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El camino… ¿hacia dónde?

El camino… ¿hacia dónde?

Una reflexión sobre un viaje, un grupo, la alegría de estar en camino, una roca en el camino, la imagen de un pájaro y el trabajo

Texto: Anneke Munnik, País: Países Bajos, Imagen: Pixabay CC0

Desde el pequeño estacionamiento donde nuestro grupo estaba esperando para salir, no veíamos mucho de los alrededores. Habíamos sido informados de lo que nos esperaba, pero no sabíamos adónde íbamos.

Yo miraba furtivamente a mí alrededor. ¡Los demás parecían tan seguros de sí mismos! Llevaban mochilas en su espalda, zapatos de senderismo e ingeniosas botellas de agua. Pienso que todos ellos habían seguido cursos de supervivencia o algo semejante, pues conocían todos los términos técnicos. Habían debatido con los responsables que ellos ya habían hecho varios viajes de este tipo.
Para mí, todo era nuevo. Todo lo que hice fue escuchar, por así decirlo, con la boca abierta. Fue como si hubiera esperado este momento toda mi vida. Tenía muchas preguntas, pero no las hice. Sin embargo, ellas recibieron respuesta, pero sin indicaciones precisas. Cuando me preguntaron si quería viajar, me sorprendió que me admitieran, y al mismo tiempo sabía que nada podía detenerme. Todos los inconvenientes –pues los había, evidentemente– habían sido contemplados.
Para mí fue sencillamente irresistible. Desde hacía algún tiempo, sentía un intenso sentimiento de esperanza, no sabiendo entonces lo que esperaba. Un anciano me había sonreído, lo que me hizo sentir que iba por buen camino. Fue incomprensible, pero inequívoco. Fue entonces cuando conocí a este grupo de viajeros. Una notable colección de personalidades, todas tan diferentes… Y yo era un nuevo recluta, aunque ya de mediana edad. Curiosamente, los que tenían más aplomo también eran los más desenvueltos. Dejaron pasar una noche de preparación por un juego en el que querían participar. ¡Por supuesto, ya sabían tanto! Vaya, ¿qué estaba pasando? Esos tipos con sus mochilas, ¿ya se iban, o sólo era una ilusión? Sí, se iban. Regresaban, pero darse la vuelta nunca podía ser el camino, porque allí no había vuelta atrás.

Los responsables vinieron hacia nosotros para desearnos buen viaje. Todos nos dimos la mano, y entonces me quedé solo. Se podría decir que eso no era posible en un grupo pequeño, pero así fue. Sólo tenía una brújula conmigo, pero no sabía cómo funcionaba.

Como no sabía adónde ir, me puse a caminar. Me convenció totalmente. La región era hermosa y regularmente me encontraba con un compañero de viaje; a veces era alguien que conocía y a veces alguien que ya se había puesto en marcha desde hacía más tiempo. Todos seguíamos nuestra propia brújula, pero cada una de ellas probablemente tenía una marca diferente, porque a pesar de la impresión contraria que tenía, nadie caminaba ni al lado, ni detrás de mí, y cuando miraba, no veía a nadie.
Estaba tan feliz de estar en camino que casi empiezo a saltar. Aunque se nos advirtió de que había obstáculos desagradables, todavía no había nada que señalar. A veces, veía detenerse a una persona, con el rostro inquieto, e incluso me encontré con alguna tirada en el suelo. Quise levantarla, pero no lo conseguí y ella me dijo que podría arreglárselas sola.

A veces llovía y a menudo hacía frío, o al contrario mucho calor, pero en general mi paseo fue agradable y rápido. De repente llegué a un límite. No me di cuenta, solo lo percibí cruzándolo.

Ahora todo era nuevo y desconocido. Ahora caminaba con más cuidado, a veces vacilando en la elección de ir a la izquierda o a la derecha. Me encontré con grietas por las que tenía que saltar y era peligroso. Tuve que escalar cumbres elevadas y agotadoras, seguidas de senderos sinuosos, horriblemente abruptos y resbaladizos a causa de la lluvia.

Sin embargo, en ningún momento deseé haberme quedado en casa, porque en todo momento, aquí, estaba en mi casa.

Desde hace semanas o meses estoy frente a esta enorme roca, no lo sé muy bien. Lo intenté todo: empujé, tiré, traté de arrastrarla, corté, me lancé encima, trepé y me deslicé de nuevo hasta abajo.

Nadie en los alrededores, y no puedo ir más lejos. He reunido todas mis fuerzas, pero no quiere ceder. Ni siquiera puedo ver lo que hay detrás, ni incluso a los lados. Regresar: imposible, inútil intentarlo. ¡Pero no puedo quedarme aquí siempre!
Tengo hambre y sed, tanta y hasta tal punto que estoy dispuesto a intentarlo todo; ¡si al menos pudiera mover este bloque! Pero cuanto más lo intento, más me canso, y no quiero dormirme. Me aseguraron que no había que dormirse, ya que el despertar sería muy difícil.

Me siento sobre un espolón rocoso y reflexiono una vez más sobre todos los métodos que ya he utilizado. ¡No obstante, esto debería ser posible!… De vez en cuando, es como si algo –justo fuera de mi alcance– apareciese en mi cabeza, pero cuando quiero mirar, ya se ha ido.

La única cosa que atrae verdaderamente la atención en este entorno, es una especie de gran ave posada sobre el bloque desde hace ya un cierto tiempo. Aparte de ella, no he visto ningún otro animal. Es una extraña bestia que me mira con mala cara. Ahora me siento tan solo que tiendo a tener una conversación con ella, ¡pero es una locura!

A veces vuela un poco y luego vuelve al mismo lugar. Sería genial si pudiera volar yo también, pensé, entonces volaría sobre la roca.

¿Acaso el ave vivía detrás? Mira, ahora vuela de nuevo, más alto que antes y yo lo sigo con los ojos. Vuela cada vez más alto, y es maravilloso ver cómo sus elegantes alas se despliegan sobre el cielo azul. Hay un círculo de luz a su alrededor y me doy cuenta que precisamente vuela entre yo y el Sol, totalmente derecho hacia la luz.

Me olvido de la roca y dejo que mi corazón vuele con ella, tan maravillosa, ligera y libre.

Ninguna parte del viaje puede igualar este vuelo y me parece que el ave lleva una corona de luz blanca ornada de piedras preciosas de todos los colores. Es una locura, pero me acerco más y más a él y muy pronto alcanzo su espalda, en la que encuentro un lugar cómodo para sentarse. En un crujido de alas deslumbrante, nos movemos juntos a través de los cielos, cuando de repente vuelvo a pensar en el viaje. ¿También él iba hacia arriba?

El pájaro gira su cabeza hacia mí y su mirada es la de un viejo amigo, pero ¿quién es? Su voz es baja y alta al mismo tiempo, suave pero distinta: «Primero hacia arriba, luego habrá que aterrizar, en el trabajo».

Y con valor, bajamos al punto en que me encontraba antes. ¿Dónde está la roca?

Fuente: https://www.logon.media/es

El Camino hacia el Interior

El Camino hacia el Interior

Si no ves el camino, incluso si lo recorres, no lo comprenderás

Texto: Albert Górnicki, País: Polonia, Imagen: Alfred Bast

La principal verdad sobre la Verdad es que, si no la obtienes por cuenta propia, nunca se convertirá en tu verdad.

Si analizamos objetivamente las convicciones y puntos de vista humanos, nos encontraremos con todo un espectro de verdades que se contradicen mutuamente. Algunas personas tienen la certeza de que hay vida eterna después de la muerte, algunas creen que tienen un alma, mientras que otras afirman que solo hay materia.

Para evitar el dogmatismo, tendríamos que considerar la posibilidad de que todas las preguntas existenciales se plantean por el miedo a la muerte, la ansiedad que produce lo desconocido. Por tanto, tal vez no sea el amor sino el miedo la fuerza motriz que nos impulsa a avanzar en el largo camino hacia la gran realidad, la liberación de la ilusión y el miedo.

Una cosa diferencia al ser humano de todas las demás criaturas que habitan la Tierra. Solo el ser humano puede descubrir el ser que le anima y puede volver a unirse conscientemente con aquel que siempre ha caminado a su lado. Sólo el ser humano puede reconocerlo y conectarse con él.

El camino yace oculto en cada uno de nosotros, independientemente de la cosmovisión y el conocimiento que poseemos. Se podría decir: la verdad está tan cerca, aunque la buscamos en los lugares más remotos. Somos como alguien que muere de sed mientras está parado en el agua.

Si partes al viaje más importante de tu vida para encontrar tu verdadero ser, primero debes dejar atrás todo lo personal, todo lo que sabes, todo aquello en lo que confías, todo lo que piensas, todo lo que eres. De esta manera, “desnudo”, indefenso, como exiliado del cielo de tu vida personal, tienes que emprender un viaje desconocido.

Sin embargo, la voz interior todavía habla:

Busca la Verdad sin una sola conclusión, sin ninguna suposición a priori. Solo así te convertirás en un verdadero buscador. Un ojo sesgado es ciego, un corazón lleno de conclusiones está muerto.

Si puedes liberarte de tus convicciones, solo entonces alcanzarás el núcleo del problema con el que todo ser que busca la liberación debe ser confrontado. A continuación, encontrarás tres puertas. El atravesarlas nos abre el camino a la libertad eterna.

Atravesar las tres puertas

La primera de las tres puertas lleva la inscripción: “Esclavitud y los anhelos y deseos inherentes”.

En la segunda está escrito: “La ilusión de la existencia personal”, y en la tercera puerta que accede a la libertad eterna leemos: “Deseo de vida, deseo de existir”.

El camino hacia la liberación debe tener un solo objetivo: hacer que los buscadores estén conscientes de que tienen que atravesar estas tres puertas y proporcionarles las llaves para que puedan abrirlas y pasar. Cuando realmente empezamos a pensar en la naturaleza de la vida y queremos entender nuestras motivaciones y acciones, nos acercamos a la primera puerta. Comenzamos a ver claramente que todos nuestros actos están motivados por la esclavitud. La mente está ligada casi a todo. Puede ser un vínculo positivo, cuando hay beneficios, o un vínculo negativo, cuando surge la necesidad de escapar de algo. En ambos casos se trata de vínculos mentales con una cosa, un ser o una situación específica.

La mente humana es de tipo conservador. En todo momento, trata de retener lo que ha logrado. No tiene ansias por cambiar. Cada cambio causa movimiento, lo cual la mente rechaza. Y, así, el ego termina luchando contra la realidad del cambio.

Sin embargo, el universo es un gran proceso de transformación, donde es imposible detener el movimiento.

La única llave para pasar esta puerta es el consentimiento y aceptación absoluta de la energía que se mueve en el universo y una aceptación total de todos los cambios.

La segunda puerta hace que el hombre tome consciencia de que lo que sostiene nuestro sufrimiento es la ilusión de la separación, la ilusión de ser un ser separado. Cuando nos consideramos una entidad autónoma, provista de voluntad propia, solo podemos pasar de un error a otro, luchando con todo el universo circundante.

Aprende a verte como una unidad con el Cosmos. Encuentra una salida de los sueños de la vida a la vida misma. Solo debes estar siempre presente, dondequiera que estés. No crees nada: vuelve al punto cero. Este punto cero es conciencia pura, original, absoluta, perfecta, es la Verdad por encima de la existencia y la inexistencia.

Ahí se encuentra el sol espiritual, que siempre brilla. También hay nubes, es nuestra ilusión de existencia personal. Estas nubes están dotadas de inteligencia e individualismo. A veces muy densas, pueden ser nubes muy malas, malintencionadas y de truenos, que provocan inundaciones, granizo o niebla. Sin embargo, también pueden tomar la forma de nubes suaves y agradables, a través de las cuales brillan los rayos del sol. La personalidad es entonces dócil y amistosa. ¡Pero la nube no es un ser autónomo!

Las nubes atmosféricas están formadas por miles de millones de pequeñas gotas de agua y cristales de hielo. Las gotas, inicialmente pequeñas, se agrupan alrededor de partículas de polvo y otras partículas microscópicas. Para formar una nube, debe haber un punto de condensación alrededor del cual se acumulan las gotas de agua. Estas partículas son nuestros pensamientos, conceptos, nuestra imaginación. Cuando uno limpia este ‘polvo’, las nubes de ilusión no pueden formarse.

El paso a través de la tercera puerta es el más difícil porque toca el instinto más básico de toda criatura que vive y siente. El deseo de existir puede compararse a una llama. La única forma de encontrar la realidad y liberarse de la rueda del nacimiento y la muerte es extinguir las fuerzas propulsoras de la vida: los anhelos y todo tipo de polarización.

 
Llegada

Mucho se dice sobre el abandono de la egoncentricidad. Sin embargo, esto no es así de simple. Es como permanecer en la oscuridad: no puedes abandonar la oscuridad cuando estás en una habitación oscura. Solo puedes traer luz a ella. La oscuridad como tal no existe, en cambio, puede haber carencia de luz.

No puedes influir en la oscuridad misma. Solo se puede utilizar la luz. Entrar en uno mismo y una verdadera meditación espiritual actúa como la luz que dispersa la oscuridad. Cuando te conviertas en luz, el ego desaparecerá.

La verdadera meditación es la vida y la experiencia de la vida sin palabras, más allá de las palabras. Entrar en tal meditación es un extraordinario vínculo espiritual con todo lo que nos rodea: objetos, plantas, animales, personas. Absolutamente sin palabras. Significa sentir el ser más profundo, sin una palabra.

Entonces te darás cuenta de que hay un lugar que no puede ser nombrado. Hay un espacio donde la vida y la muerte no se siguen. Hay un lugar donde no hay nacimiento ni muerte. Este lugar está en cada uno de nosotros. Es un lugar más allá de la vida y la muerte. El despertar a esta realidad, a este espacio, es la gran iluminación, la gran liberación.

 Fuente: https://www.logon.media/es