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Trabajando con resistencia

Trabajando con resistencia

Qué curioso es el fenómeno de la resistencia

Texto: Joost Drenthe, País: Países Bajos, Imagen: Vlad Indrei a través de Pixabay CCO

Qué curioso es el fenómeno de la resistencia. ¿Quién no ha experimentado su pesadez y sus afilados colmillos? ¿Y además la resistencia que tenemos contra nuestra resistencia? Pero durante toda nuestra vida, sí, todo el mundo sobre la resistencia es un factor constante.

La resistencia causa fricción y la fricción nos da nuestras experiencias y ¿no es eso para lo que estamos aquí en la tierra?

Sin fricción no podemos desarrollar la fuerza necesaria para actuar de manera diferente la próxima vez y así progresar en nuestra vida.

A veces uno oye a la gente decir: ‘Si solo esta pesada carga se levantara de mi espalda, entonces la Vida, o el Sendero, se abriría ante mí y yo sería capaz de recorrer la distancia’. Pero no, esta resistencia es la Vida, es el Camino y cuando puedes aceptar esto completamente, entonces la resistencia se convierte en una experiencia de aventura y puede convertirse en un instrumento muy útil para la orientación espiritual.

En Internet encontramos que a partir de este momento hay 65 guerras y conflictos armados en el mundo. La inmensa resistencia interna que siento contra este hecho, como ciudadano del mundo, me da al mismo tiempo una fuerza motivadora en mi camino.

Mi resistencia contra la violencia, la tosquedad y los extremos en los libros y en la televisión al mismo tiempo actúa como un estímulo para mi elección para un claro “No” contra estos extremos en mi propia vida.

La resistencia contra el comportamiento de la gente en mi vecindad me proporciona un espejo en el que puedo ver reflejado mi propia falta de amabilidad, o de lo contrario no me verían tan afectados por sus payasadas.

Estos ejemplos nos muestran que la esencia de la resistencia en realidad significa: ¡Aquí tengo trabajo que hacer!

La resistencia es una lección envuelta para regalo que me será presentada una y otra vez hasta que la haya desenvuelto y aceptado.

En esencia, la raíz de la resistencia reside en el hecho de que no acepto lo que está allí. O que no quiero ser quien soy. No quiero estar donde estoy.

No aceptar la realidad desperdicia mucha energía y promueve la turbulencia en la cabeza y el corazón, y es seguro que nunca ganaré este juego.

Luchar contra nuestra resistencia solo la hace más fuerte, porque “donde va la atención, la energía crece”.

No es de extrañar que el Buda haya establecido el “Ser sin resistencia” como 1 de sus 3 puntos principales junto con los juicios y la impunidad.

Con la ayuda del sismógrafo de mi resistencia, me doy cuenta de mis puntos débiles. Visto de esta manera, siempre estoy exactamente donde debo estar.

¿Dónde está el camino? Donde estoy.

¿A dónde conduce el camino? A donde voy

No hay otra manera.

Una entrada útil para trabajar con el valor de la resistencia es observar el significado que le asigna a una situación, a un ser humano o a un hecho.

Tan pronto como elimines la ‘historia’, el significado, la interpretación, la etiqueta que has vinculado a los hechos claros, solo queda lo que es en su esencia más simple.

Así, la vida se vuelve muy simple, somos nosotros los que la dificultamos.

Porque no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos.

La resistencia es en gran medida una actividad del ego en el sentido de que “algo debe cambiar en mi realidad para que sea más cómodo para mí”.

Como dice el Buda:

Sin ego, sin resistencia. Sin resistencia, sin sufrimiento.

Esto no significa que no habrá pruebas en tu vida. Significa que mientras recorres el laberinto de la vida, podrás viajar con total entrega al lugar tranquilo de tu corazón.

La resistencia desperdicia nuestra fuerza vital. Rendirse al corazón nos da energía.

 Fuente: https://www.logon.media/es

Del centro de la galaxia al centro del corazón

Del centro de la galaxia al centro del corazón

Joan Garcias

Nuestra naturaleza superior no destruye nuestra naturaleza inferior, sino que la abarca

El ámbito del calendario maya abarca disciplinas tan diversas como la cosmología, la filosofía, la sabiduría perenne, la espiritualidad, las mitologías sujetas a las edades que da una gran cosmovisión galáctica sin parangón en las tradiciones de la humanidad. En esencia, la tradición maya defiende, elucida y explica las enseñanzas de la sabiduría universal que residen en el corazón de todas las grandes tradiciones de la humanidad.

Simplemente la experiencia de ir recogiendo datos a través del tiempo de los descubrimientos arqueológicos, antropológicos, culturales, astrofísicos es como un camino iniciático cada vez más profundo que va uniéndonos sorprendentemente a la cosmovisión de un Creador, de Su Creación y de Sus Criaturas. Uno no puede dejar de ser nunca un estudiante de la cosmología maya.

Se alegra la razón y sonríe el corazón cuando descubre que las enseñanzas mayas no son las creencias arbitrarias de otro pueblo natural más, sino enseñanzas que conectan con las grandes verdades que todas las tradiciones espirituales sólidas y con un ejemplo humilde y poderoso de los logros científicos que consiguieron en el breve tiempo que estuvieron entre nosotros. (Período clásico: 250 d. C hasta 900 d.C).

La antigua civilización olmeca, que precedió a los mayas, creía que el centro del universo era la estrella Polar, alrededor de la cual parecen rodear todas las demás estrellas pero los mayas reconocieron un nuevo centro cósmico, en la doctrina de las Eras Mundiales preservada en el mito maya de la creación.

La Vía Láctea cruza sobre la eclíptica (la ruta zodiacal seguida por el Sol, la Luna y los planetas) en dos lugares: uno en Sagitario y otros en Géminis. Según el simbolismo maya, estos lugares de cruce ubican el centro de nuestra galaxia Vía Láctea, el centro galáctico.

Está claro que la identificación del centro de nuestro universo fue una aportación esencial de los mayas. El cruce de sagitario apunta al centro de la galaxia y la antigua cruz egipcia, el Ankh, describía la Llave de la Vida para los Iniciados en los Misterios de las Pirámides, y algo más tarde de la edad media, con la aportación del Árbol de la Vida de los Sephirots, en la gnosis judía, por medio de la Kaballah se llegó a la comprensión de que este Centro Galáctico desvela a Da’at, Isis, Madre del Universo Galáctico.

Siete Macaw, Quetzalcóatl, Uno Hunahpo y la astrofísica actual

Los mayas consideraron tres grandes principios, iguales en importancia y asociados con tres deidades: Siete Macaw (Osa mayor, el centro polar), Quetzalcóatl (las Pléyades, el cenit) y Uno Hunahpu (el Sol en el solsticio de diciembre, el centro galáctico).

El centro galáctico emerge como centro cósmico mayor, el centro que contiene las consideraciones más elevadas posibles y la perspectiva más global. Del mismo modo que el modelo heliocéntrico introducido por Copérnico en el siglo XVI supone una forma superior de representar el cosmos en comparación con el modelo geocéntrico anterior, los mayas alcanzaron una comprensión cosmológica que superaba otras perspectivas previas y menos completas.

¿Cómo se relaciona la deidad del solsticio solar de diciembre (Uno Hunahpu) con el centro galáctico? El alineamiento del año 2012 de nuestra era mostró el fenómeno conocido como la precesión de los equinoccios. Al tiempo que gira, la Tierra se “balancea” lentamente sobre su eje, cambiando nuestra orientación hacia los grandes campos estelares, incluyendo la Vía Láctea. El fenómeno también afecta a los solsticios, de modo que la posición del Sol en el solsticio de diciembre ha ido cambiando lentamente, pareciendo converger con el centro de la Vía Láctea a lo largo de muchos miles de años. De hecho, el Sol en el solsticio de diciembre se alinea con la cruz maya y el centro galáctico solamente una vez cada 26.000 años, la duración de todo el ciclo de precesión.

John Major Jeckins descubrió en 1994 que el sagrado Juego de la Pelota y el mito de la creación maya presentan el alineamiento galáctico. Y así descubrió que su primer calendario se originó en Izapa, enclave arqueológico de una rica fuente de esculturas, profecías y enseñanzas espirituales.

Jeckins nos propone pensar en el alineamiento como un eclipse, puesto que comparte con los eclipses el significado alquímico básico de la “trascendencia de los opuestos”.

En la metafísica maya, esta unión tiene un significado más profundo, un significado que va más allá de la unión de lo masculino y lo femenino, y otros pares opuestos. Involucra la relación no-dual entre el infinito y la finitud, entre la eternidad y el tiempo; la unión de lo superior con lo inferior.

La alineación representa la filiación, se está en unión entre el centro creador y la partícula creada. La partícula con su centro estelar comparte filiación con su origen. Ellos lo transmitían como que la naturaleza superior e inferior vuelven a reunirse en los eclipses, en el mito de Quetzalcóatl del Sol uniéndose con Venus.

Nuestra naturaleza superior no destruye nuestra naturaleza inferior, sino que la abarca, contiene y vivifica hasta devolverle la comprensión completa de su filiación, de su proyecto y de su meta.

No evolucionamos hasta estos estados, puesto que ellos residen en la raíz, en la esencia de nuestro ser; más bien, los desvelamos (recuérdese Isis sin velo), abandonando las limitaciones que impedían reconocer la realidad de su presencia inmanente.

Estos principios de la ciencia sagrada maya no se diferencian en nada a las enseñanzas herméticas de Egipto, los taoístas de la China, las gnósticas del cristianismo, las descritas en el Árbol de la Vida de los Sephiroth y las propuestas por los Rosacruces en las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz, o de la Teosofía.

Son ciencias espirituales que no cesan de hablar de la unión del centro del corazón con el centro del universo.

Fuente: https://www.logon.media/es