El Nychthemeron de Apolonio de Tiana

1ª HoraPortada Nychthemeron_ FINAL

“En la unidad,

los demonios cantan las alabanzas de Dios,

 ellos pierden su maldad y su cólera.”

“Aquél que quiere recorrer el camino de la Gnosis universal debe comenzar por entrar en la Primera Hora. Ésta se refiere al camino de Juan, el que endereza los caminos para el dios en nosotros, el hombre-alma caído.

Los demonios a los que aquí se hace referencia no son los borrosos habitantes del más allá, sino los demonios que existen en cada ser humano. Lo demoníaco es lo malo y lo impuro, lo pecaminoso en el ser humano. Lo demoníaco es la suma negativa de todas las existencias vividas en nuestro microcosmos y que permanecen en nuestro subconsciente como un haz de determinadas tensiones magnéticas.

Así pues, el microcosmos contiene innumerables cargas magnéticas heterogéneas, absorbidas por él en el curso de sus interminables viajes a través de la naturaleza dialéctica; estas cargas provienen de las diversas situaciones vitales, de sentimientos, pensamientos, actos y experiencias. Como comprenderá, cada ser humano está ocupado continuamente en formar nuevas tensiones magnéticas negativas aún latentes.

Así pues, se puede comprender por qué los seres humanos que ven esto en su propio ser hablen de demonios. Son las imágenes de las tensiones magnéticas procedentes del subconsciente, son las tensiones del campo de respiración aural.

¿Por qué hablamos de “subconsciente”? Porque también hay otra conciencia: la conciencia-yo ordinaria. Esta conciencia-yo se desarrolla como la suma de todos los núcleos de conciencia, de todos los átomos que forman su sistema. Ella es alimentada por radiaciones directas de naturaleza sideral que proceden del cosmos que nos rodea. Las nubes demoníacas de las tensiones magnéticas que acabamos de describir no sólo se encuentran en su campo de respiración, sino que le atraviesan, pues forman parte de los cinco fluidos del alma sujetos a la naturaleza y, por consiguiente, también de cada átomo de su ser.

Se puede decir, pues, que en el ser humano no existe únicamente un principio de vida positivo que le hace decir «yo», sino también un apremiante subconsciente, un empuje hacia los abismos del pasado, la multiplicidad de voces de un principio vital negativo, del subconsciente.

Así es como, en todas las épocas, muchos investigadores de la psique humana llegaron a la conclusión de que en el ser humano existen dos yoes: el yo de la conciencia ordinaria y el yo del subconsciente; el yo de la naturaleza corriente y el yo de la naturaleza discordante y demoníaca. Indiscutiblemente todos los seres humanos viven de ambos yoes. En un momento dado, viven del yo ordinario y esto parece normal; en el siguiente instante viven del yo subconsciente, y entonces son considerados anormales. En este caso son empujados por las fuerzas elementales de los tiempos remotos a actos, pensamientos y sentimientos que el yo normal deplora.

Existen seres humanos, muchos seres humanos, que están hasta tal punto dominados por las tensiones magnéticas discordantes, que viven más en lo anormal que en lo normal.

Entonces están poseídos por el demonio y descienden frecuentemente por debajo de las normas de vida establecidas por la sociedad, pues su sistema nervioso ya no puede soportar las tensiones.

A estas personas se les considera como criminales. Aquéllos que les juzgan y condenan, así como quienes están como espectadores, todavía no son dominados por su propio subconsciente, ¡aún no! Su tipo subconsciente no se muestra aún al exterior; sin embargo, al abrigo de los muros de sus casas, tras las paredes de sus habitaciones, dan rienda suelta a sus instintos. Así, todavía pueden conservar un precario equilibrio, simulando ser en su vida pública un ser justo y honrado.

Aquel que, como nacido de la naturaleza, afirma que no proviene del pecado, miente. En esta lóbrega realidad aborda Apolonio de Tiana a sus alumnos.

Apolonio de Tiana coloca a sus alumnos ante la devastadora realidad de la dialéctica, a saber, que cada ser humano es el producto de la totalidad del pasado del microcosmos. El pasado y el presente se entremezclan en dos yoes, el consciente y el subconsciente.

¿Cómo debe comportarse ante esta desconcertante realidad?

¡Usted debe aceptarla! Debe esforzarse por colocar esta compleja maraña de tensiones de todo tipo ante la Gnosis y su luz cuando se eleva la Primera Hora del Nychthemeron.

De este modo, invoca los rayos consoladores y curativos de Belén, en la profunda fe de que solamente de la montaña de esa sublimidad vendrá su salvación. Así, en primer lugar, invoca las verdaderas fuerzas curativas. Y cuando invoca estas fuerzas auxiliadoras y se entrega a estas radiaciones magnéticas, entonces, naturalmente, deberá vivir enteramente de ellas. Junto con estas fuerzas, dice Apolonio de Tiana, debe esforzarse con la mayor seriedad para poder realizar algo de todo ello.

Primeramente, la Gnosis va con usted a juicio, lo que quiere decir que toda la vida y todo el campo de vida, en su complejidad, son atacados por las radiaciones gnósticas.

Esto permite al candidato, en segundo lugar, adquirir un profundo conocimiento de sí mismo. El consciente y el subconsciente son confrontados el uno con el otro. El alumno descubre entonces la causa de las extrañas y divergentes tensiones que dominan frecuentemente su vida, que le arrastran consigo y que frecuentemente adquieren formas tan gigantescas.

Así, el candidato irá superando, en tercer lugar, el desprecio que siente por sí mismo. Para superar esto, es necesario que discierna absolutamente la causa de esta fuerza diabólica paralizante. Pues desentrañar esta causa, a la luz de la Gnosis, significa al mismo tiempo su eliminación. Después de caer en este desprecio de sí mismo, el candidato se encuentra durante mucho tiempo envuelto en una especie de gran vacío donde sólo puede penetrar un frío glaciar. Es la “tierra de nadie” de la soledad.

Por ello, en cuarto lugar, los rayos gnósticos atraviesan este vacío del aislamiento, y la salvación gnóstica penetra finalmente en todos los rincones del microcosmos, de la personalidad y del campo de respiración. Así se van formando en todo el campo de respiración los focos de una nueva fuerza vital. Una nueva esfera magnética comienza a desplegarse.

Un nuevo estado de yo comienza a formarse. El nuevo yo es la síntesis, la unificación del consciente con el subconsciente.

La disonancia se transforma en armonía.

Entonces llega, en quinto lugar, el maravilloso y glorioso momento en que, en esa unificación, han desaparecido las viejas tensiones discordantes y, en la unidad recién nacida, todos los antiguos diablos y demonios cantan las alabanzas del Padre. Todas las resistencias han desaparecido y han perdido su antigua cólera y maldad.

Aquél que emprende esta tarea en la Primera Hora de su Día del Señor, no borra su pasado o su karma, como algunos lo suelen definir, sino que convierte el pasado en algo muy valioso, pues lo convierte en una cámara del tesoro permanente de sabiduría, experiencia y fuerza.

Las tensiones disonantes del pasado, que se agitan y bullen en el ser humano, no proceden tanto de hechos horribles y de pensamientos y actos espantosos sobrevenidos en los siglos pasados pues, en la mayoría de los casos, se trata de cosas, experiencias, problemas y procesos que aún no han sido solucionados, que aún están inacabados, que todavía no han encontrado su culminación. El ser humano se encuentra por tanto ante una tarea que sus ancestros y predecesores no solucionaron.

Cuando, estando en la vida del auto-descubrimiento del verdadero alumnado, deja que la atmósfera gnóstica penetre en todo su ser, entonces, armado con el saber extraído de la cámara del tesoro del pasado, endereza los caminos. Entonces, todo lo que se manifiesta de manera discordante entonará, con todo lo demás, los sonoros cantos de alabanza al dios en usted; todo el pasado se vuelve entonces una ganancia en el presente vivo y será la base de un futuro absolutamente seguro.

En la unidad de las fuerzas naturales, sobre la base del alma-espíritu, todas las fuerzas naturales cantan las alabanzas en honor a Dios. Ellas pierden su maldad y su cólera.

Fuente:El Nychthemeron de Apolonio de Tiana (Comentada por Jan van Rijckenborjh)

Puede acceder al libro aquí: http://tienda.fundacionrosacruz.org/66-el-nychthemeron-de-apolonio-de-tiana-9788487055683.html