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Conferencia Online: La salud y La Enfermedad, (una perspectiva espiritual)

 

“Si ignoramos nuestro origen y vocación como seres humanos, o lo que es más grave aún, si los negamos pensando que somos fruto del azar cósmico sin una meta clara,

  • ¿cómo vamos a saber qué es lo que tenemos que hacer fundamentalmente aquí en la Tierra, y cómo hacerlo?
  • ¿qué sentido y orientación tendríamos que dar a nuestra existencia, para cumplir con el objetivo inicial para el cual fuimos llamados a la vida? y, sobre todo,
  • ¿no será que experiencias vitales como la enfermedad, la vejez y la muerte tengan mucho que ver con semejante ignorancia fundamental?”

Les invitamos a asistir a la conferencia online que impartirá El Doctor Vicente Gorris, colaborador de la Rosacruz Áurea el Miércoles 27 de Mayo a las 19:30h. de España

Narrador del Cielo

Narrador del Cielo

Imagina que estás viendo toda tu vida como si fuera una película

Texto: Krabbelton    Imagen: A. Bast

Imagina que todo lo que ves, sientes, piensas y escuchas, todo lo que experimentas conscientemente -incluso tu propio cuerpo- lo estás viendo como si estuvieras en una película. Imagina que tú eres el único observador. Una película única, en la que tienes el papel principal y el de todos aquellos que juegan un papel en esa película. Imagina, al mismo tiempo, que tú estás proyectando la película en la pantalla de tu conciencia.

La película empezó cuando tú aún eras muy joven y se sigue proyectando todos los días. Mientras la película se proyectaba, naturalmente, te acostumbraste a las cosas que te mostraba, cosas que continúa mostrándote y que son percibidas -por ti- como verdaderas.

Éste eres tú y nadie más, no hay nadie más como tú en todo el universo. Éste eres tú, un ser humano único, completa y absolutamente tú. Así, tu identidad está siendo creada al igual que la identidad de cada persona. Casi nadie piensa en esto.

Que la película sea una buena o mala, depende del guión de la historia que se está desarrollando, y también de la importancia que tú le des.

Un día surge la pregunta de si tú eres realmente esa persona que ves como tú mismo. Surge un sentimiento de duda, un sentimiento de que algo no está bien, de que falta algo. Todo esto, simplemente, no parece justo. Ocurren cosas que no puedes cambiar nada, cosas que no quieres que pasen; de hecho, sientes que podrían ser diferentes, que deben ser diferentes…

La consciencia se despliega desde tu interior y descubres que hay otro camino a seguir. Esta consciencia atrae tu atención y, sin importar lo que hagas, permanece contigo, en un segundo plano, como un verdadero amigo al que llegas a conocer más y más. A veces, este amigo es inquietante, pero es fiable. Se vuelve más y más natural querer estar con él.

El compañero en ti cambia tu panorama y tu forma de ver el mundo. Todo lo que ves ahora, lo ves junto con este amigo y ya no estás solo. Dos ven mejor que uno. Las mismas cosas toman otro significado, tú también estás tomando otro significado. Ya no te identificas tanto con los sucesos de la película. Tu compañero interior se acerca más a ti y te identificas con él. El irradia una nueva luz en tu vida.

Imagina que otras personas también encontraran a su compañero interior. ¡Y que todos tomaran conciencia de ser la pantalla, el proyeccionista, el observador y la luz, todo al mismo tiempo!

La luz del compañero interior dirige tu vista hacia la fuente, en la que todo se origina y a la que todo regresa. Percibes algo del camino espiral de las cosas al ser creadas y formadas. Y reconoces que todo está en ti, junto con lo demás. “Ésta es mi verdadera identidad”. El factor decisivo no es quién soy, sino qué soy: Una de las numerosas estrellas del pabellón de la conciencia, todas brillando con fuerza en el mismo cielo. Puedes verlas todas, pues cada estrella es más hermosa que la otra. Sientes un flujo de felicidad.

Imagina, entonces, que alguien te dice “yo soy la Luz del Mundo” e imagina que cada estrella transmite esto. Cada persona se reconoce en la luz de otra persona en un reflejo infinito.

El tesoro en cada uno es para que todos lo disfruten, ésta es nuestra herencia espiritual. Está, simplemente, esperando que tú la aceptes.

¡Imagínatelo!

Fuente: https://www.logon.media/es

Entrevista Alumn@ Rosacruz Áurea Parte 1

Parte primera de tres videos donde se muestran algunas respuestas a preguntas esenciales sobre La Rosacruz Áurea planteadas al alumnado.

La evolución inevitable

La evolución inevitable

La eternidad en el hombre es una realidad. Está vinculada a través de él a la materia, a la realidad material de su ser, para que pueda dominarla. Debe darse cuenta, cambiando su propia realidad.

Text: C. M., País: Francia, Imagen: Alfred Bast

Cada uno de nosotros responde esta pregunta de una manera muy personal, pero la respuesta puede tener algo que ver con nuestra relación con la individualización y la libertad. Nuestra era es testigo del fuerte desarrollo de ambos, a expensas de las antiguas afiliaciones religiosas.

Tal vez sea hora de una espiritualidad esencialmente libre, libre de la manera más intensa. Libre de ser, libre de haber sido, libre de pasar después de un siglo o menos de experiencias personales, libre de ser. ¿Qué estamos experimentando durante este período de tiempo? ¿Es la ausencia de libertad?

Una visión gnóstica del ser humano podría expresarse como la libertad absoluta de hombres y mujeres para volverse libres y vivos. El ser humano entra en la vida con una conciencia que no puede considerarse absoluta. Inmerso en una vida en la que experimenta, en una realidad que comienza a comprender parcialmente, debe lidiar con su propia naturaleza compleja y sus sentidos imprecisos. Lo llevan al punto de crear su propia visión del mundo y de sí mismo, una visión personal e individual. Los seres humanos no comparten la realidad de manera absoluta. La forma más elaborada de compartir probablemente sigue siendo el lenguaje. “Hay otra realidad, más grande, trascendente, y espiritual”. Esas palabras crean en cada uno de nosotros una realidad interior que es diferente y la nuestra.
La libertad puede ser comprendida de diferentes maneras. Mientras el sentimiento de falta de libertad parezca estar relacionado con restricciones externas, a limitaciones inherentes al contexto de la vida, entonces esta falta de libertad se experimenta en un nivel básico, el de la vida cotidiana. Entonces, un día, de pronto aparecen rastros de una realidad diferente; una aspiración emerge con una intensidad que las palabras no pueden traducir.

Esta realidad está más allá de los sentidos corporales y más allá de la consciencia que se ha desarrollado. ¿Puede el pensamiento humano comprenderlo? Tomar consciencia de una realidad más amplia ya es un proceso que lleva tiempo y, a menudo, la consciencia solo emerge a través de crisis, eventos dolorosos de la vida y el cuestionamiento de sí mismo.

¿Puede el hombre definir esa parte de sí mismo que aún no está articulada o cumplida? ¿Puede afrontar su profunda aspiración a una vida más completa, más magnífica? La posibilidad en su vida de descubrir una posibilidad prevista se le ocurre de manera palpable. ¿Tiene éxito en ir más allá de su propio marco de referencia y encontrar respuestas más allá de este marco? Este marco de referencia se enriquece colectivamente a lo largo de la historia humana. Los últimos dos siglos han modificado profundamente cómo nos representamos a nosotros mismos. El marco social ahora tiene menos influencia sobre el individuo humano, por lo que ahora puede aceptar más libremente su propia singularidad, su libertad de elección en dominios esenciales de la vida como profesión, elección de parejas de amor, estilo de vida, lugar de vida, comida, etc. Más allá de la racionalidad cotidiana.

La consciencia y las realizaciones internas irrumpen como un nuevo amanecer en nuestra consciencia. Pero a menudo son seguidas por una negación escéptica. Es el conocido “principio de la realidad”, que puede ser la negación de la vida, lo que nos hace desconfiar de nuestra percepción e intuición. La racionalidad cotidiana puede excluir el descubrimiento que se ha hecho desde la conciencia. Pero si este espacio de conciencia abre la puerta a la verdad en nosotros, a una posibilidad trascendental, ¿Cómo, entonces, puede evaluar su propia precisión? ¿Con su propia percepción? “Siento que está bien”. ¿Con su propia consciencia? “Percibo que es lo correcto”. ¿Hasta qué punto la educación y las normas internas influyen en esas percepciones y sentimientos? ¿Puede el espacio de la conciencia responder de manera clara y precisa a la pregunta “¿Quién soy yo? ¿Puede la respuesta a esta pregunta ser definitiva?

A través de estas preguntas, a las que no se pueden encontrar respuestas definitivas e irrevocables, el hombre puede ampliar su campo de percepción, su campo de consciencia. Las resistencias internas son abundantes y, a menudo, son mucho más imperativas que las restricciones externas.

Es difícil aceptar que la humanidad se encierra en el infierno de una creación colectiva, que los individuos no corren el riesgo de abandonar sus construcciones mentales y emocionales, y que, por lo tanto, aspiren a una auto-confirmación. No se arriesgan a un descubrimiento interior que cuestione radicalmente su ser. Sin estar preparado para perder su imagen fija de lo que le gustaría ser, el hombre se queda solo con la monotonía de su existencia diaria. Pero, inevitablemente, a lo largo de los siglos lo impulsan mandamientos inmortales como “conócete a ti mismo y conocerás los universos y los dioses”.

El hombre termina cuestionando el significado de la libertad, el paradigma de su vida, su marco de referencia. Cuestiona los opuestos aparentemente irreconciliables dentro de él. Sí, dos realidades viven juntas dentro de él: una que percibe y capta con sus sentidos, su conciencia; y otra que entiende con sus átomos, su vibración y su sensibilidad interior, que atrapa con su propia luz. Y cada vez más consciente, más sensible a su propia luz, lo hace más brillante. Se convierte en una luz viviente, luchando con su propia oscuridad. Se vuelve más sensible a la luz de otras personas. Se vuelve sensible a la expresión de las verdades eternas. Su marco de referencia habitual ya no está cerrado. El universo le habla e  ilumina algo eterno en él.

Una nueva realidad.

La eternidad en el hombre es una realidad. Está vinculada a través de él a la materia, a la realidad material de su ser, para que pueda dominarla. Debe darse cuenta, cambiando su propia realidad. No hay otro camino hacia la divinización. El hombre debe entender y vencer las leyes del bien y del mal. Debe ir por el camino del conocimiento, luego de la transfiguración. Debe extraer lo eterno de lo temporal. El hecho de abrirse camino a través de los reinos del tiempo y la materia, le proporciona los medios para aprenderlo y, finalmente, trascenderlo. Aunque este proceso no es automático, el ser humano inevitablemente atravesará, en un momento dado, los velos de la ilusión, y descubrirá su verdadera naturaleza para cumplirla. Esto continuará hasta que cada ser humano haya encontrado el camino de la libertad absoluta.

Más allá del mundo material, la realidad espiritual es una vasta realidad unificadora y transformadora. Poseer un cuerpo es esencial para que el individuo siga este camino de autoconocimiento en unidad con esta naturaleza espiritual en su mayor expresión.

Pero si el proceso de divinización del individuo humano impacta inevitablemente en múltiples vidas humanas, ¿cómo puede reconciliarse con el hecho de que los humanos están cada vez más apegados a su propia singularidad como individuos? El hombre acepta la privación de libertad en el contexto profesional o por respeto a las obligaciones sociales que son necesarias para la vida comunitaria. La educación le ha enseñado a moderar la impulsividad de sus necesidades y deseos de respetar estas reglas, y cada individuo lo logra de una manera única. Si pertenecer y formar parte de un grupo puede infundir y nutrir su emocionalidad mística y abrirlo a través de su alma al sentimiento de comunidad, ¿no constituye esto también una alienación y una pérdida de libertades?

Siendo un individuo autónomo, libre …

¿Podemos transformarnos mientras ignoramos la progresión de los demás? Es una de las grandes paradojas de este camino. El individuo debe deshacer su falta de libertad desde el nudo más apretado. Él o ella pueden entonces responder a la pregunta de la libertad, descubriendo la octava superior de la libertad y la unidad. La unidad se convierte en una tonalidad viva y vinculante, que existe como un potencial en todos, pero que cada uno de nosotros está llamado a co-crear. Entonces el mundo ya no está separado ni está fuera de él.

Fuente: https://www.logon.media/es

Jornada sobre la educación: El arte de enseñar y aprender

El arte de enseñar y aprender

Sábado 10 de febrero 2018

Lugar: a celebrar simultáneamente en Barcelona, Gijón, Madrid, Málaga, Valencia, Valladolid, Vitoria y Zaragoza. (Consultar Sedes)

Jornada sobre la educación

Enseñar, en sentido original, significa “señalar”. Consiste en mostrar, dar modelos para que alguien reconozca algo, que aun teniéndolo, no se había percatado de ello. Sirve sobre todo para desarrollar las cualidades innatas y adquirir las habilidades necesarias, para que el ser humano sea consciente de lo que le rodea dentro y fuera de sí mismo y que conecte con todo ello, como parte integrante del Todo.

La educación pretende que el ser humano encuentre su vocación, la realice y desarrolle su conciencia. Educar es más difícil que enseñar, porque para enseñar se precisa saber, pero para educar se precisa ser.

 

10:30h Bienvenida INFORMACIÓN

info@rosacruzaurea.org

 

 INSCRIPCIONES

Rellenando el formularío de inscripción

Fecha límite de inscripción: 5 de febrero

Coste 30€ (comida y material incluidos)

 

Enlace a Sedes de la Rosacruz Áurea

11:00h Primera conferencia en el Templo
11:45h Pausa
12:00h Presentación y coloquio
14:00h Comida ovo-lacteo-vegetariana
16:00h Taller / dinámica
17:30h Pausa
18:30h Segunda conferencia en el Templo
19:30h Conclusiones y entrega de material

Inscripción Jornada sobre Educación


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