El ser humano es lo que piensa

El ser humano es lo que piensa

De todas las criaturas existentes, solo el ser humano está dotado de razón. Aún debe hacerse consciente de su presencia y de la unidad que existe entre la suya y la de los demás.

Texto: Blaise Bito, País: Gabón , Imagen: A.Bast

 

Los pensamientos están compuestos de átomos extremadamente sutiles.
Los pensamientos son cosas, criaturas, seres vivos; también son relámpagos de luz, impulsos luminosos de nuestro cerebro. Se reúnen según su naturaleza y así se vuelven cada vez más poderosos. Cuando decidimos no vivificar mentalmente esos seres-pensamientos en nuestro campo de manifestación, por consiguiente cuando permanecen estáticos, parecen formaciones nubosas que, al igual que las nubes en el aire, siguen un determinado movimiento.

Cuando la Lengua Sagrada despotrica contra el abuso de la santa función creadora, contempla el abuso del poder mental del hombre subordinado a una vida de codicia casi ilimitada, y sus consecuencias. Cuando abrimos nuestros ojos de carne, una vez restablecida la conexión espíritu/cuerpo físico, durante nuestro nacimiento, es como haber estado en una caverna, sombría, durante mucho tiempo de la que, súbitamente, salimos cegados por la luz del sol.

Durante los primeros años de nuestras vidas, aunque no tengamos ningún recuerdo de ellos, percibimos todo: el aura y sus celestes colores, sentimos a la vez la belleza del amor y la dictadura del miedo. En este momento somos absolutamente puros y estamos en conexión con lo que nos ha permitido satisfacer nuestra elección, la fuente divina de todas las fuentes, fuente de todo poder y de toda bondad.

Al crecer, nos volvemos tan densos como nuestra madre Tierra pudo serlo, por la responsabilidad de nuestra ignorancia y de nuestros miedos. Tengamos presente que todo lo que enviamos al universo nos vuelve. Con el tiempo, acabamos por olvidar quienes somos, de donde venimos y porque estamos presentes en la Tierra, aquí y ahora. Por ello, acabamos por identificarnos con el mundo de la forma, el mundo material (al que algunos llaman la tercera dimensión de la realidad, la de la densidad), es decir, nos identificamos con nuestro físico, con nuestros pensamientos, con nuestra mente, con nuestros miedos, con nuestra personalidad.
En definitiva, nos identificamos con un ser inferior, fuente de todos los miedos e ignorancias: el ego dominante que se nutre de nuestros miedos. Lo que tiene como efecto que solo nos deja vibrar en frecuencias muy bajas, muy densas. Al igual que el ego, el mental también tiene su razón de ser, razón por la cual el individuo inclinado a expresar el esplendor de su ser interior debería aprender, indudablemente, a domar su mente para convertirla en aliada del corazón, aliada de su consciencia. Pues la presencia interior jamás se expresa por el mental degenerado, sino a través del corazón puro y consagrado.

Alimentándonos conscientemente o no con vibraciones tan «bajas», nuestro cuerpo físico sufre estas débiles energías. Por tanto, nuestras emociones negativas no resueltas, acumuladas desde hace tantos años y tantas veces, terminan por «pudrirse» en nosotros. Lo que tiene como efecto, entre otras cosas, hacer que nuestro cuerpo físico enferme. Pues las energías no circulan como debieran.
Al dejar que la asociación ego/mente prevalezca sobre nuestras vidas, permitimos que el yo inferior o ser inferior dicte su ley sobre nuestra existencia. Más allá de nuestra propia persona, contribuimos a proyectar, en el vasto océano de la conciencia universal, la ignorancia y el miedo destructivo por la emisión de ondas energéticas negativas. No obstante, tenemos y somos un ser interior superior.
Debemos recordarlo, acordarse, sacarnos de lo que a menudo queremos llamar «el velo del olvido», tenemos que reconectarnos a esta fabulosa realidad que es nuestro ser interior o nuestra naturaleza divina, espiritual. ¡Restablezcamos de nuevo la conexión! Al venir a la Tierra, traemos con nosotros esta esencia, aquí, ahora, en nosotros. Tenemos una parte de esta fuente divina en nosotros que «es» lo que todos somos en realidad: la fuente en la carne que es consciencia infinita y eterna.
La educación nos ha hecho creer que estábamos separados. Desde el punto de vista del mundo de la forma, sólido, no espiritual. No es así. Todos estamos conectados entre sí. No existe ningún espacio vacío, como se nos hace creer o como nuestros ojos de carne nos lo hacen «ver» ilusoriamente. Entre tú mi hermana en La Reunión y tú mi hermano en La India, este espacio es, de hecho, un inmenso océano energético universal «invisible» llamado también campo etérico, por el que circulan libremente pensamientos, palabras, emociones, oraciones de todo tipo.

Esta fuente, que es la base de absolutamente todo en el multiverso, está presente en cada una de nuestras células subatómicas, a imagen de la célula original, como ocurre, por otra parte, en todas las células vivas. Está constituida por una fuerza todopoderosa llamada Amor incondicional, que nos confiere un poder ilimitado, que adquiere un aspecto luminoso, pero no cegador, sino todo lo contrario, más bien magnéticamente transparente y puro.

La fuente, la Rosa del corazón, que es lo que somos en realidad, nos permite utilizar y, por consiguiente, poseer todas las capacidades del Espíritu Universal inherentes a todo ser espiritual que vive la experiencia humana, tales como: manifestación, creación, ubicuidad, mediumnidad, telequinesia, proyección astral, curación, auto-curación, telepatía, etc. Estos son nuestros verdaderos poderes, esta es nuestra verdadera naturaleza, gracias a la fuente de todo y sólo gracias a ella. Somos canales que deben permitir que toda fuerza se exprese a través de nosotros. Siempre hemos estado y estaremos a su servicio. Con el fin de dejar que se exprese el ser interior, debemos alimentarle con esta fuerza todopoderosa que tácitamente hemos acordado llamar, en tanto que pensamiento colectivo: Amor incondicional.

Pero seamos cuidadosos, porque el amor no es una palabra, es una fuerza, una energía, la más poderosa que existe. Por otra parte, en contraposición, coexiste la energía más baja que existe y que abre la puerta a todos los males, esta energía: es el miedo.

El Amor, esta muy poderosa fuerza energética, es la base del universo, de todos los universos, de toda la creación. Aun cuando hubiéramos alterado su significado, tenemos que sentir esta fuerza en nuestras entrañas, porque sólo pide ser utilizada en abundancia. No estamos hechos, concebidos, para vivir en una realidad distinta a la del amor universal, fraterno e incondicional.

Este Amor incondicional se expresa a través de atributos, atributos energéticos de altas frecuencias tales como: el Perdón, la Compasión, la Paz, la Aceptación, el Dejar ir, la Tolerancia, la Escucha, el Compartir, la Humildad, la Mansedumbre, la Benevolencia, la Verdad, la Empatía, el Humor sutil, el Don, la Entrega de uno mismo, la Alegría, la Serenidad, la Fe, la Confianza en sí mismo, el Desapego, etc.
Utilizando sus atributos en nuestras vidas como soluciones a los problemas planteados, alimentamos nuestro ser interior que es la parte divina en cada uno de nosotros, permitiendo así que el divino creador se exprese a través de nosotros al servicio de los demás.

¿Qué sentimos cuando expresamos o recibimos alguna de sus energías en nosotros? ¡Sentimos vibraciones! ¡Vibramos! En sentido estricto, realmente vibramos. ¿Pues qué es una energía sino la emisión o la recepción de un impulso electromagnético que recibimos, emitimos e interpretamos (más o menos conscientemente)? Nuestra energía es electromagnética al igual que la de la Tierra (campo magnético terrestre) y toda la creación.

Cada ser humano emite y recibe, cada día, miles de impulsos eléctricos llamados vibraciones. Algunas de ellas son elevadas y rápidas, otras bajas y lentas. Las interpretamos de acuerdo a nuestra educación, nuestras creencias, nuestras diversas culturas, nuestro nivel de consciencia, o más bien nuestro nivel de conexión con nuestro ser interior.

Cuanto más recibimos y emitimos altas vibraciones, más se eleva nuestra tasa vibratoria personal, e inversamente. Como hemos dicho antes, en el plano de la conciencia espiritual somos uno. Así que cada individuo que aumenta su señal vibratoria, aumenta el nivel vibratorio de sus pensamientos, de sus palabras, de sus acciones, de sus emociones y también aumenta su campo de percepción y de acción. Eso es lo que llamamos ascensión.

Fuente: https://www.logon.media/es

El poder del dinero sobre el hombre

El poder del dinero sobre el hombre

En la economía contemporánea, el poder de las naciones está determinado por el dominio que tienen de sus monedas

Texto: Kotcho Jacob, País: Gabón, Imagen: Pixabay CCO

Todos los valores son cuantificados en términos monetarios y todas las guerras a través del mundo, sin excepciones, son suscitadas y mantenidas por la búsqueda del dinero y del poder que procura. Incluso el ser humano en las sociedades, está considerado como un factor económico, una fuente que representa un valor monetario que es función de su fuerza de producción, del costo de su formación, de su presupuesto familiar, de su capacidad bancaria, etc. En suma, la jerarquía de los valores en el mundo actual coloca al dinero en la cima de la pirámide.
Por otra parte, la voluntad de poder del ser humano, así como el deseo de dominación que lo caracteriza en su estado natural, encuentran en la posesión del dinero, un medio de afirmación seguro. No es raro encontrar en nuestros días, con la coyuntura económica y social difícil que caracteriza al mundo actual, personas de todas las edades que llaman a las puertas de los movimientos esotéricos con la ambición de encontrar en ellos, cualquiera que sea el precio a pagar, dinero o riquezas materiales. Las cuestiones que desearíamos abordar aquí son las siguientes: ¿Por qué el dinero tiene un poder tan grande sobre los seres humanos? ¿Es posible liberarse de la influencia del dinero y cómo?

¿Qué es el dinero y de dónde viene?

La palabra dinero viene del griego «argos» que significa “blanco”, brillante. «Argos» viene de una palabra sanscrita que significa inmaculado. Así pues, el dinero es originalmente el metal blanco, brillante, que se utiliza para fabricar monedas, vajillas, joyas, en resumen, objetos preciosos.

En nuestros días, la moneda reviste varias formas que van desde lo material a lo inmaterial. Las monedas son fabricadas con cobre y plata; mientras que los billetes de banco son hechos a base de papel de algodón o de lino y defoliados al mercurio. Con la desmaterialización unida a la era de Acuario, se asiste igualmente al desarrollo de valores transaccionales inmateriales a través del comercio y de los pagos electrónicos.

La relación del ser humano con el dinero

Algunas investigaciones ocultas indican que el dinero (la moneda) es el símbolo de la energía gastada en el trabajo; es sudor y sangre transformados en materia. Gracias al símbolo del dinero que han erigido en dios todopoderoso en el mundo, los financieros se han apoderado de la humanidad. Ellos desvían la energía vital y se la apropian por el mecanismo económico y  la estafa bancaria. Cabe temer que el dinero solo sea una invención que permite desposeer al ser humano de sus energías vampirizándole.

Los seres humanos piensan a menudo: «si poseo dinero, puedo adquirir todo y encontrar la felicidad». Sobre esta base, toda la atención y la actividad humana diaria se centran en la búsqueda del dinero. Ahora bien, la realidad empírica de la existencia muestra que la posesión del dinero y todas las posibilidades de adquisición materiales que le están unidas, no llegan a procurar la «felicidad», en el sentido noble del término, al ser humano, ni siquiera satisfacer su deseo de posesión. Por el contrario, cuanto más se posee, más se quiere y, además, la posesión de dinero despierta y desarrolla en el ser humano el orgullo y el deseo de dominación.

Numerosos relatos en los escritos sagrados, como la Biblia, hacen referencia al poder dominante del dinero sobre el ser humano. La traición de Judas, tal como se relata en los evangelios, es suficientemente ilustrativa. En este relato, el poder del dinero sobre el ser humano es asimilado a la penetración de Satán en él (Lucas 22: 1-6).

Análisis materialista y oculto del poder del dinero sobre el ser humano

En el plano material, al principio, el ser humano busca la felicidad. Y es la manipulación de esta esperanza de satisfacer sus necesidades fisiológicas de subsistencia (comer y beber, etc.), de seguridad (alojarse, curarse), y sus necesidades psíquicas (deseo de aceptación social, deseo de reconocimiento y deseo de autorrealización) gracias al dinero lo que ha permitido a las sirenas de la sociedad de consumo instalar al hombre en la dependencia y la ilusión de que el dinero le dará esa felicidad.

En el plano oculto, se debe considerar que los minerales de los que está repleta la Tierra, son la materialización de las corrientes de fuerzas o energías que provienen de otros planetas. La plata es la cristalización de las fuerzas lunares, el cobre de las energías venusianas y el mercurio (todavía llamado por los alquimistas la plata líquida) es la materialización de las fuerzas mercuriales.

Asimismo, por la manipulación negativa de las energías de los planetas y sus influencias sobre los habitantes de la Tierra, los eones de los mundos invisibles se sirven de la plata para desviar a los seres humanos de su misión primera. Esto pasa por la relación que existe entre los materiales con los que se hace el dinero, las partes del cuerpo influidas por estos materiales y los planetas que los gobiernan. Los antiguos griegos, los egipcios, los hindúes y los chinos saben que existen centros del cuerpo, por donde penetran las energías siderales. Se trata de las siete glándulas endocrinas, cada una de las cuales están gobernadas por un planeta: la pineal (Neptuno), la hipófisis (Urano), la tiroides (Mercurio), el timo (Venus), el hígado (Sol) y las dos suprarrenales (Júpiter). Las fuerzas liberadas por estos planetas tienen por misión ayudar a los seres humanos a realizar el camino espiritual de restablecimiento de la unión original con el mundo del Espíritu. Pero ellas pueden ser mal utilizadas y, en este caso, ellas desvían al ser humano de ese camino.
Consideremos, por ejemplo, el cobre y el mercurio que son la cristalización de las fuerzas que emanan de los planetas Venus y Mercurio y que gobiernan respectivamente el timo y la tiroides. Se sabe que el mal uso de los poderes de Venus se expresa en sensualidad, libertinaje, vulgaridad, pereza, sentimentalidad, vanidad e inconstancia. Lo mismo sucede con el mal uso de los poderes de Mercurio, que se expresan principalmente en suficiencia, engaño, pereza, despreocupación, falta de principios, maledicencia, impiedad, deshonestidad, amor al juego, indecisión y nerviosismo. La concentración casi permanente de la atención de los seres humanos en la búsqueda del dinero, abre las glándulas endocrinas a todas las influencias negativas, y les mantiene en el sufrimiento, la ignorancia y la maldad.

Liberarse del poder del dinero

Sin embargo, es conveniente hacer justicia al dinero reconociendo que es simplemente un instrumento de transacción, medida y reserva. Riqueza material y espiritual no son incompatibles, pero es la actitud mental y psicológica del hombre frente al dinero lo que le confiere a éste la fuerza y el poder que posee.
Ser consciente de la fuerza del dinero y preguntarse cómo escapar a su influencia, constituye el primer paso si se quiere conservar el dinero en su estatus de útil y no de amo. No obstante, se necesita algo más que su voluntad personal para salir de ello, lo que se realiza gracias a la intervención de una fuerza particular que dice: «Sin mí, nada podéis». Restableciendo la unión que había perdido con esta fuerza original, el ser humano puede adquirir el conocimiento verdadero que podrá franquear definitivamente las trabas financieras.

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UNAS PALABRAS SOBRE LO QUE ESTAMOS VIVIENDO

Carta abierta a todos los Interesados en La Rosacruz Áura.

Por tercera vez en este siglo 21 la humanidad ha sido confrontada con una crisis sin precedentes. La primera en 2001 con el atentado de las Torres Gemelas. La segunda en 2009 con el desplome de la Banca mundial. La tercer en 2020 con el Coronavirus.
Seguridad, economía y salud han sido sucesivamente sacudidos con violencia.
Son tres actos de una ópera, cuya música de fondo tiene como estribillo el masivo deterioro del medioambiente y todas las formas de vida.
Tras el shock inicial generado por las 2 anteriores crisis, la humanidad regresó tranquilamente a sus rutinas, a su voracidad consumista y a su afán por la diversión constante. Sólo una parte relativamente pequeña de la humanidad experimentó un salto cualitativo en su toma de consciencia de la precaria realidad en la que la humanidad desenvuelve su existencia. Y esa parte de la humanidad no ha cesado de hacerse preguntas sobre el sentido de la vida. Y esa parte de la humanidad ha proyectado su inquietud en el éter del mundo, subrayando la necesidad de colocar el sentido espiritual de la existencia por encima de la seguridad y la economía. Es justamente esa parte la que ha impedido lo que hubiese sido lo más normal que ocurriera, y de hecho está ocurriendo en algunos países gobernados por dirigentes con una orientación materialista extrema: dejar que el virus haga su trabajo tranquilamente sin que la maquinaria productiva y las finanzas se vean afectadas, y que tras la epidemia la humanidad se haya desembarazado de lo que -para ese tipo de personas- de un peso no productivo muy costoso para las arcas del estado: los ancianos, enfermos y discapacitados.
Esa parte de la humanidad más despierta y con valores éticos muy asentados, así como con una aspiración a elevados valores espirituales, es sin duda el origen de una presión psicológica sobre los dirigentes mundiales para que sacrifiquen la economía con tal de salvar a los débiles, ancianos y desfavorecidos.
La cuestión que está en el aire es, por tanto: ¿qué ocurrirá después de esta pandemia?
¿Volverá de nuevo la lucha encarnizada de las diferentes tendencias políticas, obsesionadas por sus propios intereses y privilegios, en vez de afrontar el reto inaplazable de introducir una nueva forma de vida que no sólo sea sostenible y respetuosa con el medio ambiente, sino que conduzca con mucha energía a que la naturaleza recupere rápidamente su equilibrio?
Para la Rosacruz y para todos aquellos que se han unido a ella, estas crisis tienen además un vector más. Hay una perspectiva que, sin menospreciar ni debilitar todo lo dicho anteriormente, le dan un carácter muy especial.
¿De qué estamos hablando?
Queremos decir que la crisis medioambiental, social, económica y de salud pública que estamos afrontando sucesivamente desde hace 20 años, y cuyos orígenes se encuentran evidentemente en la revolución industrial, no es simplemente el resultado de la acción desconsidera de la humanidad, no es el efecto químico y biológico de la insensatez en la conducta medioambiental de la humanidad.
Desde hace un siglo la Rosacruz viene anunciando que en el siglo 21 la humanidad va a entrar -y ya ha entrado- en una fase de cambio estructural en su atmósfera espiritual. Y ese cambio estructural tiene que ver con el hecho de que el quinto éter, el éter eléctrico o éter de fuego, está siendo atraído a la biosfera en la que también se desenvuelve la vida de nuestra humanidad.
En el recorrido séptuple del desarrollo humano, el aflujo de éteres ha marcado cada etapa. Y así como, por ejemplo, el período que va desde el siglo 6 antes de Cristo hasta el siglo 20 ha estado marcado por el aflujo masivo del 4º éter, el éter del pensamiento o éter reflector, lo que ha conllevado el extraordinario desarrollo de las facultades mentales e intelectuales de la humanidad en su conjunto, el período que ha comenzado a mediados del siglo 20 y se va a proseguir con una fuerza muy intensa en el siglo 21, está caracterizado como decíamos por el aflujo del 5º éter. Ese quinto éter tiene por objetivo el desarrollo de las facultades de pensamiento superiores del ser humano, es decir: el desarrollo de su inteligencia espiritual y la plasmación en formas concretas de conducta de una ética superior basada en valores transcendentes respecto a la vida material.
La vida mental tanto la corriente como la superior tienen directamente que ver con la atmósfera que respiramos. El aire es el fluido por el que circulan las ideas y las corrientes de pensamiento. Y por tanto es también el vehículo de los éteres superiores. Y este cambio atmosférico genera como no puede ser de otro modo dificultades respiratorias crecientes. A no ser que, por nuestra vida interior y el desarrollo de un estado de alma superior, basado en las leyes del Espíritu, nos abramos al aflujo de la nueva ideación que quiere tomar cuerpo en nuestra humanidad procedente del corazón espiritual del sistema solar.
Las implicaciones que ese estado de alma superior conlleva son:
– un desprendimiento interior de los valores materialistas,
– una relación humana basada en el amor al prójimo y la cooperación altruista,
– un permanente esfuerzo por distinguir aquello que tiene un valor transitorio, perecedero y por ello mismo no esencial, de lo verdaderamente duradero, espiritual y verdaderamente divino en el ser humano, y la correspondiente inteligencia de establecer en ello una clara línea de prioridades.
Ese estado de superación del egoísmo y egocentrismo, para elevar la consciencia en una percepción heliocéntrica, cuyo centro es el núcleo espiritual en cada ser humano, es el fundamento del trabajo de la Rosacruz, y este esfuerzo adquirirá una importancia creciente en los tiempos que se avecinan.
La pandemia pasará dentro de unas semanas o meses, y luego vendrá la evaluación de los daños y consecuencias. Y poco a poco se irán mitigando las expresiones de fraternidad y solidaridad que han caracterizado estas semanas de confinamiento y crisis aguda. Lo más probable es que en el mundo aumente el porcentaje de almas que hayan despertado a una comprensión superior, como ya ocurrió en las dos crisis precedentes, que se unan en los planos sutiles a quienes ya, por cientos de miles, han ido despertando a esa creciente comprensión interior y la consiguiente necesidad de un verdadero cambio en la propia vida y a continuación en la de la sociedad.
El resto de la humanidad, la mayor parte, regresará a su rutina anterior como pueda.
Cada crisis es una contracción de parto de una nueva humanidad. Una nueva humanidad que se está gestando silenciosamente, en el secreto del corazón del Alma del Mundo.
Preceder a la humanidad en ese proceso de renacimiento es la misión que ha asumido la Rosacruz Áurea.
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27 de Marzo de 2020

Ciencia y Religión: ¿Enemigos o Aliados?

Ciencia y Religión: ¿Enemigos o Aliados?

Quien quiera comprender esta pregunta necesita reconciliar ciencia y religión para no aferrarse a dogmas, tener autonomía interna y utilizar la comprensión racional para la búsqueda de algún tipo de discernimiento en el campo religioso.

Texto: Colaboradores Logon, País: Brasil, Imagen: Pixabay CCO

La relación entre ciencia y religión ya no es amistosa. En la Edad Media, el dominio de la religión sobre la ciencia trajo oscurantismo y regresión. Sin embargo, el florecimiento científico ha sacudido los cimientos de las religiones, derribando creencias y dogmas.

La ciencia ha destruido, poco a poco, figuras y dioses mitológicos, a menudo creados con el propósito de llenar los vacíos dejados por la ignorancia humana ante los fenómenos de la naturaleza.

Nuestras facultades mentales se han desarrollado sustancialmente desde el tiempo de nuestros antepasados primitivos. Mientras que, en el pasado, los cambios climáticos eran explicados de manera razonable a través de los mitos, hoy en día están ubicados en los conceptos de conocimiento general, como átomos y campos de vibración. Este desarrollo del estado mental del hombre ya no puede aceptar dogmas e imposiciones religiosos, y rechaza muchas veces de antemano cualquier conocimiento religioso, desarrollando una tendencia al escepticismo.

Sin embargo, aunque observamos un conflicto entre el pensamiento científico y el religioso, podemos ver que ambos tienen motivaciones similares. La ciencia busca desvelar el papel del ser humano en el universo, mientras que la religión busca respuestas que contemplen el sentido de la existencia humana. Por un lado, la religión anhela la trascendencia, pero está arraigada en dogmas que limitan al ser humano en su comprensión del mundo. Por otro lado, la ciencia emplea el pensamiento racional sin dogmas, pero tiende al escepticismo y en nuestro tiempo ha desarrollado una corriente dominante que elimina los enfoques alternativos.

Hablando de religión

Cuando hablamos de religión podemos investigar inicialmente su etimología. Uno de los significados de la palabra religión proviene del latín, religio, como un conjunto de creencias en algo superior, o adoración y reverencia por lo sagrado. Este significado contempla su carácter dogmático.

Sin embargo, hay un significado más profundo de la palabra religión, que también se origina en latín, religare, cuya traducción más cercana sería la reconexión, unir firmemente, unir al ser humano con su esencia más profunda, con lo divino.

En este sentido, la idea de reconexión supone que el hombre está separado de algo y que existe la posibilidad de reunificación. Podemos decir que las religiones e incluso muchos movimientos filosóficos incitan al ser humano a realizar esta reconexión con lo divino. Esta búsqueda de lo divino generó una sabiduría universal que pretendía responder las preguntas más profundas sobre nuestro origen humano, generando reflexiones sobre los conflictos existenciales y especialmente sobre el propósito de la vida.

En esta búsqueda de lo esencial, de lo divino, de la trascendencia, podemos concluir que muchas religiones, en esencia, han traído a la humanidad el mismo mensaje. Cada religión se expresa de una manera particular, de acuerdo con el lenguaje propio de su tiempo, con el estado de consciencia de la humanidad y con el entorno histórico y geográfico, como un cristal que difunde diferentes facetas de una sola esencia.

Sucede que, después alcanzar la cumbre, muchos de estos movimientos religiosos perdieron su carácter original, a veces por la lucha por el poder, el desacuerdo de las interpretaciones o la desviación de su auténtico objetivo. Persiste una producción cultural e intelectual perpetuada a través de doctrinas que ya no tienen la fuerza de su esencia. Como vasos sin contenido, todo lo que queda son dogmas y fe ciega.

Hablando de ciencia

La ciencia, por otro lado, rompe todos estos dogmas al colocar al hombre ante los hechos empíricos que la comprensión humana puede entender y analizar. De esta manera, la ciencia representa la libertad de un ser humano al no tener que creer en lo que no ha sido comprobado, ni tener que someterse a una autoridad externa, ya sea un maestro, un sacerdote o una institución.Sin embargo, en el curso de su desarrollo la ciencia también ha adquirido características dogmáticas. La comunidad científica ha creado una estructura de poder que tiende a mantener sus paradigmas y, especialmente, reclama el derecho exclusivo de explicar la naturaleza de la realidad. Nos llevan a creer que solo existen aquellas cosas que pueden ser experimentadas por nuestros cinco sentidos (extendidos por la tecnología). Este tipo de escepticismo cierra los ojos al hecho de que en el pasado y en presente existen numerosos testimonios confiables de la existencia de capas más sutiles de la realidad.En nuestro tiempo, las personas tienden a creer lo que dicen los científicos, ya que casi nadie tiene la posibilidad de verificar sus resultados. Sin embargo, al mismo tiempo, podemos observar la rapidez con la que están cambiando las teorías y paradigmas de la ciencia. El filósofo Karl Popper señala que las teorías de la ciencia nunca se prueban, pero pueden ser adulteradas por nuevos experimentos.La ciencia no abarca el conocimiento de la vida práctica e interior de un ser humano, que siempre ha sido el dominio de la filosofía y la religión. Por lo tanto, el pensamiento científico por sí solo es incompleto, no se presta a responder las preguntas existenciales del hombre.

Ambas formas de examinar son necesarias

Por lo tanto, cualquier persona que quiera comprender tales preguntas necesita reconciliar la ciencia y la religión para no aferrarse a los dogmas, tener autonomía interna y utilizar la comprensión racional para buscar algún tipo de realización en el ámbito religioso.Incluso podríamos decir que la ciencia es un aliado de la religión, en la medida en la que indica la existencia de una inteligencia superior como una gran fuerza que diseña el Todo, mostrando la grandeza, la perfección y la organización del cosmos y de la naturaleza. Einstein dijo que “sin Dios, el universo no es explicable satisfactoriamente” y también “la religión del futuro será cósmica y trascenderá a un Dios personal, evitando dogmas y teología”.Dicho esto, podemos ver que es posible reconciliar el pensamiento religioso y científico en la búsqueda de la verdad. Hay una frase muy conocida atribuida a Helena Blavatsky, y más tarde unida al lema de la Teosofía, que exclama: “No hay religión superior a la verdad”. El filósofo ruso Nikolai Berdiaiev también hizo la misma declaración, diciendo: “No hay nada superior a la búsqueda de la verdad y al amor por ella. La única verdad que abarca todo es Dios, y el conocimiento de la verdad es una penetración en la vida divina”.

La búsqueda de la verdad parece estar arraigada en el hombre. Probablemente todas las culturas han asumido que hay un “elemento de verdad” oculto dentro del ser humano. Fue llamado “semilla de mostaza” por los cristianos originales, “flor de loto” por los budistas, Tao por los taoístas o Atman por los hindúes. A la consciencia del hombre racional de hoy, la Escuela Espiritual de la Rosacruz habla del “átomo-chispa del espíritu”.

Debido a su origen divino, este átomo es la verdad en sí misma. Es lo absoluto, lo inmutable y la realidad verdadera. Al reconectarnos con este principio divino que yace en nuestro corazón, podemos encontrar una verdad absoluta e imperecedera dentro de nosotros mismos, como una posesión viva y no como una competencia intelectual. Y al beber de esta sabiduría, el hombre puede realizar una transformación interior, la verdadera religión interior. Esta reconexión permite que el hombre, en autonomía y liberado de las imposiciones externas, sea testigo de la conexión directa y de primera mano con la consciencia divina.Para vivir plenamente en esta nueva realidad, el hombre se convierte en un buscador de la verdad y asume la gran tarea de transformar su consciencia biológica egocéntrica en una nueva consciencia que proviene de la sabiduría divina. Para esto, debe abandonar su imperfección y separación en auto-rendición a la verdad en sí mismo. Este proceso puede ser muy doloroso ya que el apego y el instinto de auto-conservación son las características estructurales del hombre natural.El buscador de la verdad debe someter el pensamiento científico a su intuición interior proveniente de su nueva consciencia, y al mismo tiempo cuestionar todo pensamiento religioso para determinar si proviene de la verdad divina y verificar si está en conformidad con la ciencia divina de todas las cosas.

Fuente: https://www.logon.media/es

Herencia, transmisión, vida

Herencia, transmisión, vida

A la vez, somos espiritualmente herederos y donantes. Esto nos coloca en el corazón de la vida impersonal y fraternal.

Texto: Louis MERLET, País: Francia, Imagen: Pixabay CC0

Los elevados valores que inspiran nuestro trabajo interior en el camino son mucho más que ideas filosóficas o esotéricas. Son concretas y transmisibles, porque emanan de corazones y cabezas que han actuado en el curso de los tiempos. Podemos estar agradecidos a todas las almas inspiradas que han trabajado incansablemente para conducir a la consciencia humana a despertarse. Generaciones de pioneros espirituales han trazado generosamente los caminos que emprendemos hoy. Ellos han abierto los corazones y los espíritus a la universalidad de la Gnosis. ¿Cómo asumir ese tesoro, esa herencia magnífica?

No tenemos ningún criterio, y mucho menos, para medir nuestra propia influencia en este mundo.

Pero podemos ser conscientes de lo que hemos recibido; y ser capaces de transmitir, a nuestra vez, este tesoro inmaterial.

Cuando algún autor abandona su envoltura terrestre, nos deja como herencia una parte de sus cualidades, de su ideal o la esencia de su unión con el Espíritu, al nivel al que ha llegado. Sí, el alma-sangre que se libera se transmite exactamente como una herencia, alrededor de la persona desaparecida, para beneficio de quienes viven todavía en la materia y que tienen necesidad de ello.

Esto toma la forma de una afluencia de fuerza o de palabras de verdad. Todavía no somos conscientes de ello, y tardamos en apropiarnos esta materia sutil o en hacerla fructificar. Es, sin embargo, nuestro patrimonio espiritual. ¡Y si ello es una realidad a escala individual, imaginemos como debe serlo a escala colectiva!

¿O cuál es el lugar de tal transmisión?

Por tanto, ¿dónde se celebra la ceremonia secreta en la que somos ennoblecidos con los más altos valores que la fraternidad de la luz ha cosechado y guardado celosamente para nosotros? ¿Dónde pues, si no es en el corazón del templo? ¿Dónde pues, si no es en el silencio de las almas reunidas?

Pues esta fuerza es para TODOS y no está reservado para algunos.

Por consiguiente, nosotros debemos a nuestra vez transmitirla y ofrecerla a todos. Es una vocación que no nos pertenece aceptar o rechazar. Es nuestro tributo por el que hemos recibido un tesoro de luz. Vivir en espíritu, es aceptar que tenemos como tarea, y como responsabilidad, transmitirlo a nuestra vez.

Pensemos en las sociedades tradicionales en las que el anciano (a veces, el círculo de los ancianos), detenta el saber y la magia. Él es el guardián, hasta el momento en el que un ser de una nueva generación es capaz de asumir la herencia y transmitirla con inteligencia. En África, se dice que un anciano que muere es una biblioteca que desaparece. Pero nosotros somos los transmisores de las fuerzas puras que envía la Fraternidad sobre el mundo, para las almas que nos han confiado. Nosotros debemos conducirlas hasta la evidencia de la transmutación para que así nada desaparezca.

Por la consciencia de la herencia recibida, gracias a la fuerza transmitida por la Fraternidad en todos los tiempos y en todos los lugares, cumplimos nuestra tarea con nuestros hermanos en espíritu. Y también es la joya que recibimos a cambio. Pues «Dad y os será dado…» es una ley indiscutible, pero también la expresión de un ciclo: un don engendra otro, en una espiral nutricia de alegría. A la vez, somos espiritualmente herederos y donantes. Esto nos coloca en el corazón de la vida impersonal y fraternal.

 Fuente: https://www.logon.media/es

La Isla de Pascua, centro de misterios del Pacífico Sur

La Isla de Pascua, centro de misterios del Pacífico Sur

El Canto de Waitaha

Text: Peter Huijs, País: Australia, Image: Pixabay CC0

La sabiduría de Waitaha

No hay isla en el mundo más solitaria que la Isla de Pascua. Aparte de una isla deshabitada a unos 400 kilómetros de distancia, la isla más cercana está a 2.000 kilómetros más al oeste; América del Sur, el continente más cercano, está a 3.700 kilómetros. La mayoría de las islas del gran archipiélago al que pertenece la Isla de Pascua, la Polinesia, situado entre Australia y el continente sudamericano, se encuentra a 4000 kilómetros. En 7.000 kilómetros de Nueva Zelanda, sólo hay océano. Las dimensiones de la Isla de Pascua son de unos 24 kilómetros de largo por una anchura máxima de 10 kilómetros. Se puede hablar con razón de una mota de polvo triangular en medio del océano. Su descubrimiento, en 1722, por el navegante holandés Jacob Roggeveen, permitió darla conocer a Europa. La ocupación de un lugar tan perdido, lejos de todo, no se debió al azar, sino que, por el contrario, fue deseada y guiada por una intención superior y esto se nos cuenta en el Canto de Waitaha. Las tradiciones de los habitantes originales de Nueva Zelanda se mantuvieron en secreto durante siglos, pero hace algunos años se hicieron públicas.

Según estas tradiciones, diversos pueblos, o más bien diversas razas, han sido conducidos a este lugar de la Tierra de manera coordinada por un poder superior. La isla se convirtió en un centro –un foco de misterios, se precisa– para todos los territorios del océano Pacífico. Se dice que Hotu Matua, la heroína maorí de la Polinesia, y Kiwa, el navegante del Uru Kehu venido del Este –así pues, de Sudamérica– recorrieron los 8.000 kilómetros que les separaban para encontrarse en este lugar solitario. En esto hay que ver mucho más que el destino de dos personas, al igual que, más tarde, en la acción de  su nieto Maui que, empujado no por la sed de descubrimientos sino por una misión interior, partió en busca de Nueva Zelanda. Y luego hubo un tercer pueblo que llegó a la Isla de Pascua: los «hombres de la piedra», descritos como pertenecientes a otra raza, la tercera. Parecería, pues, que algunos hombres, en sus grandes peregrinaciones mucho más allá de los límites de las regiones habitadas, fueron llevados intencionalmente a la Isla de Pascua. Durante más de mil años, esta isla muy espiritualmente «cargada», situada en pleno océano Pacífico, sirvió de punto de partida y de centro de los misterios. 

Reconstituir la cronología

La historia de más de setenta generaciones narrada en el Canto de Waitaha, así como la mención de una enorme erupción volcánica que tuvo lugar en Tamatea, la Isla del Norte de Nueva Zelanda, hace 1700 años, nos permite establecer una nueva cronología. Viniendo de la Isla de Pascua, hacia el comienzo de nuestra era cristiana, Maui, el nieto de Matua y Kiwa, desembarcó en Nueva Zelanda. Durante los siglos III y IV, Nueva Zelanda se abrió hacia el exterior exportando, entre otras cosas, patatas y el punamu, una piedra verde considerada sagrada, una especie de jade. Estas piedras verdes, recogidas por su poder curativo, fueron esparcidas por todo el archipiélago polinesio durante 37 generaciones, es decir, hasta los siglos XII o XIII de nuestra era.

Las invasiones belicosas de los maoríes polinesios en la Isla de Pascua y en Nueva Zelanda mataron a los «pueblos antiguos»; lo hicieron sin haber tenido la oportunidad de «dar un rodeo», es decir, sin haber podido asimilar los conocimientos propios de los indígenas de la isla. La historia de la Isla de Pascua también podría reconstruirse según las concepciones que de ella dan las tradiciones ancestrales. El Canto de Waitaha nos dice que las primeras colonizaciones de la isla tuvieron lugar simultáneamente. Hotu Maua y su pueblo venían de Polinesia; Kiwa llegó aproximadamente al comienzo de nuestra era; poco después llegó el tercer pueblo, probablemente de Asia.
En el siglo XIV, los polinesios llevaron la brutalidad, las luchas y los conflictos a Nueva Zelanda y a la isla. No tuvieron consideración alguna con la cultura indígena. Finalmente, en el siglo XVII, la antigua cultura de la Isla de Pascua cayó. Las piezas encontradas en la Isla de Pascua testimonian que no fue simplemente una tribu local que desarrolló una cultura, sino que hubo una civilización altamente desarrollada. Las gigantescas estatuas erectas no se encuentran en ningún otro lugar. Es difícil concebir cómo hombres sin herramientas de hierro lograron tallar, transportar y erigir esas estatuas de hasta 12 metros de altura y un peso de hasta 90 toneladas. ¡En una cantera yace un monumento incompleto de veintiún metros!

También se ha descubierto un sistema de signos propio de esta cultura y que forma parte de las pocas escrituras que aún no se han podido descifrar, al igual que la de Mohenjo-Daro, la civilización del valle del Indo con la que tiene similitudes. 

El esplendor del arco iris

Estas estatuas de piedra tienen un parecido sorprendente con las que se encuentran en Mongolia, también construidas de forma aislada en el paisaje y desprovistas de piernas. En el Canto de Waitaha hay algunas vagas indicaciones del origen asiático de los «hombres de la piedra» (Lu Takapo) que, bajo la dirección de Rongueroa, llegaron a la Isla de Pascua y son probablemente los creadores de las estatuas de piedra de la Isla. Ellos venían de las «montañas más altas, el techo del mundo». Estas «altas montañas» nos remiten a los Andes, ya que Kiwa era originaria de ellos. Por otra parte, el canto insiste, en repetidas ocasiones, en que la procedencia de los tres pueblos correspondía a tres orígenes y corrientes totalmente diferentes.

En la memoria colectiva de la civilización de la Isla de Pascua se habla de múltiples catástrofes en las que el fuego desempeñó un papel. Éstas pudieron ser causadas por erupciones volcánicas o porque el fuego «llovía del cielo». También se menciona una gran inundación, una ola enorme venida del mar. En efecto, los arqueólogos han encontrado huellas de ello. Sin embargo, la narración dice: «El esplendor del arco iris encierra la certeza de que la gran inundación no volverá jamás y que la tierra no será sumergida por las grandes aguas. Los colores de todos los pueblos de todos los países se ven en el arco iris; el sueño se cumple: la promesa de la paz; y como el fuego todavía tiene que venir para purificar y curar, no se dice nada sobre el gran fuego».

Este pasaje del texto da testimonio del recuerdo de grandes inmersiones y calamidades que dieron lugar a la caída de civilizaciones todavía desconocidas, mucho antes de estas narraciones de los ancianos y de sus propios antepasados. ¿Acaso el «centro de los misterios» de la Isla de Pascua se remonta a los tiempos más remotos? ¿A los tiempos de los orígenes? ¿Se habrían fijado en este lugar los conocimientos originarios del género humano, quizás pasando por el «centro de los misterios» del desierto del Gobi en Mongolia interior? ¿La información sobre las grandes inundaciones y la aparición del arco iris también procedería de ellas? 

La mandíbula inferior y superior

Las tradiciones del Waitaha y de otros pueblos antiguos no mencionan nada concreto sobre las enseñanzas de los misterios, las iniciaciones o los cultos. Sin embargo, podemos discernir claramente dos niveles de conocimiento y sabiduría: las historias sagradas de la «mandíbula superior» y la voz de la «mandíbula inferior».
Lo que compete a la superior es estrictamente secreto, y sólo tiene conocimiento de ello un pequeño número de elegidos reconocidos como «humildes», personas formadas desde su nacimiento. «La fuerza de la mandíbula superior» nunca se confía a quien vive sólo para sí, sin pensar en los demás; nunca llega a las personas «poseídas por la ira y causantes de sufrimiento». Sólo tienen acceso a estos dominios de conocimiento las personas que tienen una conciencia fuera de lo ordinario y han sido formadas durante mucho tiempo, provistas de grandes dones espirituales. Se acercan a los «antepasados de los mundos» y participan en algo como un saber original, cuya autenticidad resuena en la tradición verbal fielmente transmitida sin interrupción.

Por el contrario, la voz de la «mandíbula inferior» no está ligada a una ley del silencio. Sus historias «llaman tanto a jóvenes como ancianos a los fuegos donde experimentan mundos más reales de lo que tocamos, más perceptibles de lo que podemos ver con los ojos, más hermosos de lo que conservaríamos por mucho tiempo». Cada una de estas historias es como una semilla que, aunque no pueda germinar en cualquier lugar, se hará reconocer siempre por algunos oyentes que descubrirán su profundo significado. La paz mutua, la armonía con la naturaleza, un gran conocimiento de los procesos vitales y de las energías de los campos etéricos caracterizan esta antigua cultura del Océano Pacífico.
De manera general, se puede decir que su ambiente era «puro», las energías espirituales y sutiles apenas encontraban obstáculos. Lo mismo se aplica a Nueva Zelanda. Esto se observa en las plantas y las flores en particular, que tienen casi todas unos colores extraordinariamente vivos. No había mamíferos superiores y la presencia humana fue mucho más tardía que en otros lugares. 

Cualidades notables

Los habitantes originales, que nos dan a conocer el Canto de Waitaha, estaban en armonía con este medio. Eran suaves, propensos a la armonía y evitaban, en la medida de lo posible, el conflicto, el exabrupto y la irritabilidad que, por otra parte, eran castigados. Eran muy tolerantes, pero expulsaban a los violentos de su comunidad. Una vez que las amenazas y los conflictos fueron introducidos en su país por conquistadores extranjeros como los maoríes, llegó la hora del declive de la cultura pacífica. Ésta no pudo coexistir con la presencia de invasores de mentalidad brutal y sin ningún tipo de moderación.

Además de las cualidades mencionadas, los habitantes originales de las islas del Pacífico debían haber desarrollado una valentía y una perseverancia formidables. Para los viajes marítimos se seleccionaba a jóvenes de ambos sexos con esas cualidades. Realizaban viajes de ida y vuelta por las inmensidades del océano, desde la Isla de Pascua a Nueva Zelanda y a Sudamérica, en botes hechos con árboles unidos, sin más auxiliares que el firmamento.

¿Pacífico regreso de una cultura pascual?

En las últimas décadas, muchas almas de la generación más joven, principalmente de América, han introducido en Europa y en otras partes del mundo un sorprendente movimiento nuevo. Estas almas, portadoras de valores como la paz, el amor y una nueva relación con la naturaleza, pueden llevarnos a una nueva conciencia de nuestro medio ambiente. ¿Es posible que los antiguos impulsos de la civilización de la Isla de Pascua hayan vuelto a la vida en una forma adaptada a nuestros tiempos? ¿Sería posible que se estuviera asistiendo a la eclosión de una nueva civilización en la que los valores de la paz y los conocimientos sobre las fuerzas vitales se enseñaran una vez más y se practicaran intensamente durante un milenio?

 

Fuentes

Artículo traducido, condensado y trabajado a partir de tres artículos de Winfried Altmann, aparecidos en Das Goetheanum, 1997-1998. En esta serie de artículos el autor resume la obra Song of Waitaha -The Histories of a Nation: Being the Teachings of Iharaira Te Meihana, c.s. B. Brailsford ed. Ngatapuwae Trust, Christchurch, 1994.

http://www.songofwaitaha.co.nz/

Sencillez

Sencillez

Una idea sencilla

Texto: Ventsislav Vasilev Imagen: Alfred Bast

No te atormentes con preguntas

como por qué, cuándo y dónde…

Y la respuesta –suavemente endulzada–

vendrá como del aire.

 

Cualquier resultado de tus esfuerzos

se desvanecerá, como un espíritu.

Tú sabes quiénes son los sabios:

aquellos que en paz habitan.

 

Y esta sencilla idea

es una llamada, un plan olvidado:

Eres hombre para vivir,

y estás vivo para ser hombre.

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Percepción – lo que ven nuestros ojos

Percepción – lo que ven nuestros ojos

¿Quién mira la fotografía, tú o el fotógrafo?

Text: Joehl  Imagen: ph

Cualquiera que mire una fotografía, la ve, por así decirlo, a través de cuatro ojos: los suyos y los del fotógrafo. El fotógrafo deja que otros vean lo que él ha visto.

Así, hasta cierto punto, él dirige nuestro ojo. Sin embargo, el desafío para el fotógrafo va más allá, como lo demuestra el trabajo de Hiroshi Sugimoto.

Nuestro ojo filtra muchos de los detalles, mientras que la cámara, el quinto ojo, registra todo correctamente, incluso los detalles que el fotógrafo no ha visto. Por lo tanto, no es tan extraño que para el fotógrafo Hiroshi Sugimoto, aunque elija temas como paisajes marinos, cines, estatuas de cera, dioramas y descargas eléctricas, su verdadero campo de investigación sea la percepción.

¿Qué hace realmente la mirada? ¿Y qué está viendo? En la mayoría de sus paisajes marinos solo vemos agua y cielo. El ojo debe buscar rápidamente los detalles, algo sobre lo que se pueda montarse una historia o darle un significado. El horizonte solo ofrece a los ojos inquietos un enfoque provisional, ya que es propio de la naturaleza de un horizonte permanecer inalcanzable.

Solo existe la plenitud del vacío, no hay barca, ni gaviota, ni litoral llamativo, ni nubes ni olas. En algunas imágenes, la imagen está desenfocada conscientemente.

Solo hay lo que es. El ojo busca y al hacerlo hace que no veamos lo que es.

Una película completa en una sola foto.

Influido por el budismo Zen, Sugimoto reflexionó: ¿Qué pasaría si pudiera capturar una película completa en una sola foto?

En sus fotos en salas de cine, vemos la pantalla de proyección rodeada por la sala. Debido a que para obtener una única foto tiene que mantener el obturador de la cámara abierto en una exposición larga durante toda la ejecución, todo lo que se ha movido durante ese tiempo ya no es visible. Así, aunque la gente entró, vio la película y se fue, solo vemos una pantalla blanca y las sillas vacías de la sala. De la película con sus imágenes en movimiento solo queda una superficie blanca iluminada.

Como hay una pantalla, vemos la luz que hace posible la proyección y, gracias a la luz, también vemos el espacio para los espectadores. Sin embargo, no vemos espectadores ni película, solo luz y espacio.

En sus dioramas vemos imitaciones de escenas naturales. En la época victoriana, estos eran arreglos populares de animales embalsamados ubicados en una decoración que sugería su entorno natural.

Además, las imágenes en cera de figuras históricas representan seres vivos, pero solo son copias exactas de lo real.

Todo es artificial y solo experimentamos una visión de segunda mano. Porque miramos las interpretaciones y las imágenes de pensamiento de cómo debió haber sido algo y no vemos la vida real de estos animales o personas.

La investigación de la percepción se enfoca cuando Sugimoto en las fotos que toma, además de lo inanimado que extrañamente parece real o polvoriento, también parece dejar de lado su historia de educación y entretenimiento.

Entonces, hay libertad para mirar realmente. Las imágenes y las escenas en sus fotos son, por lo tanto, de la misma calidad que las que un pintor podría obtener si tuviera tales animales y personas vivas ante sí.

En su serie “Lightning Fields” (Campos de Luz), Sugimoto parece haberse retirado completamente del dominio conductor del ojo. En un baño con productos químicos en el que se encuentra una placa fotográfica, provoca una descarga eléctrica. Luego se fotografían los efectos de la descarga. En las fotos, con sus estructuras etéricas, parece que estamos viendo surgir la vida misma. Sin la intervención del ojo del fotógrafo se hace posible que ella misma se manifieste. Él solo contribuye decisivamente en la publicación. Estamos siendo devueltos a nuestra única percepción, cara a cara con la naturaleza.

Debido a que en las fotos de cine de toda la presentación de la película y su audiencia solo se capturan la pantalla blanca y el espacio vacío del teatro, la naturaleza transitoria de la vida se hace visible como realmente es. El movimiento y la percepción del ser humano tienen lugar en el tiempo y en el espacio, y esta verdad y nuestra percepción son puestas ahora bajo un signo de interrogación. Si bien pensamos que nuestro ojo percibe neutralmente, solo vemos nuestras propias ideas proyectadas sobre lo que vemos. El espectador y lo que vio se afirman mutuamente en su existencia temporal y relativa.

Pero primero, cuando damos a las imágenes y a la percepción un estado absoluto, se las ve como reales y solo más tarde vemos la vida inventada y reconocemos que nuestros ojos están ciegos al ver. Estamos atrapados en el intercambio incesante de los opuestos: del bien y el mal, el estrés y la relajación, el odio y el amor. Y debemos satisfacer el deseo de emoción al mirar más a fondo esa “película de la apariencia de la realidad“.

Debe haber luz

Las muchas imágenes cambiantes en la pantalla de la película así como nuestras percepciones solo son posibles cuando hay luz. Todo lo que se manifiesta solo es posible por la luz. Es por supuesto cierto, para la mayoría de las personas, que la luz de la consciencia ilumina la pista de la película de su memoria. Proyecta historias e imágenes en nuestro cerebro, y nuestros deseos y temores deforman la percepción.

Por lo tanto, cuando no hay espectadores ni película, solo hay luz y no hay película sin un observador. Público y película, el observador y lo observado, el sujeto y el objeto son, en última instancia, irreales. Solo la luz es permanente y real.

En las fotografías, la luz del proyector de película parece estar separada del observador y de lo observado y tomar el lugar de la observación en sí misma. Y la dictadura del ojo nublado condicionado parece ausente por un momento.

El ojo ve por medio de la luz, pero nosotros no vemos la luz en sí misma porque la visión y la luz son en realidad una.

La vista y la claridad de la luz que no proyecta una sombra hacen uso del ojo cuando es necesario para mostrar “lo que es”. Es la luz liberada de la consciencia en el alma que sabe todo y da vida a todas las cosas. Sin conocer y sin conocido, solo un saber en sí mismo. Un libre surgimiento de todo.

Es probable que Sugimoto pudiese haberlo vislumbrado durante su infancia y más tarde, como adulto, a través de su orientación Zen y sus experiencias extracorpóreas y posiblemente fue lo que inspiró su investigación sobre la percepción.

Cuando piensas saber algo, lo has vuelto un concepto. La atribución de palabras y conceptos como mar y aire es, por supuesto, algo práctico en la existencia relativa, pero aún ahí aparece un horizonte que separa. Más allá y fuera de esta relatividad, ya no hay una fotografía que muestre nuestra visión, solo luz, solo “aquello que es”.

Fuente: https://www.logon.media/es

Volador de altura, 1ª parte

Volador de altura, 1ª parte

‘Elévate por encima de ti mismo’, ponía en el anuncio de la Sociedad de los Voladores de altura

Texto: Amun, País: Holanda, Imagen: Adina Voicu via Pixabay CCO

Como durante años no había logrado estar satisfecho con mi vida ni siquiera un poco, teniendo aparentemente todo lo que uno pudiese desear, decidí dar un paso adelante y buscar un nivel más elevado.  Tiene que haber algo mejor, algo más elevado pensé, y en ese mismo momento un anuncio llamó mi atención.

‘Elévate por encima de ti mismo’ decía, seguido por algo que se resumía con la posibilidad de construir tus propias alas en la Sociedad de los Voladores de altura.  ¡Volando lo más alto posible con esas alas, podías construir otras aún mejores en un nivel superior y alcanzar niveles aún más altos, hasta los cielos más elevados!  Solo tenías que comprometerte totalmente a la causa y también recibirías toda la ayuda que necesitaras.

Realmente me atraía e inmediatamente contacté con la sociedad.  Sería bienvenido la mañana siguiente, me dijeron.  La ubicación no estaba nada lejos y llegué temprano.  Mi corazón daba saltos de alegría con lo que vi allí.  Hombres y mujeres de más o menos peso estaban aleteando por allí vistiendo un tipo de alas dobles de lana ligera con gasa fina ajustada entremedio.  Reían y animaban a muchos niños pequeños que intentaban despegar con sus alas de entrenamiento de cartulina.  ‘Correr más rápido y agitar las alas a la vez,’ ‘¡Sí! ¡Casi estáis volando!’, sonaba con entusiasmo.  Los niños estaban saltando y corriendo, no  todos se lo tomaban  con seriedad, pero estaba claro que les gustaba.

A mi derecha, había un taller cubierto, donde la gente estaba ocupada construyendo y reparando alas.  Agitaban sus manos saludándome calurosamente y yo quería ir allí, cuando un niño pequeño de unos diez años me atrajo la mirada.  Destacaba porque estaba sentado calladamente sobre una piedra, observando una ramita que sostenía en su mano.  No era especialmente llamativo, tenía el pelo castaño y puntiagudo, era delgado y tenía una cara corriente de niño.  Era el único que no estaba ocupado haciendo algo.  Cuando pasé por delante de él, me saludó asintiendo con la cabeza.  Tenía ojos verdes y una expresión reflexiva.  Pero no hablamos y seguí mi camino.

¡Qué cálidamente fui recibido en ese taller! Hombres y mujeres trabajaban uno al lado del otro.  El trabajo más duro era doblar la madera.  Me quedó claro que no se podía simplemente echarse a volar si no que había que trabajar duramente para ello.  Bajo la supervisión de dos hombres entusiastas aprendí sobre las diferentes especies de madera y sus propiedades, sobre remojar la madera y doblarla cuidadosamente para que no se  partiese.  Me fijé que las alas eran muy pesadas y me preguntaba si realmente podías elevarte con ellas.

Durante tres meses pasé cada día en el taller.  Por la noche dormíamos en tiendas, donde oí bastante sobre ‘arriba’.  Estaba impaciente por que sucediera.  Entonces llegó el gran día.  Estaba de pie sobre la línea de salida de despegue aérea, una torre alta, y empecé aleteando cuidadosamente para probar el resultado de mi diligente trabajo: las alas.  Se mantuvieron intactas, afortunadamente, y agité mis alas cada vez más rápido y conté hasta tres.  En el tres despegué decididamente y conseguí mantenerme en el aire durante varios minutos.  Requería tanta concentración que no pude mirar  a mí alrededor.

Mis amigos me felicitaron y animaron a seguir intentándolo.  Podría llevar varias semanas hasta que realmente pudiese volar durante un rato y yo practicaba frenéticamente ya que mi deseo de elevarme era muy fuerte. Con mi aleteo alteraba a muchos padres voladores (eran los voladores del nivel más inferior), pero se lo tomaron bien.  Ahora podía mirar a mi alrededor y hacia abajo, a los graciosos niños alados.  Pero prefería mirar hacia arriba, porque aquí todo me resultaba familiar.

Si aleteaba fuertemente y hacía una serie de maravillosas curvas, me percaté que llegaba más alto, y allí había mayor silencio.  Sin embargo, en cierto modo me decepcionaba; no veía nada realmente desconocido.  Por esa razón necesitaba elevarme aun más, pero esto superaba mis capacidades actuales.  Por la noche, en la tienda, preguntaba a los demás sobre ello, pero por su parte, estaban satisfechos con mi nivel actual y no entendían de qué les hablaba.  A la mañana siguiente el niño con ojos verdes de repente me habló al pasar: ‘¿Quieres subir más? Entonces tienes que escalar a la meseta que ves cuando estás volando en lo más alto posible.  Allí fabrican alas diferentes.’

¿Eh? ¿Cómo sabía lo que quería? No le pregunté pero agarré mis alas inmediatamente y volé y volé, sin desayunar, lo más alto posible.   Me llevó mucho esfuerzo, pero al fin vi, al norte, un tipo de altiplano y conseguí subirme.  No vi a nadie pero había un pequeño taller y un manual sobre la pared acerca de cómo construir alas.  Un montón de bambú estaba apoyado en el rincón y rollos de gasa fina sobre el suelo.  Había una cama y una despensa con comida.  También había un lugar de despegue aéreo.  Inmediatamente me puse a trabajar  y como resultado de mi deseo ascendente, acabé mis alas en un par de días.  Ahora que en cierto modo me había hecho a estar allí, podía ver gente volando y de vez en cuando alguien aterrizaba, me daba la mano y me deseaba suerte.  Me gustaban.

Esta vez me costó menos aprender a manejar las alas; aún así al principio no lograba elevarme mucho.  Charlaba con mis compañeros de vuelo y examinaba el entorno.  Vi magníficos picos de montañas nevadas y a menudo volé en las nubes.  ¡Era genial!  Sin embargo, al cabo de un tiempo me cansé de este nivel y ansiaba elevarme otra vez más alto.

No fue hasta que pude volar realmente alto y planear mientras dormía, que detecté un altiplano.  Era menos visible que el último; parecía más fino.  Conseguí subirme y de nuevo encontré un taller y comodidades.  Me puse con el acero fino y la gasa aun más fina.  El manual era breve; aun así lo logré y me enorgullecí de ello.  El lugar para el despegue aéreo estaba alto, y de repente se me ocurrió valorar el riesgo de caída.  Me tranquilicé con el pensamiento que las alas aminorarían mi caída y que nunca podría caer más profundo que de donde empecé.

El vuelo en sí no era muy difícil pero elevarse lo era.  Tenía problemas para respirar y decidí quedarme en el nivel aéreo más inferior.  De vez en cuando regresaba a la salida inicial del despegue aéreo para descansar.  Aun así, me adapté y podía mirar a mi alrededor y hacia abajo, donde podía ver en el fondo a los voladores de bambú si las nubes lo permitían.  Tras mucha practica y esfuerzo en este nivel, finalmente me elevé más alto.  Paciencia,  eso es lo que aquí aprendí y al final valió la pena, porque vi un altiplano difuso en la distancia, aunque todavía no pudiese alcanzarlo.    

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El superlativo

El superlativo

Esto es ‘asombroso’, ‘impresionante’, ‘alucinante’

Texto: Hugo van Hooreweghe

“Esto es ‘asombroso’, ‘impresionante’, ‘alucinante’”.  Recurrimos de esta manera a superlativos para expresar, de un modo más bien exagerado, nuestro asombro y desconcierto de las cosas que experimentamos.  Pero al hacer eso olvidamos demasiado fácilmente que hasta la experiencia más extrema es espacialmente determinada, por lo cual aún relativamente restringida y limitada.  Quizás indique un anhelo de ir más allá de lo conocido, a lo que todo sobrepasa: lo ilimitado e infinito, que nos reta trascender nuestros límites.  Por ejemplo, la ciencia cosmológica utiliza satélites ingeniosos para explorar los horizontes más lejanos en la búsqueda de agua en Marte y vida fuera de nuestro planeta.  Y a la vez, contrariamente, físicos cuánticos eruditos buscan partículas cada vez más pequeñas, buscando penetrar en la materia cada vez con más profundidad,  donde la materia física parece transformarse en lo espiritual.  Pero al hacer esto, ¿realmente tocamos el verdadero nivel superlativo que asciende por encima de toda experiencia de nuestra limitada percepción en tres-dimensiones?

¿No es todo nuestro conocimiento y experiencia lo que se detiene en cualquier frontera, ya obsoleto antes de alcanzar sus conclusiones? ¿No es cada intento hacia una meta programada, preestablecida, condenada al fracaso, antes de haber realizado nada en absoluto?

¿Dónde acabará todo esto? Sin duda alguna, finalmente por todas partes.  ¡Y a la vez en ninguna parte!

Porque no puede estar en ningún lugar aparte de donde el tiempo y el espacio se colapsan, y finalmente donde toda dualidad se desintegra o amalgama.

En una unidad que a la vez incluye el todo y lo trasciende, y donde los múltiples universos y dimensiones que nos rodean y penetran, es todo Uno.

Todo esto lo sabemos muy bien intelectualmente. ¿Pero realmente somos también conscientes de ello?  Y la pregunta más importante: ¿Además, vivimos este conocimiento nosotros mismos? ¿Realmente se ha vuelto nuestro estado de consciencia en un estado de vida? ¿Una vida que se ha fundido con la unidad absoluta y ha renunciado a toda identificación con la separación? ¿Una vida en la luz de una realidad eterna e infinita?

Si es así, no habrá espacio para desviarse, no quedará tiempo para aplazar.  Solo habrá la única opción a la cual dedicar todo nuestro ser.

Eso sí que es realmente asombroso y alucinante.

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Mundo de ensueño

Mundo de ensueño

A veces durante el sueño, puedes darte cuenta de estar soñando

Texto: Joost Drenthe

A veces durante el sueño, puedes darte cuenta de estar soñando y entonces puedes tener un momento de conciencia donde eliges o seguir soñando o volver a la vigilia.

Grandes maestros que tenían conocimiento de otra Naturaleza a menudo denotaban nuestra vida terrenal como ‘el estado de ensoñación’.

Despertad, vosotros que dormís…

Nos enfrentamos a dos impresionantes percepciones si es que lo podemos reconocer.  Primero, que aparentemente hay otra Naturaleza, y segundo, que todas las metas que perseguimos y por las que trabajamos afanosamente podrían ser, para nada real.

Cuando estamos completamente ocupados en pos de estas metas continuamos corriendo y corriendo duramente para mantenernos en el mismo lugar.

Billones de personas viven en su propia idea personal de la realidad. Experimentamos tan diferentemente el mismo mundo porque cada uno vive su vida de ensueño y se aplica a fondo para hacerla realidad.  Y como la gente con el mismo tipo de sueño se junta, crea un sueño colectivo para una realidad colectiva, sabiendo que debe ser la verdad para:

¿No creemos todos lo mismo en nuestro grupo?

Hasta…hasta que tu consciencia invalida tus pensamientos.  Continuar durmiendo y soñando en este mundo es ser inconsciente de otra Naturaleza.  Despertarse en este mundo significa un despertar a la vez en el otro Mundo.  Nuestro sueño más persistente aquí en la tierra es no saber que soñamos.  Poblamos el mundo así como nuestro espacio personal con nuestras creencias, nuestra forma de pensar y afán por un futuro mejor hasta que nos enredamos totalmente en esta ensoñación.

Pero el sueño puede acabar para ti repentinamente –  justo cuando menos te lo esperabas.

De repente cambia la trama del libro de tu vida y el personaje YO se pierde en el camino. ¡Y por extraño que parezca, necesitas perderte para encontrar el Camino!

Una de las pocas certezas que tenemos es que la vida está llena de incertidumbres aunque continuamos manteniendo la ficción de que lo que pensamos sobre la vida es la realidad.  Esto precisamente es lo que mantiene funcionando nuestro mundo ideal – hasta que dejamos de creer nuestros pensamientos y reconocemos la realidad.

De nuevo una sacudida.  ¿En qué clase de realidad vivo si me vuelvo totalmente consciente de este mundo de come-o-serás-comido? ¿Qué sucederá si permito a la cortante realidad actual prevalecer sobre mis pensamientos y suposiciones sobre ella?

Lo que sucederá es que te darás cuenta de estar soñando y algunos volverán apresuradamente a sus sueños.  Convertirán sus sueños una vez más en su realidad desconectando su consciencia y una vez más dando rienda suelta a sus pensamientos sobre la realidad.

Los valientes se detienen y permiten que su asombro eche raíces acompañado por un sentimiento de vacío, futilidad y soledad.  Si somos capaces de ver a través del sueño, este vacío es el prerrequisito para realizarse de un modo muy diferente.

El auténtico despertar tiene lugar cuando nos damos cuenta (lo cual es muy diferente del pensar) que nuestro ser es elaborado por las ideas, creencias y recuerdos y no tiene nada que ver con quien realmente somos interiormente.  Este estado de ego no tiene ninguna identidad real en si mismo sino que originalmente su fin era ser un instrumento del alma.  Pero usurpó el poder.

En esencia el ego es un mecanismo, no una entidad realmente viva y tiene una corteza de resistencia en contra de la dura realidad actual.  Si lo permitiésemos totalmente, el sueño se haría inmediatamente añicos.

Y este mecanismo del ego tiene dos brazos: uno para alejar lo desagradable y otro para captar.  Con estos dos construye su propio mundo ilusorio virtual.  No es de extrañar que los grandes maestros instruyeron  sus alumnos ‘el camino del medio’ imponiendo la neutralidad como condición.

Quizás es hora de empezar a practicar el trabajo del corazón en vez del trabajo arduo del esfuerzo.

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¿Tocado por el Espíritu?

¿Tocado por el Espíritu?

Un momento en medio del silencio

Text: Angelika Häusler Image: Pixabay CCO

Vivíamos en las afueras. Yo tenía 5 o 6 años. Mis padres eran dueños de uno de los tres bares locales, por lo que casi no tenían tiempo para mí. Yo era un niño soñador, a menudo infeliz, no exactamente lo que mis padres habían previsto.

Una vez, durante el invierno, me desperté muy temprano y, mirando por la ventana hacia afuera, me di cuenta con alegría que había nevado. Apenas pude esperar para salir corriendo hacia el límite más lejano de nuestro jardín, donde, con la primera luz del amanecer, contemplé los blancos campos y bosques.

Intacto, como si estuviera hechizado, el paisaje cubierto de nieve yacía ante mí en completo silencio. Asombrado busqué mi armónica y toqué una breve melodía. Me quedé de pie en el claro silencio invernal como una escultura de plata. Abrumado por la belleza de ese momento, mi corazón estaba a punto de estallar. Entonces, de nuevo, se produjo el silencio. Me sentí feliz, como si todo el universo me envolviera, yaciendo ante mí en su sublimidad, muy lejos de la mezquindad de la condición humana.

Algo dentro de mí anhelaba contemplar esta infinidad, y sentí que contenía un secreto. Algo crucial que, sin embargo, no pude entender. ¿Cuál es el significado de todo esto? Mi cerebro estaba cerca de explotar…

De repente, un pensamiento solitario entró en mi mente infantil: la razón por la que la humanidad (incluido yo mismo) era tan infeliz y por lo que el mundo, en general, era tan miserable (pensé, por ejemplo, en los niños que mueren de hambre en África) es, simplemente, porque la gente (incluyéndome a mí mismo) no conoce lo que está detrás de cada cosa, de cada situación. Porque no conoce el secreto de la Eternidad. Repentinamente comprendí, y me sentí profundamente compasivo con todos los que anhelan ser felices, pero aún buscan en lugares incorrectos, sin darse cuenta de ello.

Recuerdo contarles a mis padres sobre mi descubrimiento, pero ellos no supieron qué hacer al respecto y tampoco parecía ser importante para ellos.

Durante el resto de mi infancia y adolescencia esta experiencia se retiró a lo más profundo de mi subconsciente.

Hoy creo que, en ese momento, algo me “llamó” desde el pasado, intentando mostrarme un camino. Mucho más tarde, ya adulto, algo me “llamó” nuevamente, y comencé a buscar el significado de mi vida.

Había olvidado, posiblemente suprimido, casi todo sobre mi temprana niñez. Pero recordando ese momento, podía todavía sentir claramente su santidad.

He llegado a la creencia de que los seres humanos dedican cantidades increíbles de energía, soportan el dolor y la tristeza, invierten mucha esperanza, amor y dedicación para crear algo bueno y encontrar la realización, y aun así ellos fracasan una y otra vez, a menudo creando miseria, destrucción, dolor y desesperación. Simplemente porque no conocen al Único Fundamental, que no es de este mundo, y nos espera en el silencio de la Eternidad.

Por esto, creo que el Espíritu llama a cada ser humano.

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