La soledad y el milagro

La soledad y el milagro

Cuánto tiempo duró, no lo sé.  El tiempo estaba fuera de control.

Texto: Krabbelton, País: Alemania, Imagen: Ruth Alice Kosnick

A menudo me he sentido solo, abandonado, como si hubiera perdido algo, pero no sabía qué era ese algo.

Una profunda nostalgia me inquietaba y mi corazón se sentía como si lo estuvieran frotando con papel de lija.

A pesar de intentarlo, no pude liberarme del dolor que sentía.

El miedo se manifestó, el miedo a un vacío desconocido, a un profundo agujero oscuro de perdición.

La desesperación se apoderó de mí y me arrastró más y más profundo en el abismo.

No pude soportar la vorágine.

Así llegó el momento en que mi resistencia se rompió.

Caí. Una tormenta estalló dentro de mí, como una explosión.

Nada parecía permanecer entero, todo estaba hecho pedazos.

Fragmentos de acontecimientos de mi vida volaron a mí alrededor.

Me quedé allí indefenso, casi indiferente.

No sé cuánto tiempo duró.

El tiempo estaba fuera de control…

Y entonces se manifestó una sensación de calma

y me di cuenta de que todo había encontrado su lugar.

Pude entender por qué mi vida era tan confusa.

Me di cuenta de lo que me faltaba en mi vida

y de lo que había estado presente en mi infancia.

Mi corazón se regocijaba de alegría.

Lo perdido volvió de nuevo:

era la razón de mi existencia,

La razón principal.

Fue como un milagro.

Una energía espiritual interior había reemplazado el abismo.

La soledad y el miedo habían desaparecido.

Como si nunca hubieran existido. Fue el comienzo de algo nuevo.

Recuperé mi brújula interior y, con ello, el coraje y la confianza.

Puedo seguir avanzando

al lugar de mi anhelo interior.

 La brújula indica el camino que soy, sobre lo que es incomprensible. A él me dirijo.

Fuente: https://www.logon.media/es

Noche del alma

Noche del alma

¿Qué se supone que debo hacer?

Texto: Hugo van Hooreweghe, País: Belgium, Imagen: Olga Boiarkina

A plena luz del día, de repente, me sentí abrumado por la oscuridad. No la vi venir en absoluto, pero repentinamente todo pareció volverse en mi contra. Algunos me acusaban de algo y me hacían la vida difícil, al menos eso era lo que sospechaba. La vida misma se había vuelto contra mí y ni siquiera sabía por qué.

Y luego, de nuevo, me acechó una abrumadora duda y fui asaltado por pensamientos oscuros. Mis certezas adquiridas pacientemente se destruyeron una tras otra. El significado profundo de las cosas es ahora un misterio para mí, y sin fundamento me encontré a  mí mismo precipitado en las profundidades de la existencia y a merced de las fuerzas oscuras del destino. Me pregunté, ¿qué debía hacer?

¿Pero no es en eso donde se esconde el peligro? Tuve la tentación de reaccionar rápidamente para contrarrestar inmediatamente las inminentes adversidades y defenderme con todas mis fuerzas de las calamidades que se acercaban, afrontar resueltamente las causas y combatirlas enérgicamente.

Pero al hacerlo, solo estaba empeorando las cosas. De esta manera, fortalecí los poderes oscuros que se alimentan de la energía de mi oposición. Y todos mis pensamientos involuntarios formaron una red en la que me enredé cada vez más, hasta que finalmente el pánico me paralizó por completo. Estaba completamente bloqueado, no podía ver nada, y tenía miedo, estaba dando vueltas en la oscuridad.

En este estado, me resultaba imposible darme cuenta de que cada intento que hacía para liberarme me encerraba aún más. Al final, no tuve más opción que abandonar toda mi resistencia y mi lucha guiada por el instinto de supervivencia, manteniéndome como una caña flexible a merced del viento. Todo lo que tenía que hacer era permanecer tranquilo hasta que la tormenta se alejase, impotente contra todos estos casos de fuerza mayor que me impedían ejercer cualquier influencia significativa en mi vida. Esperar pacientemente, con la mirada dirigida hacia “las montañas de las que vendrá la ayuda”, como se dice en el Salmo 121.

Sé que esta ayuda siempre llega inesperadamente, pero tengo que confiar en ella. Al principio, la ayuda puede llegar en forma de una rendición de sí mismo que me permitirá soportar las circunstancias y afrontarlas. Entonces, de repente, tuve una visión de lo que me pasó y la consciencia de haberlo creado yo mismo. Y finalmente, me llegó la fuerza espiritual del centro que llena mi ser-alma y me eleva por encima de la lucha por la supervivencia. Esta fuerza me mostró definitivamente el camino para ser libre de mí mismo, allí donde ya no hay prosperidad o adversidad, ya no alguien que amenaza ni nadie que puede ser amenazado. La noche ha pasado y por fin ha llegado la mañana.

Fuente: https://www.logon.media/es

El cordón de la vida

El cordón de la vida

¿Hay más de una fuente de vida? ¿Podemos encontrar una nueva fuente de vida?

Texto: Pam Wattie, País: Australia, Imagen: Pixabay CC0

Como todos sabemos, desde la concepción hasta el nacimiento, todas las formas de vida de los mamíferos se nutren a través de un cordón umbilical, algo absolutamente crucial para la vida, pero completamente invisible desde el exterior del cuerpo materno. Por supuesto, esto también se aplica a nosotros, seres humanos. Como también sabemos, poco después del nacimiento cesa la alimentación por el cordón umbilical y en algún momento nos sentimos separados. Estamos en el mundo, en un ambiente muy diferente, solos. Respiramos, aprendemos a alimentarnos, a caminar, a existir de manera independiente. O eso parece. Ya no somos alimentados directamente por nuestra madre.

¿Y qué pasa? ¿Cómo sobrevivimos?

En cierto sentido, ya no tenemos físicamente un “cable” que nos suministra todos los nutrientes, nuestras señales nerviosas, el sustento —ya no hay un vínculo físico con una fuente de vida —pero en otro sentido nos conectamos a otra fuente de vida, a un cordón umbilical de diferente naturaleza.

Un cordón que no podemos ver o percibir de ninguna manera, o ciertamente no
en ese momento de la vida. Lentamente e imperceptiblemente, de nuestro entorno, de nuestra comida, de las influencias familiares, de la vida y de la propia Tierra, empezamos a desarrollar un cordón umbilical invisible capaz de alimentarnos, tan eficazmente, como el que se nos ha desprendido en nuestro nacimiento físico.
Podemos pasar toda una vida, o parte de una vida, construyendo este nuevo “cordón” de conexión —nutrirlo, protegerlo, justificar su existencia y su dependencia del mundo que nos rodea. En su mayor parte, ese cordón está bien conectado al siempre cambiante y cada vez más caótico mundo físico.

En algún momento de nuestra vida —dependiendo quizás de nuestros padres, de nuestro entorno, de nuestros conflictos— podríamos ser conscientes de nuestra dependencia de esta fuente invisible de vida. Más aún, podríamos empezar a cuestionarla, a sentirnos incómodos, incluso a querer deshacernos de ella, liberarnos de ella. ¿Podemos hacerlo? ¿Podemos vivir independientemente de ella, como hicimos con el primer cordón? ¿Podría ser que a través de nuestras experiencias de vida y de nuestros cambios internos resultantes pudiéramos “superar” nuestra dependencia de este cordón, al igual que lo hicimos con el primero al nacer?

Dado que empezamos a sentirnos extraños en nuestro entorno, ya que falta algo en nuestra vida; ¿necesitamos quizás “algo más”? ¿Qué nos hace conscientes de eso, qué nos impulsa a buscarlo? ¿Podría ser que aún haya otra fuente de vida, otro “cordón” en la existencia? ¿Uno al cual, hasta cierto punto, no nos hemos abierto a su alimento?  
Si eso fuera así, ¿podría ser lo que estamos buscando consciente e inconscientemente? ¿Podría ser que, a través del cambio interior y la reorientación durante un período de tiempo, seamos capaces de conectarnos una vez más a una nueva fuente de vida, a un nuevo cordón umbilical? ¿Un cordón que ofrece un alimento diferente, una fuente espiritual, una fuente muy necesaria en el mundo de hoy?  Como compañeros de viaje en un camino espiritual, creemos y experimentamos que eso es realmente posible y nos gustaría compartir esta comprensión con usted. Creemos que muchas personas, sin percibir claramente lo que les está pasando, están experimentando este proceso en sus vidas en este momento.

¿Quizás usted sea uno de ellos?

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El camino… ¿hacia dónde?

El camino… ¿hacia dónde?

Una reflexión sobre un viaje, un grupo, la alegría de estar en camino, una roca en el camino, la imagen de un pájaro y el trabajo

Texto: Anneke Munnik, País: Países Bajos, Imagen: Pixabay CC0

Desde el pequeño estacionamiento donde nuestro grupo estaba esperando para salir, no veíamos mucho de los alrededores. Habíamos sido informados de lo que nos esperaba, pero no sabíamos adónde íbamos.

Yo miraba furtivamente a mí alrededor. ¡Los demás parecían tan seguros de sí mismos! Llevaban mochilas en su espalda, zapatos de senderismo e ingeniosas botellas de agua. Pienso que todos ellos habían seguido cursos de supervivencia o algo semejante, pues conocían todos los términos técnicos. Habían debatido con los responsables que ellos ya habían hecho varios viajes de este tipo.
Para mí, todo era nuevo. Todo lo que hice fue escuchar, por así decirlo, con la boca abierta. Fue como si hubiera esperado este momento toda mi vida. Tenía muchas preguntas, pero no las hice. Sin embargo, ellas recibieron respuesta, pero sin indicaciones precisas. Cuando me preguntaron si quería viajar, me sorprendió que me admitieran, y al mismo tiempo sabía que nada podía detenerme. Todos los inconvenientes –pues los había, evidentemente– habían sido contemplados.
Para mí fue sencillamente irresistible. Desde hacía algún tiempo, sentía un intenso sentimiento de esperanza, no sabiendo entonces lo que esperaba. Un anciano me había sonreído, lo que me hizo sentir que iba por buen camino. Fue incomprensible, pero inequívoco. Fue entonces cuando conocí a este grupo de viajeros. Una notable colección de personalidades, todas tan diferentes… Y yo era un nuevo recluta, aunque ya de mediana edad. Curiosamente, los que tenían más aplomo también eran los más desenvueltos. Dejaron pasar una noche de preparación por un juego en el que querían participar. ¡Por supuesto, ya sabían tanto! Vaya, ¿qué estaba pasando? Esos tipos con sus mochilas, ¿ya se iban, o sólo era una ilusión? Sí, se iban. Regresaban, pero darse la vuelta nunca podía ser el camino, porque allí no había vuelta atrás.

Los responsables vinieron hacia nosotros para desearnos buen viaje. Todos nos dimos la mano, y entonces me quedé solo. Se podría decir que eso no era posible en un grupo pequeño, pero así fue. Sólo tenía una brújula conmigo, pero no sabía cómo funcionaba.

Como no sabía adónde ir, me puse a caminar. Me convenció totalmente. La región era hermosa y regularmente me encontraba con un compañero de viaje; a veces era alguien que conocía y a veces alguien que ya se había puesto en marcha desde hacía más tiempo. Todos seguíamos nuestra propia brújula, pero cada una de ellas probablemente tenía una marca diferente, porque a pesar de la impresión contraria que tenía, nadie caminaba ni al lado, ni detrás de mí, y cuando miraba, no veía a nadie.
Estaba tan feliz de estar en camino que casi empiezo a saltar. Aunque se nos advirtió de que había obstáculos desagradables, todavía no había nada que señalar. A veces, veía detenerse a una persona, con el rostro inquieto, e incluso me encontré con alguna tirada en el suelo. Quise levantarla, pero no lo conseguí y ella me dijo que podría arreglárselas sola.

A veces llovía y a menudo hacía frío, o al contrario mucho calor, pero en general mi paseo fue agradable y rápido. De repente llegué a un límite. No me di cuenta, solo lo percibí cruzándolo.

Ahora todo era nuevo y desconocido. Ahora caminaba con más cuidado, a veces vacilando en la elección de ir a la izquierda o a la derecha. Me encontré con grietas por las que tenía que saltar y era peligroso. Tuve que escalar cumbres elevadas y agotadoras, seguidas de senderos sinuosos, horriblemente abruptos y resbaladizos a causa de la lluvia.

Sin embargo, en ningún momento deseé haberme quedado en casa, porque en todo momento, aquí, estaba en mi casa.

Desde hace semanas o meses estoy frente a esta enorme roca, no lo sé muy bien. Lo intenté todo: empujé, tiré, traté de arrastrarla, corté, me lancé encima, trepé y me deslicé de nuevo hasta abajo.

Nadie en los alrededores, y no puedo ir más lejos. He reunido todas mis fuerzas, pero no quiere ceder. Ni siquiera puedo ver lo que hay detrás, ni incluso a los lados. Regresar: imposible, inútil intentarlo. ¡Pero no puedo quedarme aquí siempre!
Tengo hambre y sed, tanta y hasta tal punto que estoy dispuesto a intentarlo todo; ¡si al menos pudiera mover este bloque! Pero cuanto más lo intento, más me canso, y no quiero dormirme. Me aseguraron que no había que dormirse, ya que el despertar sería muy difícil.

Me siento sobre un espolón rocoso y reflexiono una vez más sobre todos los métodos que ya he utilizado. ¡No obstante, esto debería ser posible!… De vez en cuando, es como si algo –justo fuera de mi alcance– apareciese en mi cabeza, pero cuando quiero mirar, ya se ha ido.

La única cosa que atrae verdaderamente la atención en este entorno, es una especie de gran ave posada sobre el bloque desde hace ya un cierto tiempo. Aparte de ella, no he visto ningún otro animal. Es una extraña bestia que me mira con mala cara. Ahora me siento tan solo que tiendo a tener una conversación con ella, ¡pero es una locura!

A veces vuela un poco y luego vuelve al mismo lugar. Sería genial si pudiera volar yo también, pensé, entonces volaría sobre la roca.

¿Acaso el ave vivía detrás? Mira, ahora vuela de nuevo, más alto que antes y yo lo sigo con los ojos. Vuela cada vez más alto, y es maravilloso ver cómo sus elegantes alas se despliegan sobre el cielo azul. Hay un círculo de luz a su alrededor y me doy cuenta que precisamente vuela entre yo y el Sol, totalmente derecho hacia la luz.

Me olvido de la roca y dejo que mi corazón vuele con ella, tan maravillosa, ligera y libre.

Ninguna parte del viaje puede igualar este vuelo y me parece que el ave lleva una corona de luz blanca ornada de piedras preciosas de todos los colores. Es una locura, pero me acerco más y más a él y muy pronto alcanzo su espalda, en la que encuentro un lugar cómodo para sentarse. En un crujido de alas deslumbrante, nos movemos juntos a través de los cielos, cuando de repente vuelvo a pensar en el viaje. ¿También él iba hacia arriba?

El pájaro gira su cabeza hacia mí y su mirada es la de un viejo amigo, pero ¿quién es? Su voz es baja y alta al mismo tiempo, suave pero distinta: «Primero hacia arriba, luego habrá que aterrizar, en el trabajo».

Y con valor, bajamos al punto en que me encontraba antes. ¿Dónde está la roca?

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Sencillez

Sencillez

Una idea sencilla

Texto: Ventsislav Vasilev Imagen: Alfred Bast

No te atormentes con preguntas

como por qué, cuándo y dónde…

Y la respuesta –suavemente endulzada–

vendrá como del aire.

 

Cualquier resultado de tus esfuerzos

se desvanecerá, como un espíritu.

Tú sabes quiénes son los sabios:

aquellos que en paz habitan.

 

Y esta sencilla idea

es una llamada, un plan olvidado:

Eres hombre para vivir,

y estás vivo para ser hombre.

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Un tiempo para las almas

Un tiempo para las almas

Cuando nos enamoramos, estamos dotados con el brillo de las almas, que apenas percibimos y que naturalmente existen allí. Durante los años juntos el alma nunca impone. Está olvidado, oscurecido por todos esos proyectos.

Texto: Kesy Bender, País: Alemania, Imagen: StockSnap a través de Pixabay CCO

Íntimo. Tu cara tan cerca de la almohada. El azul de tus ojos. Las hebras de plata en tu cabello. La forma en que tu boca se curva cuando estás acostado de lado. Cada mañana, esto es lo que veo. Cada mañana siento tu olor. Cada mañana me despierto a tu lado. De hecho, de hecho.

Pero realmente no te veo. Con demasiada frecuencia te miré, te olí, escuché tu voz. Antes de hablar sé lo que vas a decir. Escucho lo que espero oír. Percibo lo que quiero que sea la verdad. Me encuentro a mí mismo, no a ti.

Esa es la forma en que está. Así es como la mayoría de las personas envejecen juntas. Siempre las mismas combinaciones de palabras, repitiendo como un reloj. Siempre las mismas cosas que tenemos en común, las mismas diferencias, los mismos conflictos. Bien ensayado durante años de familiaridad, algunas cosas se han convertido en rituales. Hábitos rígidos, sin vida. La forma en que es.

Volver al punto de partida. A la apertura incondicional de cuando nos estábamos conociendo. Cuando nuestros corazones se vieron unos a otros. Pero el comienzo sigue siendo el principio. Imposible de restaurar. Sigue siendo mágico, perteneciente al pasado. El punto de partida de nuestro viaje juntos. No hay “vuelta al cuadrado uno”.

Y sin embargo: algo más puede ser recuperado. La magia misma. El encuentro abierto. Reconocer al otro ser humano cuando las capas de la personalidad se están pelando. Algo se ilumina, frágil y brillante, y poderoso. El núcleo. El alma, en casa en la eternidad. Esto es lo que queda cuando miras a través de las prendas de la cultura.

Cuando nos enamoramos, estamos dotados con el brillo de las almas, que apenas percibimos y que naturalmente existen allí. Durante los años juntos el alma nunca impone. Está olvidado, oscurecido por todos esos proyectos. Y enterrado debajo de las banalidades cotidianas. La forma en que es.

O está reservado, exclusivamente a sí mismo. Entonces, sin embargo, perece. Su luminancia disminuye cada vez más hasta que se encapsula. El alma solo vive cuando es deseada y alimentada. Y cuando se encuentra con su propia especie. Entonces puede vibrar, resonar y comunicarse. Entonces comienza el diálogo. Verdaderamente encontrar al otro ser humano. Ese familiar tumbado entre las almohadas.

Es un encuentro sin palabras. Es un tiempo para nuestras almas.

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