El superlativo

El superlativo

Esto es ‘asombroso’, ‘impresionante’, ‘alucinante’

Texto: Hugo van Hooreweghe

“Esto es ‘asombroso’, ‘impresionante’, ‘alucinante’”.  Recurrimos de esta manera a superlativos para expresar, de un modo más bien exagerado, nuestro asombro y desconcierto de las cosas que experimentamos.  Pero al hacer eso olvidamos demasiado fácilmente que hasta la experiencia más extrema es espacialmente determinada, por lo cual aún relativamente restringida y limitada.  Quizás indique un anhelo de ir más allá de lo conocido, a lo que todo sobrepasa: lo ilimitado e infinito, que nos reta trascender nuestros límites.  Por ejemplo, la ciencia cosmológica utiliza satélites ingeniosos para explorar los horizontes más lejanos en la búsqueda de agua en Marte y vida fuera de nuestro planeta.  Y a la vez, contrariamente, físicos cuánticos eruditos buscan partículas cada vez más pequeñas, buscando penetrar en la materia cada vez con más profundidad,  donde la materia física parece transformarse en lo espiritual.  Pero al hacer esto, ¿realmente tocamos el verdadero nivel superlativo que asciende por encima de toda experiencia de nuestra limitada percepción en tres-dimensiones?

¿No es todo nuestro conocimiento y experiencia lo que se detiene en cualquier frontera, ya obsoleto antes de alcanzar sus conclusiones? ¿No es cada intento hacia una meta programada, preestablecida, condenada al fracaso, antes de haber realizado nada en absoluto?

¿Dónde acabará todo esto? Sin duda alguna, finalmente por todas partes.  ¡Y a la vez en ninguna parte!

Porque no puede estar en ningún lugar aparte de donde el tiempo y el espacio se colapsan, y finalmente donde toda dualidad se desintegra o amalgama.

En una unidad que a la vez incluye el todo y lo trasciende, y donde los múltiples universos y dimensiones que nos rodean y penetran, es todo Uno.

Todo esto lo sabemos muy bien intelectualmente. ¿Pero realmente somos también conscientes de ello?  Y la pregunta más importante: ¿Además, vivimos este conocimiento nosotros mismos? ¿Realmente se ha vuelto nuestro estado de consciencia en un estado de vida? ¿Una vida que se ha fundido con la unidad absoluta y ha renunciado a toda identificación con la separación? ¿Una vida en la luz de una realidad eterna e infinita?

Si es así, no habrá espacio para desviarse, no quedará tiempo para aplazar.  Solo habrá la única opción a la cual dedicar todo nuestro ser.

Eso sí que es realmente asombroso y alucinante.

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