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3- Preguntas esenciales sobre La Rosacruz Áurea

¿Por qué una escuela espiritual?

3- Preguntas esenciales sobre La Rosacruz Áurea. from Rosacruz Aurea on Vimeo.

Aquilino Neto, Miembro del Colegio Directivo Internacional del Lectorium Rosicrucianum, nos responde en breves pinceladas algunas de las preguntas esenciales sobre La Rosacruz Áurea.

2- Preguntas esenciales sobre La Rosacruz Áurea

¿Cómo es el trabajo de la Rosacruz Áurea?

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Aquilino Neto, Miembro del Colegio Directivo Internacional del Lectorium Rosicrucianum, nos responde en breves pinceladas algunas de las preguntas esenciales sobre La Rosacruz Áurea.

¿Es posible una Tierra sostenible?

planetatierraPoco antes de la segunda guerra mundial, el célebre historiador holandés Johan Huizinga, introdujo la noción de “Homo ludens” (hombre lúdico). Esta noción un tanto recuperada en todos los ámbitos, vuelve al primer plano en estos últimos años con la toma de consciencia de que el hombre es un ser juguetón que posee una creatividad que le es inherente.

El gato juega con el ratón hasta que este último muere exhausto, aun cuando se decepciona cuando lo ve inanimado y sabe que no podrá participar en su juego. Si nos causa placer jugar con otro a la manera del gato, sobrepasamos la medida, salimos de nuestra área de juego. Esto es lo que ocurre a escala planetaria, convertida en el área de juego del gato y el ratón, pues no tomamos en consideración la propia naturaleza de los materiales de juego.

Nuestro juego no es sostenible, pues es destructor. Podemos incluso decir que la noción de comunidad de vida se ha transformado en comunidad de muerte.

Cada año quinientos millones de animales son abatidos, es decir, tantos como habitantes hay en la Unión Europea. Llegaremos incluso a suprimir los bosques tropicales para incrementar todavía más el ganado. Queremos ser los carniceros y los lecheros del mundo. Agotamos los mares y recalentamos el clima con los gases de efecto invernadero, los cuales son producidos principalmente por las compañías ganaderas cuya industria consume la mitad de las reservas mundiales de trigo. Todas estas empresas comerciales tienen un efecto destructor de la vida planetaria, tanto más cuando, en su ceguera, todas se vuelven cada vez más competitivas para mantener una posición líder en el mercado, y así beneficiarse de mayores dividendos. La tierra es el único planeta que nos mantiene con vida y estamos ciegos respecto a nuestra conducta letal.

La cuestión que se plantea ahora es saber si una vida humana sin sufrimiento es posible y si podemos vivir sin que nosotros mismos nos causemos sufrimiento. Dicho de otra manera, convendría preguntarse si no es acaso nuestra propia vida la que frena la gran rueda cósmica.

Desde el punto de vista cósmico, deberíamos poder resonar con la tonalidad fundamental de la tierra absteniéndonos de toda violencia, sin hacer pagar al planeta y su entorno natural la renta exorbitada de nuestras ilimitadas necesidades, de nuestros hábitos nefastos, de nuestros derroches desconsiderados y de los sistemas que ponemos en marcha causando daños irremediables.

La maximización de los beneficios en detrimento de todo y de todos está llegando a un punto crítico. Esto nos fuerza a reflexionar, a gestionar de otra manera nuestro capital de energía vital, que no se realice en detrimento del bien común ni de otros.

¿Cómo se manifestaría en nuplanetatierra2estras almas el valor de una economía sin residuos? Teniendo en cuenta que el alma representa el ser que quiere expresarse en este mundo de manera creativa, con amor y sin dañar la tierra, ésta es una cuestión tan vieja como el mundo. La Antigüedad, Buda, el cristianismo y más recientemente los filósofos tales como Kant y Spinoza respondieron a esta pregunta. Pocas personas saben que los antiguos gnósticos de la tradición hermética dieron también sus respuestas. En el siglo pasado, el gnóstico Jan van Rijckenborgh resumió el proceso energético de forma lapidaria: “Recibirlo todo, abandonarlo todo y así renovarlo todo”.

Es evidentemente un punto de partida revolucionario si entendemos por revolución “renovarlo todo”. Cabe preguntarse si la Tierra espera eso. Los circuitos y los ciclos de la naturaleza virgen son autosuficientes en el equilibrio que mantienen por naturaleza. Esto es lo que sugería el famoso film de Philip Glass, Koyaanisqatsi.

¿Acaso no sería suficiente intentar restablecer el equilibrio? ¿De dónde vendrá la energía para una tal transformación del alma, de la consciencia?

¿No se da la energía vital a los seres humanos de una vez por todas al nacer?

Es difícil creer que se podrá restaurar el equilibrio inicial del planeta después de todos los atentados perpetrados en su contra, sin hablar de los procesos irremediables como la extinción de especies y de organismos. En el mejor de los casos, la mancillada tierra recuperaría su belleza, en cuanto a los hombres, serían colocados ante la deuda colosal de deber evacuar, limpiar o recuperar la gigantesca suma de residuos y objetos inservibles. Las generaciones futuras dirán lo que ocurre en materia de sostenibilidad.

La cuestión principal sigue siendo la del origen de la energía que es capaz de transformarnos.

Los gnósticos de hace dos mil años hablaban del “Pleroma” para evocar la plenitud de energía alma de un orden superior, cual fuente del cosmos, siempre presente y potencialmente accesible a todos. El alma puede beber de esta fuente de la plenitud. Ésta está por doquier siempre a su alcance. El hombre la recibe gratuitamente y, a su vez, tiene la posibilidad de transmitirla, de darla, sin apegarse a ella. Todo lo que se recibe sin contrapartida, bien sea energía, riquezas o amor, debe también transmitirse sin obtener beneficio alguno. ¡Nobleza de alma obliga!

Todo esto arroja una nueva luz, una luz hermética sobre la noción de la riqueza. La verdadera riqueza es la que puede ser ofrecida de manera ilimitada pues procede de una fuente inagotable.

¿Cómo podemos nosotros aproximarnos a esta fuente para conseguir energía? ¡Naturalmente no esperaremos obtenerla agotando los recursos de nuestro planeta! Lo maravilloso y que además no falla es utilizar de manera activa, en una actitud de acogida, el canal de recepción en el centro de nuestro ser, allí donde nuestra alma se conecta con nosotros.

El centro matemático de nuestra propia realidad cósmica, nuestro microcosmos, es también el punto central del cosmos, de la totalidad de nuestro sistema solar y por tanto de la tierra de la que forma parte.

El contenido de nuestra alma desempeña un papel primordial para la transformación de nuestra consciencia, que es la clave para la tierra santa.

Nuestra mentalidad, nuestro comportamiento y nuestra consciencia, nuestra total orientación, todo esto determina nuestra capacidad de recibir la energía de la plenitud, la energía de la renovación que podrá ser distribuida a otros.

Para encontrar la fuente, el Pleroma, hay que entrar en la quietud y así descender a través de nuestro centro hasta el ser más profundo. Desde allí la fuerza se derramará en nuestro corazón.

Ese centro de nuestro ser tiene proporciones cósmicas, y por medio de él somos unidos al planetatierra3sol interior, revelando así que la realidad del mundo es mucho más amplia e inclusiva de lo que podemos imaginar. Una vez que la corriente de energía fluye como el agua, según Hildegarde de Bingen, el cuerpo debe usarla. A Hidelgarde, esto le da una creatividad prolífica en la música, la literatura, la poesía y en muchas otras disciplinas.

Ofrecer a otros la energía del Pleroma tiene un efecto transformador y revolucionario sobre la consciencia. El donante obtiene una especie de consciencia cósmica, tal y como testimonian ciertas obras de esta visionaria mística que habla del carácter eterno y sagrado de la vida. Se percibe la Tierra de manera tan diferente que se puede hablar de la “Nueva Tierra”. La radiación de la vida divina es perceptible en cada cosa.

La visión parte del conjunto, de la integralidad de la vida, “sub specie aeternitas” (bajo su aspecto eterno) como lo expresaba Spinoza. Aun cuando no podamos observarlo con nuestros ojos, esta vida nueva es también una realidad en la Tierra siempre y cuando encontremos la fuente en nuestro ser denominada Tao, Brahma, Dios, etc.

El secreto es que esta fuente divina puede establecer su morada en nosotros y realizar su obra, siempre por intermediación del centro situado en nuestro corazón. Una vez que Tao traza su vía en nosotros y por nosotros, Krishna, el Señor del interior se despierta. Un nacimiento interior tiene lugar, simbólicamente representado como si se produjera en la gruta o el establo de la vida microcósmica. La actividad de este principio interior es purificadora y sostenible, sin ninguna pérdida de energía ni residuos. Pero, ¿podría esta creatividad salirse del área de juegos adaptado a la medida de lo humano?

Si conseguimos conservar lo material a la medida de lo humano, la materia y la Tierra en tanto que zona de juegos, seremos inmensamente ricos.

Fuente: Revista Pentagrama 2-2016, Fundación Rosacruz

Naturaleza y Conciencia

“Ve la vida que llena todo28

Tan profundamente oculta en el secreto.

¿Quién puede entender ese secreto, quién puede sondearlo,

en qué lengua expresar su esencia?

Nadie lo ha visto.

Ningún oído lo ha oído.

Sólo el alma puede percibirlo

Cuando oir   y ver permanecen en silencio.

                          Bhagavad  Gita

Al reflexionar sobre las causas del progresivo deterioro de nuestro planeta, encontramos que la actividad humana, especialmente en el último siglo, ha tenido una influencia decisiva

El desarrollo industrial y tecnológico y la concentración de la población en grandes ciudades han jugado, indudablemente, un importante papel al respecto, sin embargo,  en el trasfondo de esta realidad existen factores ideológicos, éticos y religiosos referentes a la forma de acercarse a lo natural, es decir, a lo vivo.

Las  visiones del mundo proyectadas por la ciencia y la religión dominantes en los últimos siglos han impregnado nuestras  mentes  de la idea de una separación absoluta entre materia y espíritu.

Con ello, del temor y el respeto  de antaño a nuestra nodriza,la Madre Tierra y a las criaturas que en ella habitan, hemos pasado a su explotación y vejación, llegando a considerar la naturalezacomo desprovista de vida, de alma  y de objetivo en sí misma.

En general, el ser humano,el mayor explotador de los recursos naturales, tiende a buscar el entorno natural como destino en sus vacaciones, para restablecer su equilibrio físico-anímico y el reencuentro consigo mismo. ¿No es esto la  muestra palpable  de un estado de consciencia dividido?

Explotar la naturaleza durante los días laborables y acudir a ella el fin de semana, formar parte de la naturaleza y menospreciarla, sugieren una inmensa distancia entre cabeza y corazón que nos lleva a sentirnos divididos interiormente.

Es muy necesario un comportamiento respetuoso con el medio ambiente y con las leyes de la naturaleza, por parte de cada uno de nosotros y de los gobiernos, pero quizá esto no sea suficiente, quizás los poderes de auto-restablecimiento atribuidos a Gaia requieran de una nueva actitud por parte de la humanidad: reconocer en cada una de sus manifestaciones  el alfabeto sagrado.

inagen_83Y  más aún, reconocer que como ser vivo en constante transformación no podemos limitar su destino a nuestros antojos.

El sabio alquimista del s. XV,  W. Teofrastus Paracelsus,  expresó que,     “sólo llegaremos al verdadero conocimiento al desvelar la Luz que la Naturaleza oculta en su seno“.

Somos naturaleza y esa Luz misteriosa está concentrada en nuestro interior, gracias a ella podemos percibir la unidad de todas las cosas, y que todo proviene de ese eterno flujo que denominamos Vida.

La Vida que se expresa en la constante generación y disolución de las formas es Una,  y procedente del Fuego Primordial del Espíritu se mantiene unida a Él, fiel  a sus propósitos, que con toda seguridad  la humanidad en su conjunto no  conoce.

Esa Vida, esa Luz puede ser reconocida por la  inteligencia del corazón, por la intuición más profunda y a la vez más sencilla en el ser humano,  la única que puede fusionarse y experimentar, a través del amor, que objeto y sujeto son uno.

Esa consciencia unificadora nos lleva a  comprender que el ser humano es el representante en la materia  de un microcosmos divino, inmerso a su vez en un macrocosmos también divino.

Toda la materia, la naturaleza, cobra entonces un nuevo sentido para nosotros: desvelar y manifestar el misterio de la realidad divina subyacente a ella.

Puesto que lo exterior es reflejo de lo interior, el estado actual del planeta Tierra y la consciencia que está tomando de ello gran parte de la humanidad es una  oportunidad magnífica para emprender un profundo cambio desde lo interior, un cambio que permita liberar la Luz oculta en nosotros y así comprender  los misterios de la  Vida y a nosotros mismos en su fluir.

Fuente: Carmen Silla (miembro del equipo de Atrio-España, Rosacruz Áurea)