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¿Tocado por el Espíritu?

¿Tocado por el Espíritu?

Un momento en medio del silencio

Text: Angelika Häusler Image: Pixabay CCO

Vivíamos en las afueras. Yo tenía 5 o 6 años. Mis padres eran dueños de uno de los tres bares locales, por lo que casi no tenían tiempo para mí. Yo era un niño soñador, a menudo infeliz, no exactamente lo que mis padres habían previsto.

Una vez, durante el invierno, me desperté muy temprano y, mirando por la ventana hacia afuera, me di cuenta con alegría que había nevado. Apenas pude esperar para salir corriendo hacia el límite más lejano de nuestro jardín, donde, con la primera luz del amanecer, contemplé los blancos campos y bosques.

Intacto, como si estuviera hechizado, el paisaje cubierto de nieve yacía ante mí en completo silencio. Asombrado busqué mi armónica y toqué una breve melodía. Me quedé de pie en el claro silencio invernal como una escultura de plata. Abrumado por la belleza de ese momento, mi corazón estaba a punto de estallar. Entonces, de nuevo, se produjo el silencio. Me sentí feliz, como si todo el universo me envolviera, yaciendo ante mí en su sublimidad, muy lejos de la mezquindad de la condición humana.

Algo dentro de mí anhelaba contemplar esta infinidad, y sentí que contenía un secreto. Algo crucial que, sin embargo, no pude entender. ¿Cuál es el significado de todo esto? Mi cerebro estaba cerca de explotar…

De repente, un pensamiento solitario entró en mi mente infantil: la razón por la que la humanidad (incluido yo mismo) era tan infeliz y por lo que el mundo, en general, era tan miserable (pensé, por ejemplo, en los niños que mueren de hambre en África) es, simplemente, porque la gente (incluyéndome a mí mismo) no conoce lo que está detrás de cada cosa, de cada situación. Porque no conoce el secreto de la Eternidad. Repentinamente comprendí, y me sentí profundamente compasivo con todos los que anhelan ser felices, pero aún buscan en lugares incorrectos, sin darse cuenta de ello.

Recuerdo contarles a mis padres sobre mi descubrimiento, pero ellos no supieron qué hacer al respecto y tampoco parecía ser importante para ellos.

Durante el resto de mi infancia y adolescencia esta experiencia se retiró a lo más profundo de mi subconsciente.

Hoy creo que, en ese momento, algo me “llamó” desde el pasado, intentando mostrarme un camino. Mucho más tarde, ya adulto, algo me “llamó” nuevamente, y comencé a buscar el significado de mi vida.

Había olvidado, posiblemente suprimido, casi todo sobre mi temprana niñez. Pero recordando ese momento, podía todavía sentir claramente su santidad.

He llegado a la creencia de que los seres humanos dedican cantidades increíbles de energía, soportan el dolor y la tristeza, invierten mucha esperanza, amor y dedicación para crear algo bueno y encontrar la realización, y aun así ellos fracasan una y otra vez, a menudo creando miseria, destrucción, dolor y desesperación. Simplemente porque no conocen al Único Fundamental, que no es de este mundo, y nos espera en el silencio de la Eternidad.

Por esto, creo que el Espíritu llama a cada ser humano.

Fuente: https://www.logon.media/es

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?

Mi rostro en el espejo no me lo dirá

Texto: Kesy Bender Imagen: Valeria Maraun and Saschka from SPb

¿Quién soy yo? Mi rostro en el espejo no me lo dirá. ¿Puedo creer en realidad que quien está en el espejo soy verdaderamente yo, o quizá me he acostumbrado a esta apariencia? No me reconozco en mis fotografías de cuando era una joven.

Solo sé que alguna vez he tenido la apariencia que se ve en ellas. En este momento, me estoy fijando en los rostros asiáticos que hay a mi alrededor. Luego, un reflejo de mí misma aparece en un panel de vidrio. Veo a una mujer blanca, de cabello claro y ojos azules. ¿Soy yo? ¿Quién soy yo?

Nunca se le había rendido tanto culto al cuerpo como en estos tiempos. Pero no lo necesitamos como solíamos hacerlo en el pasado. Al menos no para alimentarnos de la manera como lo hacíamos antes. En este sentido, casi que se ha vuelto obsoleto. Ya no ara el campo como solía hacerlo, ni carga cosas pesadas como antes; ya casi ni necesita reproducirse. Sin embargo, a pesar de ser obsoleto, lo veneramos. Estado físico, nutrición, bienestar, moda y estilo. Casi todos los días se hace algo de esto por él.

Solo tenemos a mano un único medio de conexión con el mundo, a saber: nuestro cuerpo. Él es el vínculo, el punto de unión, por medio del cual podemos entrar en contacto con los demás. Nos ocupamos de él y nos expresamos con él; desde el color del cabello, pasando por nuestra figura, hasta llegar a las medias.

¡Mire lo que he hecho de mí! ¡Mire quién yo soy! Necesitamos este cuerpo para entrar en contacto con los demás. Por esta razón tratamos que parezca hermoso.

En nuestra consciencia, estamos aislados y no podemos saber, sin ayuda, lo que otro realmente siente o piensa. En mi ser interior, yo solo soy yo. Hay sentimientos que luchan unos con otros. También pensamientos que se arremolinan alrededor. Si hay un alma, entonces tiene que vivir allí en algún lado. Estas cosas no parecen estar muy ordenadas. Organizando este desorden, como en una especie de proceso de separación, tres cosas salen a la superficie, que parecen conformar mi yo, pero que pocas veces están en contacto entre sí. De este modo, buscando su unidad, encontramos los tan conocidos: Cuerpo, Alma y Espíritu.

Con nuestros cuerpos nos ocupamos, por ejemplo, de la nutrición, de los músculos y del cuidado de la piel. ¿Pero el alma realmente qué es? Se dice que los ojos son “la ventana del alma”, pero en lo relativo a la composición del alma, hay mucha controversia. Hay muchas descripciones al respecto: algunos hablan de materia etérica, otros de un campo de energía, y otros aún de poderes sobrenaturales. Cada quien tiene su propia definición. El alma parece ser algo que caracteriza nuestros sentimientos, nuestra mente y nuestra psique. Y además el alma parece ser capaz de transformar, de ser flexible como nuestro cuerpo. El entrenamiento del alma se hace hoy en día en seminarios para el desarrollo de la consciencia, retiros con voto de silencio o en clases de yoga. Allí nos ocupamos de ella, dependiendo de si tenemos o no tiempo para ello.

¿Y el espíritu? Respecto a él hay todavía más confusión. En inglés hay una diferencia entre “mente” y “espíritu”, intelecto y espíritu. Si permanecemos en el plano intelectual, nos encontramos como mínimo en el nivel mental. Con la ayuda del cerebro pensamos, reflexionamos y damos ideas. Allí hay un espacio de almacenamiento para nuestras experiencias y visiones, nuestras creencias e imágenes. Allí surge la consciencia. Alimentamos nuestro cerebro con conocimientos, tratamos de entender y organizar las cosas. Vamos al colegio y a la universidad, desarrollamos nuestras habilidades, proseguimos nuestra educación y dedicamos tiempo asistiendo a conferencias y seminarios.

La actividad intelectual es la que nos define en la actualidad. Así es como, hoy en día, la mayoría de la gente gana su dinero en la actual sociedad de la información. Pero el espíritu, sin embargo, se expresa de forma distinta.

Aparentemente parece venir más de afuera que del caos interior que emerge del ego. Parece provenir de alguna parte completamente diferente.

Si tuviéramos que representar al hombre como una casa, veríamos posiblemente al cuerpo como la planta baja, el primer piso como el alma y el segundo piso como la mente. La casa tendría las formas más inusuales. Algunas veces sería pequeña abajo y gigante arriba. Otras veces la base sería extremadamente amplia y la parte superior minúscula. En uno habría escaleras para conectar los pisos; en otro, éstas podrían haber sido olvidadas o se habrían desplomado sobre sí mismas. Uno habría construido su casa tan bien como hubiese podido, permitiendo a otros vivir en ella. Otro la configuraría de forma tan simétrica como fuera posible pero no sabría cómo debería llenarla. ¿Tiene mi casa proporciones armónicas y bien formadas? ¿Y quién vive allí? Ahora mismo me veo abriendo las puertas, una a una; la puerta del intelecto, la puerta del alma, la puerta del cuerpo. Con una clara percepción siento una gran expansión, como el “aire fresco”, una sensación espiritual.

¿Quién soy yo? Me miro de nuevo en el espejo. ¿Soy acaso la figura bien modelada que allí aparece, la angustiada y afligida alma, mi mundo intelectual?

¿O de hecho, a parte de una fracción de espíritu, un habitante transitorio de mi casa? ¿O soy justamente la visión con la que me he acostumbrado a crecer, una chica joven en una foto, a quien yo creo conocer, o una mujer blanca, de ojos azules, en medio de todos los rostros asiáticos?

Fuente: https://www.logon.media/es

La Alquimia del alma

La Alquimia del alma

Ute Schendel

¿Sabes que eres un químico?

Los procesos químicos tienen lugar en nuestra digestión, pensamiento y muchas otras funciones corporales.

Los pensamientos también desencadenan muchas reacciones hormonales. Nuestra mente, con la que logramos tantas cosas, está dirigida principalmente por impulsos inconscientes. Sin embargo, ¡estamos llamados a transformarnos de químicos a alquimistas! El deseo de los grandes alquimistas de todos los tiempos era transformar el plomo en oro, lo cual significa extraer la luz de todas las experiencias oscuras de la vida, para que pueda formarse la piedra “filosofal” en el yo purificado. ¡Esto es a lo que se referían los verdaderos alquimistas con la producción de oro como metal!

Los alquimistas iban a las causas que son la base de todos los procesos; querían conseguir sabiduría y volverse trabajadores conscientes en el gran desarrollo del hombre y la naturaleza. Quienes se cuestionan las normas y los hábitos son pioneros. Un nuevo tipo de pensamiento deja huellas en el éter, en nuestro campo de vida. Estas huellas etéricas actúan como una brújula para otros. De esta forma el yo sirve como una realización de ideación colectiva.

El alma inmortal del hombre está prisionera en el cuerpo mortal como el núcleo en el átomo y el corazón de la célula en la célula misma. El método alquímico proporciona su liberación. Dicho método se divide en siete pasos, siete procesos. Cuatro de ellos tienen lugar en el nivel físico del alma; son los procesos de fuego, agua tierra y aire.

En primer lugar figura la Calcinatio, el proceso del fuego. En cada ser humano existe un espíritu del fuego. Si es activado en nuestro interior, nos conduce a un autoanálisis que no siempre es halagador. Entramos en el fuego del conocimiento de nosotros mismos, en la consciencia del fuego. Si somos capaces de permanecer en ella, podemos trabajar en la superación de nuestros problemas, aceptando nuestra vida y poniéndola bajo el liderazgo del alma inmortal. Esto nos llevará a un estado de calma y ecuanimidad.

El Segundo proceso es la Solutio, o proceso del agua. En él nos volvemos conscientes de los patrones con los que nos identificamos. Nuestros lados oscuros se nos vuelven visibles. Ahora podemos comenzar la purificación, que se hace posible cuando nuestro ego se convierte en un servidor voluntario del alma, capacitándonos para realizar los profundos procesos de la elevación del alma y entrar en nuestra consciencia. Entonces nuestra vida se volverá consciente del alma.

Tercer lugar está la Coagulatio, que construye la forma y es el proceso tierra. Nuestro esfuerzo constante por lograr el verdadero conocimiento, la vida en el presente y la pertenencia al amor omniabarcante nos conduce a la formación, a la manifestación de las fuerzas del alma nueva en nosotros. Lo que hacemos se refleja en el alma. El alma recibe un nuevo “cuerpo”, invisible a los ojos externos.

El cuarto proceso básico es la Sublimatio, el ascendente, el proceso del aire. Ahora los problemas, todos los asuntos, son considerados desde una perspectiva superior, y de esta forma pueden resolverse de una manera nueva. El alma, con su nuevo cuerpo invisible, se hace libre, lo que la capacita para entrar en contacto con el espíritu universal de una manera nueva y cumplir así los tres procesos alquímicos siguientes.

Estas cuatro operaciones alquímicas colocan a quien las recorre ante las siguientes preguntas:

¿Se convierte en ceniza el ego terrenal en el fuego del alma (Calcinatio)? ¿Puede el extracto disolverse en las aguas de la plenitud del alma (Solutio)? ¿Hay una nueva personalidad subordinada y una nueva estructura del alma formándose por la aplicación de las fuerzas del alma (Coagulatio)? ¿Tenemos una nueva perspectiva de observación en el alma (Sublimatio)?

La verdadera alquimia permite una armonía interna gracias a un balance equilibrado de los cuatro elementos; fuego, agua, tierra y aire. Es condición decisiva que nuestra percepción y fuerza de voluntad estén al servicio de fuerzas más elevadas. La meta consiste en alcanzar la transparencia para la Luz. Es posible llevar a cabo las Bodas Alquímicas, la unión del Alma y el Espíritu. Los tres pasos siguientes de la alquimia mencionados anteriormente no atañen ya a la personalidad terrenal, sino que contribuyen a hacer posible este secreto a través de los procesos de maduración, sirven para eso. Son la Mortificatio, Separatio y Conjunctio, que, en terminología Cristiana, son también conocidos como crucifixión (del aspecto inferior), para que pueda liberarse el aspecto superior, resurrección (de un cuerpo glorificado) y ascensión (la cohesión del ser recién nacido con el Alma Nueva y el Espíritu).

Fuente: https://www.logon.media/es