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Ser responsable de tu propio tiempo

Ser responsable de tu propio tiempo

Emiliano Bonifetto

“¡No tengo tiempo!” ¿Cuántas veces hemos estado diciendo esto últimamente? Es verdad, carecemos de tiempo para hacer muchas cosas, pero por encima de todo, ya no tenemos tiempo libre para dedicárnoslo, o bien, contamos con muy poco tiempo, usualmente cuando ya estamos cansados o exhaustos. Y entonces, ¿a dónde se ha ido el tiempo? ¿Alguien lo ha robado, quizás?

Hace casi cincuenta años, el escritor alemán Michael Ende publicó “Momo”, un pequeño libro profético donde hombres grises imaginarios literalmente robaban el tiempo a los seres humanos, (sus horas-flores), mostrando con ello la supuesta inutilidad del esparcimiento y del tiempo sin premuras…y prometiendo que, si ellos hacían caso de su consejo, podrían “capitalizar” todo su tiempo. En “Momo”, los hombres grises fueron derrotados gracias a la alianza con Mastro (maestro) Hora, el Señor del Tiempo. Pero si nosotros le damos una mirada a la vida de los humanos hoy en día, ¡en realidad los ganadores muy bien podrían ser los Hombres Grises!

No tenemos mucho tiempo, pero lo poco que tenemos lo perdemos en cantidades. La vida sería lo suficientemente larga si fuera utilizada bien y nosotros hemos recibido más que suficiente para el cumplimiento de las cosas más grandes, pero cuando ella discurre en la inercia y el desperdicio, cuando ella no se emplea en alguna buena actividad, entonces nos damos cuenta que el tiempo pasa sin ninguna realización. No poseemos una vida corta, más bien somos nosotros los que la acortamos. Cuando Momo le pide al Maestro Hora que impida que los hombres grises les roben el tiempo a los humanos, éste replica: “No, yo no puedo hacer esto puesto que son los hombres mismos quienes tienen que decidir en qué van a invertir su tiempo y depende de ellos defenderlo. Yo solo puedo otorgárselo”.

Si bien es cierto que cada ser humano es responsable del manejo de su tiempo, es también necesario considerar que el tiempo encierra un misterio, que ahora vamos a tratar de examinar más de cerca. Años, meses, semanas, días, horas, minutos, segundos…la medida del tiempo parece ser la misma para cada uno de ellos actualmente. El tiempo registrado por relojes satelitales es válido para cada uno, pero cada uno de nosotros conocemos periodos de tiempo que hemos sentido como que son muy largos y también hemos percibido largos periodos de tiempo que se disiparon en un abrir y cerrar de ojos…Entonces, ¿por qué la percepción del tiempo no es siempre la misma? ¿Qué hace que el flujo de los minutos pueda ser tan elástico? ¿Tal vez la emoción? ¿O la conciencia? ¿Por qué los momentos que anteceden a un posible incidente duran bastante tiempo, al punto de crear la conciencia de que esos momentos abarcaron toda una vida? ¿Por qué un gran amor que solo ha durado unos pocos meses, queda registrado en nuestra memoria como un espacio de tiempo muy grande?

La conciencia es uno de los principales atributos del alma, siendo las emociones, los sentimientos y los pensamientos elementos que en primer lugar alimentan la conciencia. De ahí que nosotros podamos decir que hay un” tiempo corporal” y un “tiempo del alma”. Con respecto al “tiempo corporal”, debemos recordar que el primer medidor de tiempo lo constituyen los latidos cardíacos, en razón a que un minuto, que equivale a sesenta segundos, en general se puede enmarcar con buena aproximación a los sesenta latidos del corazón. Por consiguiente, el cuerpo humano está sincronizado con un reloj biológico y regula sus funciones sobre esta base.

En lo que respecta al “tiempo del alma”, nos encontramos en un ámbito mucho más complejo, por el hecho de que el alma puede asumir connotaciones y características diferentes. Por naturaleza el alma -según Platón- puede estar muy cerca del cuerpo, así como también muy próxima al Espíritu, dependiendo de su orientación y su estado de desarrollo. Por consiguiente, ella puede experimentar el paso del tiempo de varias maneras, todo ello dependiendo de muchos factores.

Dos clases de tiempo.

Los antiguos griegos solían usar dos vocablos distintos para referirse al tiempo: Cronos y Kairos. Mientras que el primero se refiere al tiempo cronológico y secuencial, a saber, la línea de pasado, presente y futuro, el segundo, por su parte, alude a un tiempo no definido en el cual “algo especial” sucede.

Desde un punto de vista individual o personal, el lema: “Carpe Diem” que viene del latín y que significa: aprovecha el momento, es un ejemplo típico de una acción que tiene lugar conforme avanza el tiempo en Kairos. Desde el punto de vista espiritual, podemos apreciar que en el Nuevo Testamento el término Kairos indica “el tiempo en que Dios actúa”.

Incluso en la tradición pre-colombina de los aborígenes de América Central, se conocían dos tipos de tiempo: Tonal y Nagual. El primero es el tiempo lineal de la vida diaria, aquel en que una hora dura sesenta minutos. A diferencia del anterior, Nagual es el “tiempo espiritual”, un tiempo fluido, en el cual la experiencia de la duración es variable. Tonal es uni-dimensional mientras que Nagual es el puente entre dos dimensiones: la dimensión individual interna y la dimensión de otro mundo, el mundo espiritual.

Es también conocido como el incognoscible infinito, que no se puede expresar con palabras, ya que solo se puede experimentar en el interior. En el tiempo de Nagual la conciencia del ser humano formula preguntas como, por ejemplo: “¿Quién soy yo?”, “¿qué significa la vida para mí?”, “¿qué permanece de mí, una vez que me despojo de mis roles y de mi supuesta identidad?”, “¿Hay un núcleo espiritual en mí?”, “¿cuál es mi aspiración más profunda?”. Cuando Usted experimenta tal estado de ser al menos durante cortos periodos de tiempo, Nagual se hace indispensable, pues de lo contrario Usted deviene agitado, estresado e infeliz.

En nuestra actual civilización occidental, algunas veces hablamos del tiempo y la eternidad, pero estos conceptos han sido profundamente malinterpretados porque en general se cree que el tiempo es algo que es siempre nuevo, diferente, en constante cambio y evolución, mientras que por su parte la eternidad es una representación fundamentalmente estática, como una realidad concreta siempre igual a sí misma.

La historia enseña por el contrario que el tiempo sigue rumbos por medio de desarrollos cíclicos y repetitivos, como si no fuera realmente hacia adelante sino siguiera trayectorias circulares que se cierran a sí mismas, (del día a la noche y de nuevo al día, de la primavera al invierno y de nuevo a la primavera…), mientras que la eternidad es un “presente vivo”, la secuencia continua de momentos únicos e irrepetibles que escapan al control de la razón.

¿Hay alguna manera de ir desde Cronos a Kairos, desde Tonal a Nagual, del tiempo a la eternidad? ¿Dónde se halla la puerta que conecta estos dos mundos?

El símbolo de la cruz, símbolo muy antiguo, que data de mucho antes de su uso por la religión cristiana, muestra la intersección de la “línea recta horizontal del tiempo”, la sucesión lineal del pasado-presente-futuro, con la “línea vertical espiritual del tiempo”, el tiempo fuera del tiempo. De otra parte, el ser humano al estirar sus brazos, es un ejemplo perfecto de la cruz viviente, y entonces se puede preguntar: “¿cuál es el punto central en la intersección de las dos vigas?”, dado que en aquel punto Cronos y Kairos, Tonal y Nagual, el tiempo y la eternidad entran en contacto.

El ser humano está justamente en la intersección del tiempo y el espacio con la eternidad. De esta manera los seres humanos disponen de cierta cantidad de tiempo, corta o larga y todo depende de cómo sea usado dicho tiempo por ellos. Ellos poseen un cuerpo con un término máximo de duración, (el cual es desconocido), pero también tienen un alma que podría ser capaz de cruzar la frontera que separa los dos mundos.

Los seres humanos están perdidos en el tiempo y en el espacio, hasta que finalmente se den cuenta que es indispensable descifrar el Misterio de la Vida. Entonces ellos escogerán un camino existencial que tarde o temprano les llevará a la Gnosis, al Conocimiento de los Orígenes del Mundo y del Logos. Ahora todo es decepción para ellos, hasta que todas las cosas adopten otro significado, cuando su existencia devenga en un continuo flujo de “ahoras” y en cada “ahora”, ellos puedan así dar forma a su propia realidad.

Un ser humano en este estado encarna el sabio precepto de Séneca: “Atrapados en el torbellino de los asuntos y compromisos los hombres consumen sus vidas, siempre ansiosos por lo que pasará y aburridos de lo que tienen. Quienquiera que dedique cada momento de su tiempo a su propia evolución, cualquiera que termine el día como si este fuese toda su vida, no espera ni guarda expectativa alguna por el mañana”

Fuente: https://www.logon.media/es

Servicialidad y corresponsabilidad

Servicialidad y corresponsabilidad

El espíritu cambiante del tiempo nos enseña y nos revela importantes posibilidades de cambio interior. Observamos que la gente ya no tiene el deseo ni la capacidad de unirse a largo término. Sin embargo, grupos espontáneos y de breve duración se forman con vistas a poner el acento sobre tal o cual tema. Pero tras haberse consagrado a un tema determinado, las personas se separan nuevamente. La individualización y también la atracción con relación hacia todo lo que es diferente ganan cada vez más importancia. La auto-responsabilidad remplaza progresivamente, o a veces también bruscamente, la orientación en el seno de un ambiente conocido, sobre una estructura fija o el liderazgo personal.

 Servicialidad y  corresponsabilidad

Estos ejemplos ilustran nuevos caminos de desarrollo. Aunque numerosas personas sienta ya la influencia de la era nueva, sus reacciones siguen siendo inconscientes y no se elevan aún por encima de la ignorancia. Todavía no son conscientes de la posibilidad de Salvación, de la Liberación que se ofrece. Todo buscador consciente, no obstante, se plantea un cierto número de preguntas:

¿Cuál puede ser el impacto del nuevo espíritu del tiempo, ahora y posteriormente, sobre un trabajo a la vez interior y exterior, emprendidos en común? ¿Percibimos ya qué antiguas estructuras no se han adaptado y desaparecerán al no corresponderse con la actualidad? ¿Acaso experimentamos los impulsos espirituales que quieren revelarse a través de nosotros? ¿Es que no nos damos cuenta que una fase cósmica de desmaterialización ha comenzado?

Semejantes preguntas serán frecuentes en el futuro. ¡Ellas exigen de todos los que están en camino un examen justo y honesto! Allí donde, hasta el presente, podíamos estar todavía atados a marcos muy fijos, acabaremos por abandonarlos como consecuencia de las nuevas circunstancias que rápidamente se propagan. La renovación en un sentido liberador descansa, por una parte, en el reconocimiento de una relación entre la estructura de nuestro ser y la profunda percepción de una misión de vida, por otra, en la comprensión de que la vida es movimiento y constante evolución.

El espíritu del tiempo, la mentalidad de hoy, coloca al ser humano moderno ante la tarea de desatarse de los marcos fijos opresores y participar en el nacimiento y en el crecimiento en él de lo que es del Espíritu. Desde entonces, ¡todo lo que es terrestre ya no es tanto de naturaleza ilusoria sino transitoria, con vista a comprender mejor, a mejor aprender a amar! ¡Exactamente tal cambio en el microcosmos es lo que implica la Transfiguración!

El proceso de deliberación de la influencia de la materia conlleva muchos niveles y matices:

– Abandonar un punto de vista obstinado, el esto «o» lo otro, por la no combatividad, y dejar el lugar al esto «y» lo otro, es decir, «tanto el sí como el no», por así decir, ambos:

– Abandonar todo saber pretendidamente mejor y adquirir humildad.

– Liberarse de toda forma de forcing (imposición), de instinto de conservación egoísta con el fin de que se desarrollen amor e inteligencia activa.

– Abandonar la conciencia inferior basada en la fórmula «ojo por ojo…» y reemplazarla por la conciencia superior: «Yo le presento igualmente la mejilla derecha».

Transmutar el plomo en oro constituye un proceso superior de transformación de nuestro ser interior. Esto sólo será posible si aniquilamos las ilusiones e imágenes que habíamos creado y si, más allá de nuestros límites, llevamos nuestra mirada sobre el Universo. Si lo conseguimos, en nuestra ‘cabaña’ se abrirán grandes ventanas y amplias puertas por las que se pueda entrar, pero también salir. El Espíritu podrá desde entonces soplar libremente.

Este cambio esencial que sobreviene en el camino y que experimentamos en nuestro ser, se reflejará inevitablemente en el exterior.

Así se explica el hecho de que la Escuela Espiritual abra ampliamente sus puertas y facilite los encuentros que, en nuestros días, son probablemente muy diferentes de los de ayer.

Esta nueva orientación necesita, de parte de todos los que trabajan en su vibración, una corresponsabilidad.

Ser corresponsable induce a la servicialidad. Ésta difiere del derecho de control o de poder del que nosotros, seres humanos, gustamos tanto de hacer uso para salvaguardar nuestros propios intereses.

El término ‘corresponsabilidad’ lo expresa claramente: implica que uno se encuentra en una comunidad, en una convivencia. Esto comporta algo delicado, sutil, prudente, protector. En el seno del conjunto, se requiere cierta sutilidad de espíritu para reconocer exactamente lo que se espera de nosotros y qué muro interior, qué estructura rígida, que nosotros debemos romper, pueden estar todavía presentes.

Corresponsabilidad significa igualmente que se reconoce el lugar y el papel de cada uno.

Esto sólo es posible si se trabaja a partir de la comprensión de la tarea y de la misión del conjunto del grupo. Quien quiere ser corresponsable dará a su tarea la forma que requiere, utilizará todas sus capacidades y, finalmente, ofrecerá los resultados al conjunto del grupo.

Pentagrama nº3-2014: Serviciabilidad y corresponsabilidad