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Viaje en el tiempo y mundos paralelos

Viaje en el tiempo y mundos paralelos

“La diferencia entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión persistente.”
(Albert Einstein)

Texto: Grupo de autores Logon, País: Brasil, Imagen: Marion Pellikaan

La serie alemana Dark comienza con esta cita de Einstein, y prepara al espectador para una experiencia inusual de viaje en el tiempo y en mundos paralelos. La voz en off advierte:

“Creemos que el tiempo corre linealmente. Que avanza uniformemente para siempre hasta el infinito. Pero la diferencia entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión. Ayer, hoy y mañana no son consecutivos, sino que están conectados en un círculo infinito. Todo está conectado”.

Pero Dark no es una iniciativa aislada donde se desarrollen estas ideas. Siempre ha habido cineastas muy interesados en estos temas. Al principio de la película, rodeada de escenarios muy toscos, aparece la “Máquina del tiempo”, un artilugio donde el personaje entra y sale rodando, rumbo hacia quién sabe dónde.

 Ahora, más que nunca, las películas y series están entrando en tantos detalles verosímiles, apoyándose en la última  tecnología y conceptos científicos, que el mensaje se vuelve cada vez más fuerte: “¡Somos seres del tiempo y vivimos enclaustrados en nuestros mundos!”

Sí. Si observas, verás que los personajes tienen su propia línea de tiempo y piensan, sienten y actúan de acuerdo con su pequeño mundo. Por lo tanto, entran en conflicto con otros, sospechando que alguien los persigue. Cada uno siente que está del lado del Bien y que los demás pueden ser el gran Demonio Maligno. ¡La tensión se acumula hasta un nivel casi insoportable, que casi explota ante la amenaza del apocalipsis planetario!

La trama comienza a resolverse. Ello explica por qué el tiempo de las películas está fragmentado  en innumerables flashbacks. Pero también se desliza como una fantástica telaraña hacia posibles futuros, dependiendo de  la trama generada por la acción de las relaciones entre los diversos grupos.

A medida que se desarrollan las películas, todos se pierden: nosotros, los espectadores, porque no podemos recordar en absoluto los nombres de todos los personajes; y los personajes mismos, porque se encontraron (a veces literalmente) en varios niveles y laberintos del tiempo.

Nombres, lugares, relaciones, todo se vuelve relativo. En este maratón de idas y venidas, cada personaje termina preguntándose: ¿quién soy después de todo? ¿Cuál es el tiempo que me define? ¿Cuál es la verdadera relación que tengo con mis amigos, familiares, vecinos, compañeros de escuela y compañeros de trabajo? Y, finalmente, ya cansados de luchar contra el tiempo, todos encogidos, cada uno en su pequeño mundo, se dan cuenta de que la unión de todos hacia un objetivo común puede liberarlos de esta red de ilusiones. Entonces, pasan de la elocuencia mental y las batallas emocionales a la acción concreta, aquí y ahora.

Por lo que respecta a nosotros mismos como espectadores, no tenemos otra alternativa que estudiar la metáfora que plantea la película, y que se presenta como una lección de vida. Somos personajes, actuamos en muchos frentes, interpretamos los roles sociales elegidos por otros. Pero… ¿qué pasa con el verdadero Ser detrás de todo esto? ¿Cómo llegar a él? ¿Cuándo podemos ser conscientes de este verdadero Ser?

¡Este es un proceso que tenemos que empezar ahora! Y los pasos a seguir ya han sido señalados por las escuelas iniciáticas de todos los tiempos: discernimiento, anhelo de salvación, autorrendición, nuevo comportamiento de vida y transfiguración. Este es el camino de la nueva consciencia, que comienza con el autoconocimiento (somos seres cósmicos) y pasa por el deseo de liberación de todos nuestros lazos culturales (somos seres que se renuevan cada día).  De repente ya no nos encontramos a la deriva, sino con un único propósito, serenos, llevados por la corriente de la vida (como quien se entrega totalmente a la fuerza de la energía original que nos creó). Ese objetivo es la realización del verdadero Ser. Y entonces, nuestro comportamiento se resuelve en ver el mundo y a los seres, por primera vez, sin los grilletes del comportamiento cultural, opiniones y creencias. Estos son los signos de la transfiguración, la aparición de un Ser que está más allá del ser común.

Pero, ¿qué queremos decir con “transfigurado”? Esta palabra significa que, después de ser transformados totalmente en nuestra estructura corporal, vital, emocional y mental, ya no seremos un personaje a la deriva, sino un Ser vivo real: el verdadero protagonista de este magnífico proceso, un Ser completamente nuevo en términos de voluntad, amor, inteligencia, armonía, sabiduría, dedicación y, en consecuencia, en acción.

Para ese ser, espacio y tiempo —que fueron las herramientas de autoconocimiento para el personaje itinerante—, ya no son limitaciones. Su conexión con los demás seres del universo ha sido totalmente unificada. Ya no se trata de un simple individuo, sino de una energía multifacética, en unión permanente con la fuente original de todos los seres.

La sabiduría universal siempre ha aludido a este proceso de transfiguración de seres itinerantes que se convierten en seres inmortales. Muchos filósofos, científicos, clérigos, artistas y pensadores, desde el comienzo del espacio-tiempo, se refieren a varias dimensiones que relativizan lo que está fuera o dentro de nosotros, así como lo que está por encima o por debajo de nuestra consciencia. Todos somos, pequeños o grandes, personajes itinerantes en busca de nuestro origen eterno, en el no-tiempo y en el no-espacio.

Entre todos los autores que desarrollaron esta idea, destacamos a Catharose de Petri, cofundadora de la Escuela de la Rosacruz Áurea. En su libro La palabra viva explica que este “viaje entre las diversas dimensiones” es posible y necesario para que el ser humano obtenga conocimiento de sí mismo, se transforme, se transmute y se transfigure. Catharose de Petri afirma:

“La cuarta dimensión es solo la puerta a la quinta, sexta y séptima dimensión. (…) El ser humano es omnipresente pero no es consciente de ello. (…) La intuición es la puerta que da acceso a ella. La nueva visión es la primera realización de la cuarta dimensión.”

Manténganse alerta. A partir de una simple película o serie, pueden tomar consciencia de su esencia real, y tomar decisiones efectivas para que tenga lugar esa transformación estructural de su ser.

Así que, como “estado de consciencia es estado de vida”, confiamos en que, además de todos los sentimientos conflictivos, de todas las repeticiones automáticas del día a día, de todas las expectativas que se acumulan en el tiempo,  de hecho, podemos abrir una grieta al No-Tiempo, remangarse y salir, juntos, de nuestros pequeños mundos hacia una dimensión mucho mayor, llena de plenitud: la Eternidad, sin principio ni fin.

Fuente: https://www.logon.media/es

Un tiempo para las almas

Un tiempo para las almas

Cuando nos enamoramos, estamos dotados con el brillo de las almas, que apenas percibimos y que naturalmente existen allí. Durante los años juntos el alma nunca impone. Está olvidado, oscurecido por todos esos proyectos.

Texto: Kesy Bender, País: Alemania, Imagen: StockSnap a través de Pixabay CCO

Íntimo. Tu cara tan cerca de la almohada. El azul de tus ojos. Las hebras de plata en tu cabello. La forma en que tu boca se curva cuando estás acostado de lado. Cada mañana, esto es lo que veo. Cada mañana siento tu olor. Cada mañana me despierto a tu lado. De hecho, de hecho.

Pero realmente no te veo. Con demasiada frecuencia te miré, te olí, escuché tu voz. Antes de hablar sé lo que vas a decir. Escucho lo que espero oír. Percibo lo que quiero que sea la verdad. Me encuentro a mí mismo, no a ti.

Esa es la forma en que está. Así es como la mayoría de las personas envejecen juntas. Siempre las mismas combinaciones de palabras, repitiendo como un reloj. Siempre las mismas cosas que tenemos en común, las mismas diferencias, los mismos conflictos. Bien ensayado durante años de familiaridad, algunas cosas se han convertido en rituales. Hábitos rígidos, sin vida. La forma en que es.

Volver al punto de partida. A la apertura incondicional de cuando nos estábamos conociendo. Cuando nuestros corazones se vieron unos a otros. Pero el comienzo sigue siendo el principio. Imposible de restaurar. Sigue siendo mágico, perteneciente al pasado. El punto de partida de nuestro viaje juntos. No hay “vuelta al cuadrado uno”.

Y sin embargo: algo más puede ser recuperado. La magia misma. El encuentro abierto. Reconocer al otro ser humano cuando las capas de la personalidad se están pelando. Algo se ilumina, frágil y brillante, y poderoso. El núcleo. El alma, en casa en la eternidad. Esto es lo que queda cuando miras a través de las prendas de la cultura.

Cuando nos enamoramos, estamos dotados con el brillo de las almas, que apenas percibimos y que naturalmente existen allí. Durante los años juntos el alma nunca impone. Está olvidado, oscurecido por todos esos proyectos. Y enterrado debajo de las banalidades cotidianas. La forma en que es.

O está reservado, exclusivamente a sí mismo. Entonces, sin embargo, perece. Su luminancia disminuye cada vez más hasta que se encapsula. El alma solo vive cuando es deseada y alimentada. Y cuando se encuentra con su propia especie. Entonces puede vibrar, resonar y comunicarse. Entonces comienza el diálogo. Verdaderamente encontrar al otro ser humano. Ese familiar tumbado entre las almohadas.

Es un encuentro sin palabras. Es un tiempo para nuestras almas.

 Fuente: https://www.logon.media/es

Ser responsable de tu propio tiempo

Ser responsable de tu propio tiempo

Emiliano Bonifetto

“¡No tengo tiempo!” ¿Cuántas veces hemos estado diciendo esto últimamente? Es verdad, carecemos de tiempo para hacer muchas cosas, pero por encima de todo, ya no tenemos tiempo libre para dedicárnoslo, o bien, contamos con muy poco tiempo, usualmente cuando ya estamos cansados o exhaustos. Y entonces, ¿a dónde se ha ido el tiempo? ¿Alguien lo ha robado, quizás?

Hace casi cincuenta años, el escritor alemán Michael Ende publicó “Momo”, un pequeño libro profético donde hombres grises imaginarios literalmente robaban el tiempo a los seres humanos, (sus horas-flores), mostrando con ello la supuesta inutilidad del esparcimiento y del tiempo sin premuras…y prometiendo que, si ellos hacían caso de su consejo, podrían “capitalizar” todo su tiempo. En “Momo”, los hombres grises fueron derrotados gracias a la alianza con Mastro (maestro) Hora, el Señor del Tiempo. Pero si nosotros le damos una mirada a la vida de los humanos hoy en día, ¡en realidad los ganadores muy bien podrían ser los Hombres Grises!

No tenemos mucho tiempo, pero lo poco que tenemos lo perdemos en cantidades. La vida sería lo suficientemente larga si fuera utilizada bien y nosotros hemos recibido más que suficiente para el cumplimiento de las cosas más grandes, pero cuando ella discurre en la inercia y el desperdicio, cuando ella no se emplea en alguna buena actividad, entonces nos damos cuenta que el tiempo pasa sin ninguna realización. No poseemos una vida corta, más bien somos nosotros los que la acortamos. Cuando Momo le pide al Maestro Hora que impida que los hombres grises les roben el tiempo a los humanos, éste replica: “No, yo no puedo hacer esto puesto que son los hombres mismos quienes tienen que decidir en qué van a invertir su tiempo y depende de ellos defenderlo. Yo solo puedo otorgárselo”.

Si bien es cierto que cada ser humano es responsable del manejo de su tiempo, es también necesario considerar que el tiempo encierra un misterio, que ahora vamos a tratar de examinar más de cerca. Años, meses, semanas, días, horas, minutos, segundos…la medida del tiempo parece ser la misma para cada uno de ellos actualmente. El tiempo registrado por relojes satelitales es válido para cada uno, pero cada uno de nosotros conocemos periodos de tiempo que hemos sentido como que son muy largos y también hemos percibido largos periodos de tiempo que se disiparon en un abrir y cerrar de ojos…Entonces, ¿por qué la percepción del tiempo no es siempre la misma? ¿Qué hace que el flujo de los minutos pueda ser tan elástico? ¿Tal vez la emoción? ¿O la conciencia? ¿Por qué los momentos que anteceden a un posible incidente duran bastante tiempo, al punto de crear la conciencia de que esos momentos abarcaron toda una vida? ¿Por qué un gran amor que solo ha durado unos pocos meses, queda registrado en nuestra memoria como un espacio de tiempo muy grande?

La conciencia es uno de los principales atributos del alma, siendo las emociones, los sentimientos y los pensamientos elementos que en primer lugar alimentan la conciencia. De ahí que nosotros podamos decir que hay un” tiempo corporal” y un “tiempo del alma”. Con respecto al “tiempo corporal”, debemos recordar que el primer medidor de tiempo lo constituyen los latidos cardíacos, en razón a que un minuto, que equivale a sesenta segundos, en general se puede enmarcar con buena aproximación a los sesenta latidos del corazón. Por consiguiente, el cuerpo humano está sincronizado con un reloj biológico y regula sus funciones sobre esta base.

En lo que respecta al “tiempo del alma”, nos encontramos en un ámbito mucho más complejo, por el hecho de que el alma puede asumir connotaciones y características diferentes. Por naturaleza el alma -según Platón- puede estar muy cerca del cuerpo, así como también muy próxima al Espíritu, dependiendo de su orientación y su estado de desarrollo. Por consiguiente, ella puede experimentar el paso del tiempo de varias maneras, todo ello dependiendo de muchos factores.

Dos clases de tiempo.

Los antiguos griegos solían usar dos vocablos distintos para referirse al tiempo: Cronos y Kairos. Mientras que el primero se refiere al tiempo cronológico y secuencial, a saber, la línea de pasado, presente y futuro, el segundo, por su parte, alude a un tiempo no definido en el cual “algo especial” sucede.

Desde un punto de vista individual o personal, el lema: “Carpe Diem” que viene del latín y que significa: aprovecha el momento, es un ejemplo típico de una acción que tiene lugar conforme avanza el tiempo en Kairos. Desde el punto de vista espiritual, podemos apreciar que en el Nuevo Testamento el término Kairos indica “el tiempo en que Dios actúa”.

Incluso en la tradición pre-colombina de los aborígenes de América Central, se conocían dos tipos de tiempo: Tonal y Nagual. El primero es el tiempo lineal de la vida diaria, aquel en que una hora dura sesenta minutos. A diferencia del anterior, Nagual es el “tiempo espiritual”, un tiempo fluido, en el cual la experiencia de la duración es variable. Tonal es uni-dimensional mientras que Nagual es el puente entre dos dimensiones: la dimensión individual interna y la dimensión de otro mundo, el mundo espiritual.

Es también conocido como el incognoscible infinito, que no se puede expresar con palabras, ya que solo se puede experimentar en el interior. En el tiempo de Nagual la conciencia del ser humano formula preguntas como, por ejemplo: “¿Quién soy yo?”, “¿qué significa la vida para mí?”, “¿qué permanece de mí, una vez que me despojo de mis roles y de mi supuesta identidad?”, “¿Hay un núcleo espiritual en mí?”, “¿cuál es mi aspiración más profunda?”. Cuando Usted experimenta tal estado de ser al menos durante cortos periodos de tiempo, Nagual se hace indispensable, pues de lo contrario Usted deviene agitado, estresado e infeliz.

En nuestra actual civilización occidental, algunas veces hablamos del tiempo y la eternidad, pero estos conceptos han sido profundamente malinterpretados porque en general se cree que el tiempo es algo que es siempre nuevo, diferente, en constante cambio y evolución, mientras que por su parte la eternidad es una representación fundamentalmente estática, como una realidad concreta siempre igual a sí misma.

La historia enseña por el contrario que el tiempo sigue rumbos por medio de desarrollos cíclicos y repetitivos, como si no fuera realmente hacia adelante sino siguiera trayectorias circulares que se cierran a sí mismas, (del día a la noche y de nuevo al día, de la primavera al invierno y de nuevo a la primavera…), mientras que la eternidad es un “presente vivo”, la secuencia continua de momentos únicos e irrepetibles que escapan al control de la razón.

¿Hay alguna manera de ir desde Cronos a Kairos, desde Tonal a Nagual, del tiempo a la eternidad? ¿Dónde se halla la puerta que conecta estos dos mundos?

El símbolo de la cruz, símbolo muy antiguo, que data de mucho antes de su uso por la religión cristiana, muestra la intersección de la “línea recta horizontal del tiempo”, la sucesión lineal del pasado-presente-futuro, con la “línea vertical espiritual del tiempo”, el tiempo fuera del tiempo. De otra parte, el ser humano al estirar sus brazos, es un ejemplo perfecto de la cruz viviente, y entonces se puede preguntar: “¿cuál es el punto central en la intersección de las dos vigas?”, dado que en aquel punto Cronos y Kairos, Tonal y Nagual, el tiempo y la eternidad entran en contacto.

El ser humano está justamente en la intersección del tiempo y el espacio con la eternidad. De esta manera los seres humanos disponen de cierta cantidad de tiempo, corta o larga y todo depende de cómo sea usado dicho tiempo por ellos. Ellos poseen un cuerpo con un término máximo de duración, (el cual es desconocido), pero también tienen un alma que podría ser capaz de cruzar la frontera que separa los dos mundos.

Los seres humanos están perdidos en el tiempo y en el espacio, hasta que finalmente se den cuenta que es indispensable descifrar el Misterio de la Vida. Entonces ellos escogerán un camino existencial que tarde o temprano les llevará a la Gnosis, al Conocimiento de los Orígenes del Mundo y del Logos. Ahora todo es decepción para ellos, hasta que todas las cosas adopten otro significado, cuando su existencia devenga en un continuo flujo de “ahoras” y en cada “ahora”, ellos puedan así dar forma a su propia realidad.

Un ser humano en este estado encarna el sabio precepto de Séneca: “Atrapados en el torbellino de los asuntos y compromisos los hombres consumen sus vidas, siempre ansiosos por lo que pasará y aburridos de lo que tienen. Quienquiera que dedique cada momento de su tiempo a su propia evolución, cualquiera que termine el día como si este fuese toda su vida, no espera ni guarda expectativa alguna por el mañana”

Fuente: https://www.logon.media/es