoga. Ojalá encontremos siempre buscadores como tú». Al respecto, el enseñó finalmente a Nachiketa con estas palabras: «Quien, por su propia meditación Le conoce como Dios -El que apenas visible gobierna en el secreto, El que vive en el silencio, Quien habita en las profundidades- este sabio abandona el sufrimiento y la alegría detrás de él. Más pequeña que pequeña, más grande que grande, es la esencia divina que habita en el corazón de la criatura. Quien está libre del deseo, libre del sufrimiento, contempla su bienaventuranza por la gracia del Creador».

No puede ser de otra manera, Yama se vio obligado a revelar el más alto Conocimiento a Nachiketa:

«Este yo inmortal no se encuentra por el estudio, ni por el mero pensamiento, ni por el hecho de hablar de él, de escuchar o de entender. A quien no conoce nada más que el deseo del ser, a éste el ser divino se muestra en su naturaleza sublime. Encontrar este ser requiere del buscador de la verdad dedicación absoluta y una orientación única hacia este objetivo. Quien se entrega completamente a este punto único sabe con absoluta certeza que el ser inmortal vive profundamente en él. Quien encuentra el ser divino en su propio corazón, encuentra en sí mismo el reposo y la paz que busca, ve al ser más elevado en todo lo que vive y se mueve; sirviendo ese ser, se eleva en el Todo divino».

El objetivo es uno mismo, el ser interior incognoscible para el yo. Cuando el corazón del hombre llega al descanso, el ser mismo se encuentra directamente a través de su forma aparente relativa. No puede ser de otra manera porque la flecha y el objetivo no están separados. Así el señor de la muerte aparece como el gran sabio interior, una piedra de toque, pero al mismo tiempo un amigo en el Camino. Es el creador y el destructor. «Creando y destruyendo», esto significa que en el mundo del que habla Hermes en la cita de introducción, todo es siempre nuevo. No es así en la existencia que nos es conocida. Somos, por decirlo así, incidentes cristalizados en el camino eterno. Por esta razón la fuerza en el microcosmos, por su doble aspecto destructor y revelador ofrece al ser espiritual en nosotros, en cada ocasión, una nueva oportunidad, con el fin de que el gran proceso de la transfiguración pueda producirse realmente. «La Muerte», como dijo Hermes, «atrae la atención sobre el declive y la desaparición; sin embargo, ¡nada de lo que está en el universo es destruido!» Solo lo que es compuesto se transforma de nuevo descomponiéndose. Nuestro ser verdadero no es el resultado de un ensamblaje, vive más allá de la muerte y siempre se renueva.

Si ahora volvemos hacia nuestra muerte corporal, entonces la cuestión que podría surgir es la siguiente: ¿pero esto significa que ya no tenemos tristeza cuando un ser querido nos deja? ¡Claro que hay tristeza! «Amar» y «estar triste por» son estados que existen ni más ni menos. Los lazos energéticos entre el fallecido y nosotros están rotos; todos ellos también tienen su propio momento de disolución. Estos lazos rotos son como una herida y necesitan tiempo para retirarse y sanar.
«Amar a alguien o a algo» y la «tristeza de perder a alguien o algo» son verdaderos procesos que tienen su lugar en lo relativo. Sin embargo, nuestro ser está fuera de lo relativo y de lo compuesto y ve en el amor todo lo que aparece y desaparece. El alma sabe que la gran carencia no puede ser colmada por otro, sino sólo por el Otro, el ser esencial no relativo».

Este descubrimiento es totalmente terapéutico y vivificante. Así se termina la historia de Yama y de Nachiketa en la Katha Upanishad. Está escrito: «Ese Otro en nosotros, ese ser es como el fuego sin humo. El habita profundamente oculto en cada ser humano, en la cavidad del corazón. Es señor del tiempo, del presente, del futuro y del pasado. Es invariable, siempre igual; y todo lo que es, es Esto».
En el «no saber», esta «disposición a morir» Nachiketa encontró en él mismo a Brahma, el Único, y fue liberado de las pasiones y de la muerte. 

Fuente: https://www.logon.media/es

Tradiciones africanas y sincretismo religioso: Introducción al Mvett

Tradiciones africanas y sincretismo religioso: Introducción al Mvett

¿Podemos inscribir las tradiciones africanas en el corpus de la enseñanza universal? Una lectura vertical a la luz del sincretismo religioso puede ayudar. Describiendo el Mvett, uno se da cuenta de la similitud existente entre esta tradición milenaria bantú y otros textos de la lengua sagrada.

Texto: Martin AMBARA, País: Camerún, Imagen: Henk Cruz

La idea de un sincretismo religioso, tal como nosotros queremos abordarlo, solo puede ser clara  si ignoramos la visión corriente que siglos de judeo-cristianismo han contribuido vulgarizar.

Sabiendo que la iniciación es el fundamento que ha regido y continúa rigiendo la mayoría de las sociedades africanas, la pregunta es: ¿cuál era la doctrina substancial de estas iniciaciones? Solo un estudio sin complacencia de sus enseñanzas secretas y sagradas puede permitir establecer un vínculo entre su enfoque religioso y el fondo del pensamiento cristiano ortodoxo.
Los etimologistas citan dos fuentes de la palabra «Religión»: relegere (recoger, reunir) y religare (vincular, unir).

El Antiguo Testamento menciona una ruptura entre Adán, el hombre primordial, y su primera ecúmene, el Edén. El Nuevo Testamento, por otra parte, enuncia el plan de redención, la reconversión, el regreso a la morada de la que Cristo es el iniciador.
La estructura que propone esta alegoría, en la base del antiguo y del nuevo Testamento, no es una exclusividad de la Biblia. Varios relatos fundadores tienen en cuenta esta situación, que presenta así al hombre, en su condición actual como una entidad cortada de su matriz original. También, si partimos de esta ruptura, y tomamos la religión tal como se definió previamente, es decir, un conjunto de enseñanzas, de prácticas que permiten al hombre (Adán en el caso de la Biblia) de conectarse de nuevo con este hábitat perdido (el Edén), la religión podría considerarse y definirse como un camino de iniciación, su conocimiento y su puesta en práctica, en suma una gnosis, un renacimiento. Aquí se integran los sentidos de las nociones de iniciación y religión.

Sobre este eje, ¿existiría entre las «Tradiciones iniciáticas africanas», una de entre ellas que se alinea sobre el esquema liberador siguiente: Ruptura con la primera ecúmene (Adán expulsado del paraíso según los términos bíblicos) después proceso del «religare» (recoger, reunir, vincular, unir), que permite al hombre expulsado del paraíso unirse con ese mismo Ecúmene?

Nuestro caso de estudio aquí será el Mvett tomado entre las múltiples tradiciones iniciáticas africanas.

Definiciones del Mvett

Definir el Mvett plantea de entrada el problema de su lengua de expresión. Puesto que el área geográfica que ha visto nacer y desarrollarse el Mvett (Camerún, Gabón, Guinea Ecuatorial y una parte del Congo-Brazzaville) comparte en común más de trescientas lenguas entre las que se encuentran el Fang, el Ntumu y el Bulu. Esas tres lenguas hermanas son las que se han utilizado en las narraciones de las epopeyas de Mvett. La absoluta maestría de su campo onomástico, metafórico, semántico y polisémico se revela necesaria para anclarse en el paradigma conceptual del Mvett. El Mvett en tanto que narraciones es en primer lugar una epopeya. Y como epopeya, comprende tres géneros:

1) Le Mvettbibone, Mvett de los enamorados que presenta las anécdotas conyugales, las frases libidinosas del  jugador de Mvett o de un personaje ficticio.   

2) Le Mvettengubi o bingubi, género menor que se encarga de los cantos líricos, las fábulas, las narraciones históricas y los cuentos para niños.

3) Le Mvett Ekang, género mayor también llamado Mvettbeyem o Mvett de «los que saben». Este Mvett cuenta la historia de dos pueblos. Uno, mortal, (los OKU) que intenta arrebatar al otro, inmortal, (los EKANG) el secreto de la inmortalidad.
Es en este último en el que nos dedicaremos a analizar el Mvett Ekang como tradición iniciática y religiosa.

El Mvett Ekang, combate épico

La trama trágica que enfrenta a los Ekang con los Oku funda la epopeya del Mvett Ekang. Para ser accesible, la epopeya alegórica del Mvett-Ekang pide al público informado un cierto conocimiento de la lengua sagrada y de sus códigos, sin los cuales el acceso a los misterios Ekang puede estar excluido. Se debe decir que el Mvett-Ekang comparte esta primera relación con la Biblia, el Mahabharata y el Libro de la salida del Día todavía llamado Libro de los muertos egipcios.
En sí, el término Mvett abarca las expresiones Ave’e (despertar), Avet (ascender, subir, estirarse hacia arriba) Mvebe (el aliento).

 

Grégoire Biyogo (2004)  dice que: «Le Mvett (…) desde el punto de vista del contenido, es tender en su totalidad hacia lo que es perfecto, rechazando finitud e incompletitud, toda limitación original, toda muerte (tanto la del cuerpo como la del espíritu). Le Mvett rechaza la muerte. ESTO es lo que se gana con el deseo de madurar, el deseo del crecimiento, de transformarse cuantitativa y cualitativamente. Impulso hacia la perfección, la eternidad, apertura a lo absoluto, a Eyo’o. El Mvett quiere imitar a Eyo’o en el acto inaugural de la creación por la prolongación de la creación, en la repetición de la eternidad, en la obra del arte».

Si el término Ekang en la expresión Mvett-Ekang designa a los inmortales, su campo isotópico puede ofrecer una red de significados cuyos sentidos remiten a la idea de una raza singular, de un ideal, de un prototipo. También Ekanga quiere decir «puente», Nkang quiere decir raíz y Ekang imagen, escritura. Sin embargo, en la epopeya, el término Ekang designa al pueblo de los inmortales que se oponen a las aspiraciones de los mortales de Oku.

Quiénes son, por tanto, los Oku? El término Oku está compuesto del radical Ku o Kui que quiere decir salir o salida. Ku o Kui puede también declinarse en Ku: bajar, caer o incluso Nkua o Nkwa el que ha caído.

Anteriormente decíamos que el Mvett-Ekang narra la historia de un pueblo mortal Oku (sacado, derribado, caído) que desea arrebatar el secreto de la inmortalidad cuidadosamente guardado por los inmortales Ekang. Uno se pregunta de dónde habrían «salido o caído» los mortales Oku para verse obligados a mendigar el secreto de la Inmortalidad a los Ekang (raza-raíz, raza-imagen, raza-puente). ¿No resulta, pues, fácil establecer paralelismos con expresiones como «portador de imagen», «raza-raíz» o «francmasones y constructores», términos bien conocidos en el cristianismo gnóstico?

Mucho más anecdótico es el personaje Mebegue Me Nkwa que figura en la escala genesíaca del Mvett. Mebegue, que literalmente significa «yo llevo» o incluso el hecho mismo de llevar o incluso «el que lleva». Confrontando Ekang y Oku, surge entonces la idea de una dualidad en el sentido ontológico. En otras palabras, la batalla Ekang-Oku se desarrolla en un campo de batalla «llevado o soportado» por un cierto «Mebegue» del que se hablará más adelante. También la confrontación Ekang – Oku no solo nos refiere la idea de dos campos antagonistas, sino la idea de un hombre, un Ekang – Mebegue – Me – Nkwa, que lleva dos naturalezas diametralmente opuestas en su propio seno: en suma, un microcosmos en el que combaten un inmortal y un mortal.

Si nuestro objetivo es llegar a presentar el Mvett como Camino, Conocimiento y Gnosis, nos incumbe ampliar el campo del análisis. También pensar en el Mvett como un Beti (Fang, Tumu, Bulu) se revelará fundamental, insertándolo en el Ciclo migratorio de este último con las fases:

  •  Amata (Migración)
  •  Odjambogha (el Árbol o el obstáculo)
  •  El Coma de OYONO Ada Ngono o revelación del Mvett.

El próximo artículo sobre el Mvett abordará la Génesis según el Mvett o el Misterio de OYONO ADA NGONO. Esta presentación, para ser sucinto, minimizará los dos primeros puntos para enfocar mejor el último. La razón es que el Génesis según el Mvett sólo puede ser bien comprendido por lo que denominamos el «Misterio de Oyono Ada Ngono», personaje por el cual el Mvett fue revelado a los Fang, Ntumu y Beti, pueblos actualmente diseminados en África Central.

 [1] BIYOGO Grégoire, Encyclopédie Du Mvett, Paris, Ed Menaibuc, 2004, P. 124.

Fuente: https://www.logon.media/es