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Los nombres

Los nombres

El torbellino

Texto: Emiel vanhuyse, País: Bélgica, Imagen: Janeke88 a través de Pixabay CCO

 

Cada gota de una ola que podría destruir una ciudad tiene el poder de esa ola, aunque si piensa que él mismo es el océano, el primer rayo de sol lo evaporará irremediablemente. Lo que primero se ancló en un todo se convirtió en un individuo, un nombre, e inmediatamente un objetivo, una presa. Adquirir un nombre es toda una aventura, dramática, heroica. Es un atributo mágico. Quién sabe que el nombre tiene poder sobre el objeto, para bien o para mal. Eso es lo que dice al menos la literatura de ciencia ficción.

Todo en la revelación completa tiene un nombre, ya sea conocido o no conocido. La única entidad que no tiene nombre que usualmente llamamos ‘Dios’. Podemos escuchar sobre ‘El nombre de Dios’, pero nadie nombra ese nombre. The Whirligig of Guido Gezelle ‘escribe y reescribe el santo nombre de Dios’, pero nadie puede leerlo. Un nombre define, determina lo que es y lo que no es. ¿Pero cómo nombras algo que es a la vez todo y nada?

Y sin embargo, un impulso eterno en nosotros nos impulsa a darle un nombre y una forma a este ‘todo y nada’ porque lo experimentamos como una realidad que podemos adorar o luchar. La razón construye y reconstruye las teorías, el corazón espera lo inesperado. Solo por el temor innato de que este nombre esquivo nos tragará una vez. Si solo pudiéramos colocar “eso” delante de nosotros, hombre a hombre, para deshacernos de esa tensión insoportable. Pero en esto nunca tenemos éxito; es la confrontación máxima con nosotros mismos, el último lugar donde buscamos el nombre, el Ser. Esta conciencia, este conocimiento, no se llama “Gnosis” para nada, el “Conocimiento del corazón”, un axioma que no podemos abarcar, pero que claramente nos abarca.

La alianza terrenal del arte, la ciencia y la religión es un esfuerzo por canalizar esa molesta imagen en nosotros hacia canales seguros. Pero este Ser desenfrenado siempre rompe las grietas y grietas de esas construcciones inestables, y una y otra vez huimos hacia la masa segura de la mano extendida, la oferta eterna de liberarnos de la gota, que mantiene el agua atrapada una y otra vez.

Pero algún buen día, el deseo vencerá el miedo a la existencia y descubriremos a través de la gota el agua que llevamos con nosotros durante tanto tiempo. Descubrirá la ola y su fuerza, el mar y su tranquilidad. Lo que primero experimentamos como una amenaza, ahora se desarrolla en una corriente saludable que elimina todos los temores y prejuicios y luego revela la verdad sobria y sin embargo redentora: en última instancia, no fue la caída y sus nombres exagerados lo que fue importante, sino el Nombre Único, reflejado en el agua.

Toda sospecha y oposición se desmoronan y revelan el amplio océano donde se conoce nuestro verdadero nombre y nuestro lugar y rol se hacen cada vez más evidentes. El rugido de su onda se desvanece y un nuevo sonido tintinea, como si fuera, en el horizonte interior, tan lejos, pero tan cerca: el susurro del Nombre que no se puede pronunciar.

 

¡Oh, girando y retorciéndose, pequeña agua!

Tu sotana es negra y muy pintoresca,

Veo tu firme cabeza y con asombro pienso.

De como la superficie pintas!

 

Vives y te mueves y corres tan rápido.

Sin embargo, no hay extremidades, veo cómo lo intento.

Te giras y conoces bien la forma en que pasas.

Sin embargo no veo un solo ojo.

 

Lo que fuiste, o lo que eres o lo que serás,

Explícalo y dímelo, por favor!

Un botón pequeño y brillante, digamos, ¿qué somos?

¿Por qué puedes seguir escribiendo a gusto?

 

Corres sobre el agua así que el espejo resbala.

Y muestra solo un ligero y pequeño waft,

Como tocado con un viento suave, escapando rápido,

Que sobre el agua vuela suave.

 

Oh escritores, oh escritores, simplemente aclaren, –

Tienes al menos veinte o más

Y ninguno de ustedes puede especificar:

¿Qué escribes, tal vez dibujar?

 

Escribes y el agua no se deja ver.

Lo escrito está fuera y desaparecido;

Los cristianos no entienden lo que significa:

Oh escritor, ¿en qué trabajaste?

 

¿Y es eso un pequeño pez que representas?

¿Y es que las hierbas que describen?

¿Una flor, o una roca, o una hoja es ahora?

¿Qué palabras flotantes escribes?

 

O, tal vez, te imaginas un pájaro que gime,

El firmamento, con su riqueza azul,

Que debajo de ti brilla intensamente,

¿O eres tú, escritor, tú mismo?

 

El maestro de hacer los signos de agua,

Cuya sotana es negra y muy pintoresca,

Levantó las orejas como dos líneas rectas,

Y así permanecieron por un tiempo.

 

Nos dio la respuesta mientras flotaba:

Escribimos lo que en tiempos anteriores.

El Maestro Creador nos ha enseñado,

Solo una lección aprendiendo los números primos;

 

Escribimos, no puedes leer, pero nos preguntamos.

¿Por qué no pudiste aprender en el acto?

Escribimos, reescribimos y volvemos a escribir.

¡El Santo Nombre de nuestro Dios!

 

Guido Gezelle, 1857 (traductor anónimo)

 Fuente: https://www.logon.media/es

La poesía como inspiración del alma

 

Poesía: (del griego ποίησις ‘acción, creación; adopción; fabricación; composición, poesía; poema’ < ποιέω ‘hacer, fabricar; engendrar, dar a luz; obtener; causar; crear’).poesia

En su diccionario de Filosofía, Ferrater Mora alude a la definición de Platón según la cual la poesía es una locura, pero “locura divina”. El poeta es, o puede ser “un ser con alas”, inspirado por la divinidad. Así, la capacidad de poetizar es realmente una gracia, un don. Platón habla también de “poesía” como una actividad creadora en general. El término «poiesis» significa «hacer», en un sentido técnico, y se refiere a todo trabajo artesanal, incluido el que realiza un artista. Tal artista es el ποιητής (poietés) ‘creador, autor; fabricante, artesano; hacedor, legislador; poeta’, entre las múltiples traducciones que otorga la palabra. Consecuentemente, «poiesis» , es un término que alude a la actividad creativa en tanto actividad que otorga existencia a algo que hasta entonces no la tenía.
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Así, la poesía es una imitación, siempre entendida como participación en lo Verdaderamente real. La poesía puede ser con ello una sabiduría representativa de lo intangible.

Cuando el ser humano quiere descubrir las leyes de la naturaleza, en su afán por comprender el mundo en el que habita, investiga los fenómenos que observa a través de a la ciencia. Cuando se pregunta por el sentido de su vida y la razón de su existencia, elabora con su pensamiento conceptos y paradigmas que le acercan cada vez más a la filosofía. Pero cuando descubre, oh maravilla, en sí mismo un principio de eternidad, ni en la filosofía ni en la ciencia encuentra su expresión más certera. Recurre entonces, casi sin remedio, a la poesía. Y esta le brinda, si los hados le acompañan, la posibilidad de conectar y tocar esa eternidad.

Se dice que la Verdad, con mayúsculas, no puede ser escrita ni dicha ni en consecuencia, ser traicionada. Isis permanece siempre tras un velo. Los medios físicos de los que dispone el ser humano son insuficientes para acercarse a ella. La razón se debilita entre pares de opuestos. Los sentidos tienen sus propios límites. Con el lenguaje cotidiano apenas podemos comunicarnos y trasmitir información. Sin embargo, hay que estar preparado para captar la Verdad, para percibirla. Y esta preparación no es un saber que se alcanza a través del estudio y del aprendizaje, sino un Poder que se adquiere mediante el esfuerzo personal, mediante la lucha contra los obstáculos que surgen en uno mismo.

Vivimos para morir. Y en esta vida entonces la poesía no cabe. Crecemos, desarrollamos unas capacidades, interactuamos con nuestros semejantes, buscamos nuestro lugar en el mundo, y finalmente… desaparecemos.

Vivimos para alcanzar la eternidad. Toda nuestra existencia se vuelve entonces una búsqueda, una aspiración. La poesía se convierte en el lenguaje que mejor expresa aquello a lo que aspiramos. Y se produce una batalla interna, entre la naturaleza del mundo que marca un camino cuyo fin ya conocemos y ese principio eterno en nosotros que lucha por salir de su olvido y recuperar su reino.

Dice Amado Nervo en su poema titulado Deidad:

Como duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante y fuerte
al choque, brota de la piedra inerte
el relámpago de la deidad.

No te quejes, por tanto, del destino,
pues lo que en tu interior hay de divino
sólo surge merced a él.
Soporta, si es posible, sonriendo,
la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.

¿Qué importan para ti las horas malas,
si cada hora en tus nacientes alas
pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás…

Sólo se encuentra el Espíritu con el Espíritu, siguiendo la máxima hermética de “Si no puedes igualarte a Dios, no podrás comprenderlo, pues sólo lo semejante comprende a lo semejante”[1]. Aludiendo a la capacidad creadora que antes mencionábamos de la poesía, podemos decir que es a través de sus palabras como el alma se eleva en la búsqueda de su verdadero espacio y plasma la evidencia de los mundos a los que el ser humano, en su humanidad natural, no puede alcanzar.

Como dice Rilke:
Vivo la vida en círculos crecientes
que se extienden sobre todas las cosas.
Quizá no logre completar el último,
pero voy a intentarlo.
Giro en torno a Dios, esa torre altísima,
a lo largo de los milenios giro.
Y aún no sé lo que soy: si halcón o vendaval,
o soy acaso un gran cántico.

[1] Copenhaver, Brian P., Corpus hermeticum y Asclepio, Madrid, Siruela, 2000

Artículo creado por:  Paula Martínez Gallardo