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Iniciadas de la era cristiana: Madame Blavatsky, la mensajera de los maestros

Iniciadas de la era cristiana: Madame Blavatsky, la mensajera de los maestros

Blavatsky le recordó al mundo que “la voz del silencio” existe dentro de cada uno de nosotros.

Texto: Grupo de autores Logon-Brasil, Imagen: Seven790612 via Pixabay

Puede que nunca hayas oído hablar de Helena Petrovna Blavatsky, pero debes saber que nuestra comprensión del mundo probablemente no sería la misma sin el legado de esta mujer rusa nacida en una familia noble, en 1831. Abrió mentes y corazones, rescató la fe de miles de personas, cuestionó dogmas centenarios y señaló lo que casi nadie podía ver en el mundo espiritual, lo que la consagró como una de las figuras más extraordinarias del siglo XIX. Ejerció una gran influencia en artistas como el poeta portugués Fernando Pessoa, quien tradujo al portugués uno de los textos de sabiduría que trajo a Occidente (La Voz del Silencio), y en hombres de la talla de Gandhi, Mondrian, Bernard Shaw y  Aldous Huxley, entre otros.

En una época en que las mujeres tenían un papel secundario en la sociedad y carecían de control total sobre sus vidas, Blavatsky fue una adelantada a su tiempo. Cuando era joven, rompió un matrimonio equivocado y viajó por el mundo buscando la Verdad, sumergiéndose en el conocimiento y cultivando la espiritualidad.

Madame Blavatsky (como se la conocía) era una mujer de educación superior, de una gran cultura y una inteligencia privilegiada. Se dice que tenía poderes psíquicos que rara vez se encuentran en una persona. En el Tíbet, a donde la llevó uno de sus viajes, habría sido instruida en enseñanzas secretas por iniciados y maestros que le confiaron la misión de rescatar la espiritualidad genuina en un mundo -el occidental- que se había vuelto cada vez más materialista. Para ella, sería posible revivir de nuevo las tradiciones espirituales ancestrales.

El primer paso en esta dirección fue la salida a la luz de Isis sin velo, una llave maestra de los misterios de la ciencia y la teología antiguas y modernas. Publicada en Nueva York en 1877, su primer trabajo sorprendió a muchos intelectuales de la época, entre ellos religiosos, orientalistas y científicos. En este trabajo, Madame Blavatsky dio pruebas convincentes de tener un profundo conocimiento de las tradiciones espirituales de la humanidad, poniendo de manifiesto la sabiduría de las enseñanzas esotéricas que subyacen en todas ellas. Con Isis sin velo descubrió el mundo invisible y lo colocó ante el público.

Continuando con su tarea, en 1888 publicó La Doctrina Secreta, una síntesis de Ciencia, Religión y Filosofía, que se consideraría su obra maestra y se convertiría en un clásico del esoterismo. Hasta entonces, el conocimiento esotérico proveniente de Oriente estaba poco extendido en Occidente, restringido a unos pocos círculos. Además, se puede decir que incluso en estos círculos el horizonte era limitado. Los libros de Blavatsky, especialmente los dos citados anteriormente, fueron un duro golpe para las ideas cristalizadas de la época, un ataque al dogmatismo y las supersticiones de las religiones, así como del materialismo y  la ciencia neopositivista.

Blavatsky provocó una inmensa revolución espiritual en el mundo. Rescató el sentido genuino de la Gnosis cuando escribió sobre lo que llamó la “historia de los perdedores”, en clara referencia a aquellos a quienes  la Iglesia oficial había perseguido; por ejemplo, las sectas gnósticas, muchos de cuyos seguidores fueron exterminados, ya desde los albores del cristianismo.

Dedicó su vida por completo a la difusión de una concepción nueva del trabajo espiritual; para ella debía ser un  trabajo interno: este principio era el resultado de su propia búsqueda.

Blavatsky muestra las señales de identidad propias de los iniciados en la Verdad Universal y, después de más de un siglo de su fallecimiento, en 1891, es relativamente fácil sintetizar sus principales logros.

Con el fin de despertar el interés de las personas hacia una comprensión más amplia de la naturaleza, al principio atrajo su atención con demostraciones de sus poderes psíquicos. Era como si dijera: “Mira, puedo contarte más sobre esto”. Siempre estaba disponible, era directa y clara. Se exponía y luego explicaba y, al explicarse, describía el Universo, la Verdad.

Más tarde, Blavatsky, con La voz del silencio (1889), le recordó al mundo que la voz del silencio existe dentro de cada uno de nosotros, independientemente de quiénes o qué seamos. Cada uno puede escuchar su voz interior; cada uno, en su singularidad y con sus contradicciones, puede escucharla. La actitud es al mismo tiempo el impulso, la voluntad y la rendición.

Sin embargo, lo que corona su posición como una de las grandes Iniciadas en la Verdad Universal es el hecho de que ella, sin lugar a dudas, contribuyó a la formación de otro eslabón en la cadena de Fraternidades Universales.

Ella ayudó a difundir una comprensión verdadera y espiritual de las antiguas enseñanzas orientales de los Siete Rishis (siete sabios), del Hinduismo y del Budismo. Y también reavivó el interés por los misterios y el conocimiento hermético-gnóstico, abriendo el camino para el surgimiento de varios movimientos esotéricos y escuelas gnósticas, entre las que se encuentra la Escuela Espiritual de la Rosacruz Áurea.

La figura de Helena Blavatsky, una mujer excepcional, estimuló una oleada espiritual que condujo al mundo y lo preparó para la Era de Acuario, cuya fuerza está llamando al ser humano a regresar a su esencia original.

Bibliografía:
1.   Helena P. Blavatsky:  Isis sin velo. Una llave maestra de los misterios de la ciencia y la teología antiguas y modernas. Volumen 1, 1995.

2.   Daniel Caldwell: – El mundo esotérico de Madame Blavatsky.  Escenas de la vida de una esfinge moderna. 2003.

3.   Peter Huijs: Llamados por el corazón del mundo. 2015.

4.   “El redescubrimiento de la Gnosis III”. En revista Pentagrama, 2015, núm. 3.

 

Fuente: https://www.logon.media/es

Nuevos ojos revelan un mundo diferente

Nuevos ojos revelan un mundo diferente

Marcus Ullbrich

Nuestra percepción depende de nuestro pensamiento. El mundo es la imagen que resulta de nuestro estado de conciencia.

Percibimos aquello que pensamos. Todo lo que vemos refleja el sentido que damos a las cosas. El mundo que creemos percibir como una realidad exterior a nosotros es, realmente, el espejo de nuestra mente. Y dado que nuestro proceso del pensamiento tiene lugar en nuestra mente, el mundo nos muestra nuestro estado de ser espiritual.

Si un mundo de enfermedad, sufrimiento y muerte no es lo que queremos, debemos transformar nuestra mente. Para hacerlo se necesita un camino interior.

¿Podemos realmente pensar que todo lo que ahora percibimos es la creación de un padre bondadoso y omnipotente? ¿Es todo el sufrimiento del mundo obra de Dios? ¿Quién querría relacionarse a un dios así? Nuestro mero anhelo por aquello que realmente somos, por la fuente de nuestro ser, nos muestra que nuestra alegría y nuestra paz yacen allí donde nuestro anhelo se origina. El amor eterno no puede haber sido creado por este mundo. Por tanto, el amor nos conducirá lejos de la ilusión y hacia el ser que en realidad somos.

Ahora lo veo con claridad: Dios es la fuente de la verdad. Algo se ha removido dentro de mí y me gustaría llamarlo transcendencia, Dios. Se manifiesta inesperadamente. En ello puedo ver la fuente de mi añoranza. Me entrego a ello y eso cambia mi identidad. De esa fuente surge una nueva forma. A partir de ese estado recién adquirido digo: Tras ese mundo que se halla sujeto a las fluctuaciones del sufrimiento y la alegría, hay otro mundo, en el cual reinan la paz, la dicha, y una constante transformación. Nuestro mundo es tan real como nosotros lo hacemos. Yo lo experimento como un engañoso velo, pero también como un faro.

Se manifiesta en cada momento a través de una mente que piensa diferente que Dios y que aún no ha encontrado el sentido de su existencia. Una mente así produce pensamientos que están separados de la fuente de la vida. Esta fuente permite todos los caminos, incluyendo que la mente cree ilusiones y cree un mundo separado de la Fuente.

El sistema de pensamiento de nuestro ego es experimentado como una entidad separada. No obstante, dado que la separación es una ilusión, el ego también lo es: Él se mantiene a través de la creencia en su realidad. Nuestro cuerpo visible está separado de los otros cuerpos— eso es lo que nos dicen nuestros órganos sensoriales. Él es la expresión de esa separación. Nuestra mente está firmemente conectada con eso. La percepción del sistema de pensamiento del ego experimenta en consecuencia lo visible como la verdad. Esto cambiará cuando la conciencia sea acogida por la fuente. Entonces cambiará nuestra mente. Entonces experimentaremos la interacción de todas las cosas en la vida única.

Es una confusión entre causa y efecto el creer que nuestra percepción es una consecuencia de lo que realmente sucede en el mundo. Pues es lo contrario: El mundo nos muestra las imágenes en las que nuestra mente vive. El sistema de pensamiento del ego puede esforzarse por mejorar el mundo y nuestra propia vida. El mundo siempre se mostrara a sí mismo de acuerdo con las normas en uso. El pensamiento al revés siempre se confirmará. Siempre estará de acuerdo con aquello que se ha formado.

Para mí, paz y dicha son la verdad de Dios porque han surgido en mi interior en el trascurso de mi camino interior. Junto a ellas, está la experiencia de que la vida, a pesar de mostrarse bajo múltiples y diferentes aspectos, es solo una. El apego a la separación se ha vuelto para mí ilusorio. La verdadera percepción es el tipo de visión que va más allá de lo que nos muestran los ojos físicos. Va más lejos, ve aquello que está tras el velo de las formas. O, en otras palabras: desvela el significado de las formas; mira a través de ellas, las comprende como señalizaciones hacia el otro mundo en el que se encuentra la verdadera identidad de las cosas.

La “verdadera percepción”

Mientras queramos estar en lo cierto sobre lo que pensamos y vemos, no hay posibilidad de transformación espiritual. Pues cada pensamiento deja una huella en nuestra estructura interna. Es una cristalización que nos conduce a un razonamiento circular. Por ello es necesario que nuestro pensamiento sea flexible y se renueve constantemente. Esto se hace posible cuando nos dirigimos hacia la fuente de la vida. Los cambios que entonces ocurren no significan que tenemos que realizar algo. Ello significa que “algo” en nosotros quiere manifestarse, algo que aún no conocemos, pero que sentimos muy cercano, no obstante. Podemos admitir ese nuevo aspecto, concederle algo de espacio. Podemos abrirnos a lo desconocido, que quiere transformarnos desde dentro. Somos los receptores de aquello que viene desde lo Divino, no somos los creadores. Actuar y juzgar, separados del origen divino, ha generado los velos que nos impiden reconocer la luz. Podemos dejar que esos velos se disuelvan.

El camino para hacerlo está preparado. Empieza por el hecho de que nuevos sentidos se remueven en nuestro interior y nos preguntan: ¿Quieres conservar tus juicios o estás dispuesto a echarte a un lado, para que algo más profundo pueda encender la luz dentro de ti?

Somos libres de decidir pues el amor sin libertad no puede existir.

Si queremos seguir moviéndonos en el mundo de las ilusiones, crucificamos la Luz. Incluso las ilusiones necesitan una luz creadora. La usan. Desde ese punto de vista, también la luz espera la salvación. Pero nada puede ser forzado. El “plan de salvación” consiste en que nos despertemos del sueño. Toda disposición a abandonar los pensamientos de separación y dejar que el todo en nosotros se inflame, será jubilosamente utilizada por el Espíritu Santo, el renovador de la vida. Él rectifica nuestra mente revelando nuestra verdadera identidad. La Luz de la fuente original colmará entonces nuestra conciencia. Veremos el mundo de un modo diferente. Veremos como la Luz está activa en todas partes. La luz se contempla a sí misma a través de nosotros. El mundo se experimenta a sí mismo renovado, a través de nosotros.

Fuente: https://www.logon.media/es