Prisioneros del tiempo: ¿existe una salida?

Prisioneros del tiempo: ¿existe una salida?

Prisioneros del tiempo: nacemos, crecemos y morimos, y la pregunta que queda es ¿cuál es el sentido de nuestra existencia?

Texto: Grupo de autores Logon, País: Brasil, Imagen: Genty via pixabay

No nacemos por voluntad propia. Recibimos esta vida y, con ella, una fecha de caducidad, que tampoco es fijada por nosotros. Y vamos creciendo, viviendo, haciendo las cosas que normalmente todas las personas hacen: crear una familia, trabajar, pagar facturas, darnos gustos particulares, envejecer…

El tiempo pasa y nuestra vida se extingue. Vivimos en un mundo en constante transformación, donde nosotros, aun contra nuestra voluntad, cambiamos simplemente por la acción del tiempo. La persona que éramos de niños, luego adultos y después ancianos, se constituye, con muchas variables, a través de los valores, la percepción del mundo y la consciencia que vamos adquiriendo a lo largo del tiempo.

Y a pesar de que estamos atrapados en este camino del tiempo, hemos emprendido cambios personales. Estudiamos, conseguimos cambiar hábitos -nos esforzamos por ser más saludables, más productivos en el trabajo, más cultos-, pero no conseguimos romper con nuestra limitación fundamental: la de ser una consciencia egocéntrica, que ve el mundo desde una perspectiva separada del todo.

Nuestra consciencia egocéntrica puede incluso ser una consciencia ego-ampliada. Podemos tener compasión por los animales, por el planeta en que vivimos, podemos ampliar nuestro ego personal a un ego familiar, que percibe a su familia como la cosa más importante y busca protegerla; podemos incluso expandir nuestra consciencia al ego de un país, que eventualmente podría enfrentarse a otros países. Pero, por mucho que ampliemos esa consciencia a núcleos mayores, seguimos siendo seres fundamentalmente egocéntricos y lo demostramos a la primera ocasión en que pisan nuestro callo y reaccionamos, listos para devolver el golpe, atacar, o huir, en caso de que tengamos miedo.

A pesar de ello, muchas personas, en general la mayoría de las personas, siguen aparentemente satisfechas con sus vidas, dejando que el camino del tiempo las lleve sin preguntarse mucho por qué la vida es así, qué espera de nosotros y quiénes somos realmente.

Otras personas se sienten como Bill Murray en la película El Día de la Marmota (1993). En ella interpreta a un reportero que, por razones desconocidas, queda atrapado todos los días en el mismo día, el día en que él hacía el reportaje sobre la tradicional conmemoración en una ciudad de las supuestas previsiones meteorológicas de una marmota.  Se despierta siempre el mismo día y todo se repite, causándole ello una profunda angustia.

Hay personas que sienten inquietud por el correr de los días, tal como el reportero de la película, como si estuvieran atrapadas en un “déjà vu”, y por eso parten en busca de un sentido más amplio para sus vidas. Tales personas son almas que han madurado en el girar de la rueda de la vida y de la muerte, la rueda que en la India llaman Sámsara. Según esta visión, las experiencias de la vida tienen como objetivo recordarnos que hay una consciencia más profunda en nuestro ser, que no es egocéntrica, que proviene del Todo y es eterna, y con la que podemos sintonizarnos por completo.

Esta consciencia está vinculada al aliento de una vida plena. Si la descubrimos interiormente, podemos desvelar el verdadero sentido de nuestra existencia. Esa es la tarea que tenemos como pasajeros de este viaje. Todos somos “pasajeros” o “viajeros”, comprometidos en un viaje del que hemos oído hablar innumerables veces, a través de historias contenidas en películas y libros, o incluso transmitidas oralmente por los ancianos (en el caso de comunidades tradicionales). Viaje que, a pesar de repetirse una y otra vez, desconocemos casi por completo.

Desde este punto de vista, podemos entender los cambios en la actitud del reportero de la película después de darse cuenta de que estaba atascado en un círculo vicioso.  En los primeros “días repetidos” su actitud fue de negación e irritación: la idea de permanecer por tiempo indefinido en la ciudad, en la fecha conmemorativa y en el trabajo que él odiaba, era aterradora. Sin embargo, pronto el personaje se da cuenta de que podría sacar provecho de la situación. Su actitud confirma entonces la imagen arrogante y egocéntrica que contempla el espectador al principio de la película: ahora es un especulador astuto, un aprovechado, que recoge información un día para usarla en su beneficio al día siguiente. Y, habiendo llegado a ser muy bueno en ello, utiliza sus habilidades para intentar conquistar a la mujer que él creía era el amor de su vida. Sin embargo, las habilidades adquiridas a través del engaño y el egoísmo no fueron capaces de ayudarle a tener éxito en ese intento. El resultado fue la frustración, que se extiende al conjunto de su vida. Vencido por el aburrimiento y la angustia, se suicida varias veces, despertándose siempre a las seis de la mañana, en la misma habitación de hotel y con el mismo disgusto.

En esta historia podemos ver una representación del referido viaje del ser humano en busca del sentido de la vida.

Despertamos a esta búsqueda cuando percibimos el vacío esencial del paso del tiempo, cuando sentimos plenamente que, de hecho, “no hay nada nuevo bajo el sol”. Es como si todo siempre se repitiera, y esa repetición nos causa disgusto.

Pero con la capacidad de observar recién adquirida nos sentimos tentados a convertirnos en dueños del tiempo y, ante la previsibilidad del mundo, creemos haber encontrado la llave de la sabiduría, la misma llave que abriría la prisión del tiempo. Craso error. En realidad, solo percibimos la existencia de algo grandioso, tan grandioso que sería capaz de llenar el vacío abierto por la percepción del ciclo repetitivo. Pero el proceso de transformación de consciencia no se consumó. Pues aún sigue siendo nuestra consciencia egocéntrica la que guía nuestras acciones; y es con ella con la que nos acercamos a aquel “algo grandioso”, con la certeza de conquistarlo. Y cuando nuestras expectativas se frustran, nos damos cuenta de que nada ha cambiado realmente, seguimos siendo prisioneros del tiempo.

Es entonces cuando, si el anhelo es genuino, nuestra capacidad de observación se eleva a un nivel superior y pasamos a encarar el tiempo sin ansiedad ni expectativa. Al igual que sucedió con el reportero de la película, estamos convencidos de que las acciones egocéntricas no pueden ayudarnos a encontrar el sentido de la vida, y después de habernos aferrado a un auto-olvido, dejándolo atrás, ahora se aclara nuestra visión y se disuelven las ilusiones sobre nosotros mismos y el mundo.

Nos acostumbramos a mirar hacia afuera y a percibir todo desde afuera hacia adentro, y pensamos que los cambios también tienen que suceder de afuera hacia adentro, pero, como decía Gandhi, “tenemos que ser el cambio que queremos ver en el mundo”. Un cambio fundamental y real de consciencia solo sucede a partir de ese núcleo de nuestra consciencia que no es egocéntrico, ni susceptible a la mutabilidad de las cosas. A partir del momento en que ese núcleo es vivificado, surge una nueva percepción, una consciencia que nos eleva desde la condición de prisioneros del tiempo a la libertad y la consciencia de nosotros mismos, como sucedió con el reportero de El Día de la Marmota.

Fuente: https://www.logon.media/es

Una experiencia especial Parte 1: Un encuentro excepcional

Una experiencia especial Parte 1: Un encuentro excepcional

Nuestra actitud hacia la vida puede cambiar cuando buscamos el sentido de la vida. Cuando sentimos que nuestra existencia tiene un significado, la perspectiva de lo que sucede en la vida cotidiana se vuelve diferente. A menudo experimentamos los encuentros, las enfermedades y muchas otras cosas con una mayor consciencia. LOGON ha pedido a algunas personas inmersas en un camino espiritual que nos cuenten alguna experiencia que han sentido como especial.

Texto: Brigitte Bergengruen, País: Alemania, Imagen: Free Photos auf Pixabay CCO

 

Brigitte Bergengruen (nombre cambiado por los editores) escribió sobre un encuentro excepcional:

Aunque sucedió hace muchos años, esta experiencia siempre estará muy clara en mi mente: una tarde, cuando saqué mi pastel de ciruela del horno, sonó el timbre de la puerta. Rápidamente corrí hacia la puerta y la abrí. Había un joven con una selección de revistas. Como las revistas a las que me había suscrito en años anteriores estaban por ahí sin leer, rechacé una  nueva suscripción.  El joven explicó su angustiosa situación: necesitaba vender suscripciones o sería despedido, y no sabía cómo iba a subsistir. Me mantuve en mi negativa y le pregunté por la razón de su angustia. “He estado en prisión por mucho tiempo y estoy en libertad condicional”, confesó. “No voy a suscribirme a nada, pero ¿quieres un pedazo de pastel de ciruela recién hecho en casa?” Se lo ofrecí siguiendo un sentimiento extraño. Él sonrió: “¡Oh sí, me encantaría! No he comido un pastel así desde hace mucho tiempo.”

Llevé a mi invitado arriba, le pedí que se sentara a la mesa de la cocina, preparé nata y café. Hablamos de tiempos pasados. Especialmente habló de su madre, que era alcohólica y no le importaba demasiado. Obviamente, disfrutó tanto del pastel caliente como de nuestra conversación, pero tenía que irse y lo acompañé a la puerta principal. Dijo lo bien que le había sentado y me dijo: “Ojalá tuviera una madre como tú. No sé cómo agradecerte. ¿Puedo darte un abrazo de despedida?” Estuve de acuerdo.  Sin embargo, le pregunté espontáneamente por qué había estado en prisión. “Maté a una mujer. Soy un asesino”, respondió en voz baja, “supongo que ahora ya no tengo permitido abrazarte”. Dudé brevemente, pero cuando lo miré a los ojos, supe sin lugar a dudas que era su madre en ese momento. Me dejé abrazar, luego se dio media vuelta y se fue. Todavía podía verlo secándose las lágrimas de los ojos.

Aproximadamente un año después, un oficial de policía tocó el timbre. “¿Ocurre algo?”, pregunté inquieta. “No, no”, me tranquilizó. “ Hay alguien aquí que llevamos a prisión, a Múnich, y desea despedirse de ti”. En la parte trasera del coche celular estaba el vendedor de la revista, esposado y custodiado por otro policía. Acepté, y lo dejaron venir a mí. “¿Qué ha sucedido?”, le pregunté. “He reincidido”, dijo, deprimido. “¿Me abrazarías una vez más?” Sin dudarlo, lo tomé en mis brazos y lo apreté contra  mi corazón.

¿Qué habrá sido de él?

 

Fuente: https://www.logon.media/es

II Sophia Perenne: Hermetismo

Fragmento del libro III del Corpus Herméticum de Hermes Trismejistos

Todo es vibración. Parte 2

Todo es vibración. Parte 2

¿Qué pasa con la ciencia moderna?

Texto: Anneke Stokman-Griever, País: Países Bajos, Imagen: Pixabay CCO

Ir a la parte 1

En la Primera parte de este artículo, discutimos la visión esotérica de las leyes de vibración. ¿Qué dice la nueva ciencia sobre esto?

Los campos energéticos son importantes.

Hace unos 75 años, los físicos cuánticos reconocieron que todo en el universo es esencialmente energía. Las técnicas modernas se pueden utilizar para medir el nivel electromagnético de los patrones vibratorios únicos de muchas entidades en el universo. Las mediciones muestran que cada uno de nosotros tiene su propio patrón vibratorio único; y también que hay una relación entre nuestro patrón de frecuencia y la naturaleza de nuestra percepción.

En la nueva ciencia, los campos energéticos y la energía se consideran más fundamentales que la materia; los campos ilimitados se consideran el elemento básico de un universo basado en la energía. La materia y la energía son sólo dos tipos diferentes de frecuencias vibratorias de energía. David Bohm[1] llama a la materia una consciencia condensada, según la fórmula:   “masa = energía = consciencia”

Sobre la base del principio de la resonancia armónica, se establece la interacción lógica coherente entre, por ejemplo, las células del cuerpo. Parecen existir muchas más combinaciones posibles de las que se imaginan.

Pensemos, por ejemplo, en los campos de “memoria colectiva”, con todos sus niveles de complejidad, tal como los describe Rupert Sheldrake[2] en sus fascinantes teorías sobre los campos morfogenéticos. La información puede transmitirse de un organismo a otro de forma no limitada: las aves, los peces, los mamíferos saben dónde ir sobre la tierra; las células en el cuerpo saben qué hacer. Cómo se puede hacer esto, se vuelve claro ahora.

Es toda la información basada en la vibración.

Carl Jung[3] también mencionó el inconsciente colectivo. Y el especialista en cerebro Karl Pribram[4] concluyó que los recuerdos se almacenan en un campo a un nivel de realidad más allá del espacio y del tiempo. De hecho, un nuevo paradigma.

¿Pero cuál es el impacto de los campos de energía en nuestra fisiología?

El biólogo celular Bruce Lipton[5] muestra que los campos de energía tienen un efecto regulador de largo alcance en nuestro cuerpo físico. El tejido celular de nuestro cuerpo físico es, de hecho, un modelo complejo de interferencia energética impregnado y rodeado de campos de energía organizadores. Así, las frecuencias de vibración pueden cambiar las propiedades físicas de las moléculas. Por ejemplo, la “energía” del pensamiento puede activar o bloquear la función celular de la producción de proteínas a través del mecanismo de interferencia constructiva y destructiva.

Los biólogos celulares pueden medir las frecuencias moleculares únicas de sustancias orgánicas como, por ejemplo, las cuatro bases nitrogenadas diferentes del ADN. Ha quedado claro que las células, tejidos y órganos sanos emiten un espectro de frecuencias diferente al de las correspondientes células, tejidos y órganos enfermos.

Cada ser humano tiene un patrón vibratorio único. Cada vibración, cada frecuencia específica y amplitud de onda crea formas o patrones específicos. Cuando la frecuencia y la amplitud cambian, surgen nuevos patrones: primero ven surgir el caos, luego una nueva forma estructurada aparentemente estable y más compleja. Ahora bien, las ondas que se encuentran pueden neutralizarse mutuamente. A esto se le llama interferencia destructiva, y cuando las ondas se fortalecen entre sí, se le llama interferencia constructiva. Solo estas últimas pueden mantenerse, conservar su forma y contribuir a nuestra supervivencia.

Se han hecho mediciones durante décadas en el campo electromagnético alrededor del cuerpo humano. Los ELF (frecuencias extremadamente bajas, 0-250 Hz) participan en los procesos biológicos y son bastante constantes en todas las personas, pero el EHF (frecuencias extremadamente altas, hasta 200 000 Hz) son muy variadas: es nuestra firma personal, y la altura tiene que ver con nuestro estado de consciencia, lo que se ha vuelto claro por la investigación.

Las frecuencias superiores parecen coincidir con una habilidad de percepción -por ejemplo la de los místicos- por la que otros niveles de realidad pueden ser observados.  Cambiar nuestro enfoque cambia nuestro patrón de frecuencia.

El estado de consciencia de un individuo puede ser leído en las frecuencias vibratorias de su campo de energía. Cuanta más alta sea la frecuencia, más amplia será nuestra consciencia y percepción. Cuando la información a la que esta persona tiene acceso tiene la esencia de la sabiduría secular, el conocimiento espiritual, sus vibraciones están en armonía con las vibraciones más elevadas.

Parece haber una conexión entre las frecuencias de nuestra aura, las frecuencias de nuestras ondas cerebrales, nuestra consciencia y nuestra percepción. Cada vez más investigaciones indican que esto está completamente coordinado por nuestro corazón. El campo del corazón proporciona una señal de sincronización para todo el cuerpo.

Las mediciones también han mostrado que las reacciones emocionales como la ira, la frustración, el miedo y la inseguridad hacen que el patrón de frecuencia vibratoria del corazón sea incoherente con ellas. Las señales enviadas por el corazón son caóticas, bloqueando ciertas actividades en el cerebro. Las ondas incoherentes no están en fase, así que experimentamos una interferencia destructiva y nos debilitamos a nosotros mismos. Esto también puede tener su efecto físico.

La escala del amor

Por lo tanto, la principal conclusión de todo este panorama es: El amor y la compasión, que poseen la frecuencia más alta, son capaces de transformar las frecuencias más bajas, que van de la mano con el miedo y la ira, por ejemplo. Si este conocimiento se convierte en patrimonio de un número cada vez mayor de personas, estas actuarán en consecuencia y podrán generar enormes cambios.

El psiquiatra y místico Dr. David Hawkins[6] ha diseñado una escala de consciencia de 0 a 1000. Estas son, por lo tanto, frecuencias vibratorias mensurables, -basadas en pruebas musculares-, de los niveles de consciencia humana, que parecen corresponderse con el comportamiento humano, algo que midió en miles de personas.

Este esquema se puede encontrar bajo la escala Mundo de Bienestar Social.

En la parte inferior de la escala encontramos 20, como la vibración de la vergüenza, 30 como la vibración de la culpa, y sube a través de la apatía y del dolor a 100, la vibración del miedo. Luego pasa a través de la ira y el orgullo a 200, la vibración de la valentía. (Los números de esta escala son proporcionales y arbitrarios, como en la escala Celsius; se trata de una relación recíproca.)

A los 200 hay un primer punto de inflexión, que va del comportamiento destructivo y dañino al comportamiento constructivo y beneficioso. Un segundo punto de inflexión se encuentra en 500, la vibración del amor. Toda vibración por debajo de 200 se debilita, todo por encima de esta frecuencia se refuerza.

El amor vence

Y ahora parece que, aunque la consciencia promedio de la gente en la Tierra vibra por debajo de 200 (en 2009, este fue el caso en el 78% de las personas estudiadas), ¡la consciencia colectiva de la humanidad supera los 200! ¿Cómo ha pasado eso? Dawkins explica que esto es causado por el otro 22%, porque una persona que vibra al nivel del amor (500 en esta escala) contrapesa 750.000 personas por debajo de la línea de 200.

El estado de consciencia de un individuo puede ser leído en las frecuencias vibratorias de su campo de energía. Cuanta más alta es la frecuencia, mayor es su consciencia y percepción. Cuando la información a la que esta persona tiene acceso es la esencia de la sabiduría antigua, las grandes verdades y el conocimiento espiritual, sus vibraciones están en el área de las vibraciones más elevadas.

La escala va aumentando logarítmicamente, lo que significa que cada siguiente punto de la escala representa un salto gigante en la fuerza. ¡Una persona iluminada que alcanza 600 o 700 en esta escala puede compensar de 10 a 70 millones de personas! Por lo tanto, hay un gran interés colectivo en cada desarrollo espiritual individual, dice Hawkins, porque si el comportamiento destructivo comienza a ganar, entonces tendría lugar el fin de la humanidad.

La humanidad está a punto de dar un salto cuántico de consciencia, desde una consciencia orientada al ego a una consciencia centrada en el ser humano, dirigida y llevada por la Luz de la Unidad. Porque todo está conectado a todo, somos una humanidad, aunque hasta ahora no estemos unidos.

Si entendemos la importancia de esto, si deseamos desde dentro contribuir a esa Ley de Amor elevando nuestro número vibratorio, -para que tanta gente como sea posible pueda unirse a Ella-, la pregunta es: ¿cómo podemos hacerlo? ¿Cómo podemos renovar nuestra consciencia? ¿Cómo podemos liberar esa pureza en nosotros, alimentar nuestra alma con el único pan vivo que nos despertará y nos hará conscientes, y podamos acceder a un nivel superior de vida en el que podamos participar?

Es este un proceso de búsqueda incesante de conexiones con la alta vibración de la Unidad. Se desarrolla un nuevo enfoque de consciencia, nuestro metabolismo pide una nueva alimentación, aparece una actitud consciente de vida, haciendo posible así la unidad entre la cabeza y el corazón. Es el wu wei del taoísmo, el no hacer. No nos dejemos llevar por las emociones negativas, los pensamientos destructivos y las acciones insensatas. Démonos un tiempo para entrar, para que el corazón tome la delantera, y la cabeza lo siga.

Si usted sabe que está inspirado por el poder de la unidad, entonces viene la gnosis, el conocimiento interno en su ser, y su consciencia crece en sí misma. Entonces tenemos amor por todo y para todos.

Entonces llegamos a la realización de la unidad de la creación y de la humanidad, que es también la unidad de las células en cada cuerpo humano que tan perfectamente cooperan entre sí para hacer que el cuerpo funcione óptimamente. También la humanidad en su conjunto puede ser vista como un conglomerado de 7 mil millones de células, también creadas para trabajar juntas de forma tan armoniosa como el cuerpo humano dirigido por la más alta frecuencia, el Amor.

Fuente: https://www.logon.media/es

[1] David Bohm: La Totalidad y el Orden Implicado. Routledge, 1980.

[2] Rupert Sheldrake: La presencia del pasado: Resonancia mórfica y hábitos de la naturaleza. Icon Boock, 2011. (Editorial Kairos, Barcelona, 1990).

[3] Carl G. Jung: Acerca de la fenomenología del espíritu en los cuentos populares. Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, 9 (Parte 1), 207-254, 1948.

[4] Karl H. Prisma: Cerebro y Percepción: Holonomía y Estructura en el Procesamiento Figural. Hillsdale, N.J: Lawrence Erlbaum Associates, 1991.

[5] Bruce H. Lipton: La Biología de la Creencia. Hay House Inc, 2016

[6] David R. Hawkins: El poder frente a la fuerza: los determinantes ocultos del comportamiento humano. Hay House Inc., 2014.

Todo es vibración. Parte 1

Todo es vibración. Parte 1

La alta frecuencia del Amor transforma la baja frecuencia del miedo

Texto: Anneke Stokman-Griever, País: Países Bajos, Imagen: Unsplash

La ciencia moderna confirma lo que la ciencia esotérica de los antiguos siempre dijo: todo es vibración. El esotérico estudia al hombre en su cuádruple naturaleza física, etérica, astral y mental, como una complicada combinación de vibraciones. En la ciencia, el número de vibraciones del ser humano se mide en diferentes estados de la mente, en sus efectos en el entorno y, finalmente, en toda la Tierra. Este artículo parte de la idea de que cada ser humano importa y es importante en el proceso de co-resonancia con las vibraciones superiores, lo que conducirá a una nueva consciencia y una nueva vida de actos.

¿Coincidencia?

Hay científicos que dicen que todo es una coincidencia. De la nada surgió el gran Big Bang y, por casualidad, la evolución tuvo lugar. La vida no tiene sentido, la evolución solo se basa en la supervivencia del más fuerte y en la reproducción de la vida. ¿Por qué? No hay porqué.

En tal acercamiento a la vida, no hay lugar para la intervención milagrosa de una fuerza que dirija y dé sentido al universo, una fuerza a la que los pueblos de la humanidad han dado toda clase de nombres y que siempre han adorado y venerado en muchas formas. Eso era la religión. No tener religión era imposible.

Hasta que hace cuatro siglos todo cambió en Occidente.

Alrededor de 1600, la ciencia tuvo un importante desarrollo y se descubrieron nuevos mundos, con la ayuda del microscopio y el telescopio. Desenmascarado, el milagro se convirtió en ficción, ya que se llegó poco a poco a una explicación racional de la realidad del mundo. Ya no se creía a los teólogos, y finalmente la infancia y la inocencia se fueron por el desagüe. Habiendo dejado de existir el milagro, la fuerza creadora divina se hizo superflua. Solo existía la materia. El ser humano penetró cada vez más profundamente en ella. Con el microscopio electrónico exploró el átomo, convencido de descubrir lo que aún ignoraba. Esta actitud ha llevado lejos a la ciencia, pero, mientras tanto, el alma del ser humano se marchitaba por falta de alimento espiritual y anhelo de la verdadera sabiduría.

Los opuestos

Este mundo está sujeto a la ley de que todo se convierte en su opuesto. Luego existe movimiento y transformación. Así, llegó el momento en que la ciencia ya no podía mantener que solo existía la materia. No, la materia es en realidad energía; todo es vibración, en frecuencia superior o inferior. Y la vibración, la oscilación, es información. Por otra parte, se ha admitido la idea de la velocidad de la luz como la máxima velocidad.

Todo ello ha supuesto un cambio de paradigma, una nueva forma de pensar, tan radical como 400 años antes lo fue la idea de que no es la Tierra sino el Sol el centro de nuestro sistema solar. Entonces, los pioneros de este pensamiento acabaron en la hoguera. También ahora, los pioneros tienen dificultades con los dogmáticos materialistas. Piensen en la oposición que la homeopatía, un método de curación basado en la información, la vibración, está experimentando desde los poderes de la UE.

Se hizo evidente que todo es esencialmente potencial, posibilidad. Cómo se convierte la energía en materia, onda o partícula, es determinado por el espectador. Esto se llama el efecto de incertidumbre de Heisenberg. Es una revolución en el pensamiento científico, pero, como se ha dicho, muchos científicos no quieren aceptarlo todavía. Científicos como Erwin Laszlo, Ken Wilber, Peter Russell, Fred Alan Wolf, Masuru Emoto, Bruce Lipton, que también han estudiado la antigua sabiduría oriental, llegaron a la conclusión de que lo que la ciencia había descubierto ya se conocía hace miles de años.  Todo es vibración, porque todo es energía, y la energía está siempre en movimiento.

Estas vibraciones se manifiestan en muchas formas, que existen gracias a muchos patrones vibratorios complejos. Cuando los movimientos se detienen, las manifestaciones regresan a la Unidad, el estado original de descanso. La Creación, el universo,  existe como un espectro de frecuencia infinita. Dentro de esto, los diferentes niveles de realidad se distinguen por la diferencia en la frecuencia de vibración o densidad de la energía.

La unidad inescrutable posee la frecuencia más alta, la de una energía extremadamente sutil, fina e infinitamente rápida. La materia tiene la frecuencia vibratoria más lenta, la forma de energía más densa. Un objeto u organismo físico es un conglomerado de muchas frecuencias vibratorias diferentes y armoniosamente sintonizadas. Normalmente solo somos conscientes de las frecuencias más bajas, de la materia. Pero eso no significa que todas esas frecuencias superiores no existan. Piense de nuevo en la homeopatía.

 La Ley de la Vibración

Ahora, junto a este hecho de que todo es vibración, hay también diferentes principios de realización y funcionamiento.

Y aquí llegamos al área esotérica. Esta se basa en diferentes niveles de realidad.

La Ley de la Vibración [1]

 

Se dice que hay una influencia permanente entre los diferentes niveles de la realidad. Esto se llama el principio de resonancia armónica. Patrones o estructuras casi idénticas tienden a vibrar entre sí.

El segundo principio es el de la transmutación permanente de la energía. Las vibraciones superiores tienen la capacidad de transformar las vibraciones inferiores, pero a la inversa, las bajas vibraciones nunca pueden cambiar las vibraciones superiores. A través de esta ley unidireccional, la evolución siempre irá hacia la vibración superior. Esto es conocido como la Ley del Amor, porque la Luz Universal y el Amor Universal tienen la frecuencia más elevada.

El tercer principio de la Ley de la Vibración es que hay un flujo constante de energía de vida sutil que fluye a través de todo. Esto mantendrá todo en su lugar y conectará todo a todo. Esto se llama qi o chi, o prana, o tao o energía divina, o espíritu. Eso es lo que da vida.

La primera vibración pura con la que se creó el universo aparece en la Biblia en la expresión “En el principio fue la Palabra”. Esta vibración causa una energía creativa en el gran vacío, en el océano primigenio de la potencialidad pura. También en las historias de la creación de otros pueblos se encuentra un comienzo similar de vibración, o sonido sagrado (sánscrito: Nada Brahma, el mundo es sonido).

Desde esta vibración más elevada, Amor y sabiduría, como información y Luz, surge todo el universo, desde las frecuencias más sutiles hasta los patrones más densos; y finalmente aparece el mundo físico: estrellas, planetas y todas las formas de vida. Y todo esto es esencialmente vibración.

Así que podemos decir que la esencia de todo lo que existe es Luz. Sin luz, ninguna vida es posible.

Esta es una cuestión de vibraciones armónicas. Cada tono es una frecuencia vibratoria que, mientras está siendo alimentado, resuena y continúa trabajando armoniosamente. Y así parece ser armoniosa una parte muy pequeña de estas vibraciones armónicas o tonos que podemos percibir con el oído humano. También podemos percibir esas vibraciones armónicas indirectamente con el ojo. Por ejemplo, experimentamos la proporción áurea en plantas o en arquitectura como algo armonioso.

Pitágoras también se refiere a estas vibraciones como la armonía de las esferas, cuando se trata de las proporciones entre las frecuencias vibratorias de los diferentes planetas. Sabemos por la astrología que las frecuencias vibratorias de cada planeta y sus combinaciones tienen su propio efecto en cada ser humano.

El principio de resonancia armónica significa que patrones o estructuras iguales o casi iguales resuenan entre sí. Todo es vibración, así que todo está conectado a todo en el universo: objetos físicos, pensamientos, sentimientos, fenómenos mentales, niveles no físicos de la realidad, todo está conectado, basado en el principio de resonancia armónica. Un ejemplo simple de ello lo podemos ver en  dos violines. Si tocas un tono en una cuerda de un violín, la misma cuerda vibrará en el otro violín. Y debido a que la frecuencia de esta cadena, al igual que cualquier objeto u organismo físico, es de hecho un conglomerado de muchas frecuencias vibratorias diferentes, también muchas frecuencias superiores, los llamados overtones, comienzan a vibrar, a resonar.

Y lo que se desvía ligeramente del patrón vibratorio original restablecerá automáticamente la vibración, debido al funcionamiento de la resonancia armónica, lo que significa que las vibraciones estarán de nuevo en fase entre sí, o se reforzarán de nuevo mutuamente.

Nosotros, como seres humanos, tenemos —o, en realidad, somos— un conjunto complejo de muchas frecuencias vibratorias diferentes, cada uno con su propio patrón vibratorio único. Conocemos, en un grado ascendente de transparencia, nuestro cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el cuerpo mental. Todos los cuerpos con frecuencias vibratorias inferiores están impregnados por cuerpos no físicos con frecuencias  vibratorias superiores. Nuestros pensamientos y emociones están así totalmente entrelazados con nuestro cuerpo físico. El flujo constante de la energía sutil de la vida también fluye a través de nosotros, y cuanto más en armonía estén nuestros diferentes cuerpos, mejor podremos mantenernos a nosotros mismos, permanecer sanos y sentirnos conectados a nosotros mismos y a todo lo demás.

Antes hemos mencionado la Ley del Amor, por la que las vibraciones superiores pueden transformar las inferiores. La frecuencia superior del Amor transformará la frecuencia inferior del miedo. La expresión “El amor vence todo”, es uno de los mayores misterios de la creación, pero perfectamente lógica a la luz de la Ley de la Vibración.
Si nuestra alma pudiese vibrar en la frecuencia más elevada y así impregnase todos nuestros otros cuerpos, entonces  establecería nuestra conexión con el Amor Universal y la Sabiduría Universal. Por ello, muchos místicos consideran el alma como la llave para alcanzar la Verdad.

 

1 Para la elaboración de este artículo se ha utilizado el libro de Marja de Vries, De hele olifant in beeld. Deventer, 2016.

Fuente: https://www.logon.media/es

Tierra sagrada

Tierra sagrada

La vida es sagrada. Lo humano lo es igualmente. La Tierra también.

Texto: Edouard Sanborne, País: Francia, Imagen: Pixabay CC0

El  texto que sigue ha sido leído durante el acontecimiento «24h de meditación por la Tierra» en Toulouse, acto que se efectuó igualmente en otras ciudades del mundo. Este acontecimiento tiene por objetivo recordar que la Tierra es sagrada, invitando a los dirigentes del mundo a tener una nueva posición para el futuro.
“Un día, un niño vino a verme y me preguntó:

– Cuando sea mayor, ¿podré vivir donde quiera?

– Por supuesto, le respondí: la Tierra no pertenece a nadie. Cada uno es libre de descubrir su belleza y de instalarse donde quiera.

Pero al decir eso, me pregunté si era así. Pensé que había lugares en la Tierra que no recomendaría a nadie para vivir allí. Los conflictos, la geopolítica, la destrucción de los ecosistemas, la depredación de los recursos, la contaminación y los problemas climáticos han generado inseguridad para muchos, provocando flujos migratorios forzados como nunca antes se había visto. Hoy, ni siquiera podemos decirle a un niño: eres libre de ir a donde quieras en la Tierra. La Tierra se ha convertido en una propiedad, un espacio privado, codiciado o a veces desheredado, abandonado.
¿Pero la Tierra nos pertenece? ¿Se ha convertido en la nevera de la humanidad? ¿Cómo concebimos nuestro lugar de vida? El planeta azul – con la esperanza de que nunca se convierta en el planeta gris – es un organismo vivo. Dotada de sensibilidad, de terminaciones nerviosas, de fluidos vitales, de pulmones, de un corazón magnético que late, ella es un cuerpo animado. Respira, se mueve, ella da la vida y lleva la nuestra entera. ¿Qué seríamos nosotros sin ella? ¿Quién nos nutre? ¿Quién nos acoge? ¿Quién nos protege de las radiaciones cósmicas? ¿Quién es el lugar de nuestras vidas, de nuestros proyectos y de nuestras civilizaciones? El 100% de lo que emprendemos se hace gracias a la Tierra. Incluso el enviar una sonda a los confines del espacio.

La Tierra es nuestra hermana.

¿Estamos hechos de una materia diferente?

Los átomos que componen nuestros cuerpos y el de la Tierra provienen de las mismas estrellas. La base de lo viviente – hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y carbono – es polvo estelar. Compartimos con nuestro planeta el mismo patrimonio. Esta unidad atómica intrínseca de nuestras constituciones representa mucho más que un simple dato científico.
En realidad, la Tierra y la humanidad no son más que una. Sus destinos son indisociables. Por ello no podemos pensar en el futuro del ser humano sin pensar en el de la Tierra.

Siguiendo este camino, podemos elevar nuestra visión mucho más allá de las apariencias exteriores. ¿El hombre es sólo este cuerpo? ¿Esta psique? No. Es también ser-espiritual, poseedor en su corazón, de una parte de luz, del germen de una vida inmortal. Así que si la Tierra y la humanidad son uno, nuestro planeta tiene todas estas dimensiones. Es Tierra, pero también es Tierra-Celestial, generando desde su sol central la vida que no tiene fin.

La vida es sagrada.

Lo humano lo es igualmente.

La Tierra, también.

Debemos reinventar toda nuestra concepción de lo vivo. El ser humano lleva todos los aspectos de la Tierra en sí mismo. Según la consciencia que le anima, es testigo de la grandeza de nuestro planeta.

Yo soy la Tierra.

Yo soy los océanos y los valles.

Yo soy las montañas que hacen cosquillas en el cielo.

Yo soy los ríos que serpentean en nuestras comarcas.

Yo soy la roca, la arena y la tierra.

Yo soy el cielo, las nubes y el viento.

Soy el fuego que corre por tus entrañas.

Yo soy las flores tan bellas, los animales tan diversificados.

Yo soy los seres humanos de todos los pueblos y de todas las edades.

Yo soy las auroras boreales que iluminan nuestros cielos.

Yo soy el alma del mundo que acoge y consuela.

Yo soy las nubes que iluminan nuestras almas.

Yo soy el espíritu viviente que arde en tu corazón.

Yo soy la Madre de los que viven.

Yo soy la Tierra.”

 

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¿Vivir sin problemas?

¿Vivir sin problemas?

Los problemas pueden ser de gran ayuda. Solo necesitamos saber cómo enfocarlos correctamente. El instinto del corazón puede ser de gran ayuda.

Texto: Andreas Kemmerer, País: Alemania, Imagen: Ruth Alice Kosnick

Empleamos gran parte de nuestro tiempo, tanto de día como de noche con innumerables problemas que surgen. Nos mantienen ocupados, captan nuestra atención, les damos nuestra energía vital, buscamos soluciones, optimizaciones y estrategias. Quizás a veces soñamos con lo hermosa que podría ser una vida sin problemas. Pero: ¿puede que los problemas tengan un sentido más profundo, un propósito útil?

La corriente interminable de problemas parece no tener fin. Al contrario, cada vez son más. Apenas podemos encontrar y aplicar tantas estrategias para solucionarlos como realmente se necesita. Nos sentimos estresados. Estamos agotados, no podemos más….
Y así cada vez más personas se queman. ¿Hay alguna forma de salir de este dilema? ¿Cómo podemos manejar la situación? ¿Cómo podemos resolver nuestros problemas sin enfermarnos? ¿Cómo podemos estar a la altura de nuestras tareas y nuestras vidas?

Hay muchas estrategias, muchas opciones. Debemos decidir dependiendo de nuestra naturaleza. Una posibilidad es adoptar una postura completamente nueva hacia la vida.


Una nueva actitud hacia la vida

El físico y filósofo Blaise Pascal (1623-1662) declaró: “El corazón tiene razones que la razón no conoce”. Sumergirse, profundizar en ellas, confiar en ellas, nos cambia, lo que da lugar a que nos cuestionemos internamente los problemas.

La mente ofrece ejercicios y métodos refinados. Mi experiencia es que el verdadero cuestionamiento es posible gracias a consagrarse a la inteligencia que vive en lo profundo de nuestros corazones. Nunca podremos controlar nuestras vidas con posibilidades limitadas y nuestras imperfecciones. En la medida en que nos entreguemos nosotros mismos, nuestros motivos y ataduras egoístas a nuestra chispa divina del espíritu, así nos será dado.

Tan pronto como esta consagración se convierta en nuestra práctica diaria de vida, tendrá lugar un intercambio de energías y fuerzas. Esta auto-consagración, esta entrega de uno mismo, incluye una recepción de nuevas energías que cambian completamente nuestra actitud, nuestra percepción, sí, nuestra cognición de todos nuestros problemas.

Los problemas están ahí por nosotros

Vemos las cosas de forma diferente, abordamos los problemas con una nueva perspectiva, y de repente se muestran desde diferentes ángulos y comenzamos a entenderlos más profundamente. Su control sobre nosotros se afloja. Desde lo más profundo de nuestro corazón, los impulsos nos muestran que están justificados, incluso que están ahí por nosotros. Nos señalan la necesidad de cambiar y, en la forma en que se presentan, nos muestran la dirección en la que podríamos realizar el cambio. Un nudo complicado se transforma y se convierte en una tarea benéfica de la vida. Nos hemos elevado internamente y ahora podemos ver la situación desde una colina.
O, más concretamente, no estamos mirando con los ojos preestablecidos, filtrados por la percepción, sino más bien con los ojos del Hombre espiritual latente en nosotros. Está empezando a despertar, precisamente porque Le estamos dando la oportunidad.
Toleramos más, ya no nos interponemos en nuestro camino.

Así es como los problemas que antes nos parecían imposibles de resolver se revelan como “gigantes falsos”, sí, manos que ayudan en nuestra progresión en el camino. De nuevo se retrotraen a sí mismos a un nivel adecuado, en el que podemos lidiar con ellos. Nuestro estado interior puede ordenarlos a un nivel superior.

Hacemos simplemente lo que necesita cada situación. Sin efectos secundarios dramáticos. Ya no los vemos como problemas que nos gobiernan, sino como situaciones en las que hacemos lo que nos demandan. Ni más ni menos. El problema ha desaparecido. Ya no somos responsables de la situación, ya no estamos atados a ella, aunque nada haya cambiado desde el punto de vista puramente externo.

Elevarnos por encima de los problemas y subordinarlos a nosotros mismos y a nuestra vida en obediencia a lo Superior en nosotros: ¿no es éste el secreto para una vida libre de problemas?

No en el sentido de que nuestra vida transcurra sin obstáculos armoniosamente, o de que tengamos un sentimiento de superioridad sobre las cosas. En absoluto. Pero ya no estamos, como antes, encadenados a las corrientes emocionales. Permitimos que algo mucho más grande que nosotros fluya a través de nosotros. Algo que “no es de este mundo”. Ya no nos preocupan los problemas.

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Iniciadas de la era cristiana: Madame Blavatsky, la mensajera de los maestros

Iniciadas de la era cristiana: Madame Blavatsky, la mensajera de los maestros

Blavatsky le recordó al mundo que “la voz del silencio” existe dentro de cada uno de nosotros.

Texto: Grupo de autores Logon-Brasil, Imagen: Seven790612 via Pixabay

Puede que nunca hayas oído hablar de Helena Petrovna Blavatsky, pero debes saber que nuestra comprensión del mundo probablemente no sería la misma sin el legado de esta mujer rusa nacida en una familia noble, en 1831. Abrió mentes y corazones, rescató la fe de miles de personas, cuestionó dogmas centenarios y señaló lo que casi nadie podía ver en el mundo espiritual, lo que la consagró como una de las figuras más extraordinarias del siglo XIX. Ejerció una gran influencia en artistas como el poeta portugués Fernando Pessoa, quien tradujo al portugués uno de los textos de sabiduría que trajo a Occidente (La Voz del Silencio), y en hombres de la talla de Gandhi, Mondrian, Bernard Shaw y  Aldous Huxley, entre otros.

En una época en que las mujeres tenían un papel secundario en la sociedad y carecían de control total sobre sus vidas, Blavatsky fue una adelantada a su tiempo. Cuando era joven, rompió un matrimonio equivocado y viajó por el mundo buscando la Verdad, sumergiéndose en el conocimiento y cultivando la espiritualidad.

Madame Blavatsky (como se la conocía) era una mujer de educación superior, de una gran cultura y una inteligencia privilegiada. Se dice que tenía poderes psíquicos que rara vez se encuentran en una persona. En el Tíbet, a donde la llevó uno de sus viajes, habría sido instruida en enseñanzas secretas por iniciados y maestros que le confiaron la misión de rescatar la espiritualidad genuina en un mundo -el occidental- que se había vuelto cada vez más materialista. Para ella, sería posible revivir de nuevo las tradiciones espirituales ancestrales.

El primer paso en esta dirección fue la salida a la luz de Isis sin velo, una llave maestra de los misterios de la ciencia y la teología antiguas y modernas. Publicada en Nueva York en 1877, su primer trabajo sorprendió a muchos intelectuales de la época, entre ellos religiosos, orientalistas y científicos. En este trabajo, Madame Blavatsky dio pruebas convincentes de tener un profundo conocimiento de las tradiciones espirituales de la humanidad, poniendo de manifiesto la sabiduría de las enseñanzas esotéricas que subyacen en todas ellas. Con Isis sin velo descubrió el mundo invisible y lo colocó ante el público.

Continuando con su tarea, en 1888 publicó La Doctrina Secreta, una síntesis de Ciencia, Religión y Filosofía, que se consideraría su obra maestra y se convertiría en un clásico del esoterismo. Hasta entonces, el conocimiento esotérico proveniente de Oriente estaba poco extendido en Occidente, restringido a unos pocos círculos. Además, se puede decir que incluso en estos círculos el horizonte era limitado. Los libros de Blavatsky, especialmente los dos citados anteriormente, fueron un duro golpe para las ideas cristalizadas de la época, un ataque al dogmatismo y las supersticiones de las religiones, así como del materialismo y  la ciencia neopositivista.

Blavatsky provocó una inmensa revolución espiritual en el mundo. Rescató el sentido genuino de la Gnosis cuando escribió sobre lo que llamó la “historia de los perdedores”, en clara referencia a aquellos a quienes  la Iglesia oficial había perseguido; por ejemplo, las sectas gnósticas, muchos de cuyos seguidores fueron exterminados, ya desde los albores del cristianismo.

Dedicó su vida por completo a la difusión de una concepción nueva del trabajo espiritual; para ella debía ser un  trabajo interno: este principio era el resultado de su propia búsqueda.

Blavatsky muestra las señales de identidad propias de los iniciados en la Verdad Universal y, después de más de un siglo de su fallecimiento, en 1891, es relativamente fácil sintetizar sus principales logros.

Con el fin de despertar el interés de las personas hacia una comprensión más amplia de la naturaleza, al principio atrajo su atención con demostraciones de sus poderes psíquicos. Era como si dijera: “Mira, puedo contarte más sobre esto”. Siempre estaba disponible, era directa y clara. Se exponía y luego explicaba y, al explicarse, describía el Universo, la Verdad.

Más tarde, Blavatsky, con La voz del silencio (1889), le recordó al mundo que la voz del silencio existe dentro de cada uno de nosotros, independientemente de quiénes o qué seamos. Cada uno puede escuchar su voz interior; cada uno, en su singularidad y con sus contradicciones, puede escucharla. La actitud es al mismo tiempo el impulso, la voluntad y la rendición.

Sin embargo, lo que corona su posición como una de las grandes Iniciadas en la Verdad Universal es el hecho de que ella, sin lugar a dudas, contribuyó a la formación de otro eslabón en la cadena de Fraternidades Universales.

Ella ayudó a difundir una comprensión verdadera y espiritual de las antiguas enseñanzas orientales de los Siete Rishis (siete sabios), del Hinduismo y del Budismo. Y también reavivó el interés por los misterios y el conocimiento hermético-gnóstico, abriendo el camino para el surgimiento de varios movimientos esotéricos y escuelas gnósticas, entre las que se encuentra la Escuela Espiritual de la Rosacruz Áurea.

La figura de Helena Blavatsky, una mujer excepcional, estimuló una oleada espiritual que condujo al mundo y lo preparó para la Era de Acuario, cuya fuerza está llamando al ser humano a regresar a su esencia original.

Bibliografía:
1.   Helena P. Blavatsky:  Isis sin velo. Una llave maestra de los misterios de la ciencia y la teología antiguas y modernas. Volumen 1, 1995.

2.   Daniel Caldwell: – El mundo esotérico de Madame Blavatsky.  Escenas de la vida de una esfinge moderna. 2003.

3.   Peter Huijs: Llamados por el corazón del mundo. 2015.

4.   “El redescubrimiento de la Gnosis III”. En revista Pentagrama, 2015, núm. 3.

 

Fuente: https://www.logon.media/es

La mariposa

La mariposa

Nuestra tarea es mantener viva para el presente la riqueza y la profundidad de las imágenes significativas del pasado.

Texto: Ankie Hettema-Pieterse, País: Países Bajos, Imagen: Theo Lamers

“Imprégnate con el pensamiento de que para ti nada es imposible; considérate como inmortal y capaz de comprenderlo todo, las artes, las ciencias y la naturaleza de todo lo que vive. Sube más alto que toda altura, desciende más bajo que toda profundidad”.

Hermes Trismegistos, Segundo Libro, versículos: 80-81

 
Prólogo

Nuestra tarea es mantener viva la riqueza de imágenes significativas y su profundidad del pasado en el presente. Los animales míticos, como se describen en este libro[1] desbloquean la imagen especial de la verdad que está conectada con cada corazón humano, con cada alma humana.

Las representaciones de animales míticos llevan dentro de sí una fuerza para el desarrollo del alma espiritual y desde allí ponen las semillas para la vida espiritual que está oculta en cada persona. Permiten que la consciencia dé el salto a lo sobrenatural, tal como lo hacen los símbolos. Una vez reconocidos y vividos, abren la puerta a la conexión, como Hermes Trismegistos dice en La Tabla Esmeralda:

“Lo que está abajo es igual a lo que está arriba, y lo que está arriba es igual a lo que está abajo, para que se cumplan los milagros del Único”.

Los animales míticos son como las fuerzas estelares de inspiración dentro del microcosmos.
Nos impulsan en el camino hacia lo que es Santo, completo:

Como ser humano para unirse con Cristo,

la luz de las luces, en la que tiene lugar la transfiguración,

donde todos los opuestos se desvanecen,

donde “el Único” se derrama en el Santo Grial,

en luz y poder,

tanto cósmico como en nuestro propio centro;

la fuente dinámica de nuestras vidas.

Vamos por el camino de las estrellas, el camino que es la conexión.

El cosmos está equipado para cumplir con el objetivo del plan universal.

En el microcosmos,

como parte del todo,

como una joya brillante,

estamos preparados para ocupar nuestro lugar en el mundo,

para la humanidad,

para entregarnos al Universo como un poder luminoso.

 Amistad y poder del alma

“¡Soy hoy; soy ayer; soy mañana!

Soy el alma divina, misteriosa.

Mi plenitud radiante ilumina a cada resucitado,

Que, mientras pasa por sucesivas transformaciones

en el reino de los muertos,

está luchando por encontrar su camino

a través de la región de la oscuridad”.

El libro egipcio de los muertos.

Nuestro maravilloso planeta Tierra se basa en una fórmula alquímica que está constantemente activa.

El espacio intercósmico está lleno de sustancia primordial, la materia mágica, un mar eterno de plenitud de vida, en el que el gran aliento del Espíritu mueve el mar y lo lleva a la revelación: un inmenso campo, en lenguaje sagrado llamado el reino de Dios.

Ve el campo de revelación cósmica en el que se mueven las estrellas, los planetas y ve el campo de revelación de la Tierra en el que se desarrolla la vida, el campo de revelación del ser humano, en el que vivimos.

Cada revelación es parte del todo, armoniosa o aún en desarrollo, cada una tiene un doble movimiento: centrípeto, para recibir fuerza vital, y centrífugo, para entregar poder, imbuido de una idea que impulsa toda revelación, una inhalación y exhalación que vibran como una respiración.

El hombre tiene tres santuarios en los que puede recibir este santo aliento; el santuario del corazón, el santuario de la cabeza y el santuario de la vida.

La voluntad de avanzar en ese gran aliento, siguiendo esa idea, sabemos que nos abre a la recepción de la materia mágica, la sustancia primordial, los éteres puros. El amor es siempre el primero en este encuentro. El poder del amor de Cristo, el poder cósmico de la luz que se ha entregado al interior de la Tierra, al corazón del mundo, como alma del mundo, nos toca el corazón, despierta con suaves besos la chispa divina que descansa en su interior: se libera un nuevo sentimiento con respecto a nosotros mismos, a la vida y al mundo; nos vemos a nosotros mismos en relación con toda la Creación, con todo ser vivo, y contemplamos un camino iluminado con luces e ideas que podemos seguir. Y si entramos en ese camino, no puede ocurrir otra cosa que el amor que recibimos en Cristo irradie a través de nosotros y emane de nosotros nuevamente.

Esta corriente de amor que emana del corazón sigue su camino hacia arriba y se une con el gran aliento del Espíritu, con el campo de la sabiduría, y este Espíritu desciende hacia la corona de la cabeza. Un nuevo pensamiento despierta, es la nueva consciencia a la luz de este Espíritu santificador para que podamos ser sanados, un movimiento armónico con el único aliento.

Ve el movimiento: desde el corazón sale una corriente de amor a izquierda y derecha, y muy lejos hacia el Espíritu, y ve cómo el Espíritu desciende y se conecta con el santuario abierto de la cabeza. Este movimiento poderoso de amor y sabiduría, forma las alas de un cuerpo del alma inmortal que está creciendo dentro de nosotros, que quiere mostrar y difundir la belleza de la vida, de la vida original.

Las alas del cuerpo del alma, bellamente coloreadas, en ambos lados, que se complementan entre sí, al poder y al movimiento, opuestos, sintonizados simétricamente.

“La mariposa fue conducida a través del campo, y cuando caminé por él, soñando, un brillo del paraíso se quedó conmigo. El viento sopla, pero las mariposas tienen un sutil parecido a las cosas efímeras.”

La mariposa es vista como un símbolo del alma, de la victoria sobre la transitoriedad, sobre la muerte.

Nos deslumbra la belleza de una mariposa, pero a menudo no consideramos los cambios que la mariposa, con sus alas de papel, ha experimentando para lograr esta belleza.

No hay nada en este mundo que permanezca. Todo cambia, todo se esfuma, todas las cosas toman forma y pasan de nuevo.

La renovadora de todo, la madre naturaleza, da forma a cada cosa y nada, ni un átomo, se pierde en este Universo.

En ella, el ser humano realiza una transformación maravillosa: pasando por todo tipo de cambios, madura para dedicar su naturaleza al Espíritu, indicado como el camino de regreso a su origen universal en los misterios egipcios y en la Fraternidad Cátara, del Osiris verde al Osiris negro, una iniciación de Keplèr a Mès-Naut y a Ka (las tres grutas sagradas), simbólicamente de oruga a crisálida y a mariposa, de formación a reforma y a transformación [2]..

La oruga, el ser humano, el Osiris Verde que desea seguir el camino, se convierte en una crisálida, en la gruta de Keplèr, al entrar en el silencio de su santuario interior, dándose cuenta de que en silencio la mano formativa del Espíritu, la más alta revelación, espera. Esta persona se queda en silencio con respecto al ego, se vacía de sí mismo, entra en su propia tumba, donde tiene lugar la reforma.

La oruga en la crisálida, el hombre que reorganiza, reforma y muere al Osiris negro, el negro que lo hace receptivo, lo hace absorber la luz y, por lo tanto, cambia.

En su oscuro recinto, la gruta de Mès-Naut, experimenta progresivamente una permutación, una transformación, del hombre material al hombre alma.

Más y más alto, sí, cada vez más alto, el cuerpo del alma se desarrolla, se perfecciona en un ser humano consciente de la luz y seguidor de la luz, para estallar como mariposa celestial, como un alma de luz en Ka y ser su alma espiritual. El hombre resucitado, el insecto perfecto que ya estaba escondido dentro de la oruga.

Esta metamorfosis es una formación interna, una fusión con la naturaleza eterna, de la que participa siendo luz, dando amistad verdadera, salvando lo perdido, consolando al derrotado, resucitando a los caídos, curando las heridas, trayendo luz al mundo y conectándose con otros para ser una gran inundación que fluye hacia la sociedad.

Y mira, esta corriente de luz cambiará el mundo.

¡Alegría, hermoso destello de los dioses,

hija del Elíseo!

Ebrios de entusiasmo entramos,

diosa celestial, en tu santuario.

Tu hechizo une de nuevo

lo que la acerba costumbre había separado;

todos los hombres vuelven a ser hermanos

allí donde tu suave ala se posa. [3]

 [1] Este artículo es un extracto del prólogo y un capítulo del libro: “El ave del paraíso y otros animales míticos. Imágenes primarias de la vida del alma.” (De Paradijsvogel en andere mythische dieren. Oerbeelden van zieleleven.) Ankie Hettema-Pieterse, Rosycross Press 2019

[2] A. Gadal, “En el camino del Santo Grial”, Fundación Rosacruz, Zaragoza 1996, España

[3] Friedrich Schiller: “Oda a la alegría” (An die Freude), 1785

Fuente: https://www.logon.media/es

La soledad y el milagro

La soledad y el milagro

Cuánto tiempo duró, no lo sé.  El tiempo estaba fuera de control.

Texto: Krabbelton, País: Alemania, Imagen: Ruth Alice Kosnick

A menudo me he sentido solo, abandonado, como si hubiera perdido algo, pero no sabía qué era ese algo.

Una profunda nostalgia me inquietaba y mi corazón se sentía como si lo estuvieran frotando con papel de lija.

A pesar de intentarlo, no pude liberarme del dolor que sentía.

El miedo se manifestó, el miedo a un vacío desconocido, a un profundo agujero oscuro de perdición.

La desesperación se apoderó de mí y me arrastró más y más profundo en el abismo.

No pude soportar la vorágine.

Así llegó el momento en que mi resistencia se rompió.

Caí. Una tormenta estalló dentro de mí, como una explosión.

Nada parecía permanecer entero, todo estaba hecho pedazos.

Fragmentos de acontecimientos de mi vida volaron a mí alrededor.

Me quedé allí indefenso, casi indiferente.

No sé cuánto tiempo duró.

El tiempo estaba fuera de control…

Y entonces se manifestó una sensación de calma

y me di cuenta de que todo había encontrado su lugar.

Pude entender por qué mi vida era tan confusa.

Me di cuenta de lo que me faltaba en mi vida

y de lo que había estado presente en mi infancia.

Mi corazón se regocijaba de alegría.

Lo perdido volvió de nuevo:

era la razón de mi existencia,

La razón principal.

Fue como un milagro.

Una energía espiritual interior había reemplazado el abismo.

La soledad y el miedo habían desaparecido.

Como si nunca hubieran existido. Fue el comienzo de algo nuevo.

Recuperé mi brújula interior y, con ello, el coraje y la confianza.

Puedo seguir avanzando

al lugar de mi anhelo interior.

 La brújula indica el camino que soy, sobre lo que es incomprensible. A él me dirijo.

Fuente: https://www.logon.media/es

Karma y libre albedrío

Karma y libre albedrío

Karma es uno de los términos comúnmente usados en la literatura esotérica actual, popularizado en el lenguaje cotidiano, donde ha reemplazado la palabra destino. El destino ha sido usado durante mucho tiempo, para explicar e incluso justificar las acciones y eventos que los individuos y la humanidad han experimentado. Así, en lugar de decir “es su destino”, se ha convertido en una tendencia decir “es su karma.”

Esta noción de moda parece convertirnos en un modo existencial, hecho de acciones y reacciones mecánicas —pero ¿a qué se refiere? Y sobre todo, ¿qué sería liberador en esta visión predeterminada, y qué hay del libre albedrío?

Texto: Jacques ETOUNDI ATEBA, País: Camerún, Imagen: Pixabay CC0

 

Derivado del Sánscrito, karma significa acción en todas sus formas, y también las consecuencias de nuestros actos; el balance de las consecuencias buenas o malas de las acciones pasadas determina las sucesivas encarnaciones.

En este sentido, no sólo se refiere a la remuneración de las acciones, sino también a su maduración. Según este significado, no habría intervención divina en los acontecimientos, sino más bien una maduración de las acciones en sus consecuencias. Para hacer frente a estas consecuencias, el ser humano siempre busca mejorar su karma, evaluando sus acciones y sus palabras de momento a momento, eligiendo los mejores actos, con la esperanza de que él o ella abandonarán invariablemente el ciclo de la muerte y el renacimiento (sámsara) llegando a la liberación final llamada Moksha o Nirvana.

Para el misticismo hindú, como para otras corrientes ocultas, hay cierto fatalismo en la medida en que “todo lo que sucede, sucede”, sin importar las aspiraciones, los esfuerzos, las oraciones y los actos del hombre.

En consecuencia, la ley del karma parece la ley más poderosa del universo: regula, castiga, reprime y recompensa las buenas y las malas acciones.

“Me mantengo alejado de los locos, de los viciosos, de los lascivos, de los envidiosos y codiciosos, de los asesinos y de los irreverentes; los abandono al demonio vengativo, despellejados, y luego los quemo con el fuego del deseo, que excita sus sentidos. Por lo tanto, dándoles más oportunidades de cometer actos crueles y terminando agravando aún más su castigo”.

La complejidad de esta percepción kármica de la existencia humana es estrictamente determinista y alienante. ¿Cuál sería el margen de acción humana en un determinismo hecho con leyes incorruptibles e inalienables? En el caso de que todo parezca ya escrito, y en el caso de que el hombre no sea más que un simple subordinado en un marco existencial tan regulado, ¿qué debería hacer para obtener su salvación?

La respuesta a esto parece más problemática que en la Biblia, donde Jesús, respondiendo al centurión, afirma: “Ve, y hazlo según tu fe”. Esta liberación dejada por Cristo estaría más en armonía con la idea de libre albedrío, donde el individuo debe elegir su camino de acción, definir el calendario, los medios y los métodos. En realidad, los metafísicos a menudo se han dividido entre libertad y necesidad, entre compatibilidad e incompatibilidad. La reflexión aquí se centra en la compatibilidad o incompatibilidad entre las Leyes y la iniciativa personal, entre determinismo y libre albedrío. ¿Cómo puede uno pensar que depende tanto de las leyes naturales como de la responsabilidad por sus acciones?

¿Son posibles varios futuros?

En el caso de que se esté de acuerdo sobre el condicionamiento causado por la fecha y el lugar de nacimiento y sobre la importancia de la naturaleza de la familia de origen, la discusión se refiere más bien a la gestión de los recuerdos personales, de las experiencias, de las acciones, de los logros y las frustraciones.

Para los cabalistas modernos, el karma se refiere a una serie de dificultades que uno elige antes de nacer, convirtiéndose así en el objetivo de la vida superar estas duras pruebas, para vivir el resto de la vida en el deseado libre albedrío. Según los enfoques teosóficos y antroposóficos, el karma se refiere a la ley de retribución o ley de causa y efecto.

Mientras tanto, la creencia de que las acciones individuales en cualquier momento pueden cambiar el curso de su destino está ganando terreno.

La posibilidad de “crear el destino” en todo momento parece interesar a los buscadores modernos. En efecto, en el campo del desarrollo personal, se les invita a explorar los límites de la personalidad, en sus aspectos conscientes, inconscientes y subconscientes, con el fin de ser dueños de su propio destino, o de ampliar la propia consciencia y adquirir un mayor autocontrol.

La perspectiva de la filosofía transfigurística también parece apuntar hacia una auto-francmasonería, pero en este caso se basa en la consciencia del Átomo Chispa de Espíritu, cuyo despertar renueva tanto los aspectos interiores como exteriores del Microcosmos, y que debe convertirse en el guía de nuestras vidas.

Pero, si no hay posibilidad de escapar del karma, ¿podría haber una construcción libre?

Si asumimos que la salvación está planeada de antemano, y que es suficiente activar nuestro “karma positivo”, esto haría que algunos seres estuviesen dotados con la posibilidad de escapar, y otros estuviesen irremediablemente condenados por su pesado karma. Esta visión aparece de alguna manera inusual, insostenible, e insoportable para toda conciencia que tenga un mínimo de consideración por el destino de la humanidad que sufre.

Por otro lado, en base a la creencia de que una acción individual puede cambiar nuestro destino, diferentes alternativas parecen presentarse a la conciencia individual y colectiva, ya que hay una opción de hacer constantemente en nuestras vidas. Desde esta perspectiva, cada idea formulada, cada deseo, cada acción individual o colectiva actualizaría el destino del hombre, que no sería un camino lineal, sino una red compleja de caminos virtuales, con la posibilidad de que cada ser humano modifique su propia vida y la de los demás.

Mientras se permanece en el plano de vida horizontal sobre la Tierra, el ser humano está bajo el control del destino que lo dirige y lo maltrata. Pero cuando se libera de esta dependencia fatal, todo lo que experimenta solo sucede para su elevación o la de sus compañeros.

La Fraternidad Universal, constituida por microcosmos que no han caído, más los que se han reintegrado en el Orden de Vida Divina, aporta un remedio para este mundo: la Ley del Amor, a la que todos los seres humanos pueden conectarse, y así escapar de la prisión kármica natural.

Tratar de acumular el karma de “buenas acciones” puede aliviar el sufrimiento individual y permitir vivir una vida natural aceptable; pero esto no garantizará una solución liberadora duradera. Para que se sea digno de recibir este regalo divino traído por los “Hermanos Mayores”, el candidato a los misterios divinos, que hasta entonces estaba sometido a la férrea ley del karma del alma natural, debe despertar el alma divina, y llevar el vestido de luz por el cual escapará de Némesis, la diosa de ojos vendados que simboliza el karma.

Gracias a las nuevas cualidades del alma, todo en él dará un vuelco, y el candidato evitará entonces al demonio vengativo en cuanto elija un ciclo de vida virtuoso, evolucionando de magnificencia en magnificencia. Esto no significa necesariamente que el candidato no experimentará más obstáculos y dificultades inherentes a la vida en la materia.

Más bien, él verá las circunstancias y los acontecimientos de su vida con ojos nuevos, que los transformará en “aceleradores de consciencia” y más tarde serán elevados al estado paradójico de “piedras de construcción” para la liberación de la humanidad.

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Noche del alma

Noche del alma

¿Qué se supone que debo hacer?

Texto: Hugo van Hooreweghe, País: Belgium, Imagen: Olga Boiarkina

A plena luz del día, de repente, me sentí abrumado por la oscuridad. No la vi venir en absoluto, pero repentinamente todo pareció volverse en mi contra. Algunos me acusaban de algo y me hacían la vida difícil, al menos eso era lo que sospechaba. La vida misma se había vuelto contra mí y ni siquiera sabía por qué.

Y luego, de nuevo, me acechó una abrumadora duda y fui asaltado por pensamientos oscuros. Mis certezas adquiridas pacientemente se destruyeron una tras otra. El significado profundo de las cosas es ahora un misterio para mí, y sin fundamento me encontré a  mí mismo precipitado en las profundidades de la existencia y a merced de las fuerzas oscuras del destino. Me pregunté, ¿qué debía hacer?

¿Pero no es en eso donde se esconde el peligro? Tuve la tentación de reaccionar rápidamente para contrarrestar inmediatamente las inminentes adversidades y defenderme con todas mis fuerzas de las calamidades que se acercaban, afrontar resueltamente las causas y combatirlas enérgicamente.

Pero al hacerlo, solo estaba empeorando las cosas. De esta manera, fortalecí los poderes oscuros que se alimentan de la energía de mi oposición. Y todos mis pensamientos involuntarios formaron una red en la que me enredé cada vez más, hasta que finalmente el pánico me paralizó por completo. Estaba completamente bloqueado, no podía ver nada, y tenía miedo, estaba dando vueltas en la oscuridad.

En este estado, me resultaba imposible darme cuenta de que cada intento que hacía para liberarme me encerraba aún más. Al final, no tuve más opción que abandonar toda mi resistencia y mi lucha guiada por el instinto de supervivencia, manteniéndome como una caña flexible a merced del viento. Todo lo que tenía que hacer era permanecer tranquilo hasta que la tormenta se alejase, impotente contra todos estos casos de fuerza mayor que me impedían ejercer cualquier influencia significativa en mi vida. Esperar pacientemente, con la mirada dirigida hacia “las montañas de las que vendrá la ayuda”, como se dice en el Salmo 121.

Sé que esta ayuda siempre llega inesperadamente, pero tengo que confiar en ella. Al principio, la ayuda puede llegar en forma de una rendición de sí mismo que me permitirá soportar las circunstancias y afrontarlas. Entonces, de repente, tuve una visión de lo que me pasó y la consciencia de haberlo creado yo mismo. Y finalmente, me llegó la fuerza espiritual del centro que llena mi ser-alma y me eleva por encima de la lucha por la supervivencia. Esta fuerza me mostró definitivamente el camino para ser libre de mí mismo, allí donde ya no hay prosperidad o adversidad, ya no alguien que amenaza ni nadie que puede ser amenazado. La noche ha pasado y por fin ha llegado la mañana.

Fuente: https://www.logon.media/es