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¿Vivir sin problemas?

¿Vivir sin problemas?

Los problemas pueden ser de gran ayuda. Solo necesitamos saber cómo enfocarlos correctamente. El instinto del corazón puede ser de gran ayuda.

Texto: Andreas Kemmerer, País: Alemania, Imagen: Ruth Alice Kosnick

Empleamos gran parte de nuestro tiempo, tanto de día como de noche con innumerables problemas que surgen. Nos mantienen ocupados, captan nuestra atención, les damos nuestra energía vital, buscamos soluciones, optimizaciones y estrategias. Quizás a veces soñamos con lo hermosa que podría ser una vida sin problemas. Pero: ¿puede que los problemas tengan un sentido más profundo, un propósito útil?

La corriente interminable de problemas parece no tener fin. Al contrario, cada vez son más. Apenas podemos encontrar y aplicar tantas estrategias para solucionarlos como realmente se necesita. Nos sentimos estresados. Estamos agotados, no podemos más….
Y así cada vez más personas se queman. ¿Hay alguna forma de salir de este dilema? ¿Cómo podemos manejar la situación? ¿Cómo podemos resolver nuestros problemas sin enfermarnos? ¿Cómo podemos estar a la altura de nuestras tareas y nuestras vidas?

Hay muchas estrategias, muchas opciones. Debemos decidir dependiendo de nuestra naturaleza. Una posibilidad es adoptar una postura completamente nueva hacia la vida.


Una nueva actitud hacia la vida

El físico y filósofo Blaise Pascal (1623-1662) declaró: “El corazón tiene razones que la razón no conoce”. Sumergirse, profundizar en ellas, confiar en ellas, nos cambia, lo que da lugar a que nos cuestionemos internamente los problemas.

La mente ofrece ejercicios y métodos refinados. Mi experiencia es que el verdadero cuestionamiento es posible gracias a consagrarse a la inteligencia que vive en lo profundo de nuestros corazones. Nunca podremos controlar nuestras vidas con posibilidades limitadas y nuestras imperfecciones. En la medida en que nos entreguemos nosotros mismos, nuestros motivos y ataduras egoístas a nuestra chispa divina del espíritu, así nos será dado.

Tan pronto como esta consagración se convierta en nuestra práctica diaria de vida, tendrá lugar un intercambio de energías y fuerzas. Esta auto-consagración, esta entrega de uno mismo, incluye una recepción de nuevas energías que cambian completamente nuestra actitud, nuestra percepción, sí, nuestra cognición de todos nuestros problemas.

Los problemas están ahí por nosotros

Vemos las cosas de forma diferente, abordamos los problemas con una nueva perspectiva, y de repente se muestran desde diferentes ángulos y comenzamos a entenderlos más profundamente. Su control sobre nosotros se afloja. Desde lo más profundo de nuestro corazón, los impulsos nos muestran que están justificados, incluso que están ahí por nosotros. Nos señalan la necesidad de cambiar y, en la forma en que se presentan, nos muestran la dirección en la que podríamos realizar el cambio. Un nudo complicado se transforma y se convierte en una tarea benéfica de la vida. Nos hemos elevado internamente y ahora podemos ver la situación desde una colina.
O, más concretamente, no estamos mirando con los ojos preestablecidos, filtrados por la percepción, sino más bien con los ojos del Hombre espiritual latente en nosotros. Está empezando a despertar, precisamente porque Le estamos dando la oportunidad.
Toleramos más, ya no nos interponemos en nuestro camino.

Así es como los problemas que antes nos parecían imposibles de resolver se revelan como “gigantes falsos”, sí, manos que ayudan en nuestra progresión en el camino. De nuevo se retrotraen a sí mismos a un nivel adecuado, en el que podemos lidiar con ellos. Nuestro estado interior puede ordenarlos a un nivel superior.

Hacemos simplemente lo que necesita cada situación. Sin efectos secundarios dramáticos. Ya no los vemos como problemas que nos gobiernan, sino como situaciones en las que hacemos lo que nos demandan. Ni más ni menos. El problema ha desaparecido. Ya no somos responsables de la situación, ya no estamos atados a ella, aunque nada haya cambiado desde el punto de vista puramente externo.

Elevarnos por encima de los problemas y subordinarlos a nosotros mismos y a nuestra vida en obediencia a lo Superior en nosotros: ¿no es éste el secreto para una vida libre de problemas?

No en el sentido de que nuestra vida transcurra sin obstáculos armoniosamente, o de que tengamos un sentimiento de superioridad sobre las cosas. En absoluto. Pero ya no estamos, como antes, encadenados a las corrientes emocionales. Permitimos que algo mucho más grande que nosotros fluya a través de nosotros. Algo que “no es de este mundo”. Ya no nos preocupan los problemas.

Fuente: https://www.logon.media/es